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Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  ¿Arte es lo que todos los hombres llaman arte? -Parte 2 por Claudia S. Díaz
 
¿Arte es lo que todos los hombres llaman arte? -Parte 2 por Claudia S. Díaz
 

En arte no hay reglas porque el arte es libre.
Wassily Kandinsky

 

 

¿Arte es todo lo que los hombres llaman arte?


(Parte 2)

 


(Buenos Aires) Claudia Díaz

 


Andy Warhol. Gunter von Hagens. Damien Hirst. Piero Manzoni. Joseph Beuys.

 

 

Continuando con el desarrollo del tema de interés, la obra de Duchamp y los ready-made, debemos recalcar que la intervención del artista sobre la imagen de la Mona Lisa sólo es posible en el mundo de la reproducción técnica de las imágenes, en el contexto de la cultura de masas. Dichas imágenes están disponibles en una cantidad desmesurada, ya sea las del mundo del arte, como las  de cualquier otro segmento de la realidad. Al estar “a disposición” del  artista, éste con sus intervenciones va  a establecer un juego dialéctico entre la imagen original y la reproducción, cuestionando tanto el original como su reproducción al superponer otras cuestiones visuales o estéticas. De esta manera se produce una autonomía de las imágenes y un círculo sin ruptura: muchas “monas lisas” circulan sin cesar en la cadena de la cultura de masas. De la publicidad y el consumo, al mundo de la comunicación y el arte. Gracias a la reproducción el arte se convierte en objeto de consumo masivo al poner al alcance de cualquiera (no sólo de los muy poderosos, o de los poderes públicos) las imágenes de las obras. El diseño, la publicidad y los medios de comunicación van a integrarse al mundo del arte; la sociedad de masas va a participar de las experiencias estéticas resultantes de la expansión de la tecnología.

Duchamp interviene la imagen de la Mona Lisa, Andy Warhol la multiplica en sus obras “Cuatro Mona Lisas” y “Treinta son mejor que una”. Al decir de Warhol todos quieren más, por consecuencia una imagen no contenta,  irradiándose así el consumismo y las estrategias de la cadena de comunicación y consumo a la esfera del arte.

 

Cadáveres sometidos a la plastinación llaman la atención de los medios de comunicación. Ya no son imágenes ni productos de artificio sino cuerpos humanos reales. El doctor Gunther von Hagens, promotor de la exposición, descubre este método en 1977. El aspecto de  los órganos, músculos y tejidos es similar al plástico o a otro preparado sintético. Esos cuerpos sin vida se emparentan de algún modo a las momias egipcias, que fuera de su contexto ritual, hoy son consideradas “obras de arte”. Pero hay algo que nos inquieta, nos perturba. Han salido de las salas  de investigación para convertirse en “objetos” expuestos al público. Están fuera del marco silencioso y aséptico de la medicina. No son representación sino presentación de cuerpos reales que sustituyen al cuadro o esculturas reales.

¿Es esto arte? El aspecto plástico de los cadáveres parece indicar una cierta voluntad artística. Independientemente de este caso hay una tendencia actual, cada vez más pronunciada en las sociedades de masas, de romper con las limitaciones del acceso a la contemplación de cuerpos y cadáveres a los no profesionales. El público las visita sin inconvenientes transitando entre la morbosidad, la curiosidad, la sorpresa y tal vez  la indignación.

 

 Damien Hirst llama esculturas a los cuerpos por él tratados. Son instalaciones con cuerpos o fragmentos de ellos. Pero a diferencia de Gunter von Hagens son cuerpos o trozos de animales disecados o tratados químicamente, suspendidos en una solución de formol. Suele dar a sus instalaciones largos títulos con reminiscencias filosóficas: “Cierto confort obtenido de la aceptación de las mentiras inherentes a todo”. Esta instalación fue presentada en la Royal Academy, en Londres en una  exposición de cuarenta y dos jóvenes británicos llamada Sensation (1997). Provocó un escándalo público ya que era un verdadero alegato para cualquier pretensión bien pensante de asociación del arte de nuestro tiempo con el “buen gusto”.

La obra de Hirst consistía en dos cuerpos de vaca cortados en doce segmentos, reagrupados después en forma desarticulada que flotaban en tanques llenos de formol.

“La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo” (1991) , conocida por su venta en millones de dólares, consiste en un tiburón flotante también en formol.

¿Es esto arte? La provocación y el escándalo logró lo que en nuestra sociedad otorga casi de inmediato: celebridad. Pero vayamos más allá según el propio Hirst.

Primero. Hay una búsqueda de hacer pensar, a cuestionar las imágenes delegando en el espectador una responsabilidad mayor que ante una obra tranquilizadora. Su intento es despertar una sensibilidad adormecida ante todo tipo de imágenes por duras o impresionantes que éstas sean.

Segundo. En el proceso de producción de las piezas conviene tener en cuenta el “esfuerzo creativo” que sus instalaciones requieren, muy emparentado con la entrega en cuerpo y alma de todo artista a su trabajo.

Tercero. Hirst utiliza siempre cuerpos ya muertos.”Tenemos que inyectarle constantemente durante cerca de una semana en un tanque del tamaño de una piscina de formaldehído…Tenemos que extraer toda la mierda de su estómago. El líquido se ha vuelto marrón y estamos hasta nuestras rodillas en él”.

La respuesta no es sencilla ya que lo usual es considerar arte a los géneros o disciplinas clásicas: pintura, escultura, arquitectura. Pero el territorio de las artes plásticas actuales es resultado de hibridaciones que conllevan la superposición de soportes y técnicas. Hay una deslimitación producto también de la proliferación de otras disciplinas muy en auge en los tiempos que corren: fotografía, diseño, publicidad, cine, cómic, video, técnicas digitales etc.

 

Otro ejemplo de escándalo y provocación es el gran artista conceptual Piero Manzoni que con casi treinta años fallecía en 1963.En mayo de 1963 produjo una serie de noventa latas de conserva, de noventa gramos cada una, de “mierda de  artista”. Cada lata se vendía al peso, según la cotización diaria del oro. Con esta situación formulaba una crítica radical a la valoración de las obras de arte en función del aprecio mercantil de la firma del artista.

 

Joseph Beuys dada su relación amistosa y solidaria con los animales realizó una acción en la cual convivió durante tres días con un coyote salvaje, animal sagrado de los indios americanos, en una sala de una galería de arte en Nueva York.”América me gusta y yo le gusto a América” era el nombre de esa acción. Los animales para Beuys son elementos espirituales, angélicos, con sentido sacro. Los considera nexo evolutivo entre las plantas y el ser humano. Ello va en coherencia con su concepción del arte como una forma de retorno a lo sagrado. Para Beuys, considerado por él mismo como un chamán, no sólo cualquier cosa podía ser una obra de arte sino que cualquiera puede ser artista.

 

Cuerpos de animales muertos o fragmentos, cuerpos del artista, fluidos corporales, animales vivos, cadáveres  humanos. Todo utilizado al servicio del arte. Los artistas de nuestros tiempos se dirigen a un público activo no a meros contempladores pasivos, un coautor.

“Arte es todo aquello a que los hombres llaman arte”.”Arte es hoy un conjunto de prácticas y actividades humanas completamente abiertas”. Es la caracterización que hace del arte el filósofo y teórico de la estética italiano Dino Formaggio.

Lo primero que destaca es que no hay límites previos, ni normas que diferencien a priori arte y no arte.

Segundo, lo que convierte a algo en arte, es que sea llamado arte. Algo puede ser llamado arte por una cuestión situada en el plano del lenguaje y del discurso. Cuando aparece inscrito en los canales institucionales, dicho de otra manera, cuando está legitimado y responde la circuito de producción, distribución o circulación y consumo. Paralelo a ello debe existir una retórica o argumentación que sustente y justifique su inserción en el ámbito artístico.

Queda abierto el debate: ¿Qué es esto?, ¿Esto es arte?, ¿Todo es arte?, ¿Sólo el mercado y las instancias de poder deciden? Desde la representación mimética de la realidad, transitando por los manifiestos de la época moderna en los que el arte se define como la filosofía del artista, hasta la actualidad podemos concluir que ya no es posible aplicar las nociones tradicionales de la estética al arte contemporáneo.

 

Todo es posible…la experiencia del arte es algo subjetivo e individual, es un viaje hacia adentro y hacia fuera en constante devenir. Apropiarse de ella significa ser capaces de estar abiertos, sumergirnos  y poder recrear con nuestros sentidos nuevas instancias de percepción y goce de las obras de arte.

 

 

(c) Claudia Susana Díaz

Licenciada en Artes Visuales

 

 

Bibliografía:

 

Jiménez, José. Teoría del arte. Alianza Editorial, 1ª edición, 2002.

 

 

 

 publicado el 6-5-2009

 
 
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