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En arte no hay reglas, porque el arte es libre - Claudia Susana Díaz
 

En arte no hay reglas, porque el arte es libre...

Wassily Kandinsky



En arte no hay reglas porque el arte es libre.

                  Wassily Kandinsky 



 (Buenos Aires) Claudia Susana Díaz

¿Arte es todo lo que los hombres llaman arte?

(parte 1) 
 
 

1-Una aproximación a la obra de M. Duchamp. Los ready-made. 

Frente a la Mona Lisa, de Leonardo da Vinci, preguntar: ¿qué es esto? no hay  dudas en su respuesta. Es una obra de arte. Surgen cuestiones con cierta incertidumbre al colocarnos frente a una reproducción fotográfica de la misma. Ya no vemos la pintura  o la obra sino una imagen de ella. Pero dada la gran cantidad de información culturalista acumulada sobre la misma, una primera aproximación no distingue entre la obra y la imagen. Pensar hoy qué es arte nos sumerge en el mundo de la cultura de la imagen. Nuestras experiencias “de las obras” se superponen o funden con las experiencias de la s imágenes tecnológicamente producidas de esas obras. El sentido del arte se transforma en la era de la imagen y en la de las comunicaciones de masas. Las obras maestras como objetos venerables y distantes se convierten en cercanas y próximas, así como también se produce una fisura entre “alta cultura” y “cultura popular”.Fenómenos que se hicieron concientes en las vanguardias artísticas. 

¿Qué sucede cuando nos enfrentamos a la intervención que Marcel Duchamp (1887-1068), gran artista de la Vanguardia realiza en la imagen de la Mona Lisa?

Nuevamente nos preguntamos ¿qué es esto? No hay duda que es una imagen o reproducción. Pero esta imagen cargada de ironía, humor  y subversión ¿se la puede calificar de obra de arte? En el sentido habitual no lo es, le falta la realización o producción física, lo que los griegos llaman poiesis. Tampoco lo es desde la tradición clásica, lo que para el Renacimiento se traducía como creación. 

Conviene aclarar que la imagen de Duchamp es una intervención sobre una reproducción fotográfica de la obra de Leonardo realizada en 1919, en la cual el artista pintó con lápiz en la figura un bigote y una perilla, y en la parte inferior un extraño anagrama: L.H.O.O.Q. Tal inscripción no significa nada en sentido estricto pero su pronunciación francesa establece una homofonía, deslizándose el sonido al sentido: “elle a chaud au cul” o “ella tiene el culo caliente”. Irrumpe así la burla a una imagen tan venerada.

Asume Duchamp con este gesto lo que se convertiría en signo distintivo de la vanguardia: la ruptura radical en el arte, el ocaso de la tradición. Con sus intervenciones y conciente de los nuevos procesos de la técnica, Duchamp despoja de solemnidad a las obras de la tradición convirtiéndolas en algo más cercano y manipulable. Aunque también la intención de Duchamp es cuestionar al autor de la obra, al no creer en la función creadora del artista.

Para ésta y otras intervenciones suyas similares Duchamp utiliza el término ready-made, cuyo sentido es algo ya hecho, listo, disponible. L.H.O.O.Q. es la intervención sobre un soporte material ya hecho, una modificación del mismo. En el presente caso es una intervención sobre una tarjeta postal, una reproducción fotográfica, pero el campo de los ready-made abarca todo objeto manufacturado, producido en serie, por la aplicación de la tecnología moderna.

Recordemos entre otras obras: Rueda de bicicleta (1913), Porta-botellas (1914), Farmacia (1914.) y Fuente (1917).

Esta última Duchamp la presentó como escultura en el Salón de la Sociedad de Artistas Independientes en Nueva York, del cual él era jurado, pero utilizando  la firma R. Mutt. La obra, un urinario de los utilizados en los baños públicos, no fue rechazada como se ha dicho, sino ocultada en un rincón, por lo cual Duchamp renunció en acto de protesta, logrando que lo ocurrido trascendiera públicamente. 

Los ready-made son un signo de la expansión tecnológica en la vida moderna, y un índice de la pérdida de jerarquía y exclusividad tradicional del arte en el proceso de producción de imágenes. Son también la expresión de la toma de conciencia del esfuerzo creativo necesario para la realización de cualquier prototipo para el diseño de un objeto, no menor al que realiza un artista.

Duchamp saca de su contexto habitual los objetos (su finalidad práctica o material) para recontextualizarlos, elevándolos a la categoría de artísticos, poniendo en juego el concepto tradicional de la producción artística como una creación ex nihilo o de la nada.

El sentido artístico o estético de los objetos sacados de su contexto es básicamente conceptual, ya que para Duchamp el sentido ornamental, sensible o material de los ready-made era poco relevante. Lo fundamental era su idea: ya no hay un original, las obras fluyen como concepto, como idea en el mundo de la reproducción técnica.

Todo ello supone que los soportes, los materiales, los  temas, los motivos ya no son algo delimitado específicamente, cerrados, especializados  como en el pasado, sino que están a disposición del uso común en la cultura de masas, dentro y fuera del arte. 

Desde la segunda década del siglo XX Duchamp abre un camino de libertad en las manifestaciones artísticas sin límites previamente fijados. Así las propuestas estéticas han ampliado sus fronteras a lo largo de todo el siglo pasado perdiendo exclusividad y corriéndose de compartimientos estancos.

2-El espectador crítico 

Retomando la cuestión: ¿es esto arte?  Aquellas propuestas que anclan en el marco de la “institución arte” de nuestro tiempo, forman parte del arte. Pero otra cuestión es la mayor o menor calidad de las mismas. Hay veces que esta última se transmite de manera autoritaria desde la institución o desde los medios de comunicación. Frente a esta situación debemos poner en práctica nuestra capacidad de juzgar característica de la sensibilidad moderna. Ejercer la capacidad critica con independencia frente al autoritarismo de lo único en el arte, es ser partícipes de la obra y no meros contempladores pasivos.

Los artistas de estos tiempos se dirigen a un nuevo espectador, el cual debe despojarse de prejuicios y de dogmas ante  las actuales propuestas de la representación que suponen una pluralidad de lenguajes, de códigos heterogéneos tan diferentes a los de la tradición clásica.

No todo vale. No toda propuesta  merece ser calificada en términos de excelencia artística. Esta exigencia crítica que supone la ausencia de un canon único, previo y determinado debe remitirnos a nuestra interioridad, a nuestra coherencia, a nuestra sensibilidad poética. Teniendo en cuenta una actitud abierta, no debemos  dejar de ser concientes que el valor de una obra no se impone en forma inmediata, sino lo que instala a los artistas y sus obras en su “sitio”  es lo que se denomina  la prueba del tiempo 

En sentido riguroso no hay “arte” fuera de los canales institucionales: galerías, ferias comerciales, revistas especializadas, fundaciones, exposiciones, medios de comunicación en general, culminando en los museos como verdadero espacio de legitimación. Por fuera de aquellos nos movemos en el plano del hobby o afición.

Otro aspecto que no debemos ignorar en este proceso es el mercado y la circulación mercantil de las obras. Su valor económico necesita también una justificación del lenguaje tanto en su uso informativo como en el crítico o interpretativo. Se abre así una instancia mediadora entre el momento de la producción artística y su puesta en valor en el momento de la recepción. Por lo dicho podemos deducir que en el circuito del arte aparecen las mismas cadenas de producción, información- distribución y consumo de la cultura de masas. 

. El siglo XVIII fue el que dio lugar a la aparición de la crítica de arte como filosofía aplicada para proporcionar materiales teóricos para la comprensión del arte.

Dicha teoría, en su papel mediador, debe asumir el riesgo de la independencia de los  poderes políticos y  económicos, que en no pocas oportunidades intervienen en exceso en el proceso del arte. La teoría del arte implica autonomía de criterio, fundamentos conceptuales rigurosos, formulación de categorías de análisis e interpretación de las obras.

A qué llamamos arte en la actualidad supone plantearse una y otra vez nuevas preguntas, instalar problemáticas nuevas. Enfrentarnos con propuestas artísticas tan cambiantes, móviles e inestables no hace más que revelarnos que el arte hoy en día es un conjunto de prácticas y actividades humanas completamente abiertas, pero no por ello carente de elementos de valoración, de distinción y  de excelencia. 
 

(c) Claudia Susana Díaz

Diciembre 2008-12-22 

Bibliografía: 

Jiménez, José. Teoría del arte. Alianza Editorial, 1ª edición, 2002. 
 

imagen: Marcel Duchamp y "rueda de bicicleta"
 

 
 
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