Usuario :
Clave : 
 
 administrador
Manual del administrador


 Secciones
Ediciones anteriores
Premios- Distinciones
Muestras/Arte
Entrevistas- noticias culturales-histórico
Lecturas
Ensayos - Crónicas
Educación/Universidad
Sociedad
Diseño/Moda/Tendencias
Fotografía
La editora
Medios
Sitios y publicaciones web
Narrativa policial: cuentos, ensayos, reseñas
Sumario
Música
Teatro/Danza
cartas
Cine/Video/Televisión
Entrevistas- Diálogos
Servicios
Noticias culturales- archivo
Espacio de autor
Prensa
Artista invitado
Entrevistas
Fichas
Algo de Historia
Blogs de la Revista Archivos del Sur
Cuentos, poemas, relatos

ARCHIVOS DEL SUR

 Inicio | Foros | Participa
Buscar :
Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  El último lector por Ricardo Piglia
 
El último lector por Ricardo Piglia
 

El último lector
Ricardo Piglia
Editorial Anagrama
190 páginas

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

El crítico estadounidense Harold Bloom dice que no hay ética de la lectura. "Hasta tanto haya purgado su ignorancia primordial, la mente no debería salir de casa; las excursiones prematuras al activismo tienen su encanto, pero consumen tiempo, y nunca habrá tiempo suficiente para leer..." sostiene.

Y también afirma: "No hay por qué temer que la libertad del desarrollo como lector sea egoísta porque, si uno llega a ser un verdadero lector, la respuesta a su labor lo ratificará como iluminación de los otros...". El crítico reflexiona acerca de las cartas de desconocidos que ha recibido durante años y que a menudo trasuntan un ansia de estudios literarios canónicos que las universidades desdeñan satisfacer y cita a Emerson quien dijo que la sociedad no puede prescindir de hombres y mujeres cultivados y agregó: "El hogar del escritor no es la universidad sino el pueblo". Emerson se refería a los escritores fuertes, a los hombres y mujeres representativos; a los representantes de sí mismos, y no a los parlamentarios, pues la política de Emerson es la del espíritu. .

Bloom toma de Emerson su cuarto principio de lectura: "Para leer bien hay que ser un inventor". Emerson decía que "Todos deben estar comprendidos en la confianza en sí mismo" y el crítico norteamericano afirma que la confianza en sí mismo no es una donación ni un atributo , sino el Segundo Nacimiento de la mente, y no sobreviene sin años de lectura. Con frecuencia leemos, aunque no siempre sabiéndolo, en busca de una mente más original que la nuestra, dice Bloom.

En el caso del libro "El último lector" del escritor argentino Ricardo Piglia, publicado recientemente por la editorial Anagrama, según palabras del autor, el libro no intenta ser exhaustivo ni reconstruye todas las escenas de lectura posibles, sigue más bien una serie privada, es un recorrido arbitrario por algunos modos de leer que están en su recuerdo, dice. Ricardo Piglia además de escritor es profesor, actualmente de literatura latinoamericana en Princeton Univesrsity donde ocupa la cátedra Walter S. Carpenter.

Hay escritores que no son muy lectores e incluso se jactan de no leer, y escribir solamente. Éste no es el caso de Piglia quien además de gran lector es autor de libros de ficción como "La ciudad ausente", "Respiración artificial", "Plata Quemada", Nombre Falso, y los textos "Crítica y ficción", "Formas breves".

El libro consta de varios capítulos. En el primero, Piglia se pregunta ¿qué es un lector?. Borges aparece entonces en una descripción de una conocida fotografía donde intenta descifrar las letras de un libro pegado a la cara. Ésta podría ser la primera imagen del último lector, dice Piglia, el que ha pasado la vida leyendo , el que ha quemado sus ojos en la luz de la lámpara. Quizá la mayor enseñanza de Borges sea la certeza de que la ficción no depende sólo de quién la construye sino también de quien la lee. La ficción dice, es también una posición del intérprete.

Para Borges la poesía es el encuentro del lector con el libro, el descubrimiento del libro. Cuando el gran escritor argentino era profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires, trataba de prescindir en lo posible de la historia de la literatura. "¿Por qué no estudian directamente los textos? Si estos textos les agradan, bien; y si no les agrada, déjenlos, ya que la idea de la lectura obligatoria es una idea absurda: tanto valdría hablar de felicidad obligatoria. Creo que la poesía es algo que se siente, y si ustedes no sienten la poesía, si no tienen sentimiento de belleza, si un relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después, el autor no ha escrito para ustedes...". También Borges decía: "... he enseñado a mis estudiantes a que quieran la literatura, a que vean en la literatura una forma de felicidad...".

En otro tramo del libro Piglia presenta a Hamlet, quien entra a escena con un libro en la mano y se pregunta si el personaje de Shakespeare está leyendo o finge que lee. Lo que importa, dice Piglia es el acto mismo de leer, la función que tiene en la tragedia. Hamlet porque es un lector, es un héroe de la conciencia moderna.

Otro ejemplo que presenta el autor es Kakfa. En 1912, Kafka escribe casi trescientas cartas. Kafka convierte a Felice Bauer en una lectora en sentido puro. Felice es casi una desconocida, un personaje en muchos sentidos inventado por las mismas cartas.

Y hay una conclusión en esto: la correspondencia es la gran intriga de la relación sentimental entre Kafka y Felice, pero hay aquí una variante: se da a leer no sólo para seducir sino también para mantener a distancia.

Hay otros ejemplos de lectores: el detective privado del género policial, como en el caso de Dupin que es un gran lector y la figura misma del gran razonador. Y también en la novela, El largo adiós, quién su autor, Chandler, hará de Philip Marlowe un heredero desplazado de Auguste Dupin.

Un cuento de Cortázar, La continuidad de los parques, presenta también a un lector, quien lee ficción y esa ficción se entremezcla con lo real.

También Ernesto Guevara ha sido lector y Piglia lo presenta en varios momentos donde Guevara lee. Hay una foto extraordinaria, dice Piglia, en la que Guevara está en Bolivia, subido a un árbol, leyendo, en medio de la desolación y la experiencia terrible de la guerrilla perseguida. Se sube a un árbol para aislarse un poco y está ahí, leyendo. La lectura persiste como un resto del pasado en medio de la acción. Algunos en sus testimonios describen al Che como un lector infatigable que a diferencia de los demás, abría un libro cuando hacían un alto.

Piglia presenta también a Anna Karenina, el personaje de Tolstoi quien aparece en uno de los capítulos leyendo una novela inglesa en un tren. La Eterna de Macedonio y Madame Bobary de Flaubert y Molly bloom son mujeres que complejizan la figura del lector moderno.

La lectura en un tren es también citada por Walter Benjamin, para quien la lectura de viaje está tan ligada a viajar en tren como lo está a la permanencia en las estaciones.

No falta Roberto Arlt, quien en su novela "Los 7 locos" hace decir a uno de los personajes, Ergueta: "Rajá, turrito, rajá.¿Te pensás que porque leo la Biblia soy un otario?". Como relación inversa, Piglia presenta el cuento de Borges como metáfora de la recepción popular como creencia supersticiosa e ingenua, El evangelio según San Marcos, cuando durante una inundación en unos campos de la provincia de Buenos Aires, aislado por el agua, un inglés lee la Biblia a unos peones analfabetos de la estancia y ellos creen al pie de la letra en la historia que escuchan y terminan por crucificarlo.

El autor presenta además el caso de Robinson Crusoe y Viernes, a quien Robinson leía las Escrituras y le explicaba a Viernes lo mejor que sabía, cuál era el significado de esas lecturas.

Un lector , afirma Piglia, sería entonces el que encuentra el sentido en un libro y preserva un resto de la tradición en un espacio donde impera otra serie - el terror, la locura, el canibalismo - y otro modo de leer los signos - .

Al principio del libro, Piglia presenta a un personaje, un hombre que en el barrio de Flores esconde la réplica de la ciudad en la que trabaja desde hace años. El hombre, quien es fotógrafo ha construido una ciudad y cree que la ciudad real depende de su réplica, cada tanto reconstruye los barrios del sur que la crecida del río arrasa y hunde cada vez que llega el otoño.

El narrador relaciona a esta obra privada y clandestina con ciertas tradiciones de la literatura del Río de la Plata y da los ejemplos de Onetti y de Felisberto Hernández donde la tensión entre objeto real y objeto imaginario no existe, todo es real.

Yo relaciono esta metáfora de la ciudad en otras dimensiones réplica de la ciudad real, con el libro de Ítalo Calvino, "Las ciudades invisibles" donde cada ciudad, inventada tiene nombre de mujer. El que cuenta historias sobre ciudades imaginarias es Marco Polo y su público venerable, Kublai Kan. Cada historia es un cuento. Las ciudades de Marco Polo no han existido nunca. Kublai Kan, viejo y cansado del poder, encuentra en las visionarias ciudades de Marco Polo, una pauta que perdurará cuando su propio imperio sea polvo. Calvino invoca nostalgia por las ilusiones perdidas, amores que no llegaron a ser del todo, felicidad apenas probada.

Uno de los principios narrativos de Marco Polo es: la falsedad no está nunca en las palabras, está en las cosas.

El Kublai objeta entonces que las ciudades las describirá él y Marco Polo viajará para comprobar si existen. Marco niega la ciudad arquetípica del Kublai y cambio propone un modelo hecho de excepciones, exclusiones, incongruencias y contradicciones.

La verdadera historia es el debate presente entre el visionario Marco y el escéptico Kublai. Los viajes por las ciudades siguen y el Kublai le ordena a Marco que interrumpa los viajes y entable con él una interminable partida de ajedrez. El movimiento de las piezas será el relato de las ciudades invisibles.

En el diálogo final entre Kublai y Marco se asiste a un diálogo donde Kublai dice:

"- Todo es inútil si el último fondeadero no puede ser la ciudad infernal, y donde, allí en el fondo, en una espiral cada vez más cerrada, nos sorbe la corriente.

- El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es riesgosa y ex1ige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, es infierno, y hacer que dure y dejarle espacio.".

Harold Bloom, quien comenta el libro de Calvino, encuentra en ese libro la justificación de cómo leer bien y por qué: ser vigilantes, percibir y reconocer las posiblidades del bien, ayudarlo a que dure, darle espacio en la propia vida.

El último lector, es en definitiva un viaje del autor por la literatura, una mirada aguda sobre algunas lecturas posibles y no agotadas de textos y personajes universales.

(c) Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados

Bibliografía:

Jorge Luis Borges, Siete noches, Fondo de Cultura Económica

Harold Bloom, Cómo leer y por qué, Grupo Editorial Norma

Italo Calvino, Las ciudades invisibles, El Mundo, Unidad Editorial

 

 
 
Diseño y desarrollo por: SPL Sistemas de Información
  Copyright 2003 Quaderns Digitals Todos los derechos reservados ISSN 1575-9393
  INHASOFT Sistemas Informáticos S.L. Joaquin Rodrigo 3 FAURA VALENCIA tel 962601337