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Lecturas cervantinas
 

Lecturas cervantinas
Academia Argentina de Letras
222páginas

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

En 2005 se desarrolló un ciclo de conferencias organizado por la Academia Argentina de Letras y coordinado por Emilia de Zuleta, profesora y académica.

Este ciclo de conferencias contó con el patrocinio y la subvención del la Consejería Cultural de la Embajada de España y se llevó a cabo en la sede de dicha institución, los martes, entre el 10 de mayo y el 12 de julio de 2005.

Con estas lecturas cervantinas dice Emilia de Zuleta, un grupo de académicos ha querido dejar testimonio de enfoques diferentes de lo que, sin dudas, fueron sus frecuentes experiencias con la gran novela. No son especialmente eruditas, aunque la erudición las sustenta, sino expresiones del placer de la lectura en un momento dado, de un estado de ánimo y de la dirección de un buceo que había sido precedido por muchos anteriores.

Algunas de estas lecturas son concentradas experiencias de primeros contactos: otras vuelven sobre la senda que algunos lectores ya exploraron para ofrecer pespectivas diferentes sobre los paisajes recorridos y por las aventuras vividas por el Caballero y su Escudero. Varios exploraron los elementos de intertextualidad que ofrece el libro, los contactos específicos que con él tuvieron otros grandes lectores - Mann, Unamuno, Guillén, Marasso -. O se adentran en la ambigüedad de algunos personajes y aun sugieren posibles ficciones contrafácticas. El humor, ingrediente engendrador de la visión del mundo cervantino, también recibe su atención en estas exploraciones sumarias ofreciasdas como invitación a nuevas lecturas y lectores.

Vladimir Nabokov dice en su libro Curso sobre el Quijote, cuando compara la obra de Cervantes con la de Shakespeare: del rey Lear, el Quijote sólo puede ser su escudero, - tema del que ya nos hemos ocupado en esta revista y precisamente hemos consultado para ello a Emilia de Zuleta, quien opinó que no le parecía válido comparar la novela con el teatro.Quienes participaron de este ciclo ofrecieron distintas miradas sobre la gran novela de Cervantes.

A continuación se transcriben fragmentos de la conferencia de cada participante.

Alicia Jurado

Tal vez los jóvenes actuales, tan poco dispuestos a meterse en otros mundos y en otras épocas, no adviertan la delicia de ese sabor desacostumbrado, pero lo creo uno de los mayores atractivos de esta obra maestra: el de estar narrada con un lenguaje del todo comprensible, pero ligeramente anómalo.

Algunas veces intenté releerla teniendo un diccionario a mano, para no perder el significado de palabras obsoletas y enterarme de qué cosa eran "vellorí", "anascote", o "duelos y quebrantos"; plato este último que hallé mucho después en la Posada de la Virreina en el pueblo de Chinchón y nunca pude probar, porque no lo tenían preparado, lo que fue una de mis grandes frustraciones, ya que ansiaba conocer aquello que comía Quijano los sábados, según el primer párrafo - que me sabía de memoria - del libro inmortal.

Horacio Castillo

En 1905, al cumplirse los trescientos años de la edición de la Primera Parte del Quijote, llegó Rubén Darío, que dejó una vívida crónica en las páginas de La Nación. Por esa misma época pasó Azorín, cuyas experiencias, llenas de gracia, dieron origen a su libro La ruta de Don Quijote. Poco antes de mi viaje habían pasado unos estudiantes holandeses, que hacían el recorrido a caballo, y dos diplomáticos hispanoamericanos que se desplazaban a pie. Yo era entonces un cervantófilo veinteañero y, en el colmo del fervor, había imaginado un agregado al libro inmortal: don Quijote y Sancho volvían a encontrarse en el Infierno y tramaban una nueva salida para liberar a los condenados, sanear el Purgatorio y entronizar a lado de Beatriz, a la sin par, Dulcinea. ¿Cómo pues no visitar La Mancha para sentarme junto al paladín y hablar, mano a mano, de la realidad, el ideal, la naturaleza humana, el amor, la gloria, los sueños, la muerte, el triunfo, el fracaso, y la poesía de la vida?

Antonio Requeni

Arturo Marasso, humanista y polígrafo eminente, plasmó en su Cervantes, la invención del Quijote, una exégesis tan original, enriquecedora y estimulante como llena de afecto y admiración por el creador de la inmortal novela y su protagonista arquetípico, aquel hidalgo de corazón valiente y generoso, adalid en la lucha contra la universal injusticia, platónico enamorado, loco sublime y melancólico cuerdo, que como en toda obra de arte, consigue "la evasión del lector a un mundo distinto, a otra realidad ideal".

Adolfo Pérez Zelaschi

Déjalo, Alonso, que de su astillero

saque su lanza y marche hacia la aurora

de ese tiempo mejor y venidero.

Tu parte de Quijote sale ahora

pero dejando tu otra parte entera,

la más cuerda la menos luchadora.

(de Epístola a Don Alonso Quijano el Bueno)

Rodolfo Modern

La noche anterior al último día del viaje, antes de levantarse lentamente, desde la niebla, los gigantescos cielos de Mannhattan, Mann relata que ha tenido un sueño, proveniente de seguro, de su asiduidad con el Hidalgo. Ha soñado con don Quijote y don Quijote habla con él. Pero no se le aparece con el aspecto que su creador y tantos de sus ilustradores le otorgaron. Luce un bigote grande, copioso, una frente elevada, volandera, y bajo las cejas espesas, unos ojos grises casi ciegos. Y no se llama el Caballero de los Leones sino Zarathustra. "Era ahora que se encontraba ante mí en persona", escribe Mann,

tan tierno y cortés, que con una emoción indescriptible recuerda las palabras que ayer leyera sobre él, en las que se encomiaban su dulzura y amabilidad de trato, por lo que todos los que le conocieran lo amaban.

Lo que deja abierta a Mann una interrogación que el lector no deja de compartir.

¿Pudo haber sido también Friedich Nietzche ese loco, quien, al igual que don Quijote, enfrentó el mundo, a riesgo de su razón y su existencia entera, para limpiarlo de manchas e impurezas y hacer amar la verdadera vida en plenitud?

José Edmundo Clemente

Lo cierto es que las peregrinaciones del imaginario Don Quijote, ese "Cristo gótico macerado en angustias", al decir de Ortega, sirven de índice punzante de las acciones que todos quisiéramos protagonizar, si los prejuicios sociales nos liberaran y nos animáramos a ejercer esa libertad, aún fingiéndonos locos.

Porque la locura también es una valentía. Una valentia atrevida, diría Sancho.

¿Quién no quisiera arremeter contra la prepotencia de los soberbios, la fatuidad de los poderosos, la insolencia de los necios; encontrar castillos reparadores en la fatiga del camino, enderezar injusticias, proteger a los débiles y abandonados, juntar enamorados desahuciados, batallar contra ejércitos agresivos masificados como corderos, aunque sea con yelmos y adargas mentidas? Ya al reirnos con estas escenas nos estamos solidarizando con ellas, en una diversión catártica y purificadora. Y cómoda. ¿Tienen acaso otra finalidad los filmes modernos de superhombres, Batman o justicieros anónimos?

Oscar Caeiro

El Quijote se yergue entonces como la última palabra ante Pirandello, quien se apresura a dejar establecidas las diferencias respecto a Ariosto: don Quijote cree, en serio, en el mundo caballeresco y "se encuentra como perdido en la realidad", la cual por lo demás, sólo momentáneamente cede a la "contemplación fantástica" del loco. En cuanto don Quijote ataca los molinos de viento - es el episodio que propone Pirandello -, la realidad se le impone, el hidalgo paga las consecuencias. "Y nosotros nos reimos", comenta el escritor italiano, aunque aclara que no con "la risa de la ironía" - que se desprende del relato de Ariosto -, sino con "la risa del humorismo". Hay algo trágico en la comicidad del personaje cervantino; y el lector ríe compadeciéndose o se compadece riendo.

Después de describir tal efecto, se explaya Pirandello en varias páginas para indagar las causas. Se demora recordando vicisitudes vitales de Cervantes, sus acciones heroicas y sus fracasos (Lepanto, el cautiverio, la pobreza, las denuncias, la cárcel...). Considera que la historia de la vida del autor demuestra "la verdadera razón del libro y aquella, más profunda, de su humorismo", que Cervantes no tenía que buscar a su héroe en ninguna historia remota, porque lo tenía en sí mismo, en su propia existencia.

Teresa Girbal

En el Quijote, el diálogo de los textos va creciendo hasta la plenitud.

La gramática de un texto, su descripción, es la gramática de sus intertextos.

Forsozamente es una gramática que adolece de incompletitud; no es posible agotar sus intertextos. La última descripción de un texto es su reproducción.

Borges lo sabía al concebir Pierre Menard, autor del Quijote.

Susana Martorell de Laconi

En síntesis, puedo afirmar que lo más importante del casticismo de Juan Carlos Dávalos es su admiración por Cervantes y su Don Quijote, demostrada en sus frecuentes alusiones a esta inmortal obra y a su autor, y en las imitaciones que pueden advertirse de éste en toda su obra.

Vemos aquí cómo, tal vez el más importante escritor que Salta tuvo, se inclina con amor ante Cervantes y su magnífica y entrañable creación, Don Quijote.

Alicia María Zorrilla

Cervantes escribe su obra desde los personajes; Unamuno desde su desesperación, desde su yo estremecido, centro de su universo, que no quiere morir.

El autor de El sentimiento trágico de la vida dialoga primero, desde las letras con Cervantes, y luego, desde el corazón, con Don Quijote, y en lo hondo del macilento caballero, se encuentra a sí mismo, descubre que él también es loco, pero por convicción, porque sólo esa locura purifica del mundo y ayuda a llegar a Dios, a creer en Él, con fidelidad a un cristianismo quijotesco. Gradualmente se advierte cómo Unamuno construye el paralelo entre su persona y la del hidalgo manchego para encender el fuego de las "eternas inquietudes" en el corazón seco de su España.

Federico Peltzer

Dice el crítico que al enloquecer Alonso Quijano por el abuso de sus lecturas, genera dentro de sí un intramundo y se refugia en él, de modo tal que resulta impenetrable para los embates del mundo real. Ese intramundo, a su vez, tiene poder suficiente para cambiar la apariencia de dicho mundo real, de modo que las ventas sean castillos, las aldeanas princesas, los rebaños ejércitos, etc. En la Parte I abundan tales transformaciones, casi siempre operadas por el Caballero. En la Parte II, en cambio, los demás se pliegan al juego trazado con tanta convicción por el loco, y son ellos quienes generan un mundo fingido, donde lo real y cotidiano toma un cariz caballeresco. Así lo hacen los duques durante la larga permanencia de la pareja en su castillo, y también Sansón Carrasco, de quien me ocupo ahora.

La razón es clara: si el intramundo de don Quijote es invulnerable para el mundo real, y en muy raras ocasiones aquél ve las cosas como son y admite que puedan ser distintas de lo que había imaginado, deberá transformar la realidad para adecuarla a sus sueños caballerescos. Cuando la realidad lo golpea y le demuestra su error, atribuye a los encantadores que lo persiguen esa transfiguraición: es lo que ocurre con los rebaños o con el encanto de Dulcinea en el encuentro del Toboso.

La única manera de penetrar en el intramundo del héroe es generar otro mundo semejante a aquél, un mundo fingido por los demás.

Pedro Luis Barcia

El libro clásico, el libro rey, soporta sin que hagan mella en él, el frío, el calor, el silencio, la maledicencia, la parodia y la contrafactura y,hasta conferencias sobre estas cuestiones.

La primera empresa contrafáctica respecto al Quijote la emprendió quien firmó como Alonso Fernández de Avellaneda, autor del Segundo tomo del ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, que contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras, editado en 1614. (1)

Se trata, como se sabe de una superchería relativa, pues el autor apócrifo- que tantas dificultades e incógnitas ha generado a los cervantistas - no se propuso asumir el nombre de Cervantes, sólo retomar la obra en una tercera salida.

El falso Quijote recibió una aprobación de licencia eclesiástica verdadera, y con ello comienzan a confundirse, los planos de ficción de libro a libro. Desde el capítulo inicial se suceden las alteraciones: Cide Hamete Benengeli es sustituido por otro arábigo, Alisolán, descubridor de otro manuscrito en árabe sobre el que versará la historia. Pero la forma primera en que el libro expresa lo contrafáctico es la reversión de los efectos nefastos de la lectura de las novelas de caballerías, oponiéndole otra naturaleza de bibliografía, que habrá de retraerlo a la cordura inicial.

Jorge Cruz

Fue tristísima su estancia en Valladolid, fueron dolorosas su vida familiar y sus penurias económicas, y su misma vida de escritor, ardua, pesada, lenta en los éxitos, con las decepciones del poeta no reconocido y del comediógrafo superado por una generación de superiores ingenios dramáticos, ante los cuales sólo podía aspirar al papel de precursor. Pero Cervantes revela, en su obra y en lo que se sabe de su vida, haber tenido un alma pura, limpia de escorias, elevada por el humor, refinada por la ironía. Entre los grandes, fue uno de los espíritus más democráticos de su época, respetuoso de todos, sin distinción de estamentos, y desdeñoso de la intolerancia y el despotismo. Entre moros y cautivos, entre moros y cristianos, Cervantes vio siempre y por sobre todo, piadosamente, al hombre en su esencial desnudez y en su desdicha.

(1) Cito por: Cervantes, Miguel de. Obras Completas I. Don Quijote de la Mancha seguido del Quijote de Avellaneda. Edición, introducción y notas de Martín de Riquer, Barcelona: Planeta, 1962, pp.1141 y ss.

 

(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados

Bibliografía:

Vladimir Nabokov, Curso sobre el Quijote, Ediciones B

 
 
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