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Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  Arte de posguerra- Jorge Romero Brest y la revista Ver y Estimar
 
Arte de posguerra- Jorge Romero Brest y la revista Ver y Estimar
 

Arte de posguerra
Jorge Romero Brest y la revista Ver y Estimar
Andrea Giunta
Laura Malosetti Costa
(compiladoras)
Editorial Paidós
336 páginas

(Buenos Aires) Hernán Díaz

 

Este libro se refiere al imaginario de la posguerra en el terreno del arte internacional, latinoamericano y argentino, tal como se entrecruzó en las páginas de la revista Ver y Estimar. La escena internacional es el presupuesto que sirvió de marco a itinerarios de imágenes, de cartas y, particularmente, de algunas figuras de la crítica internacional cuyas ideas recorrieron las páginas de la revista. Por un lado, Jorge Romero Brest y sus discípulos. Por otro, los nombres de quienes escriben desde las ciudades de Europa y de América latina: Margherita (o Margarita) Sarfatti, Lionello Venturi, Max Bill, Mathias Goeritz, Sebastián Gasch, Mario Pedrosa, Ángel Ferrant, Fernando García Esteban, entre muchos otros, quienes abordan los problemas que plantean la abstracción, el realismo social, los museos de arte moderno, los premios y bienales internacionales, el arte argentino y latinoamericano, el coleccionismo, la sociología del arte, la fotografía, la arquitectura. Problemas y debates en el interior de las disciplinas sobre los que la revista interviene, sobre todo, para hacer de ellos plataformas desde las cuales diseñar estéticas adecuadas para los tiempos que se anuncian. En la Argentina, y desde la perspectiva de la revista, un futuro que sólo comenzará en los tiempos del posperonismo.

La Segunda Guerra Mundial y el reordenamiento de posguerra implicaron un cambio profundo para el mundo que no sólo se expresó en el ámbito de la política, de la economía o de las relacionaes internacionales, sino también en el campo del arte y de los intensos debates estéticos que lo activaron. "El laboratorio del siglo XX se ha cerrado", escribió Harold Rosenberg en su artículo sobre la caída de París en poder de las tropas alemanas en junio de 1940, publicado por Partisan Review. París era aquella ciudad desde la que, usando las palabras de Rosenberg, se habían derramado las aguas del cubismo, el futurismo, el vorticismo, el dadaísmo, el ballet ruso, el surrealismo; el ámbito de una exuberancia creativa e intelectual que, quizás, no había alcanzado su brillo tanto por su genio afirmativo, como por cierta pasividad, casi una disposición a la entrega placentera, que le permitió ser "poseída por los creadores de otros países: por Picasso y Juan Gris, españoles; por Modigliani, Boccioni y Severini, italianos; por Brancusi, rumano; por Joyce, irlandés; por Mondrian, holandés; por Lipchitz, polaco lituano; por Archipenko, Kandinsky, Diaghilev, Larionov, Rusos; por Calder, Pound, Gertrude Stein, Man Ray, norteamericanos; por Lehmbruck y Max Ernst, alemanes; por Wyndham Lewis y T.E. Hulme, ingleses... por todos los artistas, los estudiantes, los refugiados. Una masa de emigrantes iluminados que con la invasión alemana nuevamente, por necesidad, debía ponerse en marcha. La declaración de Rosenberg era importante en tanto pretendía activar la conciencia acerca de la necesidad de salvaguardar la llama de la cultura. "Nadie puede predecir el centro de esta nueva fase. Porque no es por su propio genio solamente que se levanta una capital de la cultura. Corrientes que fluyen por el mundo levantaron a París por sobre la legión que la circunda y la dejaron suspendida como una isla mágica."

Nueva York fue la ciudad reconocida como capaz de mantener encendida esa antorcha. Pero en ese momento, 1940, y aun desde los años inmediatamente previos a la guerra, primaba el desconcierto, la conciencia de una declinación y de una catástrofe que se verificó en los penumbrosos y violentos tiempos de la guerra.

Ver y estimar fue una revista muy influyente, no sólo por esa función de puente, de viaje imaginario o de nexo con los lugares y los personajes que emergían como referencias ineludibles en la escena internacional, sino también como espacio de consagración de nuevos y viejos valores de la escena artística argentina. Se erigió además, legítimamente, como marco referencial y guía del gusto y las ideas estéticas de sus lectores: un público que la siguió con avidez, en la Argentina y en el exterior.

Su orientación y también su prestigio se cimentaron y en buena media se confundieron en la figura de su fundador y director, Jorge Romero Brest.

 

El Instituto Di Tella y Jorge Romero Brest

 

En 1963 abre el Instituto Di Tella  con fondos del complejo industrial Siam Di Tella y más tarde, el aporte de fundaciones norteamericanas. El Di Tella será expresión de nuevas formas de mecenazgo que tienen su antecedente inmediato en el Instituto de Arte Moderno, creado a fines de los ´50 por el empresario Marcelo De Ridder. El ensayista norteamericano John King lo describe como "un cuerpo corporativo no privado que se mantendría al margen de intereses familiares o empresarios... De este modo constituía un intento de romper con el viejo orden de financiación aristocrática" característico de las anteriores instituciones artísticas. La entidad estará organizada en tres centros: el de experimentación audiovisual (CEA) dirigido por Roberto Villanueva, el de Artes Visuales( CAV) dirigido por Jorge Romero Brest, y el de Altos Estudios Musicales (CAEM) por Alberto Ginastera.

Con los galardones otorgados en 1963 y 1964 a Macció y a Noé, el Di Tella instala a la Otra Figuración en el centro de atención,pero luego Romero Brest se orienta a las propuestas más experimentales y audaces,ligadas fundamentalmente al pop art. 

 

El crítico argentino Jorge Romero Brest fue un continuo defensor de la autonomía del arte frente al campo político, un reconocido opositor del fascismo y del autoritarismo. Ver y Estimar finaliza con el número 10 de octubre de 1955. En su conjunto, la revista podría considerarse como un laboratorio que, desde las "sombras" de la escena oficial, investigó y consolidó algunos principios respecto de los valores artísticos que encontrarían una escena institucional propicia para materializarse en los años siguientes. Durante los años sesenta, como director del Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella, Jorge Romero Brest diseñará políticas con las que, una y otra vez, pondrá a prueba aquellos programas estéticos que había ensayado desde las páginas de su revista.

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

Arte  y política en los ´60, catálogo de la exposición del mismo nombre.

 

(c) Hernán Díaz- todos los derechos reservados

 

 

 

 
 
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