Usuario :
Clave : 
 
 administrador
Manual del administrador


 Secciones
Ediciones anteriores
Premios- Distinciones
Muestras/Arte
Entrevistas- noticias culturales-histórico
Lecturas
Ensayos - Crónicas
Educación/Universidad
Sociedad
Diseño/Moda/Tendencias
Fotografía
La editora
Medios
Sitios y publicaciones web
Narrativa policial: cuentos, ensayos, reseñas
Sumario
Música
Teatro/Danza
cartas
Cine/Video/Televisión
Entrevistas- Diálogos
Servicios
Noticias culturales- archivo
Espacio de autor
Prensa
Artista invitado
Entrevistas
Fichas
Algo de Historia
Blogs de la Revista Archivos del Sur
Cuentos, poemas, relatos

ARCHIVOS DEL SUR

 Inicio | Foros | Participa
Buscar :
Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  El círculo del arte- George Dickie
 
El círculo del arte- George Dickie
 

El círculo del arte
George Dickie
Editorial Paidós
154 páginas

El círculo del arte

George Dickie

Editorial Paidós

154 páginas

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

George Dickie es profesor emérito de la Universidad de Illinois - Chicago-. Sus obras más importantes, además de El círculo del arte, son Aesthetics: An Introduction, Art and the Aesthetic: An Institucional Analysis, Evaluating Art, El siglo del gusto y Art and Value.

El autor ha sido un referente obligado en el mundo de la cultura desde que en 1969 publicó su artículo Defining Art, en el que consideraba el arte como una actividad que sólo podía entenderse en el marco de prácticas institucionales. A su nombre se asocia la teoría institucional que sitúa la clasificación del os objetos como obras artísticas en el conjunto de prácticas institucionales y sociales de lo que él llama el mundo del arte, más que en rasgos ontológicos o en elementos de la experiencia humana. En El círculo del arte, Dickie revisa las anteriores versiones de la teoría institucional, saliendo al paso de las críticas que se han hecho a las mismas y expone una teoría clasificatoria que no trata de explicar por qué asignamos valor a determinadas obras de arte, sino que se limita a enunciar las propiedades suficientes para su caracterización: la artefactualidad y la posibilidad de presentación a un público perteneciente a ese medio, así como los roles de cada una de las personas que forman parte de ese mundo. La teoría institucional, marca una aguda ruptura con la teorización tradicional del arte.

El modo platónico de filosofar acerca del arte (y otras cosas) ha tenido una influencia más generalizada y duradera que su idea de que el arte es una imitación. El modo platónico de sacar conclusiones filosóficas tiene como base la intuición de la naturaleza de las Formas. Esta intuición tiene dos vertientes: una intuición completa y una intuición incompleta. La intuición incompleta ocurre cuando alguien tiene la intuición suficiente de la naturaleza de una Forma como para saber que una definición propuesta de justicia es inadecuada. Por ejemplo, la capacidad para ver que una definición que se propone de justicia es imperfecta presupone alguna intuición de la naturaleza de la Forma de Justicia, aunque no necesariamente una intuición suficiente para dar una definición correcta de justicia. La aptitud para ver que un contraejemplo para una definición es un contraejemplo y que, por ello, la definición es inadecuada, también implica al menos esta intuición parcial. La intuición completa ocurre cuando alguien tiene la intuición suficiente de la naturaleza de una Forma para saber que la definición propuesta es adecuada. Supuestamente, lo que depara el método de Platón cuando se logra la intuición completa es el conocimiento de la esencia real de una cosa. Tal conocimiento, por ejemplo, pretende ser el fundamento de la explicación de Platón de una sociedad justa en la República. El método de Platón de buscar definiciones que revelen las esencias por medio de la reflexión filosófica se convirtió en el de muchos filósofos. Cuando, finalmente, en el siglo XIX, algunos filósofos empezaron a pensar seriamente sobre la naturaleza del arte, lo hicieron buscando una definición que captase la esencia del arte por medio de la reflexión filosófica. La primera que cuestionó la teoría de la imitación fue la teoría del arte como expresión. Es irónico, dice el autor, que una de las cosas que Platón afirmó como un rasgo inmutable del arte y que consideró como socialmente peligroso - su conexión inherente con la emoción - fuese aquello en lo que incidieron los expresionistas para la esencia del arte. Estos teóricos décimonónicos sostuvieron que la expresión de emociones era la esencia del arte. Si las teorías expresionistas tuvieron más éxito que la teoría de la imitación, dice Dikie, no es algo que me preocupe aquí y afirma: lo que me interesa es la persistencia de un método. Una vez que la teoría de la imitación llegó a su fin en el siglo XIX, se produjeron innumerables teorías de la esencia del arte. Así, rasgos transitorios del arte quedaron congelados en definiciones y se hicieron pasar por esencias.

El método del descubrimiento de la esencia del arte por la reflexión es lo que impugnaron primero Paul Ziff y después Morris Weitz en los años cincuenta del siglo XX. Ambos nos instan, afirma Dikie, a examinar los usos de las expresiones arte y obra de arte y a extraer nuestras propias conclusiones acerca de la definibilidad de arte u obra de arte.

La oposición de Ziff/Weitz al anterior método platónico de cómo teorizar acerca del arte es importante e iluminadora. Si embargo, dice Dickie, sus conclusiones de que no hay ninguna condición necesaria del arte y en consecuencia, de que no puede haber ninguna definición de arte en términos de condiciones necesarias y suficientes requiere de un examen cuidadoso, advierte el autor. Puede que no haya ninguna esencia platónica que fije y defina al arte y que pueda ser descubierta por la reflexión o la intuición filosóficas, pero esto no significa que no podamos descubrir condiciones necesarias y suficientes del arte por medio de una atención cuidadosa a esas actividades humanas que son las artes. La teoría institucional es un intento de formular tales condiciones para el arte.

La teoría institucional del arte

Dickie considera errónea ahora en muchos de sus detalles, la versión de la teoría institucional del arte que fue desarrollada durante varios años y que fue expuesta de un modo completo en los capítulos I y II de Art and the Aesthetic.

Por aproximación institucional, dice el autor, entiendo la idea de que las obras de arte son arte como resultado de la posición que ocupan dentro de un marco o contexto institucional. La teoría institucional es, pues, una suerte de teoría contextual.

Dickie aceptó, para revisar su teoría, las críticas de Monroe Beardsley, Timothy Binkley, Ted Cohen, James Fletcher, Peter Kivy, Colin Lyas, Robert Schultz, Kendall Walton y Jeffrey Wieand. Algunos de los cambios son sin duda, resultado de los comentarios de críticos que he tenido en cuenta, dice, de un modo menos consciente.

-----------

Para el filósofo Félix de Azúa, si se niega que exista tal cosa como un solo Arte, entonces las prácticas artísticas pueden ser consideradas actividades en nada diferentes a conducir un camión o tejer un jersey. Los griegos decían tejer un templo y veían en la labor de levantar los muros y alzar las columnas el mismo artilugio técnico mediante el cual las mujeres tejían sus tapices.

En todo caso, de no existir un solo Arte, entonces es posible hablar de las técnicas empleadas por el arte, y del arte empleado por las técnicas porque sus operaciones tendrán una finalidad en sí mismas, y no una finalidad en el desarrollo de la Idea hacia la hecatombe del mundo y a aparición de la faz de Dios y del Saber Absoluto. Las artes se muestran en el presente; el Arte flota en la atemporalidad, es decir, en el instante de la simultánea creación y destrucción del Mundo.

Así y todo, dice el filósofo, un regreso a la in-diferencia de las técnicas y las artes, como las que parecen anunciar las transformaciones logísticas de la electrónica, daría su sentido final a la etapa concluida de las Vanguardias, es decir, de las prácticas artísticas unificadas bajo tutela filosófica. Como todo acabamiento, también éste parece inacabable.

Bibliografía:

Félix de Azúa, Diccionario de las Artes, Editorial Planeta

(c) Araceli Otamendi- Todos los derechos reservados

 
 
Diseño y desarrollo por: SPL Sistemas de Información
  Copyright 2003 Quaderns Digitals Todos los derechos reservados ISSN 1575-9393
  INHASOFT Sistemas Informáticos S.L. Joaquin Rodrigo 3 FAURA VALENCIA tel 962601337