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¿Cómo estar al día en literatura infantil? por Raquel Barthe
 

... para estar al día en literatura infantil, conviene establecer con claridad cuál será el criterio a utilizar en la elección de una publicación especializada, en lugar de cualquier otra similar y qué más se puede hacer, además de suscribirse a una buena publicación...

(Buenos Aires) Raquel Barthe

Todos aquellos que se interesan por la literatura para niños y adolescentes, se preocupan por estar al día, aunque en la actualidad resulta muy difícil lograrlo, dada la cantidad cada vez mayor de títulos que se publican y los nuevos autores que aparecen.

Hay dos formas de estar informados: la más frecuente (y menos recomendada) es a través de terceros: el sujeto recibe la información, ya mediada, de alguien que la posee y que la ofrece luego de haber clasificado, juzgado y seleccionado los contenidos que transmitirá. Ésta es una forma pasiva de acceder al conocimiento.

La otra forma implica un compromiso directo y profundo del sujeto que sale directamente al encuentro de los saberes que necesita. Es una búsqueda activa y, entonces, es el mismo sujeto quien los procesa, interpreta, clasifica y juzga, eligiendo libremente los contenidos.

Hay que recordar que en literatura existe la llamada "crítica literaria" que ayuda a estar al día; pero, ¿quién es el que hace esta crítica y desde dónde?

En general, la crítica más común y conocida, y que con mayor facilidad llega al público, es la periodística y viene a través de los medios de comunicación. Se trata de una crítica más comercial que académica, pero que tiene mucha influencia en la divulgación de las publicaciones recientes y puede determinar su mayor o menor venta, transformando, muchas veces, el lanzamiento de un libro en un verdadero éxito.

Las editoriales dedican un porcentaje de las novedades que publican, para enviar a estos medios y, por lo tanto, es habitual leer como comentario literario la transcripción de la contratapa o la recensión que figura en los catálogos.

Este tipo de crítica no aporta información sustancial, ya que es la misma que se puede encontrar en la publicidad de la editorial.

Es así como se vuelven a encontrar los nombres de los escritores más conocidos y ya consagrados o los de aquellos que el editor desea promover y que ya ha incluido en su publicidad. Entonces la crítica no aporta elementos nuevos.

Por lo tanto, no resulta casual que la crítica periodística comente libros de editoriales poderosas en el mercado, sin la contribución de verdaderas novedades.

En esos casos, el crítico no elige, sino que selecciona dentro de los libros que llegan a su mesa de trabajo.

Cuando los libros comentados pertenecen a autores ya consagrados, se produce una retroalimentación del éxito y se cierra un círculo difícil de romper: el escritor es famoso porque se habla de él y se habla de él porque es conocido.

Cabe aquí citar a Theodor W. Adorno: "En la categoría de la emulación, por ejemplo, viene contenido todo el mecanismo competitivo en el que el éxito de mercado es funestamente antepuesto a las cualidades de la la mercancía en las formaciones espirituales"[1]

De esta manera, la crítica no brinda al lector nuevos elementos que enriquezcan sus conocimientos.

Estamos frente a lo que se denominaría "éxito editorial" y quien busca ese tipo de información, puede estar seguro de tener en sus manos un libro de autor famoso y, aunque muchas veces este éxito comercial pueda coincidir con una genuina calidad literaria, en otras hay una marcada diferencia entre "éxito editorial" y "éxito literario".

Resulta diferente (o debería) la crítica literaria académica que se encuentra, generalmente, en revistas profesionales. Se supone que los comentarios están en manos de investigadores y estudiosos dedicados a descubrir nuevos talentos, haciendo llegar al lector obras poco conocidas o más difíciles de conseguir, pero con verdaderos valores literarios.

Algunas de estas publicaciones especializadas afirman disponer de un equipo, centro o gabinete de investigación, aunque una lectura sagaz descubre inmediatamente que los libros comentados pertenecen siempre (o casi siempre) a las mismas editoriales y que éstas son las más importantes en el mercado.

Entonces el lector se pregunta: ¿cómo llegan los libros a los investigadores? ¿Por qué se dedican a investigar los libros publicados por las editoriales que más invierten en publicidad y promoción? Y surge la sospecha: ¿será acaso porque son las que regalan los libros reseñados? ¿Dónde están los aportes significativos que espera el lector? La información no es más que la que pudo haber obtenido a través del catálogo comercial, puesto que sigue conociendo a los autores que ya conoce y los títulos publicitados por las editoriales más sólidas y reconocidas, ya que cualquier catálogo comercial contiene, además de los datos citados, la descripción física del libro, el precio de venta al público y una recensión del contenido.

La información obtenida es limitada y sólo permite "seleccionar", pero no "elegir", debido a que está muy alejada de un espectro más amplio de libros existentes en el mercado.

Por el contrario, aquél que sale al encuentro de la información, el que la busca activamente, es un sujeto capaz de emitir un juicio propio y evaluarla críticamente tomando de ella lo que más le conviene. Adquiere, de esta manera, mayor agudeza para captar la información seria, de aquella que oculta una intención meramente comercial y mercantilista.

Este sujeto activo es, entonces, libre de elegir y de juzgar entre todo el material que encuentra en plaza.

Y he aquí la sutil diferencia que existe entre "seleccionar" y "elegir", ya que el segundo término resulta mucho más abarcativo porque incluye la totalidad (o la mayor parte) de lo que se busca. O, por lo menos, agrupa todo lo que se desea seleccionar. Pero esta agrupación, corre por cuenta de quien va, posteriormente, a elegir.

Cuando la agrupación de materiales disponibles fue realizada por terceros, la selección reduce la libertad de elegir.

De acuerdo a todo lo antedicho, para estar al día en literatura infantil, conviene establecer con claridad cuál será el criterio a utilizar en la elección de una publicación especializada, en lugar de cualquier otra similar y qué más se puede hacer, además de suscribirse a una buena publicación.

Y entonces resulta igualmente importante la consulta en bibliotecas, recorrer librerías, visitar ferias de libros y, sobre todo, estar atentos a las lecturas espontáneas de los chicos y escuchar la opinión de niños y jóvenes acerca de sus gustos y preferencias lectoras.

No obstante todo lo expuesto, es frecuente que padres y maestros clamen por la publicación de "listas de libros recomendados por edades".

Personalmente, siento un rechazo hacia la confección de estas listas. ¿Por qué? Por un lado, porque están mediadas por terceros, como ya dije antes, e impiden la libre elección. Por otro lado, porque es la salida fácil para aquellos sujetos pasivos incapaces de salir a buscar la información y esperan que otros se la pongan a su alcance; es decir, esperan que la información les llegue a ellos, en lugar de buscarla.

Además, no puede encasillarse una lectura dentro de una edad determinada, ya que depende de los gustos, de la competencia lectora y de muchos otros factores que hacen a la libertad de leer.

Y, por último, porque una lista recomendada implica una contraparte: lista blanca / lista negra. Porque tácitamente queda claro que aquellos libros que no están en la lista, "por algo será", "si no están recomendados, no vale la pena leerlos", "quienes recomiendas saben y si no los incluyeron, no hay que comprarlos ni leerlos" y un sinfín de respuestas a la "lista blanca" que excluyen sistemáticamente a lo que no está en ella.

Ante la aparición de una lista blanca, automáticamente surge una "lista negra interdicta", tácita y paralela, pero que igualmente existe y tiene presencia y, entonces, cabe la reflexión (o la duda): la lista, ¿implica selección o censura? Una censura solapada que se oculta en la sombra de la "lista blanca".

Estas son las razones por las cuales me niego a participar en estas listas que, no solamente marginan a gran cantidad de libros y autores, sino que fomentan la pasividad del público, impidiéndole un crecimiento interior qué desarrolle un juicio crítico propio y una lectura en profundidad.


(c) Raquel M. Barthe


La disputa del positivismo en la sociología alemana / Theodor W. Adorno ... [et al.] ... Barcelona : Grijalbo, 1973. – (p. 39).

Sobre la autora:

 


 

 

       

 

 
 
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