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Los reyes de Julio Cortázar por Hugo Matías Zeoli
 

Los reyes de Julio Cortázar
- El laberinto del Minotauro

ensayo de Hugo Matías Zeoli

Los reyes de Julio Cortázar

 El laberinto del Minotauro

 (Buenos Aires) Hugo Matías Zeoli

                  A solas soy un ser de armonioso

                  trazado

 

 

 

EL LABERINTO DEL MINOTAURO.

 

INTRODUCCION

 

En primer lugar, la figura laberíntica exigía un análisis que comprendiese a un espacio, con un referente similar a ese topos que elabora el texto de Cortázar.

En la Odisea, hay dos enunciaciones de lo espacial y allí se registran coincidencias con el lugar cerrado: Odiseo es retenido en una gruta por Calipso, Homero dice "Hueca gruta"; Zeus reclama a la diosa Palas Atenea dando a entender que de su boca salen blasfemias:"Cerco de los dientes" llama rigurosamente a la zona desde donde brotan las palabras.

Esta nominación puede guiar u orientar la lectura de este texto y hallar que ha quedado del espacio que sufre un deslizamiento de su significado por las palabras que refieren donde hay que hallar una enunciación apropiada para aquello que va a rodear la escena: la clásica y la actual.

El sitio es un recinto cerrado y estas dos citas se hallan ligadas al laberinto porque lo cerrado puede tener algún vínculo con la palabra, lo siguiente será saber si se emiten palabras y cómo se nomina al espacio.

Este análisis trata acerca de un monstruo encerrado en una gruta; falta saber si ha pronunciado algún sonido, si sabe fundar el logos o encarnar rechazos.

Esto último parece apropiado; hay que saber si el laberinto es el sitio donde rige una condena:el desterrado debe escuchar lo que dice la comunidad, luego, su poder para conectarse con la otredad, ¿reside en un poder concedido por la anulación de uno de los atributos humanos?.

El monstruo de Creta no puede reproducirse, es una antinomia, sólo puede devorar al género humano.

Luego, el silencio gobierna el laberinto y cabe preguntarse si ésta es la condena. En este sentido, Minos, monologa acerca de esta particularidad, cuando nomina al Minotauro, la simbología es intranquilizadora ya que llega a manifestar, agregando del ser aprisionado: "silencio en acecho".

Se lo ha condenado porque lo que ha proferido es ilógico, insano o,

¿porque además es hijo de una unión corrupta, incestuosa…?.

Este trabajo advierte que en el espacio rige la nominación como factor relevante, primero se ha expulsado a lo monstruoso y el lugar será el laberinto; ¿esta zona oscura o lóbrega reproduce un proyecto autocrático?.

Luego, el monstruo, el Minotauro, ha sido encerrado; la condena absoluta, decretada contra él consiste en sufrir la falta de la palabra, el poder de manifestarla e intercambiarla: el intercambio de la misma en el ámbito social le está negado. La palabra que lo ha condenado es inobjetable, plutocrática, autoritaria, es el lenguaje que gobierna y prescribe lo que debe decirse y callar.

El lenguaje que domina al Minotauro y lo destierra de la comunidad, está determinado por un corte abrupto, un cercenamiento cultural, legalizado que reivindica al orden inquisidor y a la falta de resonancias entre los miembros de una comunidad porque pueden transgredir los términos de una lengua depositada en la conciencia de los legisladores.

Los legistas que rechazan a lo irracional, al Minotauro, lo hacen porque éste puede corromper a un mundo que se presenta como racional, mítico; algo que intima, pregunta, erotiza, será expulsado del ámbito de la polis porque aquello que brota del cerco de dientes de un monstruo no podrá constituirse como lengua y legalidad.

En el laberinto hay proferencias, profundidades, humedad y también se sienten resonancias de una lengua original;el Minotauro debió tener acceso a una simbología, gozó alguna vez del rechazo en una negociación dialogal: la lengua de aquéllos que él tritura con su boca no entienden su lengua y él los devora.¿Esto evoca solamente al sacrificio de los tiempos arcaicos con el cual se ofrendaba a los dioses con los jóvenes de la Hélade?.

Las poéticas posibles del Minotauro no se hallarán reducidas a la delimitación espacial; las zonas periféricas perderán su condición marginal y sólo por la emisión del topos poético se advertirá que los espacios sufren una consagración del sentido, aquél originado en la desaforada intención de prosternar los posibles signos de una constelación de significantes, aquéllos que al espacio de la escisión lo atraviesan tornándolo dependiente de la materia de una escritura.

El escrito advertirá que se construyó la figura de un desfiladero del significante y se evidencia una preocupación por la importancia de las voces que, en algunas escenas, a cargo de Ariadna, agrega claves para nuestro trabajo, así la hermana del Minotauro dirá, entre otras frases:

"Hablar es hablarse".

Este trabajo se ocupa de la palabra que ha condenado al Minotauro, advirtiendo que el desfiladero de signos que contribuyen a la proliferación argumentan acerca de la existencia de una competencia discursiva en el laberinto, capacidad de una lengua poética en las posibilidades espaciales que pueden surgir del confinamiento al que se ha destinado al Minotauro.

Se argumenta, además, que en el laberinto, el condenado deberá recrear, tal vez, la voz racional antipoética; lengua que lo ha confinado a otra especialidad, zona donde rige la valoración de lo intersticial; brillo, emanación esmaltada desde los más primitivos entramados de la poesía.

La argumentación a favor del artista excluido deberá comprobarse al declarar como la explicitación de los significantes, en el laberinto, excede a la lengua legalizada en la polis; en densidad poética, ausencia de extenuación y posibilidad evanescente, es decir, si se aísla a alguien, este carece de la negociación lingüística pero la construcción textual que el autor lleva a cabo nos demuestra que este silencio esta limitado en la densidad de la palabra condenada.

El Minotauro, al ser encerrado, va a convertirse en un ser diseminado en un diferenciación semiótica, lo que se sabe de él no lo absuelve, su linaje es lo inexcusable: ha nacido de una relación abominable y por lo tanto es una aberración; sus expresiones son reducidas, el ritmo que le sirve de instrumentación es mínimo riguroso, pero el encierro y la serie de gestos que produce constituyen significados que sólo pueden comprender quienes están inmersos en los espacios helénicos.

Su parecido con el mito es llamativo, reducido al puro silencio del encierro, el monstruo de Creta puede provocar miedo e incertidumbre en los que dicen la lengua aceptada en donde reina el nomos.

La escritura que lo constituye está inscripto en lo anónimo, lo no legítimo y puede decirse que el logos se ha dirigido contra el Minotauro.

No hay cabida, en los textos de la ley, para un ser que pronuncia lo que no es reconocido en la polis, si existe una formación lírica, construcción metafórica, deleitación por el crimen o la anulación del otro, su interpretación está a cargo de un sustrato social que lo juzga como a un ente que debe ser expulsado con la delimitación; el enclaustramiento es la anulación del ser, la gruta o el desfiladero es el recóndito espesor de un último término desesperante:la interjección de dolor, la dilusión de los sonidos fraseados remitirán a un ser que padece la vinculación con lo inaudito; la poesía se vincula así a la anulación, el silencio y la infinitud.

Las comunidades, las conformaciones sociales no producen una estrategia apologética del ser desterrado; el Minotauro ha sido expulsado porque su construcción estética es lo inaudito y está ligado a lo prohibido e incestuoso: deseo de la hermana, entonces, progenie incestuosa.

Pero su lengua aunque limitada conmueve y si su persistente cornamenta no puede ser transformada sabe que sus victimas profieren gritos y son portadores de deseos y él les demuestra lo inútil de sus fantasías y relatos.

El Minotauro guarda en su retina la mirada y los gritos de piedad de sus víctimas.A través del espacio ha empezado a saber que es una pausa y un silencio y sabe que es el silencio absoluto.

A esa ausencia de todo la ha reemplazado con un saber espacial porque ha adquirido, como fruto del encierro, el saber mirar desde abajo o hacia arriba.

Ariadna se conmueve con su mirada y quiere poseerlo (a él que no recorrió los vientos ni los valles), pero a quien el encierro le confirió el viejo secreto del ruin encuentro del sonido, con el cincel y la letra y la carne.

Si alguien esculpió en la piedra él lo sabe: esta es la causa de su expulsión.

 

Las leyes de la ciudad decretaron que debe ser encerrado y es allí donde engullirá a los jóvenes y doncellas más hermosas de la Hélade.

El sacrificio de su encierro se magnifica en la anulación de la escritura. El mismo ha dejado de escribir en soledad, escribir con rasguños y en tablillas, pero sabe, conoce que con el instinto pervive el hálito de la lengua primigenia.

Su experiencia del silencio es inédita, reconoce un hueco en la grieta, entre fauces, aliento y lágrimas percibe algo y lo puede denominar silencio; el contenido lírico y su comprensión es lo que reelabora la sociedad, el signo que devela el Minotauro es la mirada y los gritos de sus víctimas; a través del tiempo en que engulle a estos intuye que es una pausa y un silencio y la relación con lo absoluto tiene los términos de la extinción de las víctimas, esa es la magnitud que le confiere a la duración de la vida.

En ese sentido su cosidad es predominante, no es un ser fruto de la cultura y su primigenia actitud nace ligada a los instantes en que se piensa como puede preceder la lengua al pensamiento porque él aparece y se constituye como el que dice sin por qué.

La grandeza de su encierro consiste en la anulación de la escritura, la remembranza del sol, la añoranza del agua, pero la evocación de los silencios es insuperable al analizarse su discurso, estético, metafísico.

El sujeto de esta obra es aquél que come, engulle y asesina, quien además posee un conocimiento del silencio poético al que ningún ser tiene acceso.

Sus reacciones dan a entender que puede callar y comprender, como acciones sentidas de un modo peculiar, vívidas virtudes que parecen enunciar al lenguaje primigenio que sentía cada palabra como aquél elemento fundante del mundo nombrando algo en un tiempo arcaico donde todo lo que se dice no es el resultado de la contaminación social y el aprendizaje memorístico. Es la lengua del que sabe lo trascendente y su palabra es el fruto del ser que no conoce la grupalidad y la posibilidad de intercambiar o negociar en la interacción conversacional.

Esa emisión es original y primigenia; el innatismo es su condición de hablante; reacciona sin límites, expresa sin ataduras su propia legislación y sabe representar a una especie en la cual asume la totalidad; él es su único individuo en un aislamiento infinito y aunque no está negada la posibilidad de una vida futura, su individualidad es la estirpe que no se constituye en una ciudad porque ésta ignora los significados de su delirio y no sabe o no quiere ni acepta su discursividad.

Sus relaciones discursivas dan idea de que posee una comprensión del mundo y su contexto inmediato, porque al hablar en el laberinto se percibe que sus frases exceden a los hombres que lo han condenado.

El espesor de su intenso lirismo, las circunstancias inéditas en las que expresa la propia subjetividad, tiene pocos nexos con otros individuos y esta se fundamenta en el aislamiento y la ejecución del sacrificio.

Los seres que lo condenan tienen una conformación genérica, individual y social; la amenidad y las anomalías decretan con lenguaje de legistas a quien se debe desterrar, pero el dramatismo que se circunscribe en torno al laberinto lo refiere en un dolorido monólogo, aquél que nadie en la ciudad quiere asentar y reconocer en los ámbitos jurídicos porque reconocería a su lenguaje como materia legislable; el silencio es la zona oscura que se le adjudica; la conmiseración y la lástima también coexistirán en quien siente al erotismo y se identifica con los ámbitos cerrados del silencio al que lo han confinado como al rito de una génesis del incesto.

El entorno del Minotauro es comentado por Ariadna (1)

"Envuelto en el silencio vacuno que ha presidido su amargo crecimiento, pasará con los brazos cruzados sobre el pecho, mugiendo despacio.

O hablará. Oh sus dolidos monólogos de palacio que los guardias escuchaban asombrados sin comprender. (2)

En el poema lírico, la reminiscencia de un ser único y monstruoso, pergeñado por una reina puede ser leída en el contenido de sus monólogos como la materia de un valor incalculable:"Su profundo recitar de repetido oleaje, su gusto por las nomenclaturas celestes y el catálogo de las hierbas" (3).

El Minotauro es un ser que tiene una identidad central representada en un lenguaje original que él reproduce sin asimilarse a ningún otro; su habla no es asocial, se lo ha excluido porque su habla es un exceso para la ciudad, ella es inimitable e insustancial, pero ilimitada y de gran belleza poética;exceso estético que para un estratega o legislador se puede asimilar a una oralidad superior y enajenante, demiurgicamente subversiva.

Sus límites respecto al mundo objetivo reside en que las acciones, los objetos y los actores de la tragedia, la representada en el teatro griego, se sostienen en base a las relaciones intersociales; este rol social es su limitación porque su subjetividad no aparece, en la discursividad, como obviedad o retaceo por la legislación imperante: lo suyo es desnudar la esencialidad del significado lingüístico porque al igual que un animal mítico, su esencia es "ser" y lo suyo es "estar".

"El animal jamás está en falta.EstÁ donde está. Su ser en el mundo permanece limitado al horizonte material" (4).

La lengua es lo que produce la inalienable relación a lo general y a la sociedad. Las frases que el Minotauro puede elaborar tienen una recurrencia concreta: repara en la naturaleza, fundamentalmente, pero si la lengua legalizada por los funcionarios se halla garantizada porque en los espacios de la ciudad se la acepta, la lengua del Minotauro, en cambio, no se garantiza porque repite lo que sólo un ser en el destierro puede decirle a la sociedad que desoye la densidad del eco que constituye la masa de su voz inédita por la incrustación en la negatividad que la polis le ha legalizado de modo inapelable.

En su expresión, el Minotauro niega lo que "es": en el sentido de que no hay lugar para hablar de la existencia de la polis. Sus referencias son el humus, el cosmos; elementos de la naturaleza regentes de la vida social, como macrocosmos significativo para el colectivo pagano y diversificado pero dependiente ante los signos y los presagios que se interpretan en los ritos antiguos, a veces con cierta estrategia política llamativa.

El estar porque si, es su existir; no sabe que está en una consistencia de carne y hueso; lo suyo es experimentar con inflexiones que pueden encadenar significantes por un desfiladero que él percibe en una especie de resonancia del infinito.

Este Minotauro es el que reconoce la superficie presente como un pasado que ha desaparecido y en un instante de violencia o conciliación, olvidar el yo en el lenguaje.

La escena que tiene lugar en la curvatura, en donde se enfrenta a Teseo, el Minotauro se halla inmerso en la sustancialidad de la lírica individual; además participa de las corrientes cerradas experimentando en la geometría del laberinto; si fuese un semidios, al hablarle, Teseo, le respondería como a otro de su misma nobleza, o a lo sumo sabría el origen de las palabras, pero sus frases expresan corrientes profundas y subterráneas, y esto es porque no ha dejado de tener como referente al espacio que lo rodea y a su interlocutor lo desbarata porque se nombra así como una esencia a la cual, el guerrero, y Dios, Teseo no sabría golpear:

Minotauro-¿Cómo podrías golpear? Sin saber a quién, a qué,(5).

 

Teseo refiere al Minotauro con estas palabras: "Se habla ya tanto de ti que eres como una vasta nube de palabras, un juego de espejos"(6)

Las siguientes elaboraciones míticas del Minotauro son una exposición muy construida con los tropos que exigen una buena lira, bien tañida por el Aeda, que aunque encerrada e hija de una aberración, exquisitamente puede expresar

"Aquí el sol parece plegarse a la forma de un encierro, volverse sinuoso y furtivo"

Esto puede resumirse como la palabra escandalosa en el lugar críptico.

"Se elevaba mis sueños como una mano tibia.Mirá qué seco es esto, que blanco y duro, qué cantar de estatua." (7).

Lo cierto es que esa emancipación del lenguaje que se expande del espacio le posibilita decir al Minotauro "A solas soy un ser de armonioso trazado" (8).

Luego, al citarista, le dirá "Ella es una criatura muy difícil de nominar", expresando que se siente una individualidad que rebasa al contexto al que se halla expuesto ya que el grado de comunicación que expresa su lenguaje está vuelto hacia la interioridad, el Minotauro le dice a Teseo:

-Parece que mirarás a través de mí.No me ves con tus ojos, no es con los ojos que se enfrenta a los mitos. Ni siquiera tu espada me está justamente destinada.Deberías golpear con una fórmula, un ensalmo: con otra fábula. (9).

Los guerreros y los hombres de estado han considerado que la leyenda del Minotauro es aberrante e injusta, no propicia para la legitimación del orden dinástico; esta lengua debía ser observada como la que altera las costumbres y la verdadera nominación de los objetos; otra clasificación habrá merecido la lengua de los relatos de los héroes y las justas épicas que no son transgresoras de la vida en la ciudad griega. En este sentido, el Minotauro es abatido por Teseo a quién lo liga la pertenencia a un linaje noble, y esta afinidad por linaje es quien lo destierra y mata. Lo que hará Teseo es abrumar y opacar a esta aura de un discurso que amenaza con impregnar de aberración y erotismo, y también lirismo desenfrenado a toda la polis quien deberá desechar y decretar abominable a la lengua transgresora, ilimitada.

El registro de las preferencias del Minotauro es siempre elevado y corresponde a la lírica infrecuente, de elevada lírica dramática:" Cuando el último hueso se haya separado de la carne, y esté mi figura vuelta olvido naceré de verdad en mi reino incontable.Allí habitaré por siempre, como un hermano ausente y magnífico.¡Oh residencia diáfana del aire! ¡Mar de los cantos, árbol de murmullo! (10).

Deleuze dice que la lengua es una realidad esencialmente heterogénea y recordando a Gramsci agrega que la estabilidad de la misma se logra en los espacios correspondientes a aquellos lugares en los que se admite solamente a la discursividad limitada, dócil nada insumisa: parroquia u obispado.La inventiva, la lírica del ser del laberinto se corresponde con una orfebrería del rizoma, su lenguaje difiere de la voz altisonante del héroe, la lengua de Teseo no es más virtuosa, la de aquél tiene la calidad del virtuoso que hace proliferar al conjunto.

Es esta lengua del Minotauro la que prolifera y desplaza las nominaciones, generando narraciones que enuncia y delimitan dimensiones espaciales y es esta imagen conformada por desjerarquización que Teseo quiere arrastrar por la ciudad al Minotauro.

Capturar el código de habla del Minotauro le llevaría siglos a la plutocracia; enemiga del habla que establece relaciones sociales igualitarias y sólo acepta la retórica, el sofisma en el ágora; la perversidad del Minotauro es conformar una cartografía que resume de una forma arbórea y es siempre rizomática, donde el sentido siempre se desliza y prolifera configurando una connotación que excede y desafía la legalidad que dice y legisla (corpus sagrado, determinista.inapelable, contextualizado por un macrocosmos rodeado de incertidumbre.

El Minotauro no eligió una sistematicidad ni se opone al paradigma;el desplazamiento que experimenta en los espacios del laberinto se corresponde con el muestreo genético de una revolución. Escuchar debió haber sido para los habitantes de la ciudad un escándalo, la muestra de multiples relaciones, la observación de que el significado debe buscarse en el astral, la aceptación y ésta era la conducta irresquebrajable hacia el decir del Dios; la lengua plena de ramificaciones semánticas no los incluía, no los acata. Sin ser un rebelde tiene una relación con la inmortalidad; ofrece su cabeza a Teseo, parsimoniosamente; agazapado en su armadura sabe que contiene toda la memoria y el dolor más grande de una comunidad:"Espera el dìa en que la tierra de los hombres guarde mi argumento en el secreto río de la sangre.No me has oído aún.Mátame antes.".(11).

Aunque emitiesen quejidos, a estas expresiones no las valora, la nobleza de esas víctimas y quienes le han donado ofrendas. Ahora es tiempo de ocultar su lengua porque ésta excede al templo y la ley, parece no finita y es brutal y bárbara.

Expulsado por una retórica que no se acepta fuera del ámbito secular se lo niega limitándolo a un espacio no consagrado, la sintaxis corresponde a los habitantes de la ciudad quienes comparten significados aceptables para el espacio homogéneo con oralidad jerarquizada.

Su sintaxis es correcta pero sus significados objetan al poder que lo ha condenado. La condena consiste en que se oculte de los demás y niegue su progenie, es hijo de una reina, padece, por lado de la casi total falta de diálogo; los que entran a verlo no pueden entenderlo.

Aislado de la especie, sabe el sonido de los espacios y que notas emiten las estalactitas y diferentes grutas; se ha hecho partícipe de su eco, en cada gruta sus pasos, su respiración, sus gritos y el roce de sus miembros producen un sonido guardados en los recovecos de la caverna.

Luego ha comenzado a hablar, pero su gesticulación ha recreado el origen de la palabra: primero ha pensado en su unicidad y éste es un hecho único.El cosmos no es más que una ilimitación porque es nombre sin referencialidad; todo está integrado a su producción verbal y ése es el material fundamental para la lengua que ha aprendido al escuchar con la escansión del eco y no en afinidad con la lira de los aedas.

Todo lo sabe, al modo de quien se ha autoengrendado, pero no tiene más que su anomalía, sólo sabe alimentarse de la presencia de las victimas y esto lo aliena, pero si le diesen la ciudad tendría discípulos y les hablaría de aquello que tanto temen: el pronombre con el que habla el inconsciente.

Entre sus memorias jamás existiría el Cratilo.

Los significados de lo material están denotados en un tiempo mítico en el que todo es unidad.Si el agua no está, el cantar de una estatua la evoca sólo para él; ese relato es propio de los grandes poetas, pero él está condenado a ignorar esa diferencia.

Tiene certeza de su mítica pertenencia y por eso le exige a Teseo que lo mira mientras sabe que debe ejecutar una fórmula o ensalmo para golpearlo.

La materia que más conoce es la que ha creado y como partero de águilas exclama:"De este silencio en que me embarco descenderán las águilas".(12).

La individuación y la armonía que le daba la especie lo eximía de la palabra, frente a otros sufre el desdoblamiento, en soledad sabe que su significado es ser un sol que puede elevarse y resonar como otra lengua más poderosa y desconocida para los legistas y guardianes.

El Minotauro no habla desde la sólida construcción de un enunciado científico, no tiene necesidad de un origen dinástico, se ha desprendido de la especie, y lo huele como laberinto, al que recorre como constituido por un único instante; lo espontáneo y lo sistemático son desórdenes de otra especie, lo suyo es, ser el que puede realizar un trayecto sin ovillo.

Su pura presencia lo exime de un estilo.Su decir es ese acontecimiento que unifica vida y muerte; de suyo es intuirse increado. La noción de libertad que le han negado, en la medida que no comparte la jerarquización de la misma en el ámbito cerrado de la ciudad, le ha dado la privación de la noción de la resignación y el padecimiento socrático ante el ostracismo.

Lo único que lo alimenta y satura es el deleite a través del deslizamiento por las escrituras infrecuentes de la antigüedad de las paredes socavadas por el tiempo. Intérprete de éste, a veces, lo distraen la resonancia incestuosa de algunas palabras o la lengua sistemática y racional de las víctimas.

Si hubiere artistas condenados a padecer el encierro en su laberinto individual, la continua y prolífica decodificación de detalles hubiera anulado su capital simbólico porque no hubiera soportado la resonancia de las palabras que simularían ser afines a su confinamiento. No preguntarse que es la soledad, lo exime de la desesperación y es el vagabundeo por el laberinto el que le permite producir sentidos y confinarlos en la superficie de la profundidad en la que vive el aislamiento.

 

CONCLUSION

Al comenzar este escrito se pensó en una diferenciación:la discursividad es una en la primera parte y la siguiente representa las intenciones del Minotauro.

En esta tensión se produce la diferencia de las preferencias del personaje central se reproduce un cierto resplandor que algunos rasgos de la criatura desterrada podrían elidirse con la discursividad que puede simbolizar una totalidad resumiendo esa brecha obstrusiva que existe entre aquello que se dice y lo que la elite plutocrática -léase, discurso en el ágora-, no puede o no quiere entender.

Ciertos rasgos de esa totalidad se hallan en una elaboración analítica que devela el significado propio de una poética inusual.

Las fases del Minotauro, sus enunciados estéticos, son extraños a la comunidad porque se ha desprendido de los conceptos formales que se exige para residir dentro de la polis.

Su noción de areté es diferentes sus conocimientos han experimentado una transformación; la escritura pensada como una especulación sobre el espacio está inscripta en el ámbito del laberinto y ante él la ciudad se articula como limitación y prescribe su encierro.

Las relaciones con el recinto de la sacralidad aparecen conformando dos momentos diferenciados: silencio y configuración de la palabra poética.

Si se advierte que el silencio predomina al principio, luego, el lector puede verificar que el Minotauro configura a la palabra poética porque a ésta la constituye alegóricamente; alegoría es el registro del Minotauro; moral y anagógico, los sintagmas predominantes nos hablan acerca de una criatura que utiliza la lengua sin que exista incertidumbre o vacío.

Su discurso parece regir desde la dicción que no ha sido ni siquiera acusada y puede decirlo todo con monotonía sin que sea censurado por la impericia del decir.

Este sistema autoritario ha decidido prescindir de él y las instituciones que rigen la ley de la ciudad han decretado que haya un ser en el encierro, en una arquitectura de la vigilancia.

Este es el relato que estructuró la elite aristocrática, la que sólo se preocupa por el origen de sus nombres.

En el Cratilo, diálogo socrático, se advierte que el lenguaje toponímico proviene de la divinidad; la sociedad que suma un proyecto para conformar un estado más poderoso fundamenta su discursividad pero elige anular o desprestigiar, y desterrar.

Teseo reclama al Minotauro que se calle porque las palabras hieren y confiesa exaltado que los héroes las odian. Las diferencias entre el héroe, Teseo, y el Minotauro, si se pudiesen clasificar en el trazo o sedimento que hace a lo escrito, sin duda, habría que ver como ambos difieren al posibilitar una reflexión sobre el inapreciable espacio que posibilita la escritura.

Lo intersticial pertenece a la escritura, pero estos espacios significativos se construyen en el relato brutal de esa criatura encerrada.

Este espacio es el que lo consagra como enigma y se eleva como interioridad.

La escisión entre la palabra bruta y la esencial, poética, parece estar representada en la lengua del Minotauro; la ciudad optó por la más exenta de excesos y dispuso elaborar una impresión finita de la lengua del ágora o polis.

El, quien está más allá de la constelación ausente y nunca ve a los astros que configuran los presagios de los griegos, parece disponer de la capacidad de generar poesía, instintivamente; hay algo de esa lengua original, primigenia que el Minotauro posee como originaria, epidérmica, personal.

La imposibilidad de extenderse sobre la lengua que genera el Minotauro excede a los límites de este estudio.

(c) Hugo Matías Zeoli

 

BIBLIOGRAFIA

1. Cortázar, Julio, Los Reyes, Editorial Sudamericana, Bs.As., Argentina, 1995, pág.51.

2. Ibídem, 52.

3. Ibìdem, 51.

4. Gusdorf, Georges, La conciencia mística, Editorial Nova, Bs.As., 1995, pág.15.

5. Cortázar, Julio, op.cit.,59.

6. Ibídem, 60.

7. Ibídem, 61.

8. Ibídem, 64.

9. Ibídem, 60.

10. Ibídem, 70.

11. Ibídem, 67.

12. Ibìdem, 78.

 

 
 
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