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Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  ¿El cuerpo duerme cuando el cuerpo ama? Marco Aurelio Rodríguez
 
¿El cuerpo duerme cuando el cuerpo ama? Marco Aurelio Rodríguez
 

El texto pertenece al libro El árbol parlante del autor chileno Marco Aurelio Rodríguez quien ha autorizado la publicación en Archivos del Sur

¿El cuerpo duerme cuando el cuerpo ama?

 

¿Quién que no haya leído el poema de Baudelaire Una carroña puede considerarse moderno? ¿Quién que no sea moderno puede juzgarse libre de culpa?

 

Ser moderno es ser realista, dice Michel Houellebecq. Seguramente se refiere a las fotografías de Joel Peter Witkin (¡arte!) o a Gunther von Hagens, anatomista alemán que desarrolló la técnica de la Plastinación, método que permite preservar un cuerpo sin vida reemplazando el agua de sus células por una sustancia sintética que impide la degradación, interviniendo cadáveres para luego exhibirlos como si fueran esculturas convencionales. El “Doctor Muerte” ―como llaman a este médico artista― ha enfrentado acusaciones de apoderarse ilegalmente de cuerpos y de utilizar como materia prima de sus obras a gente ejecutada en prisión. Algo similar ha hecho en nuestro país Antonio Becerro, claro que con perros disecados.

 

Meses atrás un artista costarricense interpretó literalmente la parábola kafkiana El artista del hambre, ató a un perro callejero en una galería de arte en Managua y lo dejó sin agua ni comida hasta que murió de hambre. Tras su muerte, en el lugar, flanqueado por un cartel realizado con trozos de alimento para perros que anunciaba “Eres lo que lees”, quedaron un cable de metal y una cuerda.

 

Vesalio-inquisidores frente a una realidad que excede, ambicionamos las causas, el origen (el código genético) y nos topamos con lo concupiscente y mortal: “El cuerpo grotesco no tiene una demarcación respecto del mundo, no está encerrado, terminado, ni listo, sino que se excede a sí mismo, atraviesa sus propios límites. El acento está puesto en las partes del cuerpo en que éste está, o bien abierto al mundo exterior, o bien en el mundo, es decir, en los orificios, en las protuberancias, en todas las ramificaciones y excrecencias: bocas abiertas, órganos genitales, senos, falos, vientres, narices” (Mijail Bajtín).

 

 

 

 

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Archimboldo en el siglo XVI utilizó también la parábola del hambre. El pintor italiano de reyes olvidados y catedrales derruidas por la profanidad, nos enseñó que la alegoría humana es la materia, la piel, el rostro, verduras, frutas y raíces, lo único real. Brueghel y El Bosco nos demuestran que el hambre y la saciedad son provocadores de delirios, jirones de realidad como El jardín de las delicias.

 

Bacon representa la carne corrompida, sin embargo, sin hedor. Detenemos por un momento las aguas y los cielos y el amor, pero ese instante de atemporalidad sigue siendo una sombría catedral, mausoleo del arte e imagen actual del mundo. Distinto es el caso del artista visual Paul McCarthy.

 

 

 

 

Escudriñamos  su Basement Bunker: Painted Queen Small Blue Room como una suerte de desgarro (un hambre de belleza, una ansiedad de belleza y de absoluto y de calma) y una cuerda se rompe en la materia de nuestro espíritu. Quisimos ser Modigliani, soñadores de mujeres hermosas que carecen de sexo, conjeturadas, entre otros, por Armando Uribe Arce (“Yo quería ser liso como los ángeles y los muñecos porque me di cuenta muy temprano de las dificultades que suponía ser sexual, tener sexo”) antes de sus poemas de ataúdes hermosos. Creemos más en la Virginia de Poe que en la Beatriz del Dante.

 

“El arte suele trabajar el tema del cuerpo desde la perspectiva de una erótica del dolor” (Pablo Fuentes)1. Relatos como La Bella Durmiente o 26662 subliman la misma causa: la cesación de la felicidad.

 

Hiroyuki Utatane, uno de los autores de hentai más reconocidos a nivel mundial por su estilo puro y la perversidad de sus historias, autor de Countdown, nos entrega ―entre otras― la extraña obsesión de un hombre por la muñeca a escala real que crea a imagen y semejanza de su esposa muerta.

(c) Marco Aurelio Rodríguez

 



1 Extractado del trabajo Lección de tinieblas. Frankenstein o la poética de lo monstruoso, presentado en el ciclo “Frankenstein: la ciencia del padre, la invención del hijo”.

2 Sabemos que Roberto Bolaño fue admirador de Archimboldo al extremo de parafrasear más de una vez su nombre, su estatus y la materialidad de sus imaginerías.

 
 
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