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Estás aquí:  Inicio >>  Entrevistas- Diálogos >>  Entrevista a Javier Pérez Buján por Araceli Otamendi
 
Entrevista a Javier Pérez Buján por Araceli Otamendi
 

Javier Pérez Buján es el Director de la Fundación Laxeiro y el curador de la muestra de Laxeiro presentada en el Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires.
"pienso que la libertad y el individualismo exigen un precio a pagar. Hay quien está dispuesto a hacerlo y hay quien no..."

 

 

Entrevista a Javier Pérez Buján

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

Se inauguró en Buenos Aires, en el Museo Nacional de Bellas Artes una muestra de Laxeiro. El curador es Javier Pérez Buján, Director de la Fundación. A raíz de este acontecimiento cultural, entrevisté a Pérez Buján para Archivos del Sur.

 

 

Araceli Otamendi: -¿Qué lugar está ocupando la pintura de Laxeiro en la escena artística española actual?

 

Javier Pérez Buján:- Como miembro destacado de la Vanguardia histórica gallega, Laxeiro es un referente indiscutible en la renovación de la pintura española en el siglo XX. Su estancia en Madrid, primero en los años treinta y luego, a partir de su regreso de Buenos Aires, posibilitó que su obra fuera conocida en España más allá de Galicia, si bien es cierto que quizás sea en el Meditarráneo donde menos se le conoce, en parte también porque su estética es muy opuesta a la tradición mediterránea.

 

A.O. - ¿Qué fue lo que influyó más en la pintura de Laxeiro mientras estuvo en Buenos Aires: su interrelación con otros pintores argentinos, el exilio, qué otras influencias hubo?

J.P.B.- Laxeiro estuvo en permanente contacto con la intelectualidad del exilio gallego y español, participando de forma activa en el proyecto galleguista que desde Buenos Aires se estaba llevando a cabo. En este sentido podemos decir que su estancia en Argentina continúa el proyecto estético iniciado por el grupo de Los Renovadores, iniciado en Galicia con aquella exposición colectiva en La Barraca Resol, en 1933. En Buenos Aires, a partir de 1951 se reencontrará con muchos compañeros de generación, una generación que vio cortado su proyecto de renovación estética con el golpe de estado de 1939 y la posterior dictadura de Franco. Por otro lado, también desde su llegada a Buenos Aires, como resultado de su personalidad curiosa y sociable, Laxeiro entabla amistad con el colectivo artístico de la capital porteña, en unos años en los que se estaba dando una efervescencia muy interesante en Buenos Aires. Él se reunía con artistas y creadores y discutían sobre cuestiones estéticas, sobre la polémica entre figuración y abstracción, por ejemplo. Una cuestión candente en el arte argentino de aquellos años. Laxeiro siempre defendió una relación de autenticidad de cada artista con su obra, es decir, más que alinearse con un movimiento, reconocía una buena obra más allá de su discurso estético, por la verdad que intrínsecamente se podría ver en ella. Obviamente, él venía de la tradición expresionista europea y a su llegada a Buenos Aires, lógicamente, se encontró más cómodo en la figuración gestual de, por ejemplo Carlos Alonso que con la abstracción geométrica o los postulados del grupo Madí, aunque lógicamente, debido a su personalidad receptiva, se dejó influir por todo tipo de estímulos, llegando a realizar obras con cierta influencia de esa geometría tan especial del uruguayo Torres García, como se puede apreciar en el cuadro "Vieja caja de música" que se puede ver en el Museo Quiñones de León, en Vigo. Por último, pienso que en Buenos Aires tuvo la oportunidad de acceder a mucha más información de la que tenía en la españa culturalmente aislada del franquismo, con lo que es seguro que movimientos como el Art Brut del francés Dubuffet o la producción del grupo CoBrA, por poner dos ejemplos, le influyeron de forma decisiva y posiblemente no los hubiera conocido si no hubiera salido de España en aquellos años.

 

A.O. -¿Cuáles son los pintores españoles y europeos que más influenciaron a Laxeiro?

 

J.P.B. -Es clarísima la influencia de su admirado Goya, ese Goya del "negrismo español" del que hay buenos ejemplos en el propio Museo Nacional de Bellas Artes. La manera en que Goya supo captar lo popular desde el juego de luces y sombras, primando la mancha sobre la línea, es una clara influencia en la obra de Laxeiro, como él mismo reivindicaba en numerosas entrevistas. Rembrandt fue también otra gran influencia. Un discurso estético que le vino muy bien para construir todo ese mundo de claroscuros que funcionó como elemento esencial en la pintura de Laxeiro de su primera época. Por supuesto Tiziano, con ese tratamiento de temas mitológicos, tan cerca de la condición humana y esos paisajes de fondo que rozan en ocasiones el tenebrismo. Él habla también de Zurbarán, El Greco, Rivera y, ¿cómo no? Velázquez, aunque personalmente pienso que sobre estos últimos había más una admiración que una verdadera influencia. Picasso es muy importante también en toda su trayectoria. Picasso fue el gran admirado por los artistas de la generación de Laxeiro y él no es una excepción. Hay también una clara influencia de los primeros expresionistas alemanes, Munch y todo el grupo de Die Brücke, y todo ese hilo conductor del gesto, que puede llegar hasta Los Nuevos Salvajes alemanes de los años Ochenta. Pero no debemos olvidar su gran fuente de inspiración que se sitúa en la escultura popular gallega, el riquísimo románico rural de la Galicia de la Alta Edad Media que le valió para elaborar lo que la crítica llamó "Estética granítica" que podemos considerar como su primera gran aportación a la pintura, a mediados de los años Treinta. Una influencia que se ve además, no sólo en el tratamiento formal de las imágenes, sino también en los argumentos de su obra, en los que recrea un mundo riquísimo en símbolos e imágenes oníricas, con una atmósfera muy medievalista. No podemos olvidar que Galicia se inscribe en la tradición del medievo europeo, a pesar de pertenecer al Estado Español, la cultura popular de Galicia tiene mucho más que ver con la alemana que con la andaluza, o castellana, por poner dos ejemplos significativos.

 

A.O.- En la pintura de Laxeiro se advierte una etapa que tiende al informalismo. El expresionismo abstracto norteamericano lo había influenciado. Después de esa etapa,¿el artista vuelve a la pintura figurativa?

 

J.P.B. -Laxeiro nunca fue fiel a nadie más que a sí mismo. En este sentido, podemos decir que pintaba con total libertad, sin preocuparle su imagen de marca, un concepto burgués tan defendido por galeristas y críticos que Laxeiro obviaba de forma indolente y, a veces desafiante. En este sentido, hacer una clasificación estilística de su obra, atendiendo a parámetros cronológicos o historiográficos, puede ser muy útil para estructurar su discurso y comprender mejor su obra, como de hecho yo mismo he hecho en la exposición del MNBA, pero este tipo de clasificaciones pueden resultar demasiado rígidas para entender la complejidad del pensamiento de Laxeiro, quien nunca dejó de simultanear todas sus facetas y, si bien fue ampliando su repertorio iconográfico, como consecuencia lógica de su evolución personal, no abandonará nunca registros anteriores.

A.O. -¿Sigue pintando Laxeiro después de su regreso a España?

J.P.B.-En 1970 Laxeiro regresa a España y trabajará entre su Lalín natal, Vigo y Madrid. A mí me gusta hablar del Laxeiro maduro a partir de esta fecha, no porque su obra sufriera cambios sustanciales, sino porque en ese regreso pudo disfrutar de su condición de gran artista. El reconocimiento le llegó a partir de esos años y eso le posibilitó enfrentarse a la pintura desde una actitud mucho más relajada. Será a partir de esa fecha cuando Laxeiro pintará de una forma más despreocupada, algo que se puede apreciar, sobre todo en su obra sobre papel. Parece que a medida que envejece, su pintura rejuveneciera. Se muestra inquieto, experimental, lúdico… y su obra se va esquematizando, continuando el proyecto iniciado en su etapa argentina. Los colores empiezan a ser más vivos y planos, hay una bidimensionalización de sus composiciones y un jugueteo constante con la abstracción que lo lleva a realizar una serie de piezas de una fresquísima geometría orgánica en las que el vigor de su trazo, de su gesto, se puede apreciar en todo su esplendor. Además, esa indolencia con la que siempre combinó estilos, ahora se aprecia de forma intensa, ya que comienza a saborear el placer de ser un "intocable" sobre todo para las nuevas generaciones de artistas gallegos que lo adoptan como modelo a seguir. Los años Ochenta coinciden con el regreso de los expresionismos internacionales y Laxeiro sintoniza de forma natural con ese momento histórico, llegando a ser reinvindicado por el Colectivo Atlántica (verdadero germen de la modernidad artística en Galicia) como un antecedente reconocible.

 

A.O.- ¿Participa de algún movimiento artístico español o europeo a su regreso?

J.P.B.-Su espíritu independiente quizás le valió en este sentido más de una injusticia histórica. Ya a mitad del siglo XX, tuvo flirteos con el grupo El Paso de los que salen entre otros, nombres como Antonio Saura, y él eligió quedarse fuera. Lo mismo sucede con su militancia política. Reconocido republicano de izquierdas por los que le conocieron, muy próximo incluso en ciertos momentos, al partido comunista, Laxeiro nunca admitió en público militancia alguna, ni artísitca ni politica y eso no ha jugado a su favor desde un punto de vista historiográfico.

A.O.¿Cuáles cree usted que son los motivos por los que Laxeiro nunca habló de una militancia política concreta?

J.P.B. -Supongo que era consciente de la complejidad de las personalidades de la gente y él simpre creyó más en las personas que en los grupos. No era un hombre que se sintiera cómodo dentro de una consigna determinada. Se cuentan numerosas anécdotas a este respecto, una de ellas habla de que, siendo íntimo amigo del pintor Larrañaga, este había tenido mucho poder en el Peronismo como director de la Academia de Bellas Artes (o algo así). Cuando cae el Peronismo, Larrañaga cae también en desgracia profesional, quedándose aislado en el ambiente artístico argentino. En una ocasión, después de su caída, Laxeiro escucha hablar mal de su amigo y llega a pegar por defenderlo. Anécdotas como ésta explican muy bien su personalidad. Laxeiro creía más en las personas que en las ideologías y, aunque podía tener simpatías por ciertos posicionamientos políticos, indudablemente era un hombre de izquierdas, pienso que con una personalidad tan independiente, no podía sentirse cómodo dentro de dinámicas de grupos (ya fueran artísticos o políticos) que trascendieran la propia libertad individual de poder elegir en todo momento.

A.O.- Se ha definido a Laxeiro como "políticamente incorrecto", ¿eso le ha jugado en contra en el momento de difundir su obra?

J.P.B. -Como decíamos antes, pienso que la libertad y el individualismo exigen un precio a pagar. Hay quien está dispuesto a hacerlo y hay quien no. A Laxeiro le gustaba definirse como un "anarquista indolente" y esta pose respondía a una verdadera libertad de espíritu, algo que, lógicamente podía resultar incómodo para ciertos líderes intelectuales, artísticos o políticos y, sin duda, esto ha tenido sus consecuencias a la hora de incluirlos en monografías y exposiciones de grupo.

A.O. -¿Como curador de esta muestra presentada en el Museo Nacional de Bellas Artes, en Buenos Aires, qué expectativas tiene?

J.P.B.-Bueno, como dije en la presentación de la muestra, ésta no pretende ser una exposición exhaustiva de la producción argentina de Laxeiro. Más bien es una lectura personal y muy a media voz, de la experiencia americana de Laxeiro. Me interesó mucho dar a conocer la producción laxeiriana desde la óptica del creador, por eso la muestra se abre con la sección de bocetos y obra sobre papel. Mi interés se centraba más en comunicar el misterio de la creación "desde dentro", es decir desde la propia situación del artista, que en mostrar lo más destacable de su producción argentina. En este sentido esta es una muestra en la que se habla de un artista prodigioso que, en un momento crucial de su trayectoria llega a una ciudad tan singular como el Buenos Aires de mediados del siglo XX. A partir de ahí, desarrolla un discurso que, aunque inevitablemente tengamos que contextualizarlo en un lugar y un momento, es en última instancia, el camino estético que él eligió seguir. Me interesaba mucho que una personalidad tan singular como la de Laxeiro estuviera por encima del gran protagonismo que proyecta una ciudad tan especial como Buenos Aires. Esa es la razón por la que la mayoría de las piezas son más bien de pequeño formato. La lectura que se propone es una lectura casi de taller, de piezas importantes por la evolución que van construyendo, más que por la rotundidad de cada obra por separado. En este sentido podemos afirmar que se prima una lectura sintáctica, de conjunto, en la que la forma de presentación, lo que llamamos el montaje, adquiere un gran protagonismo, por encima de una lectura morfológica, en la que cada pieza se impondría sobre la totalidad, es decir, he pretendido que, como decimos en España "los árboles no nos impidieran ver el bosque". Además había también un interés por mostrar piezas inéditas hasta el momento, producto del trabajo de catalogación que estamos llevando a cabo en la Fundación Laxeiro desde 2001.

Por otro lado, más que la culminación de un trabajo de investigación sobre la peripecia argentina de Laxeiro, esta muestra creo que va a actuar de inicio, no sólo de ese trabajo de investigación, sino también de una comunicación que perpetuará el vínculo de Laxeiro con Argentina, en artistas emergentes gallegos y argentinos. Una línea de trabajo que nos interesa mucho en la Fundación Laxeiro para la que debemos trabajar muy duro, en busca de vías de financiación que posibiliten materializar una relación realmente viva entre Galicia y esa "quinta privincia gallega" que para nosotros es la ciudad de Buenos Aires.

(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados

 
 
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