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¿Huérfana, desocupada y sin amigos? por Luis Buero
 

La moraleja inmediata de esta obra teatral, es la que se plantea al final, ya que los Capuletos y Montescos al ver el resultado horroroso de su contienda, deciden no enfrentarse más. La moraleja aplicada al día de hoy sería: “querida idishe mamme de varoncito más que crecido, o adorable papá guardabosques de su hijita adorada, dejad en paz a los novios aunque no sea de vuestro agrado la pareja que se formó, o alguien pagará las consecuencias....”

Todo ser viviente conoce la historia de Romeo y Julieta. En la misma, según la pluma del genial Shakespeare, dos adolescentes  se enamoran sin imaginarse el bardo que se armará a sus espaldas (y que les costará sus vidas)  ya que sus respectivas familias se llevaban peor que Bush y Ben Laden.

La moraleja inmediata de esta obra teatral, es la que se plantea al final, ya que los Capuletos y Montescos al ver el resultado horroroso de su contienda, deciden no enfrentarse más. La moraleja aplicada al día de hoy sería: “querida idishe mamme de varoncito más que crecido, o adorable papá guardabosques de su hijita adorada, dejad en paz a los novios aunque no sea de vuestro agrado la pareja que se formó, o alguien pagará las consecuencias....”

Pero la obra de teatro tiene otro mensaje para los propios tortolitos. Así es. Cuando un varón y una mujer se conocen se sienten tentados a detener el mundo y vivir la irrealidad de pensar que están ellos dos solos,  apenas separados por una taza de café o una almohada momentánea.

Pero la verdad es otra. El Hombre es un ser social, y forma parte de una red de relaciones que lo contiene, y le da cierta seguridad ontológica, a veces imaginaria, pero necesaria para su subsistencia.

Ellos están los dos en el bar o en un dormitorio, sí, pero esa unión recortada del entorno es circunstancial e ilusoria.

Detrás del ventanal no sólo hay suegros que opinan y critican, también hay un ámbito que se modifica a su alrededor inevitablemente.

De pronto aparecen amigos que se quejan porque Romeo ya no tiene tanto tiempo para frecuentarlos. Y a Julieta la sorprenden compañeros de estudio que casualmente descubren que siempre estuvieron enamorados de ella, y que éste es el momento ideal para decírselo.

Hay cambios de horarios imprevistos en la facultad y en el trabajo, invitaciones a reuniones “after-office”, cumpleaños a los que se convoca a la gente sin acompañante, hijos de matrimonios anteriores que no aceptan el reciente enlace. Todo un sistema de personajes que parecían congelados, pintados en la escenografía, se rebelan, exigen protagonismo, y comienzan a disputarse el afecto de los contrayentes.

Romeo y Julieta son víctimas de una tempestad destructora e inesperada. Los de afuera, que no son de palo, no quieren aceptar que ellos se hayan elegido mutuamente sin solicitarles autorización, y que sean felices sin pedirles permiso.  Pero los inmortales novios sufren una miopía mayor.  Su desesperación por defenderse, en lugar de insertarse,  les impide reconocer que el terrícola es un “ser con los demás”, y que el bicho humano se desarrolla plenamente en ese proceso de socialización en el que el individuo como tal, solitario, se vuelve un error antropológico.

0 sea,  condenamos el vínculo al desear que nuestra media naranja sea huérfana, soltera, desocupada y sin amigos, porque nadie puede reemplazar todo eso. Ni el mejor de los amantes.

(c) Luis Buero





 
 
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