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Código de barras - Guillermo Bravo
 

desde París, Francia

Un código de barras resume el producto en pocos símbolos, en maravilloso poder de síntesis. El código de barras es lo contrario de una poesía. Un código de barras debe contener información concisa, presisa, directa. Imaginemos otro código de barra. En el tradicional, por ejemplo para identificar un libro, se utiliza el código ISBN (International Standard Book Number), generalmente comporta diez dígitos. Los primeros indican el pais o a lengua de origen, los segundos el editor, los terceros corresponden al producto... Imaginemos un código de barras que no sea de diez dígitos si n

Código de barras

 

Algunas imágenes pueden ser cotidianas y terribles a la vez. Algunas se nos hacen invisibles por la repetición, pero una mirada detenida nos devuelve el espanto inicial. Es el caso por ejemplo del omnipresente código de barras. Cuando se imagina una sociedad totalitaria donde cada individuo es controlado hasta en el menor detalle por el Estado, siempre se imagina el cuerpo de un hombre tatuado de un código de barras. En efecto, es un pequeño rectángulo en donde pueden colocarse informaciones esenciales, como la identidad.

El primer paso hacia el código de barras fue dado en 1948. Bernard Sillver, un estudiante universitario, escuchó en los pasillos de la Philadelphia's Drexel Institute of Technology, una conversación donde el director de una cadena de supermercados le pedía a un profesor que investigara un modo para identificar los productos automáticamente cuando eran pasados por caja. El profesor olvidó el pedido, pero Sillver le contó esta conversación a su amigo Joseph Woodland, que se entusiasmó y comenzó a trabajar inmediatamente.

Su primera idea fue marcar los productos con una tinta luminosa, y funcionaba, pero encontró problemas para fijar la tinta permanentemente y además ésta era demasiado costosa. Continuó investigando y al cabo de algunos meses obtuvo el primer código de barras lineal, utilizando dos tecnologías conocidas: las pistas sonoras de films y el código morse.

Luego, como a toda invención, le siguieron modificaciones y evoluciones varias. Más allá de los detalles técnicos, lo que nos interesa es su camino psicológico. Podemos verlo en remeras, en películas, en cuadros; es un pequeño rectángulo de rejas, es sugerente.

Un código de barras resume el producto en pocos símbolos, en maravilloso poder de síntesis. El código de barras es lo contrario de una poesía. Un código de barras debe contener información concisa, presisa, directa. Imaginemos otro código de barra. En el tradicional, por ejemplo para identificar un libro, se utiliza el código ISBN (International Standard Book Number), generalmente comporta diez dígitos. Los primeros indican el pais o a lengua de origen, los segundos el editor, los terceros corresponden al producto... Imaginemos un código de barras que no sea de diez dígitos si no de mil (o de infinitos). El libro es el Quijote. El primer número no es España. Si no "que habla de un soñador" . El número dos: "su autor era un soldado español", numero tres "su autor luchó en Lepanto", cinco " donde lo hirieron en un brazo"... ¿Y un código de barras para un diario íntimo? El número uno quiere decir: "Hoy estuve triste". El número dos, "tuve esperanzas en un mundo mejor". En fin, el código de barras es un lenguaje como otro, es una forma de decir cosas. Pero, ¿Qué representa? ¿Por qué nos asusta ligeramente? Quizás es el símbolo de una era que va mas rápido que nosotros...Quizás lo que nos inquieta es que al final todo pueda resumirse y clasificarse, que un día seamos algunas cifras y un dibujo.

(c) Guillermo Bravo

Guillermo Bravo nació en Córdoba, Argentina, en 1982. Estudió literatura en la Universidad nacional de Córdoba. Desde el año 2000 ha publicado en diversas antologías y en el año 2006 publicó No Le Cuentes A Nadie, en Editorial del Bulevard. En la Antología "Cuentos Tailandeses" 2007, participó como traductor, compilador y prologuista.

 

 
 
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