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Estás aquí:  Inicio >>  Premios- Distinciones >>  Historia de Florencio Ibáñez: El crucigramador - Federico Coutaz
 
Historia de Florencio Ibáñez: El crucigramador - Federico Coutaz
 

cuento finalista en el concurso Leyendas de mi lugar, mi pueblo, mi gente...

Historia de Florencio Ibáñez: "El crucigramador"

Pocos son los que han hurgado en los misterios de los crucigramas hasta las últimas consecuencias. Siquiera los más obsesivos y maniáticos aficionados conocen sus oscuros secretos. Ante esto, tengo el orgullo y la obligación de contar, de una vez por todas, la historia de Florencio Ibañez; un hombre taciturno que vivió y murió en mi barrio, aunque esto último no sea importante para usted ni lo haya sido para él.

Sería arriesgado afirmar que existió algo importante para Florencio Ibañez, aunque quizás nada de él se puede decir que no tenga que ver con los crucigramas.

Fue muy difícil conocer los pocos detalles que redactaré a continuación, nadie pudo conocer demasiado a este hombre y, en realidad, pocos son los que dicen haberlo visto en persona. Sin embargo la fachada de su casa sombría y desgastada siempre permaneció como un desafío y hasta como una amenaza ante la sencilla y miserable vida de mi barrio. Extrañamente, la historia de este hombre permaneció en la memoria de la gente como un secreto oscuro y temerario.

Florencio Ibañez aprendió a leer y a escribir jugando con crucigramas, se dice que nunca fue a la escuela y, al menos, en la escuela del barrio no hay registro alguno sobre él. Pero quien se ha detenido ante el dibujo de un crucigrama vacío y sin referencias conoce la atracción sobrenatural que ejerce el hecho de estar ante un secreto que espera ser revelado. Es inevitable recorrer los cuadraditos vacíos como pisando un universo que espera ser construido, como una galaxia vacía, como una virginidad incorpórea que presiente el sexo.

Las primeras palabras que Florencio escribió eran, desde luego, palabras cruzadas. Con el tiempo aprendió a diseñar crucigramas, tarea para cual y de la cual vivió. Vendía los crucigramas a diarios y revistas

Es difícil para quien escribe, resistirse a la tentación de terminar la historia aquí, es decir, de omitir lo que sigue a fin de no retorcer la perturbada memoria de muchos inocentes. Sin embargo, siento la obligación de continuar, aún sin saber por qué me invade tal sensación o cosa.

Podría probar, por ejemplo, que es cierto que todos los crucigramas que fueron publicados por los diarios “Litoral” y “La voz de Asunción” (entre otras publicaciones), entre los años 1922 y 1949, fueron diseñados por Ibañez. Sin

embargo, la única prueba que puedo ofrecer del resto de la historia es sólo mi necesidad de contarla de una vez por todas. Sé que es poca cosa, pero siento la obligación de continuar:

Florencio Ibañez, "el crucigramador", nunca pudo resolver ninguno de sus crucigramas.

Al parecer los crucigramas le salían solos, por intuición, inspiración poética o dictado místico. Los diseñaba con referencias y todo. Para luego abocarse estoicamente a la frustrante tarea de descifrarlos, sin el más mínimo resultado favorable.

Se dice que un muchacho le resolvía todos los crucigramas por una pequeña comisión y que, una vez resueltos, también se encargaba de comercializarlos. Nadie supo más de él luego de la muerte de Florencio. Ni siquiera hay consenso acerca de cuál era su nombre ni su sobrenombre (he recopilado más de siete que no vale la pena transcribir).

Se dice, incluso, que Florencio nunca esquivaba su perverso y cotidiano desafío; que hasta llegó a inventar crucigramas sencillos posibles de ser resueltos por un niño, siempre sin ningún éxito.

Así entendió la gente de mi barrio la trágica vida y muerte del "crucigramador", como si se tratara de una simple paradoja (un "colmo"), a saber: "no hay nada peor para un crucigramador que no poder resolver un crucigrama y, más aún, no poder resolver su propio crucigrama".

Sin embargo, nadie en mi barrio sabe - tampoco yo lo sé - por qué molesta tanto este recuerdo punzante, omnipresente y silencioso.

Quizás sea por eso que la historia quiere que Florencio, extremadamente trastornado por su constante fracaso, metió su cabeza en una olla de sopa hirviendo y que no la sacó hasta morir ahogado. Y quiere la historia también, que se trataba de una sopa de letras.

Hasta aquí la historia del crucigramador, quizás irrisoria o infantil para usted. No obstante, siento la obligación de continuar, de agregar que en cierta ocasión, alguien que no puedo ni quiero nombrar, me dijo que, en realidad, Florencio Ibañez -como la razón prefiere- sí podía resolver sus crucigramas. La diferencia radica en que creía que sus soluciones, aún aceptables o legítimas, no eran las últimas ni las verdaderas. Siempre esperaba una revelación más importante de la que conseguía. Sabía que la verdadera solución a un crucigrama es la solución de todos los crucigramas y de algunas otras cosas y lo supo aún antes de aprender a leer.

Algunos dicen que Florencio Ibañez ,antes de morir, resolvió uno y todos los crucigramas.

Algunos dicen que no se suicidó.

Algunos dicen que nada de esto es cierto.

En mi barrio se sabe que quien conoce esta historia no puede olvidarla jamás.

Usted dirá.

(c) Federico Coutaz

Federico Coutaz vive en la ciudad de Santa Fe, Provincia de Santa Fe, Argentina

publicado el 3-1-2009

imagen: Almandrade, Sin título, escultura policromada - ver Galería de imágenes


 
 
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