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PREMI JAUME ARROM DE PROSA CASTELLANA: Carlos Santos
 

Carlos Santos: Siempre llega implacable

 

Suena el despertador.

PIP PIP PIP

Lo apaga.

PIP PIP PIP

Lo apaga.

PIP PiP PIP

Se levanta.

Amanece un nuevo día. El sol aparece por el este. los pájaros van de árbol en árbol, y Véctor, doce horas después de haber degollado a un niño de once anos, se dirige a la cocina para tomar el desayuno.

Su verdadero nombre es Víctor, pero sus conocidos le conocen como Véctor, pues esa palabra define a la representación de una magnitud por un segmento rectilíneo de determinada longitud, dirección y sentido. Una raya, para entendernos, lo cual se acerca ingeniosamente a una de sus principales aficiones.

Del chico de once años antes comentado, nada que decir. Tuvo la mala suerte de estar en el lugar erróneo a la hora inadecuada. Nada más. Una hoja de 14 cm. le seccionó completamente la yugular y la carótida. Murió poco después.

Véctor tiene solamente 23 años y, antes de asesinar niños, era un hombre de provecho, con carrera iniciada, novia y trabajo. Todo le iba de fábula, hasta que las drogas le hicieron un placaje digno del mejor jugador de fútbol americano de todos los tiempos, y su caída fue meteórica. Ahora es un deshecho humano, un tumor de la sociedad. Es junto a un grupo de yonkis, okupa de una escuela abandonada y malvive de los trapicheos que le surgen. Hoy le había surgido uno muy importante. que le arreglaria la vida durante trs o cuatro semanas.

Después de desayunar y de ir al salón a fumar un rato, se dirige al baño comunal para rendir tributo a su sobrenombre. Satisfecho, se dirige al sol de la calle para hacer frente a un nuevo día.

A la entrada de la escuela, se encuentra a un perro que le mira con cara alegre, moviendo la cola. Véctor sintiendo simpatía por él, le acaricia levemente la cabeza. No se detiene para hacerlo, no tiene tiempo que perder. Su cliente es muy influyente, y no presentarse a la cita conllevaría... represalias. Véctor prefiere darse prisa y no pensar en ello.

Poco tarda Véctor en sentir un ligero mareo. Ocurre al girar una esquina, nota que el mundo le da vueltas y tiene que apoyarse en la pared para no caer. Una vez recuperado, descubre que el perro que antes se encontró le ha seguido. De nuevo le mira con cara alegre y moviendo la cola. Sin sentir absolutamente nada, Véctor piensa que ese perro es quizá el mejor amigo que ha tenido en mucho tiempo.

- ¿Cómo te llamas, chico?- dice Véctor, descubriendo mientras lo dice que el perro tiene una placa. PERRO, reza la susodicha. EI chico no reprime la sonrisa.

- Lo siento, Perro, pero ahora no tengo tiempo para ti.

Véctor sigue su camino, pero el mareo anterior comienza a volver, primero poco a poco, luego muy intensamente. Se tiene que acuclillar para tomar un poco de aire, pero sólo consigue que su mareo se multiplique pues, poco a poco, percibe que su sombra va adquiriendo velocidad. “Pero qué coño...”, piensa. Mira al sol, apreciando, tal como temía, su movimiento, algo imposible en circunstancias normales. Confuso, decide correr para llegar

a su cita. Quizá su cliente le dé algo fuerte para beber, y además, comienza a hacerse tarde.

No podrá hacerlo, sin embargo, durante mucho tiempo, pues al voltear una esquina, su cuerpo dice basta. Véctor se apoya en una farola, cierra los ojos con fuerza y procura relajarse, Ya no hay remedio.

A! abrir los ojos, se encuentra con que la calle por la que iba a transitar ha desaparecido, y en su lugar sólo queda una playa de rocas que, sin ningún sentido, está ahí,

- Pero qué cojones es esto… - dice, y se gira, sólo para comprobar que el otro tramo de calle también ha desaparecido. La farola, sin embargo, todavía se alza, camuflándose entre decenas de lo que parecen palmeras amorfas que luchan por mantener la vertical. En el horizonte, cientos de hongos nucleares brotan sin cesar, amenazando con hordas expansivas que sólo llegan al alma, pues ni el agua se inmuta. El sol, mientras tanto, va continuando su particular aumento de revoluciones, hasta legar a lo que parece su tope. Véctor cree que se volverá loco, pues un día ahora dura aproximadamente tres segundos.

En ese lugar existen muchas razones por las que vomitar, pues todo es apocalíptico e ilógico, pero sin duda la más inmediata es el infinito baile de su sombra y los de todos los demás elementos del paisaje que nacen y mueren sin cesar, Este horrible juego de sombras hace que lo único más o menos afable, las palmeras, parezcan inclinarse sobre él produciéndole una sensación de agobio y pánico extremo,

Sin duda, lo primero que pensó Véctor fue en las experiencias psicotrópicas que en otros tiempos había tenido, pero sin duda ninguna fue tan real y vívida como ésta,

Al volver de nuevo la vista, descubre que Perro está sentado tranquilamente sobre las rocas, haciendo un contraste casi imposible con el paisaje. No es un perro que llame demasiado la atención. pero en estas circunstancias parece casi un ángel. Mirándole alegremente y moviendo la cola, de repente se gira y echa a correr, Véctor decide ir tras él, pero no le resulta fácil, pues el animal tiene una habilidad extrema en ese terreno. Al cabo de muy poco, Véctor descubre que Perro se dirige a lo que parecen tres inmensos monolitos blancos que se alzan detrás de la vegetación que lucha por sobrevivir.

El chico no sabe qué le está pasando ni porqué, cuestiones que obviamente tienen respuesta pero que aquí no tienen cabida

Poco a poco, los monolitos se van acercando, y Perro, enfilándolos cada vez más claramente, se va girando de vez en cuando para comprobar que Véctor sigue tras él. Mientras tanto, los hongos nucleares se suceden en el horizonte, y el  sol sigue con su ritmo frenético de este a oeste, haciendo que la playa, a causa de la velocidad con que se suceden día y noche, parezca una discoteca. Ese lugar es el puro infierno, Lo único que parece contradecirlo es Perro y el blanco polar de los tres gigantescos bloques,

Después de mucho caminar y sufrir, Véctor descubre con estupor que los monolitos son en realidad letras de una altura que parecen superar los 50 metros. La primera que se descubre es la última, una N. Unos instantes después la letra central, una I, y por último …

- Oh, mierda - pronuncia Véctor, pues la palabra de tan inmensas proporciones es:

FIN

En el mismo instante en que descubre la palabra,  un pitido de una cantidad de decibelios comparable a la altura de la palabra FIN comienza a sonar.

PIP PIP PIP

El despertador, sólo que ahora no tiene la posibilidad de apagarlo, pues su objetivo no es despertar a Véctor, sino todo lo contrario.

El chico mira con terror a Perro que ya no conserva ni un ápice de su anterior simpatía. Ahora enseña ferozmente sus dientes.

- Sólo una segunda oportunidad... por favor.

- Hace ya tempo que la perdiste.- responde Perro. Véctor, ya completamente fuera de sí, comienza a correr por la orilla, chillando como un cochinillo. Pero, como he dicho antes, ya no hay remedio. Perro le alcanza fácilmente, y fácilmente lo tira al suelo: le desgarra el pecho y. entre borbotones de sangre, le saca con sus fauces el corazón.

Mientras las olas arrastran la sangre de Véctor, Perro, aún con el corazón en la boca, se marcha entre la I y la N. Se gira momentáneamente mirando con expresión apenada el cadáver de Véctor, una vida echada por la borda. Aún con la lástima, se marcha definitivamente, sabiendo que ha hecho lo que debía.

Un vagabundo se encuentra el cuerpo de Véctor unas horas después. Con la mano izquierda aún coge la farola, mientras con la derecha se agarra ferozmente el pecho. El vagabundo esquiva hábilmente el cadáver y continúa su camino.

 

 
 
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