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El Chullachaqui se divierte- José Respaldiza Rojas
 

cuento finalista en el Concurso Leyendas de mi lugar, mi pueblo, mi gente


imagen: Antoni Berni, El Carnaval de Juanito Laguna- Muestra Antonio Berni y sus contemporáneos

El Chullachaqui se divierte

Cuando estudiábamos en la mañana y en la tarde, a veces, al entrar a las 2 p.m. en un día casi de verano, con el reverbero del sol y el estómago en plena digestión, nos entraba una modorra que invitaba, con insistencia, a una siesta y no a escuchar lo que nos estaba explicando el profesor. Estaba en el último año de educación primaria en la Gran Unidad Escolar Melitón Carvajal. Entonces, Leveroni, que así se apellidaba nuestro profesor, rebuscaba entre sus anécdotas alguna que nos hiciera permanecer despiertos. Una de ellas fue las que les voy a relatar: 

Al principio costó mucho esfuerzo conseguir que los bucólicos habitantes se decidieran trabajar en la construcción de un edificio, con ladrillos, cemento y varillas de fierro en lugar de troncos, bejucos y hojas de palmera; el contratista decidió aumentar la cantidad de los pagos semanales y así, poco a poco, fue cobrando forma y fondo un hotel que para su época los pobladores lo veían de lo mas raro por lo moderno de su confección. 

Era un lujoso y confortable Hotel de Turistas, precisamente en la ciudad de Iquitos, ciudad amazónica que ya empezaba a sentir la presencia de lo urbano. Los habitantes de aquella localidad pasaban sus horas de descanso observando, entre curiosos y atentos, como cavaban zanjas que luego llenaban con grandes piedras y cemento. 

¿Qué es eso, profesor?

Le decían del edificio sus cimientos o si prefieren del cuerpo sus pies.

 

Asombrado veían moverse a la mezcladora de cemento, arena, piedra chancada y agua, veían también a los sudorosos obreros que con sus latas – que antes tuvieron manteca – llevaban al hombro dicha mezcla, subiendo por ramplas de madera; otros armaban largas columnas con varillas de fierro, muchos volquetes entraban y salían trayendo arena de río, cascajo, piedras pequeñas y grandes, por aquí y por allá obreros empujando carretillas que daban la impresión de una colonia de hormigas construyendo su casa. Unas personas que llegaron en avión desde Lima y usaban casco iban dirigiendo la obra. 

Los escolares antes de ingresar y después de salir de sus centros educativos se daban una vuelta para comprobar, asombrados, lo que habían escuchado en casa de boca de sus padres era verdad. 

¿Qué escuchaban en su casa?

Están haciendo del visitante su casa.

¿Por qué hablan así?

Esa es la manera, muy particular, del habla de los mestizos de la región amazónica.

 

Lentamente se ampliaba la noticia de dicha construcción llegando a los lugares mas apartados. Venían a la ciudad desde los caceríos mas remotos para ver esa enorme casa muy dura y que se podía caminar, correr y saltar en su techo, ya no usaban ni palos del monte ni hojas de palmera, sino que le ponían una capa de cemento.

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Un buen día dos mitayeros – que estaban de cacería – se encontraban conversando de este famoso hotel en el interior de la selva decían: 

Om, te cuento que ese hotel tiene su propio aguajal.

¿Qué es aguajal, profesor?

El aguajal es una pequeña poza de agua, eso decía el mitayero para indicar que tiene una piscina,

 

Todo eso  llegó a oídos de un chullachaqui que descansaba escondido entre las raíces de un enorme árbol de renaco, ese rumor despertó su interés, nunca antes había oído hablar de nada parecido. Así que todos los días estaba atento a la llegada de los mitayeros para que no se le escapara ningún detalle de lo que ellos decían. 

Ante todo, debo presentarles al chullachaqui. Es un personaje, de corta estatura, parecido a cualquiera de nosotros, siempre es un hombre y no se conoce ninguna versión en mujer, lo particular de él es que posee una pierna retorcida y más corta, que termina en una pezuña de cabra. Tiene la costumbre de hablar con las personas y los va alejando de su camino, los extravía y luego los abandona en lugares muy apartados y debido a eso se pierden. Al morir, de sus huesos crecen las más hermosas y raras orquídeas. 

¿Cómo saben eso profesor?

Porque una vez logró extraviar a dos hermanos. Uno pudo salir de la espesura y regresar con refuerzos, pero encontró el cadáver de su hermano y de su cuerpo salían orquídeas nunca antes vistas.

 

Hay una costumbre en todos los poblados de la región amazónica, cuando ven a una persona extraña, desconocida, lo primero que hacen es tratar de mirar sus pies para observarlos, así comprueban si es un cristiano o un chullachaqui. 

El edificio se terminó de construir, le pusieron puertas, ventanas, timbres, luces, cortinas, muebles y todo cuanto tiene un hotel de primera, de lujo, para turistas. Llegó el día de la inauguración del hermoso y confortable Hotel de Turistas de Iquitos. Fueron invitadas las autoridades del lugar, personalidades, delegaciones de ciudades cercanas, personajes que llegaron de Lima. Programaron para esa noche veraniega, un carnaval con baile de disfraces. 

Todo eso llegó a oídos del chullachaqui y decidió acudir el también, pero no sabía cómo esconder su notorio pie malformado, hasta que se le ocurrió ponerse pequeños zancos y lucir un disfraz de cirquero ambulante. 

Esa noche la fiesta fue a todo dar, una sonora orquesta, elegantes mozos, champán importado de Francia, un exquisito bufet con comida internacional y platos típicos, propios de la región como los famosos juanes de gallina, ensalada de palmito, ensalada de chonta adornada con rodajas de huevo duro de motelo, deliciosos picuros al carbón, los infaltables ingiris, sabrosas paguanas al horno, platos de tacacho, en fin, todo lo que se pueda imaginar, a mas de obsequiar a los asistentes chisguetes con agua de colonia,

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coloridas serpentinas, bolsas de pica pica. 

A las doce de la noche, cuando la fiesta estaba en todo su furor, en medio de una festiva ronda... 

El profesor notó que a pesar de lo novedoso que resultaba el relato algunos alumnos daban muestra de esconder sus bostezos, entonces pidió agrupar las carpetas al centro, dejando libre los lados. Ordenó hacer una cadena humana tomados de la mano el uno del otro e inició una ronda estudiantil y mientras giraba la ronda prosiguió su relato: 

Uno de los organizadores de dicha fiesta sacó talco perfumado rociándolo entre la multitud, en medio de un desbordante júbilo colectivo. Se notaba que estaban gozando al máximo. 

Entonces – sin saberlo – una persona jaló al chullachaqui para introducirlo a la ronda y al hacerlo lo bajó de sus zancos, lo hizo bailar al son de una contagiante rumba y de repente se escuchó un inesperado grito de horror que paralizó a todos. 

¡Miren el suelo!

 

En el piso lleno de talco vieron con toda claridad las huellas del chullachaqui. 

El chullachaqui ha venido ¡Sálvense quien pueda!

 

Empezó una estampida tratando de alcanzar las puertas de salida. 

Quizá por el tono en que dijo sálvense quien pueda, nosotros los alumnos, en forma automática abrimos la puerta del salón y salimos corriendo por el patio. El profesor tuvo que ir a calmarnos y lograr que volviéramos al aula, todo ella con la ayuda del auxiliar de educación. Cuando todo ingresamos de nuevo al salón acomodamos las carpetas y el relato concluyó: 

Los pobladores más ancianos aún recuerdan esa extraordinaria noche en dos tiempos: un colectivo lleno de jolgorio placentero y un final con un contagiante miedo. 
 
 
 
 

........

Mitayero   es un cazador que se interna en el bosque para cazar animales comestibles.

Pica pica   son pequeñísimos trozos de papel de colores, parecidos a los sobrantes de un perforador 

© José Respaldiza Rojas

 

El autor es peruano, vive en Lima, Perú.

 
 
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