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Intensidades filosóficas - Gustavo Santiago
 

Intensidades filosóficas
Gustavo Santiago
Editorial Paidós

(Buenos Aires) Isabel Suárez Valdés

 

Gustavo Santiago, profesor de filosofía de la Universidad de Buenos Aires presenta un acercamiento a distintos filósofos: Sócrates, Epicuro, Spinoza,  Nietzche y Deleuze.

Siguiendo la propuesta de Deleuze de considerar los libros como "máquinas de intensidades", lo que aquí se busca es que entre el lector y el libro se produzca la circulación de algo intenso, potente, que promueva una doble introducción: del lector en el mundo de la filosofía, y de la filosofía en el mundo del lector.

Desde esta perspectiva Gustavo Santiago explora algunos componentes vitales de la producción de cinco pensadores centrales de la filosofía occidental. Su propósito no es realizar exposiciones completas y acabadas de la teoría de cada filósofo, sino señalar algunas "zonas de intensidad" que puedan interesar al lector actual: la construcción de uno mismo, el placer, la ética, el lenguaje, el poder, por mencionar sólo algunas de ellas. Ante estas cuestiones, Santiago presenta hipótesis provocativas, por momento arriesgadas, con las que elude los lugares comunes de los clásicos manuales de filosofía. Se trata, en definitiva, de un texto que –con clara presencia de las voces de los propios filósofos a través de abundantes citas – propicia un ingreso intenso al corazón mismo de la filosofía.
Con amplio conocimiento de la historia de la filosofía, Gustavo Santiago va llevando al lector por el pensamiento de cada filósofo tratado en el libro y también por su historia. Por ejemplo, en el caso de Sócrates, el autor se refiere al inexistente método socrático:

Sócrates trabaja sobre su ignorancia y la hace progresar. Pero, además, ayuda a otros a avanzar por el mismo sendero. Esto hace que a su fama de sabio se sume la de maestro.

Un componente que se ha tornado sustancial del personaje de Sócrates es el famoso "método socrático´. Pero los artífices de ese elemento no son ya Platón y Jenofonte. Ellos apenas aportaron la materia prima. El diseño del método forma parte de un trabajo de siglos por parte de la tradición de profesores de filosofía y escritores de manuales.

Según esa tradición, Sócrates poseía un método conformado por tres pasos (o cuatro, según la versión que se tome): la refutación, la catarsis y la mayéutica.

Cuando Sócrates se encontraba con alguien con quien tenía interés en filosofar, lo que hacía era plantearle un problema mediante una pregunta. Por lo general, esa pregunta tenía que ver con una definición: "¿Quë es la verdad?", "¿qué es la justicia?", "¿qué es la belleza?" serían ejemplos de esas preguntas. En cuanto a su interlocutor daba una respuesta, Sócrates formulaba una nueva pregunta en la que le pedía que aclarara algún aspecto de la respuesta anterior. La actitud inquisitiva de Sócrates se prolongaba hasta que su interlocutor sostenía algo contradictorio con la primera definición enunciada. Se llegaba así al momento de la refutación. La primera reacción de quien se encontraba puesto en esa situación era el desconcierto. Él había estado muy seguro de saber algo y tras dialogar con Sócrates tenía que reconocer que su supuesto saber no era tal. Pero pronto el desconcierto se tranformaba en alivio, porque Sócrates le hacía ver que la refutación lo había limpiado, purgado del error. Esto es precisamente lo que se designa con el término "catarsis": la evacuación, la expulsión de aquello que mantenía sucia el alma.

Una vez "limpio", su interlocutor estaba en condiciones de avanzar hacia la siguiente etapa, la mayéutica, en la que, con su ayuda, lograría dar a luz sus propios conocimientos.

Hay algo que no se comprende en relación con este método, dice el autor, ya que si Sócrates efectivamente lo hubiera utilizado ¿cómo explicar que lo condenaran a muerte? Al contrario, seguramente habría sido honrado como el ciudadano más valioso de Atenas, ganándose el afecto de todo el pueblo.

En cuanto a Gilles Deleuze, el autor dice:

 

Deleuze consideraba que para aproximarse a la filosofía de un autor algo fundamental era descubrir los problemas que ese autor estaba creando al mismo tiemo que intentaba darles respuesta. Es que toda creación de conceptos saca a la luz una serie de problemas que no habían sido explicitados hasta ese momento o los renueva al abordarlos de un modo diferente.

Hay una enorme cantidad de problemas que ingresan a la filosofía, o que cobran nueva forma a partir del pensamiento de Deleuze. En algunos casos se trata de problemas que él encuentra detrás de los conceptos de sus filósofos más próximos, como Nietzche, Spinoza o Bergson.

Filósofo de la inmanencia, Deleuze evita recorrer el camino de la dialéctica - fue uno de los pocos intelectuales de la vanguardia francesa de los sesenta que no se afilió nunca al Partido Comunista- y su pertenencia a la izquierda nada tiene que ver con la lucha de clases ni con la dialéctica. El Marx que Deleuze aprecia es un Marx más cercano a Spinoza que a Hegel.

En su filosofía, las relaciones son constituyentes de los sujetos - o de aquello a lo que se denomina sujetos - , pero esas relaciones no se basan en el conflicto ni en la confrontación, sino en los encuentros, en las composiciones, o en la evitación de las relaciones que generan descomposición.

Las opciones que postula Deleuze no pasan entonces por el enfrentamiento, sino por afirmar la multiplicidad y/o provocar una fuga.

Intensidades filosóficas pretende ser, antes que el título de un libro, una expresión que dé cuenta de un modo particular de acercarse a la filosofía.

 

Sobre el autor:

Gustavo Santiago

(Buenos Aires, 1967) Profesor de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Desde 1994 coordina talleres de introducción a la filosofía en centros culturales, librerías y cafés de Buenos Aires. Es formador de docentes y asesor de instituciones educativas en enseñanza de la filosofía. Colabora habitualmente en medios periodísticos en temas relacionados con la filosofía y la educación. En dos oportunidades (2002 y 2004) sus libros recibieron Mención de Honor en el Premio Mejor Libro de Educación otorgado por la Fundación El Libro. Ha escrito numerosos artículos para revistas especializadas y de divulgación en América Latina y España. En  editorial Paidós ha publicado Filosofía, niños, escuela (2006)

(c) Isabel Suárez Valdés - octubre de 2008

 

más información sobre el tema: ver entrevistas de Araceli Otamendi a Tomás Abraham publicadas en Archivos del Sur o en www.tomasabraham.com.ar

 

 
 
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