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Estás aquí:  Inicio >>  Muestras/Arte >>  Muestra de Ricardo Garabito en el Museo Nacional de Bellas Artes
 
Muestra de Ricardo Garabito en el Museo Nacional de Bellas Artes
 

Inaugura el miércoles 2 de mayo
2 de mayo al 17 de junio de 2007

Martes a viernes de 12:30 a 19:30 / Sábados y domingos de 9:30 a 19:30

Avenida del Libertador 1473. Entrada libre y gratuita.

 

 

 

 

(Buenos Aires) Araceli Otamendi


El miércoles 2 de mayo inagura una muestra de Ricardo Garabito en el Museo Nacional de Bellas Artes. Además de la muestra se publica un importante libro. El mismo incluye una sección de imágenes seleccionadas por el artista, Samuel Paz y Marcelo Pacheco; un ensayo de Pacheco y una entrevista a Garabito, una selección bibliográfica de textos históricos y un currículum biográfico del artista por Victoria Noorthoorn.



:


Continuando con las retrospectivas que el Museo Nacional de Bellas Artes dedica a los artistas argentinos, Ricardo Garabito: Una retrospectiva reúne por primera vez una selección de obras representativas de su importante trayectoria. El artista, nacido en  Trenque Lauquen, Provincia de Buenos Aires, en 1930, es un destacado exponente de la pintura argentina contemporánea.  


La exposición propone un recorrido a través de las diversas etapas de la producción de Garabito desde su primera exposición en la Galería Rubbers en 1963 hasta el presente, e incluye sus óleos, témperas, gouaches tempranas, dibujos y esculturas en madera y cartón pintado, pertenecientes a colecciones públicas y privadas de Buenos Aires. Puede visitarse, con entrada libre y gratuita, entre el 2 de mayo y el 17 de junio de 2007.  


Esta exhaustiva retrospectiva ofrece la oportunidad de acceder a una visión abarcadora de la producción de este artista a la vez representante y crítico del realismo. La personal y siempre irreverente aproximación a lo real de Garabito está presente en sus tempranos óleos, ubicados en las fronteras de lo ingenuo, pero sin caer en ello. Desde 1968 sus obras presentan una visión entre metafísica e irónica de la realidad, una realidad que el artista construye a partir de una mirada cálida y atenta sobre el mundo porteño. A su vez, la exposición da cuenta del rigor, libertad y alta dosis de humor que articulan cada una de las decisiones del artista. 


La retrospectiva, cuya curaduría estuvo a cargo de Samuel Paz (In Memoriam) y Victoria Noorthoorn, evidencia los avances y giros que se suceden en la aproximación de Garabito al realismo, los ritmos de acercamiento e independencia que su obra presenta en relación a las tendencias imperantes.  


Visita guiada especial a cargo de Victoria Noorthoon, co-curadora de la exhibición: jueves 10 de mayo a las 18; Visitas guiadas a la exhibición: de martes a domingos a las 18. A partir del 15 de mayo y hasta el 17 de junio.  


 Según palabras de la co-curadora de la muestra Victoria Noorthoom:


"La exposición comienza con obras de 1963, incluidas en la primera exposición individual de Garabito en la Galería Rubbers, que contó con prólogo de Manuel Mujica Láinez. Son obras de gran barroquismo, en las cuales Garabito propone un diálogo con su contexto – el  ámbito del barrio porteño - a partir de un acercamiento a la pintura popular y al arte ingenuo desde una mirada que podríamos llamar académica, resultado de su formación en el taller de Horacio Butler entre 1953 y 1955, de su propio estudio, y de sus diálogos por esos años con los artistas argentinos Leopoldo Presas, Raúl Russo, Ernesto Deira, y Ludovico Casagrande, entre otros artistas. 


Si bien la crítica de la época detecta elementos fauves y expresionistas en estas obras tempranas, para Garabito éstas no son influencias directas. Fueron otras y muy diversas sus inspiraciones en aquel primer momento: la pintura popular, la pintura ingenua de Torres Zapico o de Dominique Peyronnet, el estudio del Románico, del Giotto de la primera época, de Henri Rousseau, de Georges Rouault, incluso de Bernard Buffet y las abstracciones de los europeos Ben Nicholson y Pierre Alechinsky. “Me interesaba ese estadio previo a la búsqueda de la tercera dimensión, donde la pintura es plana como la propia superficie… ese arte que no es ingenuo sino sintético”.1


En su iconografía porteña, los protagonistas son objetos y personajes del mundo cotidiano que posan abiertamente, transformados y desbordantes de ironía, y que trasladan al espectador al espacio de la ficción.  


Son obras pequeñas al óleo sobre chapadur, que surgen de bocetos y anotaciones sobre Buenos Aires (las cortinas de un colectivo, la relación de colores de un cartel en la calle, la gráfica de un afiche...) y del propio dibujo a carbonilla que completa la búsqueda y composición de las formas. Se trata de una pintura generosa en su refinamiento y afirmación de un camino individual ajeno a las tendencias imperantes del momento—el informalismo, la nueva figuración, el conceptualismo temprano, entre otras.  







      Partía de algo que había visto, de un recuerdo, o de una foto de algo o de alguien (una vieja compañera del colegio, un familiar, cosas así), y a partir de ahí, sobre el dibujo, iba surgiendo el personaje, en el hacerse del dibujo y la carbonilla. Un ojo me invitaba a poner una nariz, y un desfasaje ya creaba una nota de humor. Y si bien algunas obras estaban inspiradas en alguna referencia concreta a algo, muchas veces surgía un personaje totalmente inventado, que empezaba a nacer, a crecer…” 


Hacia fines de 1966, Garabito descubre la pintura del rosarino Augusto Schiavoni, en la cual sus figuras se sitúan sobre fondos planos, con escasas referencias espaciales sintéticas y puntuales. Comienza entonces un proceso de depuración de los espacios que rodean a las figuras de Garabito, de simplificación de las composiciones, y el consiguiente aquietamiento del barroquismo de sus primeras obras.


Son las obras incluidas en su exposición individual en El Taller de 1968 y posteriores, en las cuales Garabito elige centrarse en un solo personaje: una figura frontal condensa en sí misma la carga dramática anteriormente esparcida en la totalidad de la obra. En estas obras, el empaste da lugar a una pintura más fluida y a un dibujo más fino, resultado del nuevo soporte: la tela, a diferencia del chapadur, le permite mayores sutilezas, incluido el uso del pincel de filetear para el dibujo de ciertos detalles finales. Es un momento de mayor atención de la prensa, activa participación en premios y presencia en instituciones (tanto el Museo Nacional de Bellas Artes como el Museo de Arte Moderno adquieren obras de esta exposición)—que lleva a Garabito a un importante diálogo con Samuel Oliver, entonces Director del MNBA. 


En octubre de 1971, Garabito realiza una exposición individual en la Galería Carmen Waugh. Allí, el proceso de depuración avanza sobre el color. Son obras donde el dibujo preciso delinea objetos y figuras solitarias, ubicadas en espacios vacíos que refieren a un tiempo suspendido, incierto. Las obras, serenas y desconcertantes, presentan escenas de una narrativa mayor que utilizan recursos del teatro:


la caracterización obsesiva de cada personaje u objeto, la construcción de una pose, la entrada o salida inminente de un personaje. Aquí, objeto y figura presentan el mismo tratamiento, de forma tal que los objetos tienen la presencia y animidad propia de los sujetos y todos “adquieren una significación última, que va mucho más lejos que la realidad cotidiana a que pertenecen” 2 (Paz).  


Son obras que postulan el desconcierto y el interrogante, y que, por la forma en que


presentan a cada objeto o personaje, evidencian un cierto conceptualismo o cientificismo, actitudes que están en el ambiente de ese momento y que se filtran, pero para reforzar una postura a la vez realista y subjetiva. En su prólogo a la exposición, Paz establece:  




      “Una simbiosis compleja conjuga una aprehensión muy aguda de la realidad con una introspección muy contenida, que opera intensificándola sin tener necesidad de deformarla. Existe una voluntad de “presentar” su pequeño gran mundo ‘tal como es’, a partir de un realismo casi positivista, sólo quebrado por un sortilegio que lejos de convertir los hechos al surrealismo, inmoviliza la escena, haciendo de ella ‘una realidad otra’”.3 


La mayor parte de estas obras fueron luego incluidas en la exposición curada por Samuel Oliver - Brizzi-Garabito - en 1972 en el Center for Inter-American Relations (hoy Americas Society) de Nueva York, y que luego viajó junto a obras de Miguel Ocampo al Museo de Arte Moderno de Bogotá. Asimismo, varias participaron en los prestigiosos premios por invitación Cuarto Salón Italo y el Premio “Palanza” de 1973. Entre ellas, Banco de Pablo refiere a Pablo Suárez, que compartía el taller de Barracas por esos años con Garabito. 


Hacia 1977, en su exposición individual en la Galería Bonino (que contó con prólogo de Guillermo Whitelow), el artificio de las etapas anteriores parece diluirse para dar lugar a una representación de doble índole: por un lado es más naturalista y de presencias reales (en lugar de simbólicas), y por el otro tiene una mayor carga dramática.


El color se neutraliza y las figuras están más quietas, más frontales. Es un realismo que parte de lo real para ser reinventado, dando lugar a una nueva realidad pictórica imbuída de humor, drama y misterio. Asimismo, aparece el elemento serial: la repetición de la misma figura u objeto dentro del cuadro es una de las formas de cuestionar su naturaleza o misma existencia, sobre todo porque en la repetición aparece el valor de la diferencia, y, por ende, se plantea la pregunta por el status de lo verdadero. Se trata de una práctica que el artista mantendrá hasta la actualidad. 

Más tarde, y luego de su primera retrospectiva en 1982 en la Fundación San Telmo, Garabito realiza la siguiente exposición individual en 1984 en la Galería Ruth Benzacar, con curaduría de Samuel Paz. Allí, es claro su paso hacia una factura más rápida, más abierta, que remite a la factura suelta de sus primeros años y al clima pictórico de la época, especialmente el importante auge del neo-expresionismo en la pintura.


En estas obras la representación se acerca a la realidad, pero desde una base narrativa que informa la invención—como en En el bosque, obra en la cual aparece el sátiro escondido en el follaje de La ninfa sorprendida de Manet. 


Hacia 1998, Garabito realiza su última gran exposición individual hasta la fecha en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, asimismo con curaduría de Samuel Paz. Allí, puede apreciarse claramente como hacia fines de los 90s, el objeto—en tanto protagonista de las naturalezas muertas—aparece enaltecido, jerarquizado: “Intentaba darle un lugar a algo tan antipático como el plástico”. Una de las formas en que esto sucede es a través del uso del color—tanto en las naturalezas muertas como en las figuras: dos o tres colores protagónicos resaltan al objeto o la figura y los colocan en una situación de tensión que toma la forma de una armonía de disonancias; al tiempo que los fondos más neutros permiten que el color aislado grite con más fuerza. 


Por su parte, las figuras adquieren una alta dosis de barroquismo, de humor, de un artificio exagerado, donde las direcciones y los colores participan desafiando la lógica del equilibrio. Por su parte, las poses desafiantes y el mayor desenfado encuentran su correspondencia en las esculturas erótico-vegetales realizadas con cartón hacia principios de esta década, que en su trazo sintético de ángulos rectos remiten a la primera época. 


Finalmente y desde el 2000, Garabito deja de lado el artificio exagerado y se concentra en la intimidad del objeto. Trabaja en formatos más pequeños, con un sólo objeto con base y fondo, y propone, de cuadro en cuadro, un mínimo movimiento del objeto. A su iconografía se incorporan gradualmente las bolsas de plástico y los productos del “mercadito”, primero solos, y luego con sus marcas, resultado de una mirada más cándida sobre los objetos. Garabito se aparta del barroquismo o la carga dramática y presenta los objetos como son: como presencias más modestas, más despojadas, más silenciosas, resultado de una mirada cercana sobre la difícil realidad del país en estos años. Este silencio del artificio afecta también a la figura, que se presenta en actitud más cotidiana, sin teatro ni actuación. “El clima es más calmo... Quizás sea el reposo de los años...”.


Acerca de Garabito, escribe María Laura San Martín en "La pintura en la Argentina":


"...Junto al rescate de la imagen figurativa y a los "primores"  del oficio fue dado observar una corriente de revival con el efecto atenuado pero extensivo en otros que, sin pretender alcanzar el fotorrealismo, evolucionaron hacia formas veristas, tal el singular Ricardo Garabito, aunque manteniendo un saludable clima burlesco en sus temas...".


Datos biográficos de Ricardo Garabito:


Ricardo Garabito nació en Trenque Lauquen, Provincia de Buenos Aires, en 1930. A los 18 años se mudó a Buenos Aires, donde se formó en el taller de Horacio Butler. Realizó exposiciones individuales en las galerías Rubbers (1963), El Taller (1968), Carmen Waugh (1971), Bonino (1977) y Atica (1980), y en Fundación San Telmo (1982), Ruth Benzacar Galería de Arte (1984) y el Centro Cultural Recoleta (1998), entre otras. Participó en numerosas exposiciones colectivas, tanto en Buenos Aires como en ciudades del interior del país y del exterior, tales como Bogotá, Nueva York, Austin, Basilea, Madrid, Moscú, París y Tokio. Hasta la fecha, la última gran presencia de Garabito en nuestro medio fue la muestra retrospectiva del período 1988-1998, realizada en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. Paralelamente a su propia práctica, Garabito ejerció la docencia primero en su taller de Barracas, y desde 1981 en su taller del barrio de Montserrat, Buenos Aires. 


(c) Araceli Otamendi


bibliografía: María Laura San Martín, La pintura en la Argentina, Editorial Claridad

 
 

 
 
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