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Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  Elefante - Teresa Calderón
 
Elefante - Teresa Calderón
 

Elefante
Teresa Calderón
Ril Editores

Poesía de alto vuelo... por Reinaldo E. Marchant desde Santiago de Chile
 
(Santiago de Chile) Reinaldo Edmundo Marchant 
 

Elefante – Ril Editores, 2008-,  nuevo libro de la poeta y narradora Teresa Calderón, es un grito poético que se pasea como máquina fotográfica en un mundo que está quedando desolado y sin humanidad. 

El título del libro, deja impávido: “Elefante”, así, a secas. Y lo es más cuando vemos que a través de su fabulosa figura, comienza un maravilloso itinerario, colmado de ingenio, frases ocurrentes, juegos de palabras, glorificación de la Naturaleza: fragmentos de artificios que revelan la pequeña vulgaridad humana, la patria fabulosa de la infancia y aquella entera añoranza de la ingenuidad. 

            Nadie repara

            en un elefante solitario

            animal herido

            que tiene hambre

            y que tiene sed

             y está perdido

             en la evolución (pág.24). 

Su lectura nos conduce  a una cosmogonía  llena matices, sutileza en el lenguaje, armonía en los conceptos, oficio en la composición, hasta insertarnos en un universo de magníficas imágenes, en que cada frase se convierte en un dulce dolor. 

Teresa Calderón viaja con el Elefante, lo pasea por los salones de la moral, visita cementerios, calles infaustas, lo hace contándole historias de bestias humanas: 

           Un elefante no necesita patio 29 (pág.13). 

Y más adelante señala: 

            Un humano

             luce orgulloso su bestialidad

             Y vive 80 años. 

             Vive 80 años

              pero maldice su transitoria inmortalidad

              muy poco tiempo para aprender

              lo que le está permitido a un elefante. 

              Luce orgulloso su bestialidad

              orondo en su libre albedrío

              y en pleno desuso de sus facultades mentales (pág.14). 

También, el Elefante invita a la autora y le cuenta su dolor: 

             El elefante lloraba

             porque no quería dormir.

    • Duerme, elefantito mío,

    que la luna te va a oír.

    • Papá elefante está cerca,

    se oye en el manglar mugir;

    duerme, elefantito mío,

    que la luna te va a oír. 

    El elefante lloraba

    (¡con un aire de infeliz!) (pág.16). 
     

    Al contrario de lo que sucede con la inmensa mayoría de los libros que se editan, Elefante proyecta el lenguaje de la desolación y de la felicidad, en un simbiosis que alienta la lectura. Nadie queda indiferente al recorrer los relatos poéticos, logrados con oficio y serenidad. El elefante es como un ser incorpóreo y vagabundo, que se adueña del entorno natural, de los sonidos y balbuceos de quienes la inmolan. 

    La autora, sagazmente dialoga con la conciencia de un animal, que es la conciencia  de la sociedad entera. En el coloquio poético se encuentra la raíz, apenas enunciado, de antiguas fábulas, hechos de la punzante rutina, paisajes familiares, en un entramado lírico que toma por asalto, que sorprende: 

                 Ellos mataban lobos para disfrazarse con su piel (pág.41). 

    Quizás no existan animales más libres y puros que los elefantes. Esa libertad Calderón la desarrolla  indagando en zonas como la vida y la muerte, la vigila y el sueño. La estricta inocencia de este maravilloso animal representa la pureza, que en la escritura adquiere un sesgo singular y reconocible: el elefante atraviesa el escenario vulgar – la selva, la jaula, el zoológico-, accediendo a un papel protagónico de la libertad y el amor. 
     

                 El único elefante estúpido,

                 los hay hasta en las mejores familias,

                 vive en Disney Worl (pág.44). 

    Y, en la página 46, agrega: 

                Un hombre

                asesina elefantes

                sin medir consecuencias

                para el resto de la manada

                que se desata en estallidos dolientes. 

    Cada verso, en apariencia sencillo, mantiene una connotación poética inconfundible, modificando a cada tranco el pensamiento de quienes recorren las páginas, encontrando sugerencias insospechadas, variaciones definidas y un colorido temático que nunca suelta los ritmos, la velocidad mágica de la visión poética. 

    Teresa Calderón ha escrito un poemario brillante, originalísimo, extraordinario en su creación, que nos regresa al albor de nuestras vidas, nos pasea por huracanes humanos y por un cosmos reciente, con su entrañable elefante, en un ejercicio de felicidad y desgracia, donde no quedan títeres con cabezas, y la poesía y la antipoesía quedan engrandecidas por su talento. 

    (c) Reinaldo E. Marchant


     

                  
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     

 

 
 
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