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Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  Los siete pecados capitales- Fernando Savater
 
Los siete pecados capitales- Fernando Savater
 

Los siete pecados capitales
Fernando Savater
Editorial Sudamericana
159 páginas

 

 

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

Fernando Savater es doctor en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, nació en San Sebastián en 1947. Fue profesor de la Universidad Autónoma de Madrid donde fue apartado de la docencia en 1971 por razones políticas y posteriormente en la UNED. Desde 1984 fue catedrático de ética en la Universidad del País Vasco y actualmente lo es de filosofía en la Universidad Complutense de Madrid.  Ha formado parte del Movimiento por la Paz y la No violencia, Gesto por la Paz, el Foro de Ermua y actualmente milita en la iniciativa ciudadana Basta Ya.

Una de las características del pensamiento de Fernando Savater es la crítica de todo lo que se ensañe con los derechos autónomos de las personas y que amenaza sus libertades fundamentales.

En este nuevo libro de Editorial Sudamericana, Los siete pecados capitales, el filósofo analiza cada uno de los pecados tradicionales: soberbia, pereza, gula, envidia, ira, avaricia y lujuria, e intercambia ideas con distintos pensadores: filósofos, religiosos, escritores, actores, personalidades de la cultura. También, dice Savater, pude casi como en broma, conversar amablemente con el propio Satanás. Defendió cada uno de los pecados e intentó convencerme de sus beneficios para la humanidad, y para mí en particular.

Empiezo comentando el pecado de la envidia, que el autor define como la tristeza ante el bien ajeno, ese no poder soportar que al otro le vaya bien, ambicionar sus goces y posesiones, es también desear que el otro no disfrute de lo que tiene. ¿Qué es lo que anhela el envidioso? En el fondo, no hace más que contemplar el bien como algo inalcanzable. Las cosas son valiosas cuando están en manos de otro. El deseo de despojar, de que el otro no posea lo que tiene, está en la raíz del pecado de la envidia, afirma Savater y agrega: Es un pecado profundamente insolidario, que también tortura y maltrata al propio pecador. Podemos aventurar que el envidioso es más desdichado que malo.

Para la psicoanalista Melanie Klein la envidia es una enfermedad, junto con los celos y la voracidad. Ella distingue entre celos, envidia y voracidad de la siguiente manera:

La envidia es el sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseable, siendo el impulso envidioso el de quitárselo o dañarlo. Además la envidia implica la relación del sujeto con una sola persona y se remonta a la relación más temprana y exclusiva con la madre.

Los celos están basados en la envidia, dice Klein, pero comprenden una relación de por lo menos dos personas y conciernen principalmente al amor que el sujeto siente que le es debido y le ha sido quitado, o está en peligro de serlo, por su rival.

En cuanto a la voracidad, dice que es un deseo vehemente, impetuoso e insaciable y que excede lo que el sujeto necesita y lo que el objeto es capaz y está dispuesto a dar.

Podría decirse, afirma Melanie Klein, que la persona muy envidiosa es insaciable. Nunca puede quedar satisfecha, porque su envidia proviene de su interior y por eso siempre encuentra un objeto en quien centrarse.

Para el escritor inglés Martin Amis existe una buena razón por la que los novelistas suscitan una actitud tan corrosiva en la prensa: es que los que escriben sobre novelistas están utilizando la prosa, el mismo material que utilizó el novelista. Amis dice que no le corresponde a él juzgar si se trata o no de envidia pero que la envidia jamás asiste al baile ataviada de envidia.

Para Savater la envidia es en cierta medida origen de la democracia y sirve para vigilar el correcto desempeño del sistema. Donde hay envidia democrática, dice, el poderoso no puede hacer lo que quiera. Sin la envidia es muy difícil que la democracia funcione porque hay un importante componente de envidia vigilante que mantiene la igualdad y el funcionamiento democrático, según el filósofo.

Para Savater este pecado propicia la sensación de que uno podría tener todo lo bueno de los otros pero para eso debería convertirse en el otro, algo que nadie está dispuesto a hacer.

Fernando Savater analiza los pecados de soberbia, la gula, la avaricia, la ira, la lujuria y la pereza, además de la envidia y por último hay un capítulo donde expone los nuevos pecados, por ejemplo la desconsideración por parte del otro. Cuántas veces nos ocurre que se queda con un amigo en comer a una hora y el amigo llega veinte minutos, media hora más tarde. Además de la desconsideración, rozan la soberbia y la avaricia, porque llegan  a la hora que quieren, se creen por encima del otro y también acaparan el tiempo de los demás.

Otro de los males actuales para el filósofo es la crueldad, palabra que viene de cruor y que significa sangre que se derrama. Una persona cruel no es buena, dice Savater.

Entre los pecados actuales estarían la corrupción, porque permite ubicarse por encima de la ley a unos sobre otros, violando los derechos de igualdad y generando situaciones de injusticia en todos los terrenos y también la indiferencia. Esta última es un azote, no importarle a nadie que mueran miles de personas porque no les llegó el alimento o los medicamentos previstos o que se destruyan millones de hectáreas boscosas en nombre de un falso progreso. La lista de pecados sigue y Savater dialoga  con distintos pensadores.

Savater admite que es preferible como seres humanos administrar las pasiones y pulsiones y no caer en la tentación del individuo supuestamente perfecto que funcione como un autómata. El hecho de que los seres humanos provengamos de un apasionamiento físico y no de un laboratorio, tiene una enorme importancia simbólica. El ser humano debe hacerse a sí mismo en forma permanente, dice el filósofo.

 

bibliografía:

 

Melanie Klein, Obras completas, Envidia y gratitud y otros trabajos, Editorial Paidós

Martin Amis, Experiencia, Editorial Anagrama.

 

(c) Araceli Otamendi- Todos los derechos reservados

 

 

 
 
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