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Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  El mundo sin nosotros - Alan Weisman
 
El mundo sin nosotros - Alan Weisman
 

El mundo sin nosotros
Alan Weisman
Editorial Debate

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

El periodista Alan Weisman imagina en este libro un mundo donde la extinción de la especie humana es un hecho consumado.

Como ya lo expresara el poeta árabe Omar Khayaam en Rubaiyyat en el siglo XI, quien fue un gnóstico, científico historiador, experto en calendarios y cronología, y uno de los más grandes matemáticos y filósofos de Persia, además de escribir algunos bellos poemas:

Este mundo durante largo tiempo

deberá sobrevivir

Después de nuestra retirada

Persistiendo sin nombre ni nota sobre nosotros.

Antes de nuestra llegada, nunca se quejó

de nuestra ausencia.

Cuando nos hayamos ido ¿cómo podrá sentir dolor?”

éste es uno de los principales temas que nos preocupan en la actualidad.

En el inicio del libro, Weisman habla de los zápara, aborígenes del Alto Amazonas que lograron resistir el “genocidio del caucho”, cuando el auge de la industria automotriz hizo que esa tribu fuera sometida – los hombres trabajando hasta reventar y las mujeres fueron violadas hasta la extenuación -. A los záparas de Ecuador se los consideraba oficialmente extinguidos.

Luego, en 1999, después que Perú y Ecuador hubieran resuelto su antigua disputa fronteriza, se encontró a un chamán zápara peruano caminando por la selva ecuatoriana. Según explicó, había ido hasta allí para poder conocer por fin a sus parientes.
Los zápara – a los que el gobierno ecuatoriano reconoció sus derechos territoriales aunque sólo sobre una franja de sus territorios ancestrales, y
la UNESCO concedió una subvención para reavivar su cultura y salvar su lengua - se alimentaban de la selva, pero ante la devastación de ésta y al no encontrar ni tapires ni codornices, comenzaron a consumir monos araña, carne que hasta entonces había sido un tabú para ellos. Pero una de los sobrevivientes, Ana María Santi, se negó a comer de esta carne: “Si nos rebajamos a comernos a nuestros antepasados” ¿qué nos queda?”, argumentó.

Hace una generación, los seres humanos evitaron la aniquilación nuclear; con suerte, seguiremos esquivando esos y otros terrores colectivos- dice el autor. Nuestro mundo, nos advierten algunas respetadas voces, podría degenerar un día hasta convertirse en algo parecido a un solar baldío, donde los cuervos y las ratas acechen entre las malas hierbas para devorarse unos a otros. Si es ahí hacia adonde vamos ¿en qué momento las cosas habrían llegado demasiado lejos como para que, pese a nuestra cacareada inteligencia superior, ya no nos contemos entre los supervivientes que habrán sido capaces de resistir?

Además de varios capítulos dedicados a imaginar el destino de y las variantes que pueden ocurrir en el planeta ante la extinción de la especie humana, el autor dedica un capítulo al arte.

En El arte que nos trasciende, el autor ha investigado sobre la vida que pueden tener algunas obras de arte.

Probablemente, dice, las estatuas de bronce perdurarán para siempre como cualquier cosa hecha con metales
nobles. También el papel de hilo de buena calidad, en una caja libre de ácido, debería durar para siempre, si no entra en contacto con la humedad.

En cuanto a las ondas, el autor cita al recordado programa “Yo quiero a Lucy”: en 1955, dice, algo más de cuatro años de haber salido de un estudio de Hollywood, las señales que transportaban los primeros sonidos e imágenes de la que se convertiría en una comedia clásica de la televisión estadounidense, el programa “Yo amo a Lucy” (protagonizado por Lucille Ball) pasaron junto a Próxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro sol. Medio siglo después, la escena en la que la protagonista aparecía disfrazada de payaso en un club nocturno se hallaba ya a más de 50 años luz, o, lo que es lo mismo, a alrededor de 300 billones de kilómetros de distancia. Dado que la Vía láctea tiene 100.000 años luz de ancho y 1.000 de espesor, y que nuestro sistema solar está casi en medio del plano galáctico, eso significa que alrededor del año 2450 de nuestra era, la esfera de expansión de las ondas de radio que transportan a los protagonistas del programa asomará por encima y por debajo de nuestra galaxia y penetrará en el espacio intergaláctico.

Alan Weisman es periodista. Sus trabajos han aparecido en The Atlantic Monthly, The New York Times Magazine, Discover y en la cadena de radio NPR. Ha trabajado mucho tiempo en la revista de Los Angeles Times y es profesor de periodismo y de Estudios latinoamericanos en la Universidad de Arizona.

© Araceli Otamendi

Bibliografía:

Omar Khayaam, Rubaiyyat, Editorial Troquel S.A.

 
 
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