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Estás aquí:  Inicio >>  Espacio de autor >>  María Cristina da Fonseca
 
María Cristina da Fonseca
 

María Cristina da Fonseca es una escritora chilena. Preside la ONG Delantu dedicada a la donación de libros para bibliotecas.
Reside en Santiago de Chile

María Cristina da Fonseca es escritora y abogada criminóloga.(1)

Realiza sus estudios de derecho en la Universidad Católica de Santiago de Chile y en la de la Universidad de París.

Al retornar a Chile, se incorpora como abogada del Ministerio de Justicia, desempeñándose como asesora legal del gobierno de Salvador Allende. Siendo autora, promotora y defensora ante el Congreso Nacional de importantes iniciativas legales relativa a la mujer, contribuyendo así iniciar el tema de la cuestión femenina que tanta importancia habría de alcanzar durante los años siguientes en Europa y EEUU. También, introduce en Chile el tema de los derechos humanos de la población de los recintos carcelarios, promoviendo la reforma del sistema Penal y planteando, por primera vez, el concepto de penas no privativas de libertad. Es , además, autora de la Ley de Estupefacientes ( drogas) de 1973 propuesta posteriormente como modelo para el continente.

Al sobrevenir el golpe, recibe en 1974 del Instituto de Criminología de Maracaibo ( Venezuela) , una invitación para dictar una serie de conferencias en dicho país donde se radica con su familia por catorce años.

Durante su permanencia en Venezuela, su interés por el arte popular la lleva a realizar frecuentes viajes por las zonas más apartadas de Venezuela y el Caribe y abrir posteriormente una galería destinada a la comercialización de tejidos y cestería indígena. Paralelamente, a ello mantiene, en diversos periódicos regionales una columna destinada a difundir las artesanías latinoamericanas.

Interesada en las luchas contra el colonialismo promueve la formación del Comité de Solidaridad con la lucha de Panamá por recuperar el canal en el que participan destacadas personalidades de la literatura y política venezolanas : Oscar Guaramato, Miguel Otero S y José Herrera Oropeza. Realiza , asimismo, una serie de actividades en apoyo de los exilados del régimen de Duvalier ( Haití) y escribe numerosos ensayos en ciencia política para la prestigiosa revista Nueva Sociedad.

A fin de preparar el plesbicito de 1988, regresa a Chile donde se incorpora como investigadora del Programa de Derechos Humanos de la Academia de Humanismo Cristiano.

Como actividades relacionadas con el proceso democrático en Chile se desempeña como miembro de la Comisión que elabora el programa de seguridad interior y Orden Público del partido por la democracia. Siendo nominada como experta en materias de orden interno en las Comisiones del Programa de la concertación.

Su primer trabajo literario Memorias de la Arcilla vieja, (Dolmen ediciones 1993) es declarado material didáctico complementario por el Ministerio de educación de Chile. Cosa que también sucede con su nouvelle De los Días Felices en que Humocaro Quería morir.” ( 1995) Es autora de numerosos cuentos infantiles. ( ver listado) y se desempeñó como Directora de la colección Juvenil Borrador y cuento Nuevo y la Colección Cuento propio de América Latina de editorial Cuarto Propio.

Entre las otras actividades de María Cristina da Fonseca se destacan las siguientes:





Fue Vicepresidente del centro chileno –venezolano de cooperación cultural Simón Rodríguez. ( 1994 -1997)



También es Presidente de los estudios Sefardies en Chile.( 2002 -2003)



Secretaria de la Organización de Padres por la Igualdad Parental (2003).



Miembro fundadora de las tertulias de los Jueves celebradas desde hace 5 años en el Salón de los Investigadores de la Biblioteca Nacional



Actual presidente de Delantu, ong, dedicada al fomento de la lectura y la creación de bibliotecas en sectores de escasos recursos



Se han publicado en Archivos del Sur cuentos, ensayos y notas de la escritora chilena. A continuación incluimos un nuevo texto:



Mi mundo / mi jaula / mi galaxia





No sé quién me trajo hasta aquí ni cuál fue su propósito, pero nací en este asombroso nido a rayas, urdido de distintas franjas metálicas. Conozco cada uno de sus ángulos, curvadas aristas y rincones y sé que no fue tejido de una sola vez.

Recuerdo, sin embargo, un época remota en que me sostuve sobre una plataforma cuadrada, bajo una cuadrada bóveda celeste.

Hoy , mi nido tiene forma de huevo y permanece colgado fijo en un punto determinado del espacio mientras a su alrededor giran y se desplazan objetos sin nombre.

Mi nido- mundo es mil veces mayor que yo y parece ser el centro del universo . Diversas cintas atmosféricas lo envuelven como halos sutiles . Mas allá de ellas se extiende un fondo sin principio ni fin . .. Al atisbar su aparente amplitud, me siento en los bordes de un abismo desconocido , terrible. No logro apartar mis pupilas de él.

Uso éste, mi nido, como observatorio para auscultar los misterios del cosmos . Este mundo es el ojo, a través del cual capto la desbordante vacuidad circundante . Mi oficio es espiar la mentira azul de los luceros..., captar sus destellos , descifrar el oculto orden que los rige.

A veces, me sucede querer volar más allá del cinturón de nubes que envuelve la burbuja donde habito. Mas no sé si el vacío me triturará ni se seré capaz de respirar en él .Mis pulmones no conocen más que este aire a cuadritos.

Vivimos es esta gran cápsula . Aquí nos balanceamos, nos estiramos , limpiamos nuestras plumas anaranjadas y comemos alpiste . Pese a nuestra insignificancia, nos basta hundir la cabeza bajo la tibieza de nuestras alas para desencadenar la noche y las sombras que la acompañan.

Objetos simples o dobles, de todas formas y tamaños aparecen, desaparecen, titilan y tiemblan frente a nosotros . Opacos o fulgurantes , a veces se agrupan en racimos y otras , parecen solitarias flores inmarcesibles. Los hemos visto acercarse en forma peligrosa , amenazando con chocarnos. Sin embargo, su trayectoria – invisible o luminosa - resulta siempre dispuesta a detenerse segundos antes del colapso.

Seres grandiosos merodean por nuestro entorno . Se presentan solitarios o en grupo, y de manera inestable. No se envuelven en plumas. Su lenguaje , nos resulta obscuro. Una o dos veces al día, abren la portezuela de este recinto dejando entrar violentos borbotones del universo circundante y darnos de comer. Es tal vez, gracias a ellos que hemos nacido....



Desde el exterior y de más afuera, no sé si desde el arriba o el abajo del universo, a veces, nos alcanzan mensajes lumínicos o algún destello auditivo que se apaga antes de prenderse en los oídos . El cielo suele brindar espectáculos engañosos y me resisto a interpretar ese incierto zumbido como indicio de que , en algún remoto punto del vacío , tal vez,

en alguna estrella agonizante, en medio de algún otro anillo de oxígeno vivan otros seres colgados de una jaula ...Ello significaría que este huevo, mundo, nido, burbuja o galaxia no es la última ni única realidad .



(c) M. Cristina da Fonseca-Todos los derechos reservados


Otro cuento: "Mi jardín en Nueva Delhi"

Mi jardín en Nueva Delhi por María Cristina da Fonseca

 

 

 

 

"Este no es mi jardín", afirmó mientras bebíamos de tazas cuya porcelana repetía el esplendor de la flor de la pluma bajo cuya sombra nos encontrábamos.

 

 

Su verdadero jardín, el que por ella palpitaba en cantos y pétalos, el que para ella hermoseaba día a día estaba lejos, muy lejos.

 

 

" Con los ojos lo visité sólo una vez, pero me pertenece", prosiguió. (Hablaba más para sí misma que conmigo) .

 

 

Había pasado fugazmente junto a él. …"a esa hora ,el sol era una enfermedad ...su lozanía me empapó de golpe", explicó.

 

 

(La miré. Su piel lucía verdosa como quien carga incontables insomnios sobre los párpados).

 

 

"Bastó detener unos instantes mi mirada sobre el oleaje de sus plantas para saberme su dueña", explicó.

 

 

"Su exagerada vegetación , los gigantescos helechos ribeteados de rosado, el encaje de las hojas, los lotos duplicados en el espejo de agua refulgían de humores y sabias . Especies, sin nombre para mí, acariciaban el aire con el secreto terciopelo de sus pétalos……….Convertida en emanación vaporosa, yo misma me hice perfume.

 

 

Al fondo, muy al fondo se adivinaban los destellos de oro de un limonero. Recuerdo sobre todo un árbol : sus ramas caían para echar raíces y volver ascender..Era en sí un bosque Los pájaros tejían cantos entre sus hojas.

 

 

Todos los jardines cabían en ese jardín…"

 

 

"En la profundidad del verdor advertí una titilante mancha rosada, – siguió diciendo con la mirada perdida como si aún estuviera viendo la escena.- Era una amatista vegetal.... algo entre flor y mariposa que metamorfoseada en niña, jugaba junto a un bosquecillo. . ..."

 

 

Me fui de aquel país hace mucho. Mas por siempre me acompañan los aromas de ese pedazo de tierra. Su vaporosa humedad me refresca desde la distancia."

 

 

"No he vuelto a visitarlo, mas forma parte de mi vida", agregó, luego, de un largo suspiro. "En sueños me llegan noticias suyas.

 

 

 

 

 

 

2

 

 

En el día de mi cumpleaños, escucho que en él cantan para mí. Lo veo encenderse en luciérnagas por las noches. En horas de tormenta,

cuando el viento y la lluvia se abaten sobre su espesura, siento como me debilitan y nutren a mí también. Incluso, ahora al hablar, me impulsa la misma oscura fuerza vegetal que obliga sus plantas a crecer.", terminó de decir enjugándose la frente empapada de ¿ sudor, rocío o agua?

 

 

( Pese a las varias tazas de té que ya habíamos bebido, la sed volvió a hacer presa de mí.)

 

 

Tras un largo silencio, agregó:"La gente me mira burlona cuando hago referencia a mi jardín en Nueva Delhi. Sí, mi jardín crece en ese otro jardín que es Nueva Delhi. Ni yo misma soy capaz de explicar el lazo misterioso que me ata a ese remoto y delicioso lugar".

 

 

(La voz de la mujer sugería el rumor del viento entre las hojas. La fuerza de sus palabras, contrastaba con su fragilidad de nardo).

 

 

"Me fui de aquel país, hace mucho ", confesó, dejando caer las manos como un seco manojo de pétalos sobre su falda floreada.

 

 

(Me tomaba como confidente y me dejé persuadir por sus palabras. Es increíble lo que cada persona puede estar dispuesta a soñar en relación a sí misma).

 

 

Desde esa distante mañana siempre la acompañaba el sosiego de aquel vivo pedazo de tierra, comprendí.

 

 

Durante sus frecuentes viajes alrededor del mundo – su pasión por esas flores nocturnas llamadas estrellas y los fenómenos de firmamento la inducían a perseguir los eclipses por cielos propios y ajenos – había tenido la impresión de divisar "su jardín" en más de una oportunidad, me explicó.

 

 

" Creí reconocerlo en el brillo de ciertas estrellas crecidas en el firmamento, en la exuberancia de cierto parque botánico, o en un rincón de alguna plaza – dijo – pero, sólo una vez me sucedió toparme cara a cara con él.

 

 

Fue en el Beni. Regresaba , yo de un avistamiento - llevaba aún puestos los anteojos que uso para el desempeño de mi oficio- cuando sucedió. Alguien quiso atenuar el permanente estío de Trinidad, ofreciéndome una jarra de limonada. Era, lo juro, la bebida más fresca que jamás pasó por mi garganta. Contenía los aromas de los mil y un limoneros del mundo, su dulzura se equilibraba magníficamente con su amargor. Jamás nunca volvería yo a tener sed, pensé.

 

 

Un trozo de mi jardín vino a encontrarme , a través de la frescura de ese jugo de limón y agua ". Cuando quise saber de dónde provenían los frutos del cual estaba hecho, me condujeron hasta el patio interior de una casa de aquella perdida ciudad, prosiguió.

 

 

" Su fragancia que impregnaba la noche, nos guió hasta dar con él . La luna surgió desde la copa de una mata de tamarindo .. Hoja a hoja, pétalo a pétalo mi jardín se llenó murmullos y zumbidos ¡ cada árbol era una caja de música!

 

 

Aquel trozo del edén crecía en el interior de un recinto abierto al público. Al fondo de la heladería " La Camelia de Hielo" para ser exacta. Usé diversos subterfugios para intimar con quien fungía como dueña del lugar. Pero ni mi exagerada cortesía ni mi consumo dispendioso logró convencer a doña Adolfina Hinojosa de venderme parte del verdor que me pertenecía.

 

 

"Este patio estaba fuera del comercio humano ", me espetó cuando le ofrecí un precio exorbitante por ese él. ( Aquella descasada vivía para cuidar esa íntima jungla de aromas y murmullos ). Y, sin atender a súplicas, ante mi insistencia terminó por dar aviso a la policía en cuyos calabozos permanecí, ocho noches con sus días, por " profanar jardines ajenos y perseguir eclipses. "

 

 

Marchita, por efecto de sus propias palabras la mujer se enterró en el silencio.

 

 

"Después de ese incidente, no volví a mirar mi jardín. Sin embargo, llevo sus aromas y fosforescencias diseminadas por el cuerpo. Sus sombras crecen en mí. A veces, pienso que no soy sino un trozo suyo", terminó de contarme en un bordoneo de insectos tropicales.

 

 

Cree ser un trozo de su pretendido jardín, pensé para mi misma

 

 

Sólo ,entonces, recordé con plena nitidez, cuanto se solía comentar sobre el malsano color de su piel y las abejas que revoloteaban en torno a su alborotada cabellera. No se le perdonaba, tampoco, el no revelar el nombre del misterioso perfume que dejaba caer en oleadas intermitentes sobre las cosas y lugares por donde pasaba . (Joya de olor que no se avenía para nada con su pobre bolsillo).

 

 

Alarmada por la sospecha, quise irme.

 

 

Un miedo subterráneo me invadió, cuando traté de poner de pie, y no pude

Algo me impedía hacerlo.. . . Al mirarme los pies , con horror constaté que habían echado raíces...

 

 

 

 

 

 

(c) Cristina da Fonseca - Todos los derechos reservados

 

 

imagen: crédito de la fotografía: Araceli Otamendi, serie árboles, 2005.

 

 

(1) María Cristina da Fonseca murió en mayo de 2006 en Santiago de Chile























 

 
 
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