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Estás aquí:  Inicio >>  Cuentos, poemas, relatos >>  Unicornio - relato de Alexis Brito Delgado desde Tenerife, Islas Canarias
 
Unicornio - relato de Alexis Brito Delgado desde Tenerife, Islas Canarias
 

"...sintió el roce de un frío tan suave
como una pluma y tan agudo
como una hoja de acero deslizarse
directamente a través del centro de su abdomen...

STEPHEN R. DONALDSON"

Unicornio por Alexis Brito Delgado

...sintió el roce de un frío tan suave

como una pluma y tan agudo

como una hoja de acero deslizarse

directamente a través del centro de su abdomen...

STEPHEN R. DONALDSON

 

1

 

Estaba harto de luchar, apenas conseguía mantenerse des- pierto, mientras sentía la luz del pasado sobre sus pasos confusos. Preso del cansancio, avanzó tenuemente por el pasillo, los embates de su corazón le golpeaban el pecho, adormecido por el efecto secundario de los somníferos. Con suavidad, pasó la diestra sobre la pared, notando la rugosidad de la piedra. Tenía mucho frío, su piel blanqueci-na brillaba bajo las sombras del atardecer, el clima invernal que asolaba la ciudad era terrible, desde su infancia no ha-bía contemplado una nevada tan copiosa. Aunque fuera un producto de su imaginación, sabía que cuando el sol se es-condiera detrás de los rascacielos, podría encontrar las res-puestas que buscaba. Lentamente, puso la mano sobre el picaporte, serenándose ante su contacto. Abrió la puerta de madera, una estancia a oscuras llenó sus sentidos, recono-cía los confines volumétricos de la habitación, eran parte de su personalidad, familiares como su carne, huesos, nervios, o tendones. Cerró al entrar, pisando las planchas del suelo con pies desnudos, asimilando vagamente la vacuidad que lo rodeaba, con la memoria embotada por las pesadillas in-sustanciales que lo despertaron. El cuarto era pequeño, un hermoso espejo de dos metros de alto estaba situado en el centro, circundado por una sábana de terciopelo negro, que formaba un arabesco a los pies del marco. Con delicadeza, acarició la moldura artísticamente cincelada, saboreando los bordes pulidos de roble, deleitándose en la suave curva del cristal, fascinado por la superficie de mercurio que refle-jaba la pared situada a su espalda.

2

Hacía años que entraba en aquella habitación en tinieblas, anhelando encontrar las respuestas que se le escapaban a borbotones, contemplándose durante largas horas, sin atra-par el porcentaje de humanidad que había perdido. El mar-co vacío asimiló su presencia, su doppelgänger era una co-pia perfecta de su persona, no sabía donde estaba la di- ferencia, porque apenas se consideraba real. El reflejo le devolvió la imagen de un individuo de cuarenta años: ca- bello rubio, ojos grises, pómulos marcados, mentón afilado. Las pupilas brillaron en el rostro fantasmal, llenas de pesar, diluidas en un pozo de contradicciones, las circunstancias escapaban de su control. Su cuerpo parecía tallado en már-mol, los músculos lánguidos se marcaban sobre la piel, he-bras de plata que manifestaban su sangre aria. Desconso-lado, contempló a su doble, esperando que le ofreciera las promesas que buscaba:

-¿Quién eres?-preguntó-¿Por qué me atormentas?

-¿Aún no lo has averiguado?-respondió una voz siniestra.

-No.

-¿Quieres que me vuelva loco?

-No es necesario-rió con malicia-Tú mismo te has encarga-do de ello.

Las cuestiones flotaban en el aire, ilusiones muertas de an-temano, remolineando a su alrededor, tomando constancia propia por momentos. Tuvo la impresión de perder el senti-do de la orientación, su espíritu retenía la memoria, no era capaz de enfrentarse a la realidad, detestaba admitir que la soledad lo enloquecía:

-Te odio.

-Lo sé, amigo.

-Eres despreciable.

El doppelgänger sonrió:

-Gracias.

-No mereces vivir.

El gestó se extendió como una cicatriz:

-Gracias.

-¿Por qué no te suicidas?

Su imagen lanzó una carcajada cínica:

-Tú primero.

3

Tenía miedo, el aislamiento se intensificó, una pausa entre dos mundos donde reinaba el vacío de la impotencia, estru-jando sus pulmones. El ambiente era más tenue, impreciso, recorriendo sus venas, una enfermedad que le arrancaba el alma. A veces creía comprender las visiones que le ofrecía el espejo: desiertos barridos por tormentas de arena, salas de operaciones circundadas por cirujanos crueles, océanos cubiertos de estática, ruinas bañadas por tormentas de nie-ve, campos en guerra llenos de cadáveres... Sueños incon-clusos de diversas vidas, imágenes de distintas encarnacio-nes, instantes que vivió en el pasado, intervalos que experi-mentaría en el futuro, manifestándose eternamente a través del mercurio. Poco a poco, introdujo su diestra en el marco, penetrando en aquel reino de ensueños, mientras el cromo derretido cubría su antebrazo. No deseaba aceptar la reali-dad que lo torturaba, era preferible deslizarse dentro del es-pejo, perderse en los ámbitos delineados detrás del cristal plateado. Cerrando los párpados, el olvido nutrió sus fibras, transformando sus pensamientos en líneas borrosas.

-Eres un cobarde-escupió-No tienes agallas para enfren-tarte a la verdad.

-No me importa.

El tacto del vidrio no tenía explicación, los latidos pulsantes lo auxiliaron a desvanecerse en el espectro que oscilaba en el presente, arrastrándolo al abismo que demandaba averi-guar desde hacía años: ¿Era real la imagen del espejo?

-¿Soy real?-preguntó.

-¡NO!

-¡Mientes!

-¡NO!

-¡Intentas engañarme!

-¡NO!

4

Bruscamente, abrió los ojos, la temperatura descendía, su epidermis se resintió. Se abrazó en sueños, volvía a ser un feto en la matriz de su madre, pero no se encontraba prote-gido, la vida lo había aniquilado con su miseria. En la calle, la noche cubrió la mansión, propagando una madrugada in-sensible, veteada por las estrellas ausentes, dolorosa hasta el punto de no lograr abarcarla. ¿Quién era el autentico yo? Con una sonrisa melancólica, se acercó al espejo según su doble desaparecía, evaporándose en algún lugar indetermi-nado. El doppelgänger era una ilusión incompatible, un pe-dazo de irrealidad en el límite de su alucinación, la belleza de su condena no era auténtica, sólo un anagrama inútil va-cío de esperanza. La pasividad de su existencia se mezcló con el metal líquido, recordaba miles de noches insomnes, perdiendo el tiempo, abarcando la luz del crepúsculo, espe-rando encontrar la verdad. Pretendió llorar, desesperado, el llanto no afloró como deseaba, estaba emocionalmente en blanco. Con rapidez, el sentimiento de pérdida desapareció tal como había aparecido, en su interior reinaba una negru-ra sin límites, no restaban palabras ilusionadas con las que pudiera consolarse. El marco comenzó a calentarse, el cris-tal ardía, relámpagos cruzaron la superficie enrojecida, pre-sagiando malas nuevas. Su imagen reía en el fondo del es-pejo, despreciándolo con risotadas perversas, fundiéndose con el mercurio en suspensión:

-¡Has metido la pata, bastardo!

-¡Púdrete!

-¡Nos veremos en el Infierno!

5

Una última proyección inundó el vidrio: las copas de los ár-boles se mostraron entre la bruma que cubría el bosque, el tiempo se suspendió en su balanza, paralizando los troncos retorcidos durante unos segundos. Antes de desvanecerse en el espejo, escuchó el sonido de los cascos sobre la hier-ba: un hermoso unicornio inundó su campo visual, voltean-do la cabeza en su dirección, ofreciéndole las crines platea-das como consuelo, un sueño de verde para aliviar sus pe-sares...

(c) Alexis Brito Delgado

Sobre el autor: Alexis Brito Delgado nació en Tenerife, Islas Canarias en 1980. Actualmente vive en Santa Cruz de Tenerife. Ha escrito ocho novelas, siete de ellas inéditas: Desiertos, Selector De Frecuencias, Melancolía, Estaciones, Némesis, Luz Blanca/Calor Blanco, Eternidad, Décadas. También escribe poesía - diez volúmenes, de ochenta poemas cada uno: Sueños de verde, Ruinas de neón, Estrellas, Mares del destino, Cenizas, Soledad, Deshacer la carta, Reencuentros, Apocalipsis, Desintegración -. Ha publicado una novela y varios relatos.

Acerca de él mismo dice: "Respecto a mí mismo, me encanta la literatura, soy lector compulsivo desde los 10 años, Arthur Rimbaud fue mi primera gran influencia. Rimbaud me enseñó a ser auténtico, uno debe hacer lo que desea en la vida, independientemente de la opinión de los demás. La música es mi segunda gran pasión, David Bowie es mi cantante favorito, me encanta su actitud artística, sus cambios constantes de imagen, y su afán de experimentación. De Bowie aprendí que uno nunca debe repetirse, eso suele pasar con todos los escritores, por ello procuro que mis novelas sean diferentes entre si, aún no he tocado dos veces el mismo género. Por último, el cine. Las películas de David Cronenberg son una fuente de inspiración constante para mí, me fascina su particular visión de las cosas, creo que es uno de los directores más extraños que ha dado la industria cinematrográfica, películas como Videodrome, La Mosca, Inseparables, o Crash no salen a la calle todos los días".

 

 

 

 
 
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