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Estás aquí:  Inicio >>  Muestras/Arte >>  Muestra de Daniel Santoro en el MUNTREF: Realidad, sueño y elegía
 
Muestra de Daniel Santoro en el MUNTREF: Realidad, sueño y elegía
 

una extraordinaria exposición de Daniel Santoro en el MUNTREF

Las obras en algunos casos de gran tamaño aluden a símbolos de una época histórica de la Argentina donde el peronismo que había tenido un preponderante luego fue combatido por la Revolución Libertadora de 1955 y las consecuencias que trajo aparejadas.
Las figuras de Eva Perón y de Perón aparecen en numerosos cuadros y también en objetos como cerámicas. ..

 

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

Se inauguró hoy con gran cantidad de público,  invitados, artistas, críticos y periodistas en la Universidad Nacional de Tres de Febrero una extraordinaria  muestra de Daniel Santoro “Realidad, sueño y elegía” curada por Raúl Santana. La exposición se compone de pinturas,  tintas, dibujos, objetos y libros de artista.

 

 

En primer lugar habló el rector de la Universidad Aníbal Jozami, quien dijo que “se había elegido iniciar el año en que se cumple el Bicentenario de la Revolución de Mayo con la obra de Daniel Santoro, que suma a su irreverente originalidad y valores estéticos una calidad expresiva que, en la mezcla de imaginación y realidad le permite, a través de imágenes oníricas, hacer que su arte aparezca como “transmisor del pasado, presente y oráculo del futuro”.

La Universidad de Tres de Febrero ubicada en la Provincia de Buenos Aires tiene el Museo de Arte y además brinda  en su oferta académica carreras relacionadas con artes electrónicas entre otras.  En las muestras de arte que ha exhibido  se destacan  artistas argentinos como Berni, Urruchúa, Quinquela Martín, Fader, Esteban Lisa entre varios más.

Jozami destacó la función de esta Universidad que está ubicada en un lugar alejado de los espacios culturales tradicionales del centro de la ciudad de Buenos Aires y que uno de los objetivos de la institución con la realización de estas muestras y las actividades culturales  es convertir la periferia en centro.

Raúl Santana destacó la obra de Daniel Santoro como casi única en el mundo por la envergadura y la representación en las artes plásticas de una época histórica y política de nuestro país que ha suscitado tanto una leyenda dorada como una leyenda negra.

Las obras en algunos casos de gran tamaño aluden a símbolos de una época histórica de la Argentina donde el peronismo que había tenido un lugar   preponderante luego  fue combatido por la Revolución Libertadora de 1955 y las consecuencias que trajo aparejadas.

Las figuras de Eva Perón y de Perón aparecen en numerosos cuadros y también en objetos como cerámicas.

El nacimiento político de Eva Perón es representado en un cuadro con Eva vestida de traje sastre y sostenida por dos mujeres.

También un personaje, la “mamá de Juanito Laguna” – éste último personaje del pintor Antonio Berni” resplandece en algunas pinturas como una niña vestida de guardapolvo blanco.

Otro de los personajes es “el gigante descamisado” que podría interpretarse como “el pueblo”.

Aparece en la simbolización que el artista hace de una época de bienestar y estado benefactor  la figura de Evita protegiendo un niño – abrigándolo con una manta – mientras otra mujer con apariencia intelectual mira desde afuera la escena.

Muchas de las imágenes de los cuadros no están exentas de violencia, como por ejemplo “Evita castiga al niño gorila” o “Lucha de clases”.

El malón y la cautiva también son imágenes presentes en las obras de Santoro, imágenes que recorren tanto la historia como la literatura argentina.

 

 

Según palabras de Raúl Santana, quien fue director del Palacio Nacional de las Artes (Palais de Glace):

 

“…La primera  aproximación al mundo que nos propone el artista debe pasar por el reconocimiento de algunos antecedentes que propiciaron la irrupción de leyendas que luego de la caída del régimen peronista, acaecida en 1955, han configurado un imaginario que sigue desplegando hasta el presente las más heterogéneas interpretaciones. Desde el odio hasta el amor, pasando por todos los sentimientos imaginables, aquella época sigue siendo objeto de injurias o celebradas exaltaciones: algunos afirman que fue el mayor desastre de nuestra historia, el comienzo de la decadencia del país, mientras que otros sostienen que la historia argentina se divide en antes y después esgrimiendo la extraordinaria significación que tuvo para el bienestar del pueblo. En cualquiera de los casos las afirmaciones colocan al período como bisagra fundamental. Aquí debemos agregar que las crecientes demandas de los de abajo fueron atendidas y otras no. No hay duda de que el gobierno peronista hizo muchas realizaciones desde aquella gesta que llevó a Perón a la presidencia de la República en 1946 y que fue el comienzo de transformaciones sin precedentes en nuestra historia. Debemos advertir que como nunca antes o después, aquel gobierno se transformó en un Estado protector, paso fundamental para el bienestar del pueblo, logrado sin que se hubiera derramado una sola gota de sangre, al menos en los diez años que el peronismo estuvo en el poder. La única sangre derramada fue provocada al final de la década por un sector de las Fuerzas Armadas que bombardeó al mediodía, a cielo abierto, la Plaza de Mayo. Por aquella decisión criminal de ese sector enemigo murieron cientos de hombres, mujeres y niños. Aquel fue el comienzo del fin del gobierno popular cuando todavía faltaban tres años para que hubiera elecciones.

 

Después de 1955, uno de los primeros decretos de la autodenominada Revolución Libertadora, el 4161, prohibía cualquier tipo de mención al régimen depuesto; mucho menos se podía mencionar a Perón o a Evita, cantar la marcha o utilizar cualquier insignia que aludiera al peronismo. Las palabras comenzaron a significar otra cosa. Así nació la leyenda negra del peronismo, principalmente en aquellos sectores donde la mayoría de las “grandes familias” sintieron que por fin se habían sacado la bestia de encima. Y lo lamentable fue el silencio cómplice de algunos sectores de izquierda y liberales que hablaron de “los militares democráticos”. Ignoraron que así como creció la leyenda negra, para la enorme mayoría del pueblo –y esto lo demostró la historia– la década, frente al desamparo creciente de los de abajo, comenzó a transformarse en una edad dorada donde mitos y leyendas crecieron entroncados a la realidad de la historia. Para las autoridades usurpadoras, la consigna refrendada por decreto fue olvidar; pero la memoria y el recuerdo siguieron circulando como una llama viva entre los sectores populares, que por entonces ya iniciaban la resistencia. Me atrevería a decir, que a tal punto creció aquella llama, que llegó a generar un artista de la talla de Daniel Santoro, que vino a restituir con sus potentes imágenes aquel mundo que querían pasar al olvido. Ocurre –y esto lo sabemos porque es casi una ley– que lo reprimido en la historia siempre retorna; en este caso a través de más de medio siglo en que el peronismo fue determinante en la política nacional; y también a través de las alucinantes visiones de Santoro, que intentan desentrañar las claves de aquella utopía abortada…”.

“…El dilema de nuestra historia propuesto por Sarmiento en su recio libro Facundo. Civilización o Barbarie, que de manera medular atraviesa la vida argentina hasta el presente, reapareció con mucha fuerza –no obstante el incremento sin precedentes de programas y establecimientos educativos– en la década peronista, desde aquella desdichada frase de la oposición, que definió al peronismo como “el aluvión zoológico”, frente a las masas llegadas del conurbano que ocuparon la Plaza de Mayo y se refrescaron metiendo “las patas en la fuente”, aquel 17 de octubre que fue el momento fundacional del peronismo. La frase alude a la condición animal de aquella masa peronista desde una noción de “pulcritud” que siempre se negó a aceptar la hediondez de América –como nos enseñó el pensador Rodolfo Kusch en su libro América Profunda. Pero el naciente peronismo ya comenzaba a hacer visible ese sustrato gauchi-indio que también fue denominado por la oposición “los cabecitas negras”. Más allá de la política, la oposición rechazó racialmente a los que terminó denominando despectivamente “los negros”: tal vez el sector mayoritario de nuestro pueblo, que con su “ominosa” presencia empezó a circular y a ocupar espacios por lugares hasta entonces impensados, intranquilizando a la “pulcra” ciudadanía. El odio que suscitó Perón en la oposición, tuvo mucho que ver con la soberanía popular que promovió aquella década, atendiendo sus demandas. No es casual que Santoro haya denominado a su última muestra realizada en la Galería Palatina “Civilización y Barbarie”. En ella crece la iconografía del artista, con increíbles y sutiles claves de nuestra realidad, como las que el artista despliega en las imágenes de “La leyenda de la madre de Juanito Laguna” –el conmovedor personaje de Antonio Berni aparecido a comienzos de la década del 60– con el que Santoro mantiene un profundo diálogo. También aparece en esta ocasión “La leyenda del gigante descamisado”, especie de Golem que, según palabras del artista simboliza al descamisado, hoy excluido, que se volvió un gigante sin rumbo de tanto tragar injusticias desde la pérdida de aquella edad dorada. Vemos al gigante atravesar un campo de soja transgénica, cruzar a la mamá de Juanito Laguna como un San Cristóbal del Riachuelo, y muchas imágenes más que completan la leyenda con dolor y ternura. La escena que sintetiza con agudeza la condición de la época es la del cuadro “La Conversación”: en el jardín de una pulcra mansión racionalista, el gigante, que es tan grande como la propia casa, casi al acecho mira hacia el interior por las ventanas, escuchando la conversación que Victoria Ocampo mantiene con otra persona, sin sospechar la cercana presencia del descamisado; dos mundos separados por un abismo en la serenidad de aquel atardecer en Barrio Parque. También aparecieron en aquella muestra las primeras imágenes del “Centauro Justicialista”; y no cabe duda de que haciéndose eco irónicamente de aquella frase “el aluvión zoológico”, y pensando en la mitología griega, Santoro reedita el mito, que narra como muchos otros, un momento del tránsito entre la animalidad y la humanidad. Es obvio que el “Centauro Justicialista” le hace un guiño significativo a la magnífica obra de Della Valle “La vuelta del malón”. También en esta serie la legendaria directora de la revista Sur, que para el artista en muchas de sus obras encarna lo opuesto al peronismo, es raptada en una de sus imágenes y va montada como una cautiva con tapado, aferrándose a los cabellos del Centauro que la lleva hacia el interior de la Pampa, esa Pampa que alguna vez fue el hábitat del indio y del gaucho. Pero la ironía da paso a la tragedia: en la tapa del libro de esta exposición se reproduce un fragmento de la obra “El descamisado gigante expulsado de la ciudad”. En ella, el gigante, como un King Kong argentino se agarra al también racionalista edificio Kavanagh, mientras lo circundan aviones que lo atacan brutalmente. Y lo curioso es que en el cuadro los gorilas atacan para expulsar a un humano a diferencia de King Kong, donde los humanos expulsan a un gorila. La parábola se cierra y pareciera decirnos que la vieja antinomia es falsa: no todos los civilizados son civilizados ni todos los bárbaros son bárbaros y éste es el momento en que la eficacia estética alcanza eficacia política, en estos tiempos de civilizado capitalismo salvaje, donde todos los días, por las necesidades del mercado, se decreta el “fin” de algo: la historia, formas artísticas, etc. Todo tiene que cambiar por las codiciosas necesidades de un mundo posmoderno que necesita, al mismo tiempo, multiplicar y hacer desaparecer sus ofertas, imponiendo absurdas nociones de actualidad en este sistema globalizado donde todo se parece a todo. ¿Será el intento de borrar legados históricos y herencias simbólicas para entrar en la deriva del mercado? Precisamente desde esta imposición de lo actual, es de donde la obra de Santoro aparece con la frescura de estar más allá del juego impuesto. El suyo responde a reglas inventadas por él, en este desdichado sur americano; de aquí saca el artista la potencia conceptual y visual de sus inéditas imágenes. Por esta razón su obra –a la cual la crítica respondió favorablemente en la mayoría de los medios– se yergue solitaria como un extraño monumento del arte argentino. Elaborada con la solvencia y sabiduría de un clásico, al recorrerla encontramos importantes alusiones a la Historia del Arte de todos los tiempos, como por ejemplo, las reiteradas citas de la “Isla de los Muertos” de Arnold Böcklin y otras obras paradigmáticas del arte occidental. Pero no obstante las intrincadas claves visuales y conceptuales, su obra ha llegado a toda clase de público.

 

Tengo frente a mí un cuadro de Santoro fechado en el 2005, que me obsequió después de su muestra que presentó en el Museo Caraffa de la Ciudad de Córdoba: en un primer plano hay una máquina de coser, presumiblemente Singer, de las que la Fundación Eva Perón donaba a las amas de casa (¿aludirá a un mundo productivo aún dentro del hogar?); en el clima abiertamente metafísico de la escena, apretada por la aguja de la máquina, aparece una cinta negra presentada a su vez como una cinta de Moëbius (¿aludirá a un luto infinito?); atrás de la máquina, por la ventana que da al exterior y que contrasta con el ámbito por su luminosidad, se ven como sólidos custodios, los edificios de la CGT y el de la Fundación. Tal como en este cuadro, la asombrosa conjunción de elementos en cualquiera de las imágenes del artista, hacen de sus obras verdaderos espacios simbólicos, sobre todo si tenemos en cuenta, aquella definición que hace el filósofo Hans Georg Gadamer –discípulo de Heidegger y que asistió invitado en 1949 al Congreso Filosófico que se llevó a cabo en la provincia de Mendoza– en su libro La actualidad de lo bello: “¿Qué quiere decir símbolo? Es en principio, una palabra técnica de la lengua griega y significa tablilla del recuerdo. El anfitrión le regalaba a su huésped la llamada tessera hospitalis; rompía una tablilla en dos, conservando una mitad para sí y regalándole la otra al huésped para que, si al cabo de treinta o cincuenta años vuelve a la casa un descendiente de ese huésped, puedan reconocerse mutuamente juntando los dos pedazos. Una especie de pasaporte en la época antigua; tal el sentido técnico del símbolo. Algo con lo cual se reconoce a un antiguo conocido”.

 

Al recorrer la obra del artista muchos sacarán su tessera hospitalis, pues la década peronista repartió muchas. Y si como nos enseñó Freud, el duelo implica una pérdida, la melancolía se caracteriza por una incapacidad de superar esa pérdida, de la que resulta una identificación constante con el objeto amoroso. Es obvio que Daniel Santoro no parece resignado a hacer el duelo por aquella época histórica. Pero la melancolía que sobrelleva, lejos de paralizarlo, ha sido la fecunda disparadora de su imaginación de artista. En uno de sus textos, no es casual que haya puesto de acápite ese poema de Hölderlin cuyos últimos versos, refiriéndose a la patria perdida dicen: “Por más que busques nunca volverás a encontrarla: consuélate con verla en sueños”.

 

raúl santana

curador

 

La muestra estará abierta hasta el 30 de abril e incluye visitas didácticas para niños, familias y grupos escolares.

Horario: lunes a sábados de 11 a 20

 

Visitas participativas: sábados 15,30 y 17 , Programa educativo cultural: Chicos y grandes con el arte.

Museo de la Universidad de Tres de Febrero

Valentín Gómez 4848 – Caseros frente a la estación

 

4759-3528/37/38 int. 115

 museo@untref.edu.ar

 

 

 

 

Cronología del artista

 

principales muestras individuales

2009

Victoria Cautiva, o el malón Justicialista. Pinturas y dibujos. Museo Evita, Buenos Aires.

2008

Civilización y barbarie, gabinete justicialista. Pinturas y dibujos. Galería Palatina, Buenos Aires.

Siete críticos y siete artistas. Pinturas y dibujos Librería Clásica y Moderna, Buenos Aires.

2006

Leyenda del descamisado gigante. Pinturas y dibujos Galería Palatina, Buenos Aires.

Muestra retrospectiva de pinturas. Sala de Conferencias de Casa de Gobierno de la República Argentina.

2005

Utopía justicialista con un objeto caído. Museo Caraffa, Córdoba. Completaba la muestra una instalación donde podía verse un avión Pulqui realizado en escala 1:2.

2004

Jardines Justicialistas. Dibujos Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA), Buenos Aires.

Leyenda del bosque justicialista. Pinturas y dibujos Galería Palatina, Buenos Aires.

2002

ArteBA, Galería Mercedes Pinto, Buenos Aires.

2001

Un Mundo Peronista. Pinturas. Centro Cultural Recoleta. Primera de una serie de muestras en las que comenzó un largo periplo por la historia y la gráfica de este intenso período histórico. Generó debates y polémicas que todavía continúan, entre ellos, los alcances y el significado del arte político argentino.

1998

El Movimiento Falso. Pinturas. Centro Cultural Recoleta. Una indagación en torno al tema de la muerte, incorpora los ideogramas chinos resignificados y con un valor de talismán gráfico filtra las figuras y desvía la frontalidad de la lectura de las obras.

1992

Acuarelas y pinturas. Della Bücher Gallery, Singapur, Yakarta, Indonesia. Se propone una fusión del imaginario occidental y oriental a partir de los íconos como Gardel y las figuras de los samuráis en los grabados del Ukiyo’e.

Arcanos Porteños. Museo de Arte Moderno, Buenos Aires. Une las cosmogonías de la tradición hermética con lugares arquetípicos de la ciudad, como los bares y la avenida Corrientes, incorporando el imaginario de la Cábala y el Tao. Simultáneamente presentó el Manual de Arcanos Porteños, un libro con intricadas ilustraciones en blanco y negro, facsímil de un libro de artista realizado en los bares, que fue el primero de una larga serie que continúa en la actualidad.

1991

Pinturas. World Trade Center Singapur, hotel Thani, Bangkok, Thailandia.

1990

Recuerdos del Billiken. Dibujos, pinturas, objetos. Palais de Glace, Buenos Aires. Una investigación gráfica sobre los héroes arquetípicos de nuestra historia, donde se mezclan los recuerdos infantiles con una visión irónica y distanciada.

1989

Iconografías porteñas. Dibujos y pinturas. Liberarte, Buenos Aires.

1987

Dibujos y pinturas. Galería Soudán, Buenos Aires.

premios

2009

Arturo Jauretche a la actividad artística. Fundación Arturo Jauretche, Buenos Aires.

2003

Mejor libro de arte por el Manual del niño peronista. Asociación Internacional Críticos de Arte (AICA), Buenos Aires.

1996

Primer Premio Dirección de Museo Fundación Banco Ciudad, Buenos Aires.

1994

Mención Dibujo, Salón de Santa Fe, Santa Fe.

1992

Tercer Premio de Pintura en Angüilara (Roma, Italia).

1989

Mención de Honor, Salón Nacional de Dibujo.

1986

Primer Premio, Salón Municipal de Dibujo Manuel Belgrano, Buenos Aires.

1985

Segundo Premio, Salón Municipal de Dibujo Manuel Belgrano, Buenos Aires.

1984

Primer Premio del Concurso del Croquis sobre Ballet, Teatro Colón, Buenos Aires.

1982

Tercer Premio de Dibujo, Salón Colegio Ward, Buenos Aires.

Mención Pintura, Premio Banco del Oeste, Buenos Aires.

1981

Mención Dibujo, Galería Hoy en el Arte, Buenos Aires.

Mención Pintura, Galería Hoy en el Arte, Buenos Aires.

1979

Tercer Premio Pintura, Salón Alba, Buenos Aires.

Mención Pintura, Salón de San Fernando, Prov. de Buenos Aires.

1978

Primer Premio Salón Nacional de Estudiantes, Sección Dibujo, Buenos Aires.

 

más información e imágenes en el blog de la revista:

http://revistaarchivosdelsur.blogspot.com/2010/03/muestra-realidad-sueno-y-elegia-daniel.html

(c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur

publicado el 11-3-2010

 

 
 
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