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Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  La Cosa política o el acecho de lo Real por Eduardo Grüner
 
La Cosa política o el acecho de lo Real por Eduardo Grüner
 

La Cosa política
o el acecho de lo Real
Eduardo Grüner
Editorial Paidós
379 páginas

(Buenos Aires)

La Cosa política o el acecho de lo Real reúne un conjunto de ensayos, algunos publicados en algunos medios y otros inéditos de Eduardo Grüner, sociólogo, ensayista y crítico cultural quien además es Vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de BuenosAires y profesor de Antropología y Sociología del Arte y de Teoría Política en dicha Universidad.

Para el autor la Cosa (política), lo Real (al acecho) tienen un difuso linaje psicoanalítico. Pero éste no es un libro sobre psicoanálisis, dice, sino que un balbuceante tránsito por ese discurso puede ser detectado en él junto a los correspondientes "cruces" con la filosofía política o la antropología, a veces con la teoría estética y literaria.

El autor se pregunta si el modo de presencia de lo humano en la tierra sigue siendo histórico. La pregunta, dice podría parecer (falsamente) ingenua. O decididamente absurda. El problema es que una cierta disposición cultural la ha vuelto de nuevo, no necesariamente banal.

La cuestión, dice Grüner, no es tanto la de la estupidez manifiesta que anida en el ideologema del "fin de la historia", que sería -que ha sido, con una reiteración ya casi tediosa- fácilmente recusable. Sino en el hecho de que podamos siquiera abrigar la incómoda sospecha de que el éxito mediático, aunque efímero, de ese ideologema pudiera albergar el atisbo de lo que Adorno llamaba un momento de verdad- sin el cual, por otro parte, ninguna ideología podría aspirar a una mínima eficacia-. ¿"Momento de verdad"?, en qué sentido? se pregunta. En el de un desplazamiento, hacia el "campo" de la historia, de la imposibilidad, para la cultura (dominante) actual, de dejar el resquicio para un espacio de reconocimiento del Otro y aclara: - seamos aún más ambiciosos: de lo Otro-.

Esto también, dice, corre el riesgo de aparecer como un absurdo: ¿no estamos acaso en la era de la otredad por excelencia?, ¿no se nos han multiplicado los "otros"?, o al menos no se nos ha agudizado la percepción de esos otros, en estos tiempos de "mundializaciones", de "multiculturalismos", de "poscolonialidades"? Aun cuando pensáramos - como yo lo pienso- aclara, que esas multiplicidades son también un "efecto de superficie" de una profunda unidad de poder, ¿no hay al menos el beneficio secundario de que se nos haya despertado una nueva y "tolerante" curiosidad por la existencia de unas diferencias en aquel modo de presencia de lo humano?

Pueden tener razón - cada uno a su manera tan distinta- Nietzche, Heidegger o Adorno al decir que la tradición dominante en el pensamiento occidental, que implica fuera del Logos de su "Otro" (el mythos, por ejemplo), empieza ya con el socratismo - vale decir, con lo que pasa por ser el propio origen de la tradición- . Pero lo cierto es que esos mismos griegos son perfectamente conscientes de la perpetua amenaza del retorno del "terror" forcluido por tal expulsión: por eso, entre otras cosas, inventan la tragedia. Para articular, mediante la katharsis, una convivencia con su propia alteridad. La expulsión platónica de los poetas fuera de su imaginaria República pertenece a la misma lógica: es una manera ("apotropeica") dirían los antropólogos estudiosos del ritual exorcizador) de invocar los fantasmas antes de que ellos tomen por asalto, sorpresivamente, la Ciudad.

De modo semejante, dice el autor, la filosofía griega nunca cree completamente en su propio poder para disolver el terror con sus porqués. Finalmente, la pregunta por lo "extraño", por el /lo extranjero" a la que alude Vitiello es también - con mayor o menor disimulo - la que se hace no solamente, como es obvio, la mitología -cuyos dioses nacen y mueren, "suspendidos en la pregunta", dice el mismo Vitiello, pero además nacen y mueren en la Ciudad, y no en un mundo totalmente ajeno como los nuestros, sino que es asimismo la pregunta de la política -¿quién es ciudadano y quién el "otro"?- , el extranjero, el bárbaro?- y,finalmente, la de la historia, -evidente obsesión ya de Herodoto, pero todavía en Tucídides, ese primer gran "etnógrafo" de lo extraño. Filosofía, mito, tragedia, política, historia, antropología son, pues, más modos de la pregunta que preguntas diferentes, que sólo la tecnocracia del saber moderno ha podido separar ideológicamente- retorno del Todo que creíamos definitivamente "roto".

En cuanto al psicoanálisis, su propio modo de la misma pregunta por la "rotura" del Todo es la de la producción del "sujeto dividido" por la vía de conmover el silencio de la "piedra" (de la roca viva, la llamaba Freud: vía di levare, en la comparación freudiana del psicoanálisis con la escultura (en la que cincel en mano, se le saca algo a la piedra para que quede una forma), por oposición a la vida di porre de la pintura (en la que se agrega algo, desde afuera, a la tela en blanco). De manera que, si es cierto que la piedra no responde, ello no significa que no se pueda hacer decir algo.

Como modo de la pregunta, el histórico tiene una ventaja sobre los otros- en el mero sentido de que los atraviesa a todos-: incluye en ella al Tiempo, sea como sea que se lo quiera considerar (lineal, cíclico, quebrado, helicoidal). Es decir absorbe las transformaciones determinadas de la pregunta. De alli que sea lo primero de lo que el poder quisiera ver el fin. De allí también -en la traducción "académica" de ese poder - la verdadera manía contra las "filosofías de la historia". Y no es que nos apresuremos a romper lanzas por esa disciplina, dice Grüner. Más modestamente, nos reservamos el derecho de sospechar otra vuelta de tuerca de la ideología de la polarización, en la que se pretende hacernos creer que la única "filosofía de la historia" posible es la que todos estaríamos dispuestos a recursar por teleológica y determinista. Frente a ese nuevo Todo irrompible se nos propone que aceptemos la rotura sin retorno, la fragmentación desistorizada. Y bien: no, afirma Grüner.

La primera parte del libro, de corte más teórico, aunque incluye una reflexión sobre el atentado a las Torres Gemelas - presenta una elaboración sobre el tiempo histórico y su experiencia, sobre la alteridad como efecto de superficie o como auténtica diferencia, sobre el desplazamiento de lo político por la política, y los fundamentos de lo trágico en una modernidad desgarrada. Los textos de la segunda parte se centran en temas más locales y surgen en general a partir de acontecimientos o consideraciones acerca de la vida nacional: el atentado a la AMIA, la "autocrítica" del general Balza, los episodios del 19 y 20 de diciembre de 2001, la identidad argentina en el contexto de América Latina. Si bien estas reflexiones son suscitadas por situaciones de coyuntura, reciben de la escritura de Grüner un tratamiento de largo aliento que permite situarlas a la luz de la más alta filosofía política.

Eduardo Grüner ha publicado además Un género culpable, Las formas de la espada, El sitio de la mirada y El fin de las pequeñas historias.

 
 
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