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Concurso Leyendas de mi lugar, mi pueblo, mi gente
 

Finalista Categoría escuelas:
Cecilia Alejandra Alarcón de Humberto 1º(Provincia de Santa Fe, Argentina)
Cursa el 9º año de EGB en el Instituto Gral. San Martín Nº 8040 de su pueblo

por el cuento Reviviendo Rufino
Reviviendo Rufino

Hace  mucho tiempo ya que leí aquella historia en un diario. Y quedé tan sorprendida que fui a preguntarle a la protagonista cómo había sido…

Laura, empezó su relato así…

Ella no creía en cosas místicas, pensaba más bien que eso tenía que ver solamente con lo ficcional... Al menos eso decía, hasta que una noche soñó con un duende; el sueño había sido raro, muy real. Era como si hubiese visto, escuchado y hasta olido a ese duende. Le contó que se llamaba Angelino, y le pidió a la mujer que lo busque, le dijo que tenía que contarle algo de cierta importancia para todos, algo así como una revelación.

Laura no le prestó demasiada atención, creyendo que sólo se trataba de un sueño. Decidió entonces seguir con su vida cotidiana. Pero pasaban los días y ella seguía soñando con el duende, noche tras noche este personaje le daba pistas para que pudiera hallarlo… Harta del sueño reiterado, decidió hacer un juego y trató de seguir las instrucciones. Sin embargo, Angelino no aparecía….

Creyó nuevamente que había sido su imaginación y decidió olvidarse de lo sucedido… Pero una mañana, buscando fotos viejas en un baúl, encontró una pequeña cajita de madera, de esas en que se comercia  el dulce de membrillo, y recordó que en el sueño, Angelino le mencionaba aquel objeto… La abrió y allí descubrió sorprendida a la pequeña personita. Laura, anonadada, casi sin respiración, lo reconoció inmediatamente. Le preguntó de qué se trataba el secreto tan importante que le debía contar. Angelino lo contó así…

“Todo era tranquilo en aquella época.  Rufino, era el nombre que los duendes le habían dado a su pequeño pueblito, (en honor al primer duende en llegar a él), aún no habitado por personas; sólo había duendes volando y jugando sin preocupaciones. Un día, como todos los demás, llegó un hombre llamado Juan. Los duendes se ocultaron para ver cómo se comportaba. Observaron que Juan trabajaba día y noche solo, construyéndose una casa. Los duendes ya no soportaron tener que ocultarse y decidieron echarlo; pero había un inconveniente, ellos no podían mostrarse, nadie los podía ver entonces.

Una mañana, mientras Juan descansaba bajo la sombra de un árbol, lo convirtieron en roca, en una estatua, Juan quedó petrificado sin poder mover ni un músculo…

Lograron librarse de él, pero al tiempo empezaron a llegar más y más personas. Los duendes no pudieron hacer nada, algunos huyeron, otros se ocultaron en los huecos de los árboles y hasta hoy permanecen allí.

La gente que llegaba al pueblo, creyó que esta “estatua” era en honor al descanso de un fiel trabajador y decidió construir más estatuas para honrar a las personas célebres. Poco a poco se volvió tradición en el mundo entero…”

Laura escuchó, frase a frase, la mágica historia de Angelino. Quedó sorprendida y tiempo después, la publicó en algunas revistas.

Como es sabido, algunos creyeron en Angelino y su fantástico relato, otros no.

Yo creo en esta historia que me contó Laura… ¿Por qué mentiría?

De vez en cuando, miro los recovecos de los árboles con la esperanza de encontrar a un duende que quiera ser mi amigo. Deseo preguntarle varias cosas.

Cuando lo encuentre, yo también podré contarle mi historia. 

(c) Cecilia Alejandra Alarcón- Archivos del Sur

                         noviembre de 2008

 

 
 
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