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Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  La vida cultural del automóvil - Guillermo Giucci
 
La vida cultural del automóvil - Guillermo Giucci
 

La vida cultural del automóvil
Rutas de la modernidad cinética
Guillermo Giucci


Colección Las ciudades y las ideas
Universidad Nacional de Quilmes

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

El automóvil ha afectado enormemente la organización de la vida social (por no hablar de la organización de la vida urbana) y la propia organización del trabajo industrial: es el poderoso emblema identificador del siglo y ha contribuido decisivamente a la consolidación de la amplia revolución científica y tecnológica en curso.

Y por todo ello ha inflamado la imaginación del siglo xx. Guillermo Giucci logra articular culturalmente estas transformaciones materiales, deteniéndose especialmente en las estribaciones latinoamericanas de las mismas. La competencia entre los significados culturales del automóvil en Europa y en los Estados Unidos, el peso de las marcas, el uso de la figura del automóvil por las vanguardias estéticas, su aparición como símbolo de distinción en América Latina. Este estudio de la vida cultural del automóvil desde la perspectiva de la modernidad cinética, actualiza ese heterogéneo acervo mundial de época, mostrando el modo en que ha modelado nuestra contemporaneidad.

En la Argentina, las vanguardias literarias no se caracterizan en la Argentina por sus imágenes tecnológicas. Gonzalo Aguilar explica la pobreza tecnológica de las vanguardias argentinas a partir de una descripción estamental del campo cultural: no habría “dimensión tecnológica” en el prestigioso saber letrado de la élite cultural.

Al contrario de la poética acelerada de Oliverio Girando, en el itinerario de Jorge Luis Borges el automóvil aparece del otro lado:

“Yo soy un hombre más o menos enlutado que viaja en tranway y que elige calles desmanteladas para pasear, pero me parece bien que haya coches y automóviles y una calle Florida con vidrieras resplandecientes” salvo excepciones, completa Aguilar, los ejemplos metafóricos de Borges tienen como referente principal objetos naturales.

Roberto Arlt fue el gran cronista de los años 1920 a 1930 en sus Aguafuertes porteñas. Son muchas las aguafuertes que Arlt dedica al automóvil, entre ellas: El vendedor de automóviles, El acompañante del que maneja auto particular, El automovilista incipiente, El arte de robar automóviles, Disquisiciones automovilísticas, Capacidad del automóvil familiar, El cementerio de los automóviles, entre otras citadas por Giucci.

Roberto Arlt denominó al paisaje desolador de piezas inservibles, que encontró en un rincón de Buenos Aires, “el paraíso de los inventores”. Recorriendo la calle Rivadavia descubrió que en determinada zona abundaban los depósitos de motores inservibles, yacimientos de piezas de automóviles “sin aptitud para servir como repuesto ni en un carro”; un arsenal “mulero”, pues se trataba de máquinas totalmente inútiles. Arlt se pregunta quiénes son los que en ese “cementerio de automóviles”, en esa “necrópolis mulera”, adquieren un juego de bielas inservibles o un radiador que parece una regadera. “¿Quiénes son, entonces, los que trafican, compran y hacen desaparecer del mercado esos hipotéticos volantes, aquellas imposibles carrocerías, esas ruedas fantásticas, y las bielas que más que golpear dan patadas, y los cojinetes que de tan ovalados son ya oblongos, y los cigüeñales entecos, descentrados y rotundamente tirados a muertos per secula seculorum?...”.

Giucci hace una investigación del automóvil en la cultura de diversos países, como por ejemplo también en Brasil, donde por Enrique Santos Dumont, hermano del inventor, había comprado un Peugeot en París, que al llegar a Brasil es rápidamente embarcado de regreso a Francia a causa de un defecto de fabricación. Un motor Daimler inaugura la era brasileña del automóvil. Es el coche que avistan los transeúntes en el centro de San Pablo en 1893.

Es sabido que en Brasil, la poesía de vanguardia aprovechó las imágenes tecnológicas y registró la circulación de los objetos en la era de la motorización: “La neblina nos sigue como un invitado/pero hay un claro hacia el lado de Loreto/Cafetales/Ciudades/Que la Paulista recorta/Corona recoge y desparrama en cosechas/la nueva poesía anda en Gofrado/que nos espera en Ford…” escribe Oswald de Andrade en “Versos de doña Carrie”. Mário de Andrade, por su parte, lo poetizó de modo ejemplar: “En un automóvil de lujo./Sesenta veces por mes,/Bien afeitado, buen cigarro,/Rey de reyes…/¡Oh,, todos vosotros, hombres, hombres,/Hombres, el esclavo seréis,/Si dentro de poco no foros/Rey de reyes!”.

También están los casos del automóvil en Paraguay, Colombia, Uruguay, Venezuela, Cuba, Puerto Rico, México entre otros países.

(c) Araceli Otamendi
imagen: detalle de fotografía de Horacio Coppola.
 
 
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