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Estás aquí:  Inicio >>  Muestras/Arte >>  Plateros argentinos- Muestra de Emilio Jorge Patarca - Maestro Orfebre
 
Plateros argentinos- Muestra de Emilio Jorge Patarca - Maestro Orfebre
 

Dentro de la Serie Plateros argentinos se puede ver una exposición del maestro orfebre Emilio Jorge Patarca en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco
hasta el 10 de junio de 2007
 

(Buenos Aires)


Los plateros en América


La presencia de plateros en América fue inmediata a la fundación de ciudades y su producción tuvo por destinatarios privilegiados a los sectores de élite y a la Iglesia. Debido fundamentalmente al material con que trabajaban, estaban sujetos a rigurosos controles, tal es así que las piezas debían salir de sus talleres marcadas con el nombre del platero que las había hecho, el del fiel contraste (platero supervisor del Estado) y el de la ciudad. Esto también representaba una garantía para los consumidores, ya que los objetos de plata no sólo eran considerados indicadores de distinción sino una inversión, razón por la cual no siempre se buscaban piezas muy ornamentadas o llamativas. De allí que la platería rioplatense se caracterizó por lo macizo de sus piezas y el bruñido en la superficie de las mismas, creando éste una ilusión de espejo que les daba realce, y fueron estos atributos los que definieron su estilo.


Como todo bien de uso, los objetos de plata mantuvieron su estructura y variaron sus detalles ornamentales, así las rocallas y los roleos propios del rococó fueron reemplazados por las guirnaldas de perlas y laureles romanos típicos del clasicismo. Hacia mediados del siglo XIX, esta platería sufrirá nuevas modificaciones a partir de las influencias estéticas y técnicas traídas por inmigrantes, así como también de las nuevas necesidades por parte de los sectores de mayor consumo. Artesanos con experiencia, en su mayoría llegados de Cataluña e Italia, se insertaron rápidamente en el mercado e impusieron el estilo entonces dominante en Europa, conocido como “neo rococó”, mucho más ornamental que el que hasta entonces había predominado. Del mismo modo incidieron las casas comerciales inglesas que se establecieron, introduciendo platería  Sheffield. Estos estilos se aplicaron en los objetos de consumo tradicionales, como mates, cafeteras, chocolateras y otros, pero especialmente en los objetos que buscaban satisfacer nuevas necesidades, como cuchillos, estribos, rebenques, cabezadas, etc., vinculados a la actividad ganadera, ejercida por el sector dominante. Nuevos estilos y nuevas utilidades para un consumo que siguió siendo de élite. No es entonces sólo el material con que se trabajaba sino para quienes se producía, lo que determinó una jerarquización del oficio, que posicionó a los plateros en un estrato superior respecto del resto de los artesanos, y si bien se buscaba la excelencia, no era ella la que condicionaba su status.


Una vez consolidado el Estado, hacia fines del siglo XIX, tuvo inicio el proceso de construcción de una identidad nacional, para la cual era imprescindible establecer una tradición. Si bien el pasado colonial era asociado al atraso político y religioso, no sólo era el único referente sino que, combinado adecuadamente con la modernidad, podía resultar eficaz. Así fue como, por ejemplo, a través del coleccionismo se fue plasmando un discurso que enraizaba el pasado con el futuro que se buscaba alcanzar. Estas colecciones, que mayoritariamente dieron origen a los museos, además de exhibir el discurso criollista, promovieron la producción de nuevas piezas. Entre ellas, la platería, aunque vaciada de su carácter utilitario, ocupó un lugar privilegiado. Su mayor valor pasó a ser testimonial, ya que daba cuenta de un pasado austero y elegante, a la vez que rico y poderoso. Pudo entonces verse en las vitrinas aquellas viejas piezas macizas junto a las de reciente factura, exhibiendo así un encadenamiento que permitía ser leído como una lógica continuidad, a la vez que opacó la imagen del gaucho como “vago y malentretenido” y lo hizo brillar como héroe de la literatura nacional. La platería, originariamente producto urbano, se convirtió en un referente del mundo rural.


Perdido el carácter utilitario, el objeto se convirtió en signo, el consumo no fue ya el mismo y tampoco su producción. Desde entonces, ser platero exigió no sólo el saber del oficio, sino la conciencia de lo intangible que cada pieza conlleva. Labrar plata es mucho más que ejecutar una técnica y aplicar un estilo, es preservar un valor simbólico.


La muestra de Emilio Patarca



La producción de Emilio Patarca responde a la exigencia requerida. Atraído por la mecánica, se familiarizó con herramientas y máquinas que lo llevaron a buscar una formación técnica, pero ésta evidenció una ausencia que pronto dejó de ser tal. En el taller del maestro orfebre Edgard Michaelsen encontró lo que le faltaba y que se convertiría en su vocación, pero aun tenía mucho que aprender. Pronto advirtió que para ser platero necesitaba saber dibujar y así fue que se graduó como profesor de dibujo y escultura, lo que también le permitió ejercer la docencia. Como orfebre dio sus primeros pasos restaurando antiguas piezas de joyería y, ante el reconocimiento obtenido, comenzó su propia obra. Su producción fue adquiriendo carácter a partir de una atenta y minuciosa observación de la platería colonial, encontrando en la colección de nuestro museo su mayor fuente de inspiración.


Si bien Emilio Patarca, reconocido maestro, ha participado de las numerosas muestras colectivas de platería llevadas a cabo en el Museo Isaac Fernández Blanco, por primera vez sus obras se exhiben de forma exclusiva y entran en diálogo con aquellas que despertaron su imaginación. que las conservan para ser exhibidas aquí y es la primera vez que se muestran en conjunto.


 


Sede y horarios de la Exposición: Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, Suipacha 1422, Buenos Aires, 4326-3396 / 4327-0228. Martes a domingos de 14 a 19 hs.


Emilio Jorge Patarca


Nacido en 1956 en Capital Federal, República Argentina.


 


Junto con la escuela secundaria, se inicia a los 14 años en el oficio, y desde 1973 hasta 1978 estudia en el Maestro Edgard Michaelsen, graduándose con honores.


 


En 1982 egresa de la academia de Bellas Artes Matila C. Ghyka fundada y dirigida por el recordado crítico de arte Antonio Osvaldo Iannarelli, graduado de dibujo y escultura y se desempeña luego como profesor adjunto en dicha institución.


 


Gana en 1979 el 1º Premio Adquisición en Salas Nacionales de Exposición, pasando sus obras a formar p arte del Fondo Nacional de las Artes.


 


Dicta numerosas conferencias y cursos, tanto en el campo de la plástica como en el de la orfebrería.


 


Lleva realizadas mas de 57 exposiciones, entre colectivas e individuales, en el país y en el exterior, destacándose sus últimas seis en Roma 1996, Nueva York 1996 y 1997, Tokio 1998, Punta del Este 2000 y Hong Kong 2001.


 


En octubre de 2001 es invitado al Perú a participar del  1º Encuentro Hispanoamericano de Plateros como representante pro la República Argentina.


 


En junio de 2002 es invitado a viajar al Perú por el Patronato Plata del Perú, en calidad de asesor internacional del Jurado del 6º Concurso Nacional Plata del Perú.


 


En junio de 2004 es invitado por el Banco Ciudad de Buenos Aires a realizar  en forma individual una subasta especial y exposición de toda su  obra, siendo de esta manera distinguido por esta ilustre entidad que realizó el expertizaje y relevamiento de toda su producción actual, exhibiéndose esta colección  en arteBA 2004 y posteriormente en Banco Ciudad central, coronándose dicha subasta especial con un gran éxito.


 


En agosto de 2004 es invitado formalmente por el Patronato Plata del Perú a ser miembro de esta prestigiosa institución y convocado anualmente a viajar al Perú en calidad de asesor internacional de los jurados de estos importantes certámenes nacionales titulados Concurso Nacional Plata del Perú.


Ese mismo años es también seleccionado por el Matra (Mercado Nacional de Artesanías Tradicionales Argentinas) como uno de los treinta maestros artesanos de la República Argentina, para ser incluido en el libro Maestros Artesanos Argentinos- sus manos, sus palabras, publicado por Laboratorios Bagó en diciembre 2004.


En septiembre de 2005 es seleccionado por el Matra e invitado pro la Secretaría de Cultura de la Provincia de Chubut como jurado del Segundo Salón Provincial de Artesanías Celestina Currimil.


El 2 de noviembre de 2005 presenta su catálogo Emilio Jorge Patarca, Maestro Orfebre, 30 años de labor en el Museo Nacional de Arte Decorativo, realizando una importante exposición de toda su obra en éste.


A continuación de esta muestra en el MNAD realiza el 23 de  noviembre de 2005 su segunda subasta especial individual titulada Emilio Jorge Patarca, maestro Orfebre, 30 años de labor invitado por el Banco de la Ciudad de Buenos Aires, alcanzando tanto éxito como en la primera edición.


El 5 de diciembre de 2006 es distinguido por el Gobierno de la Ciudad a través del Ministerio de Cultura como “Artífice del Patrimonio de Buenos Aires”, siendo considerado a partir de ese momento “Patrimonio de Buenos Aires”, siendo considerado a partir de ese momento “Patrimonio Viviente de la Ciudad” por su constante aporte al enriquecimiento de la cultura de la Ciudad de Buenos Aires.


A partir de sus 30 años de desempeño profesional cuenta entre sus clientes a destacadas personalidades y sus obras se exhiben en importantes colecciones nacionales y del exterior, particulares y estatales, destacándose las del Fondo de las artes y la del Museo Nacional de Arte Decorativo en la Argentina, y la del patronato Plata del Perú en dicho país.

 
 
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