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La decadencia de la profesora Blanca Lida Mora - Jon Gallego Osorio
 

cuento finalista en el concurso Leyendas de mi lugar, mi pueblo, mi gente





imagen: Coutaret
La decadencia de la profesora Blanca Lida Mora

 

 

      Parecía como si hubiese llegado hace ya miles de años.

Los que de entonces la conocieron, decían: que venía de un pueblo santo.

No se sabe bien de cuál, pues ella no hablaba de ello mucho al respecto.

“Se tejió la historia de que había tenido que huir de su pueblo debido al encarnado odio de su hermana menor, Escarlata. Que su madre al parirlas murió, y que eran gemelas de nacimiento. Que un malvado hechicero había puesto en los ojos de Escarlata unas gotas conjuradas para que mirara con rotundo odio a su hermana.

Dicen que el malo hechicero envidiaba profundamente al padre de ellas”.

Blanca llegó a nuestra vereda “el desfiladero”enclavada en el municipio de Valparaíso y matizó la vida de toda nuestra gente con un nuevo propósito; y creó con su materna forma de enseñar un cerco protector alrededor nuestro.

Dicen que en su juventud fue bellísima, respetada, casi venerada-tiempos de antaño-.

Que todos querían seguirla (no solamente los niños, sino igualmente los padres de éstos).

Rendirse a sus pies y hacer su divina voluntad.

Muchos con un corazón bueno en verdad lo hicieron, otros trataron de conquistarla pero no pudieron-no era tan fácil- otros… simplemente la ignoraron.

Cuentan quienes la conocieron bien de cerca, que enseñaba de una forma muy amorosa y entregada; muchos juraban fehacientemente que su vocación de enseñanza era un absoluto legado misional o un evangelio. Yo ahora pienso que es una linda forma de vida, la más sana, sabia, y mejor por cierto. Este tipo de enseñanza es una protección para la integridad de todos.

A las clases de la profesora Blanca Lida mora asistían pupilos de todas las veredas, incluso del pueblo. Con la intención férvida de aprender la mayoría, y otros con la intención vana de pasar el tiempo. Claro que ella siempre identificaba sagazmente a los segundos, y aunque les brindaba igualmente la oportunidad de lucrarse de aquellos útiles conocimientos, al final, terminaba dejándolos sin peleas, sin despidos, y advirtiéndolos de los infinitos males a los que se expondrían en la vida cotidiana.

-libre albedrío que llaman-

Nunca se equivocó al respecto.

Todos aquellos que no siguieron sus altas normas de vida han pagado un precio… muchísimo más alto.

-insensatez que llaman-

Ella decía que las malas compañías echaban a perder los hábitos útiles. Tenía mucha razón, muchos se perdieron.

Se estarán preguntando en este instante cual sería aquella magna doctrina y cuales eran sus propicios frutos.

Su enseñanza clave se basa en el amor al prójimo, y que éste amor se demuestra enseñándole a nuestros semejantes como evitar el cometer los mismos errores del pasado; sabiendo que tienen ya solución en el presente.

Ésta era la clave de su doctrina y su legado, además… aquella doctrina y enseñanza se erigían solidamente sobre las bases del amor, y ofrendaba los próvidos frutos del espíritu.

Estos frutos son: gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe, apacibilidad, autodominio.

Virtudes muy diferentes de los podridos frutos de la indiferencia; pluralísimos en estos días.

Como son: inmundicia, conducta relajada, idolatría, espiritismo, enemistades, contiendas, celos, arrebatos de cólera, altercaciones, divisiones, sectas, envidias, borracheras, diversión estrepitosa.

Al pasar los años el cansancio vence y magulla los cuerpos.

Blanca envejeció.

Y con ella fue enfriando su legado. La indiferencia proliferó aún más.

Se comentó… que Blanca era ya presa de la locura, y aquella doctrina para este tiempo era una idiotez, un nuevo mito.

Así, muchos ignoraron e ignoran ahora aquellas valiosas enseñanzas.

La gran mayoría hoy dicen al unísono…

¡POBRE BLANCA!... y yo les digo: ¡POBRES IGNORANTES!

-Pobres son aquellos que no tienen los tesoros próvidos del conocimiento-

Cuentan que un día sin aviso, de improviso, arribó al pueblo… Escarlata; con una corte de adulones como séquito. Que buscaba a Blanca para hablarle, cuando sus verdaderas intenciones eran muy solapadas.

Efectivamente se toparon, y Escarlata sin dudarlo acudió a soplarle un venenoso susurro al oído de Blanca, dejándola sin aliento.

(Que ella se había erigido como la nueva reina del imperio, y había usurpado el poder a su padre al que tenía cautivo en las mazmorras sin esperanza de salvadores, ni simpatizantes. Que luego de un tiempo lo mataría).

Blanca trató amorosamente de convencer a su hermana de aceptar la soberanía del padre, pero ella quería todo el poder y la gloria para sí.

Al igual que el astuto hechicero, envidiaba el poder de su padre.

Escarlata fomentó o mejor impuso inquisitivamente y sin recato, los frutos podridos de la indiferencia por todo el imperio y el resto de la tierra, burlando oprobiosamente y con saña, las egregias enseñanzas de Blanca.

Todo el territorio y todas las personas estaban ahora bajo la oscura influencia de la indiferencia; aparentemente sin redención ni esperanza.

Pero la profesora Blanca sabía muy bien, que aquellas semillas sembradas en el corazón del hombre con tanto amor; redundarían en una incalculable ganancia. Aunque de momento el paisaje fuera muy oscuro y desolado.

La profesora Blanca Lida Mora sabía con toda certeza, que el hombre tendría que despertar del desafuero. De lo contrario perderían mucho más que sus insulsas vidas.

Escarlata no imaginaba que blanca, su dócil hermana no era la débil tonta que pensaba. Blanca ahora comandaba LA LIBERACIÓN del reino, lo cual será muy malo para los que desafiaron a su padre con escarnio… incluso a escarlata.

Blanca vive ahora de regreso en su pueblo, al que ella llama de una  forma especial SU SANTA MONTAÑA. La extrañamos.

Muchos de nosotros aún apreciamos aquellos preceptos de la profe y los promulgamos decididamente. Confiamos que algunos todavía nos quieran prestar los oídos para dichos de salvación y convivencia.

 

A la memoria de la profesora BLANCA MORALIDAD.

La más insigne maestra que nos ha dado la vida.

 

© Jon Gallego Osorio

Antioquia, Colombia

 publicado el 19-1-2009

 
 
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