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Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  El abuso de la belleza por Arthur C. Danto
 
El abuso de la belleza por Arthur C. Danto
 

El abuso de la belleza
Arthur C. Danto
La estética y el concepto del arte
Editorial Paidós
234 páginas

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

Arthur Danto, sostiene en "El ab uso de la belleza" que los modernos tenían razón al negar que la belleza fuera consustancial al arte: al mismo tiempo, sin embargo, la belleza es esencial para la vida humana, dice,  y no siempre debe ser desterrada del arte.

Según otro filósofo, Félix de Azúa, lo bello concebido como una necesidad siempre presente en las obras de arte es algo relativamente tardío.

Si exceptuamos a los neoplatónicos plotinianos, dice, así como a sus herederos renacentistas los cuales se mueven en un plano estratosférico, la primera teoría convicentemente asentada que pone en relación de necesidad lo bello y el arte es la estética de Kant en su tercera Crítica o crítica del Juicio (Unrteilsfraft).

En ella, dice, se consideraba lo bello como una necesidad sine qua non del objeto artístico, por necesidad del razonamiento. Antes de ello se había escrito mucho sobre "el buen gusto" y sobre "la belleza" de las obras de arte, pero sólo mediante justificaciones sociológicas - los aristócratas tienen buen gusto, los otros no - o psicológicas -algunos hombres excepcionales tienen buen gusto, los otros no - que habían llegado a rozar el populismo moderno (como en el convencimiento típico del XVIII inglés de que puede haber incluso algunos pobres que tengan buen gusto).

Una vez desaparecido lo bello del horizonte de las artes, éstas quedaron desfondadas, abismadas sobre el vacío de su injustificada presencia en el mundo, dice Félix de Azúa.

Actualmente y a través de la televisión, los mayores y más insoportables desastres y carnicerías han pasado a ser obras de arte y espectáculos de masas. En ciertas cadenas de televisión, dice el filósofo, es casi imposible distinguir el programa informativo, la teleserie y el concurso. Lo bello ha regresado para dar esplendor a la nada, sostiene Félix de Azúa en su Diccionario de las Artes.

En  nuevo libro editado por Paidós   de Arthur Danto, el filósofo expone una especie de confesión un poco más abstracta de lo que suelen ser las confesiones con la intención de convertir sus experiencias en el mundo artístico en filosofía. Sólo cuando se instaura el pluralismo como tal se puede al fin hacer filosofía del arte de un modo transhistórico, dice Danto.

Sólo prestando una gran atención al arte de mi momento histórico, dice, he podido soñar en una filosofía del arte para todos los momentos históricos, sostiene.

La belleza no siempre debe ser desterrada del arte y esto es lo que trata de demostrar en este libro Danto.

La estética de la caja de brillo

"Entre otras cosas, el arte pop fue una tentativa de superar la división entre las bellas artes y el arte vulgar - entre lo elevado y lo ordinario, entre alto y bajo-, ejemplificado este último por el imaginario del cómic o los logotipos del arte comercial. Más que ninguna otra cosa, me impactó una exposición de 1964 sobre la que he escrito extensamente - y tal vez obsesivamente - desde entonces, en la que Andy Warhol incluyó un gran número de cajas de madera pintadas para asemejarlas a los envases con que se empaquetaban y expedían las esponjas Brillo de la fábrica a los comercios que las vendían. Me fascinó la idea de que las cajas de Warhol pudieran ser obras de arte mientras que sus contrapartidas en la vida cotidiana no eran sino recipientes utilitarios sin ninguna aspiración artística...".

Así narra Danto su impresión acerca de la famosa obra de Andy Wharhol.

El destronamiento de la belleza

Danto también opina sobre la obra del famoso fotógrafo norteamericano Robert Mapplethorpe diciendo que fue la belleza de su obra y no su contenido a menudo escabroso lo que hizo que la vanguardia fotográfica se distanciara de él como artista.

El fotógrafo fue rechazado además, por otro fotógrafo al que Danto le había pedido opinión, por ser un artista obsesionado por la elegancia y que había perdido contacto con los límites de su medio. La acusación contra Mapplethorpe se cifraba en que su obra era demasiado bella para merecer el apoyo de la crítica.

El destronamiento de la belleza, sin embargo, dice Danto, no sólo se debe al descubrimiento de que no tiene cabida en la definición de determinado arte o, a la luz del pluralismo posmoderno, en la definición del arte en general. Existe algo así como una creencia generalizada según la cual, en cierto sentido, la belleza trivializa a aquello que la posee. A la filosofía superficial de la belleza le ha bastado con el pensamiento, a menudo atribuido a David Hume, de que ésta sólo existe en el ojo del observador. Y en efecto Hume sostuvo, en su ensayo De la libertad civil, "que la belleza de las cosas existe en el pensamiento", pero para Hume eso no la diferenciaba de ninguna otra cosa, puesto que "sabores y colores, y todas las demás cualidades sensibles, no residen en los cuerpos sino en los sentidos...".

El valor que se le atribuía al arte en tiempos de Santayana era precisamente su belleza. Si actualmente se le atribuye inmensa estima al arte se debe a esta visión exaltada de la belleza, dice Danto. El lugar de la belleza no está en la definición, o por emplear una expresión un tanto desacreditada, en la esencia del arte, de la que la vanguardia la ha eliminado, y con razón. Esa eliminación, sin embargo, no fue el simple fruto de una determinación conceptual sino también, de una determinación política. Y un residuo de política estética es lo que todavía persiste en la negatividad que hoy encontramos en las actitudes contrarias a la belleza en arte, sostiene el filósofo.

El peso moral con que se ha cargado a la belleza nos ayuda a comprender por qué la primera generación de vanguardia sintió tanta urgencia de desterrar a la belleza del lugar equivocado que ocupaba en la filosofía del arte. Si ocupaba ese lugar era en virtud de un error conceptual. En cuanto seamos capaces de prrcibir ese error, también deberíamos serlo de redimir la belleza nuevamente para uso artístico.

Danto comenta a Hegel y dice que no nos da buenos ejemplos de belleza artística.

Nos da buenos ejemplos de arte, dice, cuya excelencia puede destacarse mediante una hábil crítica de arte, como en su espléndida interpretación de la Transfiguración o en su insuperable análisis de cuadros holandeses, que realmente son o suelen ser bellos, aunque bellos en un sentido sensible. Nadie admira la filosofía hegeliana del arte más que yo, dice Danto. Lo que debemos hacer para aceptarla es reconocer cómo el arte puede y de hecho debe, ser racional y sensible a un tiempo. Y determinar entonces el modo en que sus propiedades sensibles se relacionan con su contenido racional.

A partir de esto última se desarrolla la última parte del libro.

Para complementar la lectura de "El abuso de la belleza", se recomienda leer "Mi filosofía de A a B" de Andy Warhol, donde abundan algunas definiciones de belleza, como por ejemplo éstas:

"Algunos piensan que todo les sale más fácil a las bellezas, pero en realidad las cosas pueden ser muy distintas. Si eres bella, puedes tener una cabeza de chorlito.Si no eres bella, puede que no tengas una cabeza de chorlito, de modo que todo depende de la cabeza de chorlito y de la belleza. La talla de la belleza. Y la cabeza de chorlito".

"Realmente no me importan tanto las "Bellezas". Lo que realmente me gustan son los Conversadores. Para mí, los buenos conversadores son unas bellezas porque lo que adoro en realidad son las buenas conversaciones. La palabra misma demuestra por qué prefiero a los Conversadores a las Bellezas, por qué grabo más que filmo. No se trata de "chácharas". Los conversadores hacen algo; las Bellezas son algo. Lo cual no tiene por qué estar mal, pero simplemente no sé lo que son. Es mucho más divertido estar con gente que hace cosas".

"Si la gente quiere pasarse la vida untándose cremas y usando pinzas y pegamentos, y cepillos y alicates, está muy bien porque les proporciona algo que hacer".

"Ser limpio es muy importante. La gente bien acicalada son las auténticas bellezas. Nada importa lo que visten o con quien están o cuánto cuestan sus joyas o sus ropas o lo perfecto de su maquillaje: si no son limpias, no son hermosas. La persona más sencilla y menos a la moda del mundo aún puede ser hermosa si está bien acicalada".

"Lo que hace hermoso un cuadro es la manera en que está puesta la pintura, no comprendo sin embargo por qué se maquillan las mujeres. Se te queda en los labios y resulta muy pesado. La pintura de los labios y el maquillaje y los polvos y las sombras. Y las joyas. Todo eso es muy pesado".

Bibliografía:

Félix de Azúa, Diccionario de las artes, Editorial Planeta S.A.,

Andy Warhol, Mi filosofía de A a B, Tusquets,

(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados

 

 

 

 

 

 

 
 
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