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Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  Habíamos amado tanto a Cinecittá - Néstor Tirri
 
Habíamos amado tanto a Cinecittá - Néstor Tirri
 

Habíamos amado tanto a Cinecittá
Ensayos sobre cine italiano
Néstor Tirri
Editorial Paidós
352 páginas

(Buenos Aires) Marcela Díaz

La cultura argentina del siglo XX, especialmente la de las ciudades - puerto se configuró con indisimulables influencias de la de Italia.

Este fenómeno se continuó y se intensificó en el terrerno del cine, sobre todo a partir de la posguerra; desde el Río de la Plata se importaba la mayor parte de la producción anual del cine italiano. Un dato bastante elocuente reside en el hecho de que algunos films italianos se estrenaron en la Argentina con el título original, como Il sorpasso, tratando de aprovechar nuestra familiaridad con lo italiano para resolver el dilema de una expresión intraducible (en Francia se lo conoció como Le fanfaron y en Estados Unidos como Easy Life). También el film inicial de Scola, Se permettete parliamo di donne, estrenado en el Río de la Plata con una leve simplificación en el rótulo: Parliamo di donne. Otros títulos encontraron una rara conciliación de lenguas, como El Gatopardo para Il Gattopardo, aun cuando en español existe un vocablo ("guepardo")para designar al animal del título italiano.

Desde principios de los ´80 estas aproximaciones no se dan.

El espectador argentino se pregunta qué pasó con el cine italiano.

En rigor hay que reconocer que en otros países los espectadores se hacen la misma pregunta.

Así es que el título de esta recopilación de ensayos tiende a parafrasear, con resonancias de un célebre film de Ettore Scola, ese desconcierto con tintes de desazón: amamos durante décadas un cine que, de pronto, dejó un vacío: el de aquellas imágenes y emociones que habían pautado la formación estética de varias generaciones de espectadores.

A ciertos emergentes de aquel fenómeno de la industria italiana que se prolongó durante alrededor de cuarenta años intentan evocar los ensayos que integran este volumen, algunos concentrados en la figura de un cineasta o en un aspecto relevante de su producción (como, por ejemplo, la mujer como núcleo generador en la obra de Fellini, o la gravitación sociocultural de la ciudad como enmarcamiento de las tramas de amor en el cine de Scola). Otros atienden a la verificación de ciertos fenómenos propios de esta cinematografía (como el reciclamiento de la epifanía de algún film que se volvió legendario, retomado en otro o en otros films, o a la complejidad de la comedia, una manifestación estético- cultural con raíces antropológicas que sobrepasan el específico género de la commedia all´italiana). Un par de capítulos procurarán revisar el viraje de pautas de una cinematografía que parece haberse empequeñecido o, al menos, que no trasciende - ni local ni internacionalmente - con el mismo brío de antaño. Y, sin ánimo melancólico, una mirada a vuelo de pájaro atinará a resumir el nacimiento, auge y actual condición de esa fábrica de sueños que fue y es Cinecittá, la legendaria "Hollywood sul Tevere" en la que se gestó la mayor parte de las obras maestras (pero también muchas de las chapucerías) que forjaron el mito de la cinematografía itálica.

Roma ciudad abierta

"... en esos términos había sido declarada la condición de la capital italiana al ser ocupada por los alemanes en 1943, luego de la caída de Mussolini. El promisorio libretista de varieté que entonces escribía para Fabrizi ya había participado, junto con otros colaboradores, en una docena de películas. En la funambulesca producción que lideraban Rossellini y Amidei introdujo algunos cambios en el guión y el director lo incorporó al escuálido staff: Federico Fellini quedó registrado históricamente como coguionista del film e incluso como asistente del director, aunque él mismo después se esforzó en señalar que su participación efectiva en el film había sido considerablemente modesta.

Consiguieron unas latas de película virgen vencida, cambiaron varias veces de productor y hasta llegaron a trompearse entre ellos. Así, a los tumbos, nació aquel crudo testimonio sobre la resistencia romana (un cura fusilado - don Morosini -, muchos hombres llevados a campos de trabajo forzados, una inocente mujer barrida por la metralla nazi), en medio de ese páramo que era Roma, sin industria y con unos pocos productores que quedaban como resabio del antiguo cine fascista. Un páramo esperanzado y fervoroso, sin embargo, atravesado por la pasión y no sólo por la del cine: Rosellini y la Magnani iniciaban un romance que se prolongaría por años...".

 

Neorrealismo y después

"....Hay dos films clave de la cinematografía italiana de principios de los cuarenta que señalan la ruptura con la estética burguesa y monumental del cine fascista de los treinta: Obsesión (1943), de Luchino Visconti, quien allí se nutre de la narrativa realista estadounidense (El cartero llama dos veces, de James Cain, la fuente literaria de Obsesión), y Los niños nos miran (1943-44), de De Sica; con ellos, la cámara recorre escenarios reales y aborda problemáticas y dramas actuales.

Con estos títulos se revierte la atmósfera vigente en el cine italiano de entonces, hecha de comedias y melodramas burgueses con "telefónos blancos", o de frescos épicos altisonantes.

Hasta que un tercer film acaba por imponer una pauta definitivamente distinta: Roma, ciudad abierta (1945), de Roberto Rosellini. Alrededor de estas producciones se gesta todo un movimiento del que participan insignes guionistas, tales como Suso Cecchi d´Amico (la gran dama del cine italiano, quien ha prolongado su incansable trayectoria hasta los noventa años), Cesare Zavattini, Sergio Amidei, Giuseppe de Santis, Federico Fellini, Tullio Pinelli, Gianni Puccini, por nombrar sólo algunos.

Este emprendimiento que hizo historia en la cinematografía europea se consolidó con visos de estética propia con otros tres films de De Sica:

Lustrabotas, que recibió un galardón especial de la Academia de Hollywood; la multipremiada , incluso con otra estatuilla especial de la Academia de Hollywood, Ladrones de bicicletas (el testimonio de la acuciante realidad de la posguerra, cuando una bicicleta resultaba un instrumento imprescindible para un fijador de afiches callejeros quien, cuando le roban el rodado, debe robárselo a otro para seguir trabajando) y Umberto D, realizados entre 1946 y 1952...".

En las primeras décadas del siglo la Argentina había forjado un antecedente del sustrato dramático o trágico de la commedia all´italiana con el género teatral del grotesco, en los climas cómico-patéticos de las obras de Armando Discépolo, historias de inmigración, histrionismo, gracia y, al mismo tiempo, de lacerante fracaso.

Es evidente, dice el autor, que se ha producido un corte generacional: hasta ya pasados tres cuartos del siglo XX, en la Argentina era común escuchar - especialmente en las ciudades puerto - exclamaciones como "Finíscela!" (deformación rioplatense de finiscila) o "Via!", o advertencias como "Attenti!" o "Guarda!", entre otras muchas fórmulas y locuciones de la lengua italiana que se habían incorporado a la comunicación cotidiana del país. En tiempos más recientes, en cambio, cuando llegan directores o actores del cine italiano a los festivales de la Argentina, los jóvenes del equipo de organización les hablan en inglés y no aciertan a entender más que un esporádico " buon giorno".

Este libro ayuda a entender toda una época del cine y también de la influencia de éste en la vida. Algo de eso anticipa Ettore Scola en el prólogo:

"... Como todos los grandes dictadores, Mussolini no tardó en comprender la importancia del cine. Así lo había entendido Lenin, antes que nadie, y después lo aprovechó Hitler. Mussolini entrevió, en una época en la que la televisión no existía, que el cine era un medio importante no sólo de propaganda, sino apropiado para la difusión de hábitos, de modos de vivir, de la arquitectura típica del régimen. Por tanto Cinecittá fue una gran innovación, porque el cine en Italia había nacido en Turín, donde estaban todos los estudios, pero después, en el ventennio fascista, se trasladó a Roma, que era el centro del régimen, la capital de Mussolini. Pero, además, se convirtió en la capital del cine...".

(c) Marcela Díaz- Archivos del Sur

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
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