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¿Los podcasts, revolucionarán la enseñanza de idiomas?
 

12-05-2006. Un empresario de China tiene pensado ofrecerle a millones de personas la posibilidad de aprender idiomas a través de podcasts, evitando así los profesores y las aulas.

Algunas personas pueden tener dudas sobre las perspectivas a largo plazo de los podcasts, pero Ken Carroll no es una de ellas. Su sitio Chinesepod.com es uno de los cinco sitios de podcasts más populares a nivel mundial: envió 3 millones de podcasts gratis desde que se abrió en septiembre del año pasado, y las descargas rondan las 20.000 por día. Pero no sólo los amantes del chino encontrarán interesante este sitio de aprendizaje de idiomas. El sitio es uno de los primeros y mejores ejemplos de cómo las tecnologías de Internet pueden aplicarse a los negocios.
Carroll viene enseñando inglés como lengua extranjera desde hace más de 20 años y trabajó en toda Europa antes de aterrizar en Shangai en 1994. Como no había ninguna escuela de idioma, abrió una y hoy tiene cinco sucursales, 70 profesores occidentales y 35 locales y 2.500 alumnos. Si bien la llegada de la web en los años 90 parecía una solución en el campo de la enseñanza de idiomas, no lo fue: “Básicamente, era como un libro de texto”, dice Carroll; faltaba el elemento humano. Fue este aspecto social lo que hizo que los podcasts le parecieran tan atractivos cuando tuvo acceso a ellos a principios de 2005. “Se puede personalizar, se puede crear una atmósfera”, dice.
A Carroll también le interesaron otros aspectos. Primero, los costos de admisión para los podcasts eran muy bajos: “No cuesta tanto construir un estudio de un ambiente en Shangai”. Segundo, se avanza rápido -días en lugar de años-. Finalmente, como dice Carroll, “sólo se necesita un profesor para llegar a un público potencial de cientos de miles de personas”.
Carroll se dio cuenta de que no podía utilizar la tecnología de inmediato para llegar al mercado más grande de todos: inglés para chino-parlantes. La gente en China todavía no está familiarizada con la suscripción a los podcasts. Así que decidió probar la idea enseñando chino mandarín a anglo-parlantes, otro mercado prometedor. “Este método tiene un enorme potencial. Se pueden atacar segmentos de mercado que nunca invertirían dinero en este contexto –gente que no tomaría clases por la noche para aprender chino, gente que no compraría libros y CDs”.
Su socio comercial, Hank Horkoff, sugiere ofrecer todos los podcasts de forma gratuita. “Eso atraería mucha gente al sitio”, explica Carroll. “Después tendríamos que determinar qué es exactamente lo que les podríamos cobrar”. La solución es materiales de enseñanza adicionales, disponibles en un centro de aprendizaje exclusivo para suscriptores: las transcripciones de las clases requieren una suscripción básica de 9 dólares por mes; mientras que los materiales de enseñanza interactivos con soporte Flash exigen una suscripción Premium de 30 dólares por mes. Actualmente, Chinesepod tiene más de 1.000 suscriptores.
Además de adoptar este enfoque de marketing viral, y un software de código abierto estándar para el sitio web, Chinesepod utiliza varias ideas de Web 2.0. Los podcasts están presentados en orden cronológico reversible, con comentarios de los usuarios. También hay un blog oficial de Chinesepod, y un wiki, donde se invita a los usuarios a aportar entradas relacionadas con el chino y la China. Cada parte del sitio invita a los usuarios a unirse a la conversación. “Somos obsesivos del feedback: qué dicen los usuarios, qué quieren, cuáles son sus problemas”, dice Carroll.
Toda esta información es analizada por un equipo de producción de 30 personas, que lo usan como base para los futuros podcasts diarios. Después de que se escribieron los guiones, y de que se generaron ejercicios Premium, Carroll y uno de sus colaboradores, Jenny Zhu, graban todos los podcasts para la semana. “Incluso dejamos errores porque es más natural, suena más cálido”, dice.
Una medida del éxito de Chinesepod es que fue invitado a colaborar con la Universidad de Qinghua en Beijing –la Oxford de China-. Carroll observa: “Ellos administran globalmente las pruebas de mandarín estándar. De cara a las Olimpíadas de 2008, les encargaron la misión de generar interés en el mandarín a nivel mundial”. Si bien esto le proporcionará un gran prestigio a Chinesepod, el dinero llegará de la enseñanza de inglés a los chino-parlantes. “Las autoridades chinas estiman que necesitan aproximadamente 1 millón de profesores de inglés”, dice Carroll. “Nunca podrán satisfacer esa demanda”.
Los podcasts parecen la solución perfecta. “En lugar de contratar a cientos de miles de profesores, se elige uno o dos, pero uno se asegura de que sean los mejores”. Para sortear el problema de la falta de familiaridad con los podcasts, el plan de Carroll es visitar las escuelas de inglés en China y ofrecerles contenido gratis, que se puede utilizar como base de enseñanza en el aula. El gana dinero con los estudiantes que se suscriben al contenido Premium del sitio Englishpod.com, que él mismo abrió.
El sitio de Carroll generó una horda de imitadores. Tal vez el mejor de ellos, Japanesepod101.com, incluso utilizó el mismo diseño web. A Carroll no parece preocuparle que las grandes compañías de enseñanza de idiomas puedan adoptar un método similar. “Nadie quiere poner en riesgo sus ingresos con un modelo que todavía no ha sido probado. Nosotros también estamos atacando nuestro propio negocio offline, pero prefiero hacerlo yo mismo y que no sea otro el que viene a quitarme el pan de la boca”.
Por su parte, el mundo del aprendizaje tradicional de idiomas no parece perturbado. Como dice Suzanne Furstner, directora de Cactus Tefl, una compañía independiente: “Dudo que esto haga que las aulas sean menos necesarias. La interacción personal cuando se aprende un idioma es de vital importancia”. Carroll concuerda en que “el aprendizaje de idiomas no sólo tiene que ver con aprender palabras”. Pero agrega: “Yo creo que en pocos años los podcasts van a terminar afectando a los institutos de idioma”. Los podcasts, por otra parte, le permiten a todos recibir la mejor enseñanza, mientras que las tecnologías Web 2.0 pueden ofrecer gran parte de la interacción personal de la clase.

Por Glyn Moody, de The Guardian
Traducción de Claudia Martínez aparecida en El Clarín.com
12 de mayo de 2006
http://www.clarin.com/diario/2006/05/12/conexiones/t-01193855.htm
[cortesía de Víctor Barrionuevo en la lista E/LE Brasil, 15/05/2006]
 
 
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