Usuario :
Clave : 
 
 administrador
Manual del administrador


 Secciones
Ediciones anteriores
Premios- Distinciones
Muestras/Arte
Entrevistas- noticias culturales-histórico
Lecturas
Ensayos - Crónicas
Educación/Universidad
Sociedad
Diseño/Moda/Tendencias
Fotografía
La editora
Medios
Sitios y publicaciones web
Narrativa policial: cuentos, ensayos, reseñas
Sumario
Música
Teatro/Danza
cartas
Cine/Video/Televisión
Entrevistas- Diálogos
Servicios
Noticias culturales- archivo
Espacio de autor
Prensa
Artista invitado
Entrevistas
Fichas
Algo de Historia
Blogs de la Revista Archivos del Sur
Cuentos, poemas, relatos

ARCHIVOS DEL SUR

 Inicio | Foros | Participa
Buscar :
Estás aquí:  Inicio >>  Narrativa policial: cuentos, ensayos, reseñas >>  El talentoso Míster Ripley de Patricia Higshmith por Daniela Aspeé Venegas
 
El talentoso Míster Ripley de Patricia Higshmith por Daniela Aspeé Venegas
 

Viaje a través de la mente de un asesino

(Santiago de Chile) Daniela Aspeé Venegas

 

El mayor logro de A pleno sol (el talento de Ripley) de Patricia Highsmith es su capacidad de configurar un mundo desde el punto de vista de un asesino. A medida que avanzamos en la narración, vamos conociendo las circunstancias que configuraron su personalidad y lo llevaron a considerar la muerte como un elemento esencial en su existencia. A través de la obra nos adentramos en la mente de Thomas Ripley y seguimos paso a paso sus pensamientos, lo que nos permite conocer sus acciones antes de que adquieran forma concreta.

La primera parte del libro, que comprende los doce primeros capítulos hasta el momento en que Ripley manifiesta por primera vez su deseo de ser Dickie, nos permite conocer la vida de Tom, desde su niñez hasta su establecimiento en Europa, explicando las circunstancias que lo llevaron a configurar su personalidad vacía, deseosa de apoderarse de otras vidas. Con esto, nos damos cuenta de que el principal factor que determina su manera de pensar y su consecuente modo de actuar es el rechazo. Son muy específicas las escenas de rechazo que afectaron a Tom, las cuales conocemos a través de sus propios recuerdos. El primer rechazo importante es el que Ripley rememora durante el viaje en barco que lo llevaría a Cherburgo. El recuerdo es de sus doce años en un paseo con su tía Dottie y una amiga de ella:

Se encontraron atrapados en un atasco de tráfico, con los coches pegados unos a otros, y, como hacía mucho calor, la tía Dottie lo mandó a por agua. Mientras se encaminaba a la estación de gasolina, el tráfico se reanudó inesperadamente. Tom recordaba como había corrido entre los enormes coches [. . .], porque ella hacía avanzar el coche todo lo que podía" (41-2).

Cuando logró subir al coche, llorando por la bochornosa escena, su tía le dijo a la amiga: "-¡Es un mariquita! ¡Un mariquita de arriba abajo! ¡Igual que su padre!" (42). Ser rechazado es por herencia, una herencia que le han implantado sin querer recibirla. La sentencia ha sido dictaminada, "es un mariquita igual que su padre", y Tom se ve obligado a aceptarla.

A través de toda la narración se insinúa la homosexualidad de Tom (la sentencia también es una insinuación). La forma en que se relaciona con Dickie, la manifestación de sus celos, el odio que tiene hacia Marge y que evolucionará hasta transformarse en repulsión, son ejemplos de los indicios de la supuesta homosexualidad de Tom. Tomemos lo último para ejemplificar de qué forma en la novela se presenta la homosexualidad de Ripley como un supuesto, sin nunca mencionarla ni afirmarla. En este caso, la homosexualidad supuesta, observada en la repulsión que Tom siente hacia Marge, es encubierta en el odio que el personaje tiene hacia ella. Sin embargo, este odio por sí sólo también conduce a la sospecha de la homosexualidad de Tom, puesto que surgió en sus celos de la relación que ella mantenía con Dickie:

Tom la odiaba. Inesperadamente, se acordó de los sujetadores de la muchacha colgados en el antepecho de la ventana en Mongibello, y pensó que aquella noche, si la invitaba a quedarse, colocaría toda su ropa interior sobre una de sus sillas. La idea le repelía (225).

El asumir la sentencia de la tía Dottie lo lleva a intentar ser aceptado con ésta. Sin embargo, también es rechazado lo que lo lleva a rechazarse a sí mismo:

Por aquellos días Tom solía fingir que acudía a la consulta de un psicoanalista, ya que todo el mundo lo hacía, y acostumbraba a inventar anécdotas sobre las sesiones en la consulta, anécdotas que luego contaba en las fiestas, y la broma sobre su supuesta indecisión (sexual) siempre hacía reír a cuantos le escuchaban, especialmente por su modo de contarla, hasta que Vic le dijo que cerrase el pico; a partir de entonces, Tom nunca volvió a soltar aquella broma, ni volvió a hablar de su supuesto psicoanalista" (85).

El rechazo llega a su máxima expresión en el que Dickie y su padre manifiestan hacia Tom, hecho que se declara cuando el viaje a Europa perdió sentido y su relación con los Greenleaf dejó de ser fuerte. Esto lo lleva a concretar su intención de asumir la existencia de otro y es esto lo que lo convierte en un asesino. Ripley siempre intentó configurarse a sí mismo frente a los demás como otro. Un ejemplo es cuando dijo al padre de Dickie que era ex estudiante de la Universidad de Princeton, asumiendo la experiencia de otra persona que sí asistía a esa institución y que le había contado como funcionaban las cosas allá. La idea de suplantar a Dickie se manifiesta por primera vez en un ataque de celos que sufre Tom al ver a su amigo abrazando y besando a Marge. Esto desemboca en el deseo de ser Dickie y suplantarlo frente a la joven para hacerlo actuar como a Thomas Ripley le convendría que actuara:

-Marge, tienes que comprender que no estoy enamorado de ti -dijo Tom frente al espejo e imitando la voz de Dickie, más aguda al hacer énfasis en una palabra, y con aquella especie de ruido gutural, al terminar las frases, que podía resultar agradable o molesto, íntimo o distanciado, según el humor de Dickie-. ¡Marge, ya basta! (82).

La idea de suplantar a Dickie y asumir como propia toda su existencia se concreta más adelante, dando pie a la acción criminal. El deseo de no ser rechazado, de no verse obligado a deletrear su apellido cada vez que lo menciona, el poder asumir una vida cómoda y una personalidad atractiva son el motivo del primer asesinato: "De pronto, se le ocurrió una idea brillante: hacerse pasar por Dickie Greenleaf. Era capaz de hacer todo cuanto hacía Dickie [. . .]. Lo único que tenía que hacer era tratar de parecerse a él lo suficiente para poder utilizar su pasaporte" (104). Posteriormente, el segundo asesinato pasa a ser consecuencia del primero, puesto que la muerte, en el momento de convertirse en algo realizable, se convierte en repetible y, a veces, en necesaria.

Una vez asumiendo la vida de otra persona, el rechazo hacia sí mismo se hace más evidente. Volver a ser Thomas Ripley, luego de haber sido Dickie Greenleaf, es difícil y doloroso. Volver a ser Tom Ripley, luego de haber sido cualquier otra persona es difícil, la existencia de Ripley es ausente, vacía, fracasada. Thomas Ripley no existe, siempre ha sido la representación de otro, de otras personalidades, de otras vidas, siempre ha sido la búsqueda de una existencia. Entonces, luego de asumir otra vida, una que posee la ventaja de ser aceptada, es difícil volver a la siempre rechazada vida de Tom Ripley:

Odiaba tener que convertirse de nuevo en Thomas Ripley, un don nadie, odiaba volver a sus viejos hábitos, a experimentar otra vez la sensación de que la gente le despreciaba y le encontraba aburrido a menos que hiciera algo especial para divertir a los demás, como un payaso, sintiéndose incompetente e incapaz de hacer algo que no fuese divertir a la gente durante unos minutos (190).

Como ya había mencionado, para Tom su existencia es una sentencia dictaminada por herencia. Está determinado al fracaso, al rechazo. Ha heredado su apellido, su condición sexual, su carencia de personalidad, ha heredado el desprecio y no puede cambiarlo, salvo que asuma la existencia y la personalidad de otra persona que no esté determinada al rechazo. Su propia manera de ser no puede cambiarla por algo que le agrade y complazca más. Aunque pueda comportarse como lo hace Dickie, y eso lo satisfaga, el asumirse como Tom no puede mejorarse, puesto que está condenado. Sin embargo, en su afán por configurar su existencia y personalidad vacías se convirtió en una representación constante. Así, al suplantar a Dickie y hacerlo actuar como a Thomas Ripley le convenía, creó a su alrededor un mundo en el que él mismo, Tom, tenía una existencia opuesta a la que le estaba destinada, todo funcionaba y él no era rechazado. Sin embargo, todo es falso y debe estar dispuesto a que se derrumbe de un momento a otro. Thomas Ripley colocó la primera piedra, el resto se encargó de darle firmeza a la representación. Este es el papel que jugó la prensa, inventando un Tom aceptable y repartido en cada kiosco. Tom asimiló esta representación creada y la quiso transplantar a su existencia:

Le agradó que se refiriesen a él, Tom, con las palabras "un leal amigo" del desaparecido Dickie Greenleaf, que gustosamente había declarado cuanto sabía sobre el carácter y los hábitos de Dickie, y que estaba tan perplejo por su desaparición como lo estaba todo el mundo.

"El signore Ripley, uno de los jóvenes americanos de buena posición que visitan Italia", decía el Oggi, "vive actualmente en un palazzo veneciano con vista a San Marco" (211).

De esta manera, ser Tom se transforma en un constante fingir que queda magistralmente representado en la confusión de nombre que sufre Tom al hablar con Marge. Tom se ha transformado en el otro, en una representación que ha eliminado a ese verdadero Tom vacío y rechazado:

-¿Dónde estuviste este invierno?

-Pues no con Tom, quiero decir no con Dickie –dijo Tom, riendo y sintiéndose confundido al percatarse de su equivocación- (222).

La mente criminal de Thomas Ripley se enfrenta a dos investigadores, que corresponden a dos tipos distintos: la policía italiana y el detective privado contratado por el padre de Dickie. Como alguien que se sabe culpable, Ripley se adelanta a todos los procesos racionales que pudieran realizar los investigadores, llegando incluso a la exageración; de esta manera, se pone en todos los casos, siempre resultando la verdad más sencilla de lo que él podría haber esperado: "Tom se preguntó si sabrían ya la respuesta, pero la ocultaban con el fin de cogerle desprevenido [. . .]. Empezó a creer que le vigilaban, especialmente cuando caminaba por la calle estrecha y larga que conducía a la puerta de atrás" (214). Lo mismo le sucedía con el detective, también imaginaba lo peor para él y lo mejor para el investigador, siguiendo los supuestos procesos racionales que aquel realizaría o el modo en que sería atrapado:

McCarron le miró, sonriendo aviesamente. Tom se imaginó tres o cuatro formas de empezar la acusación:

"Usted mató a Richard, ¿no es cierto? Lo de los anillos es ya demasiado, ¿no le parece?", o bien: "Hábleme de la lancha de San Remo, míster Ripley, sin omitir ningún detalle"; o tal vez se limitaría a ir exponiendo sus conclusiones tranquilamente [. . .] (262).

Lo cierto es que ni la policía ni el detective pudieron ver más allá del montaje realizado por Thomas Ripley, él estableció un mundo que lo liberaba de culpa y los investigadores contribuyeron a reafirmarlo. En su afán por inventar un nuevo escenario para su existencia y un nuevo rol para sí mismo, Tom Ripley consiguió convertir a todos los que lo rodeaban en actores a disposición de su acto.

Todo su montaje se justifica en el concepto de justicia que maneja Thomas Ripley:

El mundo no siempre daba a cada cual su merecido. Él mismo era un buen ejemplo de ello. Se consideraba afortunado hasta extremos inimaginables por haber escapado sano y salvo pese a haber cometido dos asesinatos, afortunado desde el momento de adoptar la identidad de Dickie hasta entonces. Durante la primera parte de su vida, la suerte se había mostrado tremendamente injusta con él, pero después de haber conocido a Dickie, se había sentido más que suficientemente compensado (280).

Como podemos observar, la justicia para Thomas Ripley forma parte del destino. Hay dos etapas en la vida de cada persona. Una etapa es en la que se sufre, se carece, y la otra es en la que se es compensado. Esta es la justicia según Thomas Ripley. Él no podía ser castigado por los dos asesinatos cometidos porque ya había pagado por ellos, ahora le tocaba ser compensado. Dickie y Freddie, las dos víctimas, lo tuvieron todo, tuvieron aceptación, posición económica e insensibilidad para disfrutarlas, ahora debían pagar. Thomas fue el vehículo de la justicia. Entonces, podemos plantearnos la interrogante acerca de si existe la justicia. Según esta aguda obra de Patricia Highsmith, la justicia es la vida en sí, todos sufren y son compensados por ese sufrimiento de diversas maneras y en distintas intensidades, siendo, sin embargo, para todos igual. La justicia es parte del destino, como todo en nuestra vida.

Bibliografía

Highsmith, Patricia. A pleno sol (El talento de Ripley). Trad. Jordi Beltrán. Barcelona: Anagrama, 1997.

 

(c) Daniela Aspeé Venegas -Todos los derechos reservados

 
 
Diseño y desarrollo por: SPL Sistemas de Información
  Copyright 2003 Quaderns Digitals Todos los derechos reservados ISSN 1575-9393
  INHASOFT Sistemas Informáticos S.L. Joaquin Rodrigo 3 FAURA VALENCIA tel 962601337