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Estás aquí:  Inicio >>  Premios- Distinciones >>  Nosotros, los argentinos - Patricia Bertolone de Bellofato
 
Nosotros, los argentinos - Patricia Bertolone de Bellofato
 

cuento finalista en el concurso Leyendas de mi lugar, mi pueblo, mi gente
Nosotros, los argentinos

…en el 2003, Santa Fe, quedó bajo el agua…


Era un galpón amplísimo, con seis columnas reticuladas, techo parabólico y paredes blanqueadas con cal. Cuando llegamos ya había mucha gente que iba de acá para allá extendiendo colchones o separando ropa. En uno de los extremos había un tablón con dos caballetes. Mujeres y jóvenes pelaban toneladas de papas y zanahorias mientras una señora bastante mayor revolvía con un remo aquella olla que olía tan bien.

Apenas un día antes quienes estábamos allí teníamos una vida normal, con una casa normal. Ahora era como si una puerta invisible se hubiese abierto y aparecimos de pronto en otra dimensión, en una realidad paralela, en un submundo armado para este nuevo presente nuestro.

Mis niños y yo llegamos con lo puesto y allí nos dieron ropa limpia, un lugar en improvisada mesa, un plato de guiso y frazadas para cobijarnos esa terrible primera noche. Pero pasaron muchas otras noches y cada vez más venían a mi cabeza y a mi corazón los pequeños tesoros que el agua iracunda me había robado para siempre: el álbum de fotos con toda la infancia de mis hijos, las alianzas de mis padres y lo que más lamentábamos: nuestra vieja perra Blanquita. Creo que sentía que podía perdonarle al río hasta que hubiera arrebatado mi casa, pero no mis tesoros.

En medio del dolor y el desorden lo único que me exigía seguir adelante y sin quejarme era el respeto que le debíamos a quienes pudiendo estar en su propia casa que no había sido devastada elegían estar allí para ayudar. Esos eran los argentinos que yo jamás había conocido, los mismos que desde décadas les abren las entrañas de su tierra a todo inmigrante que la quiera adoptar como propia.

Ésta es mi gente y éste es mi pequeño-gran lugar. Mi lugar…mi casa a la que regresamos pasada la emergencia: paredes marrones, pisos levantados y muebles destrozados... esa era nuestra nueva morada. En el escalón de entrada lloré como nunca antes lo había hecho, y sólo cuando sentí que ya no tenía más lágrimas, me levanté, me arremangué y repetí lo que venía escuchando desde hacía ya más de un mes: “a empezar de nuevo”.

Tuve ganas de irme, de “empezar de nuevo” pero en otro país donde todo no nos cueste tanto. Pero entonces volví a recordar a todos aquellos que nos habían dado mucho más que una mano y pensé que una tierra que ha parido gente tan solidaria merece la pena ser vivida .

Hasta hace muy poco tiempo, si alguien me hubiese pedido una descripción o definición objetiva de los argentinos seguramente hubiera dicho que somos toda una paradoja. Tenemos riquezas, pero estamos pobres, recibimos inmigrantes con los brazos abiertos pero cada vez emigramos más, somos muy extensos, pero nos faltan viviendas, hay excelentes universidades abiertas para todos, y muchos de nuestros niños mueren por no tener una buena atención médica, se nos llamó “el granero del mundo”, pero hay quienes pasan hambre... Así es, ésta es una descripción objetiva que yo hubiera hecho de los argentinos hasta hace muy poco tiempo.

Pero luego, la tragedia entró en nuestras casas sin llamar a la puerta, más bien tumbándola. Entonces, sólo entonces cambié aquella larga y fría definición por un simple sustantivo: solidaridad. Supe que mis raíces son más fuertes que la catástrofe, y supe que quedarme a pelearla desde adentro era la decisión correcta.

¿Cómo lo supe? ¿Cuándo lo supe? Cuando entre la montaña de desperdicios que el agua dejó a su paso, casi en la puerta de mi casa, vi que trataba de sobrevivir mostrando su lomo ajado, mi viejo álbum de fotos, mojado y con algunas imágenes desdibujadas pero entero. En ese momento la tragedia parecía haber pasado a un segundo lugar.

Levanté los ojos para reconciliarme con la esperanza y con mi Argentina cuando escuché el ladrido inconfundible de la vieja y gorda Blanquita, que algo más flaca y amarronada, también volvía a casa.

(c) Patricia Bertolone de Bellofato



Patricia Bertolone de Bellofato vive en Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina

publicado el 3-1-2009



imagen: Santa Fe, la inundación, crédito: José María Demarchi, ver galería de imágenes

 
 
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