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Estás aquí:  Inicio >>  Muestras/Arte >>  Carlos Morel: precursor del arte argentino - Tercera parte
 
Carlos Morel: precursor del arte argentino - Tercera parte
 

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Carlos Morel: Precursor del arte argentino – Tercera parte

 

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

A medida que investigo acerca de los precursores del arte argentino, encuentro en diversos libros más datos de Carlos Morel considerado el primer pintor argentino nativo.

Sigue figurando como lugar de nacimiento la antigua ciudad de Quilmes. Sin embargo, según la investigación realizada y que ya se ha publicado en notas anteriores, Carlos Morel se radicó en Quilmes en 1870, según lo indica Agustín Matienzo – descendiente del pintor – en el libro “Carlos Morel” precursor del arte argentino.

En cuanto a su lugar en el mundo del arte argentino, Morel figura como uno de los artistas más destacados y el primer pintor argentino nativo que forjó su cultura artística en nuestro medio. Fue discípulo de José Guth y de Pablo Caccianiga.

Egresó a los dieciocho años con altas calificaciones y en 1835 comenzó su actividad al pintar miniaturas asociado con García del Molino.

Según el testimonio de Matienzo la vida de Morel en su ancianidad y después de la muerte de su hermana, Indalecia Morel de Dupuy, transcurrió serenamente.

“Reconstruyamos en primer término su fisonomía, en base a los recuerdos de aquellos y a la fotografía reproducida (Lámina XLIX), obtenida en la ciudad de La Plata en 1889, cuanto contaba, por lo tanto, 76 años.

La mirada, vivaz aún, anima un rostro apenas oval, enmarcado por la barba blanca, corta y espesa. El cabello, abundante para la edad, es negro y marcadamente canoso; erguido el porte, a pesar de la más bien baja estatura; pulcro y correcto el vestir y finas las maneras. (1).

Una amplia habitación separada de la edificación principal, entre el patio que centra añoso pino y la sombreada huerta-jardín, es a la vez dormitorio y taller. En ella permanece buena parte del día, entregado a la pintura de motivos por lo general religiosos (2), a trabajos de bordado en blanco, algunos de los cuales aún se conservan, y a la lectura de los libros, diarios o publicaciones periódicas que llegan a la casa.

Agradable conversador, de léxico cuidado, discurre con frecuencia sobre autores de la antigüedad clásica, o la historia, vida y costumbres de pueblos extraños, conocidas a través de sus inquietudes de otras épocas y que según queda expuesto, no ha abandonado. Rara vez encuentra tema en sus recuerdos. Cuando lo hace, omite, al parecer deliberadamente, toda referencia al orden personal o familiar. A ello se debe, en gran medida, el desconocimiento de su vida anterior. Nadie escucha de sus labios noticia alguna, y el temor de actualizar posibles hechos ingratos pone reserva en las preguntas.

Con sus sobrinos políticos Juan Iturralde y Francisco Labourt, sostiene largas conversaciones en francés, idioma que domina, y en cuyos rudimentos inicia a algunos de sus sobrinos nietos, a quienes reúne con tal fin en el comedor de la casa. Se cree, asimismo, que no fue ajeno el inglés a sus conocimientos.

La música lo atrae, y se recuerdan sus ejecuciones en violín, que considerada su avanzada edad, permiten presumir el ajustado intérprete de horas mejores…”.

 

(1)   Destacan sus ya nombrados familiares este último rasgo de su personalidad.  Así, al abandonar su habitación, lo hace por lo general, en irreprochable traje de calle. Es su sastre don Guillermo Thiemer, alemán, quien se traslada desde Buenos Aires, donde está establecido, para realizar las pruebas de rigor. Severo y exigente el anciano, le obliga a rectificar cualquier error, por pequeño que fuere.

 

(2)   Quehacer éste que habría abandonado unos diez años antes de su muerte

 

Bibliografía:

 

Agustín Matienzo, Carlos Morel precursor del arte argentino, Editorial Emecé

 

José Cosmelli Ibáñez, Historia de la cultura argentina, Editorial Troquel

 

 

 (c) Araceli Otamendi - Archivos del Sur

 

Todos los derechos reservados

 

publicado el 10-7-2009

 
 
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