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Estás aquí:  Inicio >>  Premios- Distinciones >>  La casa del duende - Laura Concepción Leonides Ruiz
 
La casa del duende - Laura Concepción Leonides Ruiz
 

cuento finalista en el Concurso Leyendas de mi lugar, mi pueblo, mi gente

La casa del duende

¿Son los duendes seres vivientes? ¿Son malos o son buenos? ¿Qué son en realidad?

La palabra duende sólo la escuchaba en libros como en historias, cuentos fantásticos, leyendas, o quizás mitos, para mí los duendes sólo era una palabra con forma que alguien imaginó. Pero creo que ignoraba muchas cosas, para imaginar algo tiene que haber una base, imaginaba que miro un árbol con alguna forma de hombrecito, o cosas así, pero creo que estaba muy lejos de lo que en verdad era un duende.

Cuando llegamos de la gran ciudad todo era diferente, el aire, el ruido, el acento al hablar, era diferente hasta al respirar. Miraba los árboles por mucho tiempo, veía sapos por las noches saltando en bola, las tardes eran agradables, el calor del sol era de verdad sofocante, creo que era cierto que en el sur de México hay mucho calor, y los llamados mosquitos son una cosa espantosa, bueno y todavía falta lo mejor la vieja casa en donde nos instalamos era algo terrorífica, como en esos cuentos de casas abandonadas, pero ésta era diferente a las otras, porque esta casa era real. Esta casa tenía una teja de lamina, y cada vez que las aves se detenían a descansar, sus patas en ese techo hacían mucho ruido, no creí que ese tipo de techos harían tanto escándalo, a mamá le fastidiaba ese tipo de ruido, a mi en cambio me daba curiosidad, porque no sabía qué ave estaba en el techo, había veces que me asustaba e imaginaba que era otra cosa.

Una noche, una vecina se quedó a dormir, mamá siempre decía "el buen hospedaje al visitante", y pues ella durmió en mi cuarto y yo en la sala; junté los dos sillones para hacerlo mi nueva cama para esa noche, me acosté y sólo me quedé fijamente mirando el techo, imaginando lo largo que se me han hecho esos dos meses en esa ciudad, de hecho la casa en donde vivimos estaba un poco lejos de lo que a ellos llamaban civilización, donde claro estaba la tienda grande, los negocios más importantes, y pues nosotros estábamos rodeados mayormente de árboles y palmeras. Cerca de donde yo estaba, había una ventana mediana, cerca de la sala claro, así que a la luna la podía apreciar desde allí, lo que claro en mi recámara no podía apreciar, comencé a mirar sombras de los árboles a través de la ventana, aquéllas sombras se transformaban en cosas raras, pero aún sabiendo qué es lo que eran me daba pavor, mamá decía que ya era todo un hombrecito aun con mis escasos siete años en ese entonces, sólo que a pesar de lo que diga mi madre yo solía tener miedo en esa casa, en el patio de la casa y hasta más allá de la casa, de pronto un aire comenzó a soplar fuertemente, me quedé mirando la ventana fijamente, pero creo que hubiese querido no mirarla, pues miré a alguien pasar, era una silueta, lo único que hice fue taparme toda la noche de pies a cabeza, comencé a rezar algo y me quedé dormido.

Al día siguiente pues había dormido tan bien que olvidé lo que pas´p en la noche, es más me puse más hombre y comencé a decirme a mi que sólo era mi imaginación, después de un rato salí, pasó el día tan rápido que no me di cuenta, el atardecer estaba en su punto, mamá había salido y me dejó en la casa solito, me fui al patio a jugar ya que mi terror era la oscuridad, la luz no me hacia temer, bueno en ese entonces no le temía, comencé a hacer hoyitos en la tierra, en eso me aventaron una piedra, ¡¡auch!! Volteé rápidamente para ver qué era pero no vi nada, lo primero que pensé fue que un niño maldoso me lo aventó, pero también pensé que si era un niño pues qué suerte así no jugaría solo, me di vuelta para ver qué hacía, entonces me aventaron una rama, ¡¡auch!! Entonces me paré y dije - ¿quién anda allí!!?- En eso un niño asomó su cabeza de detrás de un árbol, tímidamente dijo – yo fui- me acerqué a él y le dije – qué pasa jeje acaso no podías acercarte y ya- el niño se sonrojó, me extrañó nunca había visto a un niño tan tímido, le dije que si jugábamos y sólo afirmó con la cabeza. Pasamos horas jugando, bueno es un decir si jugar para aquel niño era mirar como me reía, cuando la noche se expandió completamente entonces fue cuando me dije que ya era hora de volver a casa pero cuando me di vuelta para decirle al niño que me iría, él ya no estaba, me entró un poco de pánico pues no lo escuché irse, pero pues al mismo tiempo pensé que se fue muy rápido.

Al día siguiente me quedé de nuevo en la casa solo, mamá había salido a su trabajo, entonces me quedé esperando a ver si llegaba aquel niño tímido, me senté cerca del árbol donde lo miré por primera vez, me quedé pensando en la manera que era extraña la gente en ese lugar, todo mundo por ahí contaba que robaban almas cuando se iba lejos de casa, a veces me daba mas miedo oír a los adultos contar cosas raras, como de un hombre fantasma que aparecía con un machete por los montes, prefería mejor no oír esas cosas, cuando mi mente viajó mucho pensando apareció el niño, me paré rápidamente y le sonreí, él sólo miró, le di mi mano pero él sólo dio un paso atrás, yo me eché a reír pues le dije que no era un animal que comía niños tímidos, él quedó callado como si yo no hubiera hecho ningún tipo de comentario, a veces me desesperaba el sólo estar allí, pero era al único niño que vivía por allí, y pues jugamos un rato y como el día anterior, apareció la noche y desapareció él.

Sólo me quedó esperar hasta el día siguiente para poder ahora sí, preguntarle de dónde era o cómo se llamaba.

Y pues el día comenzó, mamá esta ves se quedó en casa, pero se quedó en casa de una vecina cerca, en la tarde volví al lugar para ver al niño, pero no apareció como lo hizo esos dos últimos días, así me fui caminando un poco mas lejos del patio, quizás vivía cerca, quizás estaba enfermo, en eso me preocupo el por qué no llegó, o quizás se le hacia aburrido estar conmigo pues nunca lo vi sonreír, en eso me caí por culpa de una rama, mi brazo se raspó y mi rodilla quedo con una cortadura, cuando mis ojos voltearon a mirar la rama lo que vi cerca de ella me extrañó, era un hombrecito con aspecto viejo y andaba algo gruñón, quizás media unos sesenta centímetros, su ropa era aún más extraña, por que no era de tela, era como una especie de madera puesta sobre él y pues lo que traía en la cabeza nunca estuve seguro si era cabellos o piel, luego comenzó a hablar en una lengua tosca, que pues para mi era aún más raro ese encuentro, comenzó a patalear y a chillar esa cosa rara y me decía cosas que no entendía, luego me asusté y me fui de allí casi corriendo. Cuando llegué a mi casa respiré profundo y juré nunca más salir a ese patio.

En la noche cuando me fui a acostar a mi cama, pues apagué las luces como de costumbre, me recosté en el colchón y me dormí, de pronto como a media noche sentí algo raro, como dormía no me di cuenta que estaba dormido a mitad de la cama, pero eso no fue algo feo, si no que comencé a escuchar a esa cosas que encontré entre los árboles, comenzó a susurrar de la misma forma como hablaba cuando me lo encontré, y empezó a correr en mi cama, sentí que era como un ratón que estaba encima mío, no coincidía con la forma de sesenta centímetros que vi, pensé que era más pesado, pero nunca la miré, sólo lo sentí, y de un momento a otro dejó de hacer ese ruido y de correr y moverse, de hecho ya no sentía su presencia, mi cuerpo estaba inmóvil, no pude gritar, ni mover un solo dedo, y así como arte de magia me paré rápidamente para ir a la habitación de mamá, me acosté en su cama sin decirle nada, y así cerré los ojos, cuando desperté ya no estaba mamá me imaginé que se fue a su trabajo, pero mi terror apenas comenzaba, esa mañana desayuné algo de pan y leche, cuando yo puse el pan en la mesa, fui al refrigerador por la leche y cuando regresé el pan no estaba, sólo había morusas, desde ese día todo comenzó a cambiar, las cosas se perdían en mi casa, la comida se acababa rápido, y todo era por esa cosa rara de la otra vez, varias veces lo observé corriendo por la casa como si fuese una rata, a veces eso aparecía en el patio y se quedaba mucho rato parado mirando la casa o mirándome a mi, era una sensación extraña, yo ya no quería salir de allí.

Un día cuando miré al patio divisé aquel niño tímido. Salí corriendo para verlo y saludarlo, para mí era algo que me hacia sentir bien, nos sentamos un rato y le comencé a hablar de la cosa rara que se me apareció, el niño se sorprendió y puso una cara de asombro, como si ya supiera de que hablaba, y de hecho eso era, me dijo que era un duende y que había muchos por aquí, sólo que son muy tontos y no saben comparar lo malo con la bueno, y que sólo se dedican a jugar. Me quedé petrificado a lo que dijo… pues mencionó duende, esos que leo y miro en los libros,
¿ a eso se refería? ¡Caray! era algo para alarmarse jamás había visto a uno, entonces me dijo que tuviera cuidado con él, yo fui ahora el que no decía nada y se quedaba callado.

Al día siguiente quise acercarme a esa cosa llamada duende, quise hablar con él pero se la pasó gritando cuando me vio y luego lloró y comenzó a hablar aún mas extraño, es más miré más agresividad en sus palabras raras, como si me estuviera maldiciendo, y después escarbó en la tierra y en un huequito se metió y ya no lo ví mas.

Más tarde se apareció el niño tímido y entró a mi casa, me estaba buscando, y pues me dijo que me tenia que ir de aquí lo mas rápido posible, yo no entendí y fue cuando descubrí todo, el niño por el cual platicaba era un niño perdido de hace muchos años, el cual por andar jugando con el duende, esa cosa le hizo trampa he hizo que su alma se perdiera, así que cuando él dice que va a jugar con un niño es que le va a quitar su alma, y escuché cuando el decía que jugaría contigo ahora sí, y yo no quiero que ocurran más cosas, pero yo le pregunté que cómo entendía lo que decía, él sólo me dijo que cuando has pisado la dimensión entre lo vivo y lo no vivo pasa a ser una red extraña, pero hasta para él no podía explicar por que entendía simplemente así.

Yo quise ayudar al niño tímido así que le dije que me platicara como podía ahuyentarlo, entonces el niño me dijo que solo quemándolo.

En la noche puse un espejo y enfrente de él unas galletas y sal, como me dijo el niño, así que esperé a que llegara, como mamá estaba en casa de mi vecina, a las diez de la noche estaba solo, y a esa hora apareció el duende, cuando me vio se río de mí, para mi rareza apareció detrás mío y no en el espejo como me dijo el niño, cuando miré hacia el espejo divisé varios niños gritando amontonados como queriendo salir del espejo, con aspecto temible y pálido yo me atemoricé y quise gritar, pero no pude, quise moverme pero no pude, entonces apareció el niño tímido pero sonrió, por primera vez lo vi sonreír, pero era una risa malévola, con algo muy feo en él, sus ojos comenzaron a chispar fuego, yo no pude hacer nada, solo comencé a llorar y a rezar como mi madre me enseñó, y cuando dije aléjame del mal, todo comenzó a ser más grito, el duende ese empezó a lloriquear, el niño desapareció, y el espejo fue él mismo, yo sólo pude salir corriendo con mamá a casa de una vecina, me vio llorar y ahí le supliqué que nos fuéramos, yo no volví a entrar a esa casa, mi madre se encargó de sacar todo e irnos a otro lado, seguimos en esa ciudad, pero más cerca de la civilización, mamá consiguió rápido una casa, pero mi miedo de los atardeceres se me quitó después, ahora ya no tengo nada de miedo, ya tengo edad para que esas cosas no me mortifiquen, a mis hijos trato de darles ánimo, aquello que pasé fue algo que jamás olvidaré, pero trataré que no me fastidie mi vida.

Los duendes no son siempre seres con orejas puntiagudas ni enanos completamente, lo que miré esa vez supero cualquier imaginación de un niño, el horror lo viví a mis escasos siete años, y aún con algo de incógnita de que era en verdad ese niño, quizás aún si volviera a ese lugar podría no querer entrar a esa casa del duende, como así la llamé en mis siguientes treinta años de vida.

(c) Laura Concepción Leónides Ruiz

La autora nació y vive en Paraíso, Tabasco, México.

publicado el 9-1-2009


la autora vive en

Tabasco, México

publicado el 9-1-2009

 
 
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