Nada sé de esas personas que están ahí, no conozco sus historias. No sé cómo cada uno llegó a esa situación pero después que paso por la puerta de la escuela y los veo, el paisaje ya no es el mismo aunque es el mismo parque cubierto de césped tan verde el que está ahí, al lado de la escuela...
ilustración: Guillermo Bravo, desde París, Francia
Homeless
Es mediodía. Al lado de la puerta cerrada de la escuela – es verano y está
de vacaciones – duermen cinco homeless sobre cartones. Los cubren, a modo de
mantas, papeles de afiches callejeros
desgarrados. Es mediodía y se escuchan los ladridos de los perros retozando en
el parque. Los homeless, duermen,
pegados a la puerta de la escuela cerrada. Quién sabe desde qué hora duermen,
quién sabe algo de sus vidas, quién sabe…
Hace un tiempo, de noche, caminaba por una vereda de
una calle de Palermo, el mismo barrio donde los homeless duermen pegados a la
puerta de la escuela, cuando me encontré con varios homeless que se disponían a
dormir. Escribí y publiqué un relato en un diario digital que no existe más. El
relato se llamaba Homeless lector, porque una de esas personas se disponía a dormir
en la calle y leía un libro. Los cuatro homeless estaban vestidos en forma
prolija y comían cada uno de un plato que seguramente alguien les habría
acercado. Estos homeless pernoctaban muy cerca de una iglesia. No era muy
tarde, pero la oscuridad los empujaba ya al ritual de sentarse en la calle y taparse con papeles de diario.Fue entonces
que me fijé en uno de ellos, cómo abría el libro y leía. Pero estos homeless
que duermen al lado de la puerta de la escuela no muestran signos de bienes culturales. Están cubiertos sólo por papeles
de diario o afiches callejeros arrancados. Ellos duermen a pleno día, con lluvia o con sol, mientras los perros
ladran, las personas caminan por la calle, los autos pasan, el mundo sigue
andando. Nada sé de esas personas que están ahí, no conozco sus historias. No sé
cómo cada uno llegó a esa situación pero después que paso por la puerta de la
escuela y los veo, el paisaje ya no es el mismo aunque es el mismo parque
cubierto de césped tan verde el que está ahí, al lado de la escuela. Me dicen
que en ciudades de Europa como París hay miles de homeless. He visto en
Londres, hace bastante tiempo personas que pedían limosna por la calle y después
entraban a beber café en bares modestos. Esa combinación de lujo que ostentaba
la city londinense con esa pobreza que recalaba en las caras desesperanzadas de
los vagabundos que tomaban café y que yo me detenía a mirar más que a las obras
del British Museum no es patrimonio de un solo lugar. Este relato se me acaba,
pero no lo termino, sigue en mi cabeza, sigo pensando en esas personas que vi,
dormían, cubiertos con papeles, ¿tendrían sueños? ¿les quedarían sueños? Me pregunto...