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Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  El capitalismo ¿es moral?
 
El capitalismo ¿es moral?
 

"Lo que nos amenza hoy en día, dice el filósofo francés es una era de negligencia generalizada, es decir una pura y simple disolución del vínculo social., de manera que nuestros conciudadanos, que se han vuelto incapaces de comunicarse en algo, ya no pueden más que cultivar indefinidamente su pequeña esfera privada, lo que los sociólogos llaman el triunfo del individualismo.que forma muy buenos consumidores.
Así nuestra sociedad podría subsistir pero se habría acabado nuestra civilización y nunca una sociedad sobrevivió mucho tiempo a una civilización que había sido la suya, argumenta el filósofo"

El capitalismo  ¿es moral? por André Comte-Sponville

 

Editorial Paidós

 

258 páginas

 

 

 

(Buenos Aires) Isabel Suárez Valdés

 

André Comte-Sponville, destacado filósofo francés, autor de Pequeño tratado de las grandes virtudes, La felicidad, desesperadamente, El amor, la soledad, Invitación a la filosofía o Diccionario filosófico, publica esta obra  para ayudar, según sus palabras a ver más claro, a adoptar  decisiones, en definitiva a  asumir  responsabilidades -profesionales, morales y políticas- frente a los diferentes desafíos que el mundo actual nos impone. Se dirige, pues, sobre todo al futuro  ...). En el estado en que se presenta, es decir, imperfecto, este libro querría aportar una contribución, dice Comte-Sponville, por modesta que fuera, a los debates del momento. En el difícil período que atravesamos, esta razón me ha parecido una justificación sufiente, sostiene.

 

La política y la moral

 

La política, dice el filósofo francés, ya no interesa a mucha gente, sobre todo no a los jóvenes. Si todavía siguen hablando de ella, la mayoría de las veces es para burlarse, ya que no la perciben apenas más que bajo el aspecto irrisorio que le dan los Guiñoles. Del mismo modo, sostiene el autor, estos mismos jóvenes, que se han desinteresado masivamente por el terreno político, han llevado a cabo un retorno manifiesto del lado de cierto número de preocupaciones morales, desde luego con frecuencia rebautizadas, porque la palabra moral está un poco anticuada. Los jóvenes prefieren hablar de derechos humanos, el humanitarismo, la solidaridad, pero no dejan de ser morales.

El filósofo está hablando de los jóvenes franceses en la actualidad y da como ejemplo la preferencia entre la juventud del abate Pierre, defensor de los pobres y los marginados, entre otras personalidades.

Las respuestas individuales y morales que desde hace dos décadas constituyen la tendencia a los problemas de índole colectiva, social y conflictiva y por consiguiente políticos, son perfectamente respetables en su orden pero evidentemente también incapaces de resolver e incluso también de plantear a fondo esos  problemas.

El filósofo argumenta que así como hace treinta o treinta y cinco años la política podía reemplazar a la moral actualmente es otro error creer o dejar de creer que la moral aunque se rebautice como derechos humanos o humanitarismo podría sustituir a la política.

 

El fin de la generación moral

 

 

La generación moral está llegando al final de su trayecto sostiene Comte-Sponville. Pone como ejemplos al abate Pierre, los Restaurantes del Corazón, Médicos sin fronteras, SOS Racismo, - evidentemente muchas de éstas instituciones funcionan en Francia - y el filósofo sostiene que funcionan en la actualidad pero ninguna tiene esa especie de aura inmaculada ni suscita el entusiasmo unánime que producía hace diez o quince años. Pero el filósofo no sabe ni es profeta, dice, qué generación puede venir después de la generación moral.

 

Una generación espiritual

 

 

Si busco, dice Comte-Sponville en el último período,  un fenómeno que haya concernido masivamente a la juventud y que esté al mismo tiempo cargado de sentido, hay uno que se impone por encima de los demás y que me choca tanto más cuanto me habría parecido, hace treinta años, inconcebible: es el muy asombroso y enorme éxito de las Jornadas Mundiales de la Juventud, en torno a Juan Pablo II, a las que asistieron más de un millón de jóvenes en París, hace seis años - o sea, salvo que me equivoque  - dice el autor, la mayor reunión de jóvenes en Francia desde 1968 y dos millones en Roma, tres años más tarde, aunque sólo cuatrocientos mil en Toronto el año pasado y en tierra protestante, en torno a un papa con talento, carismático, mediático, pero también envejecido, y del que lo que menos se puede decir es que su discurso dirigido a la juventud apenas se caracteriza por su demagogia, sostiene.

El filósofo, que estuvo en París durante esas jornadas recuerda no solamente la cantidad de jóvenes que asistían sino la atmósfera, la alegría, la serenidad como una fuerza tranquila de un nuevo género.

 

 

 

El autor tiene una hipótesis y es después de la generación del todo política - los sesentayochistas -, después de la generación del todo moral,  quizás se esté explorando ahora una generación espiritual, una generación que vuelve a hacer de la cuestión espiritual que se podría creer obsoleta desde hace decenios su cuestión.

 

El filósofo se pregunta en qué consiste la cuestión espiritual y define esquematizada al máximo, la cuestión política como la cuestión de lo justo y lo injusto. La cuestión moral es la cuestión del bien y el mal, de lo humano y de lo inhumano, dice. Y la cuestión moral es la cuestión del sentido. Y me parece, dice que esta cuestión después de algunos años tiende a volver al primer plano en la cabeza o en el corazón de los jóvenes.

Hay dos cuestiones que van juntas dice Comte-Sponville: ¿qué haces por los más pobres? y ¿cuál es el sentido de tu vida? están vinculadas y no dejan de ser menos diferentes.

El filósofo señala que el éxito literario más sorprendente en Francia, del final de la década de 1990 es de un autor desconocido de un país del Tercer Mundo, Paulo Coelho con su libro El alquimista.  Un libro de título esotérico sin una página de sexo ni una línea de violencia. El alquimista es un relato de una búsqueda espiritual, si el libro hubiera aparecido diez años antes habría pasado desapercibido dice el autor, tal vez dentro de veinte años será olvidado. Pero ha llegado en el momento preciso y en eso consistió su enorme éxito e incluso, si se compara con la calidad del libro, un tanto desproporcionado, afirma el autor. Se trata de un fenómeno social más que un fenómeno literario que varios intelectuales parisinos irritados por el éxito ajeno, se apresuraron a denunciar, señala el filósofo francés.

 

El filósofo hace un recorrido por la historia. El desmoronamiento del bloque soviético a finales de la década de 1980, es lo que se ha dado en llamar el triunfo del capitalismo, pero el capitalismo pierde también la especie de justificación negativa que el adversario - el comunismo - le ofrecía en bandeja- . El capitalismo no se plantea la pregunta de qué sentido tiene vencer cuando no se sabe para qué vivir. Sino que en parte, es lo que constituye su fuerza, porque según el filósofo no tiene necesidad de sentido para funcionar. Pero los inviduos sí, y las civilizaciones también.

Las sociedades tienen horror al vacío, afirma Comte-Sponville.

 

Después de hacer un repaso por la filosofía de Nietzche. Comte-Sponville atribuye un sentido a la famosa expresión nietzcheana sobre la muerte de Dios. Dios  ha muerto socialmente dice el filósofo, aunque Dios está vivo aquí en esta sala para todos los que creen en él. Los inviduos pueden creer en Dios pero nuestra sociedad ya no puede fundar su cohesión en él. Esto provoca un gran vacío que debilita el cuerpo social.

Es la comunión lo que hace la comunidad y no al revés. No porque exista una comunidad constituida hay comunión, sino al contrario,porque hay comunión hay comunidad y no un simple conglomerado de individuos yaxtapuestos o concurrentes.

El filósofo se pregunta qué comunidad puede existir cuando ya no hay comunión. Recurre a Michel Serres, quien decía que la religión es lo que religa y que si esto es así lo contrario de la religión no es el ateísmo como se cree normalmente, sino la ausencia de vínculo, la negligencia, porque etimológicamente la negligencia, significa ausencia de vínculo.

Lo que nos amenza hoy en día, dice el filósofo francés es una era de negligencia generalizada, es decir una pura y simple disolución del vínculo social., de manera que nuestros conciudadanos, que se han vuelto incapaces de comunicarse en algo, ya no pueden más que cultivar indefinidamente su pequeña esfera privada, lo que los sociólogos llaman el triunfo del individualismo.que forma muy buenos consumidores.

Así nuestra sociedad podría subsistir pero se habría acabado nuestra civilización y nunca  una sociedad sobrevivió mucho tiempo a una   civilización que había sido la suya, argumenta el filósofo.

 

Cuanto menos necesidad tenemos de religión dice el filósofo, más necesidad tenemos de moral, sin duda más que en cualquier otra época conocida de la humanidad civilizada. Nunca desde hace treinta siglos ha existido una sociedad hasta tal punto laicizada, nunca desde hace tanto tiempo una sociedad tan poco religiosa en sus honduras que la nuestra. Tenemos, dice el autor, más necesidad de moral de la que nunca se ha tenido desde hace al menos tres mil años.

 

¿Qué es la moral? se pregunta el filósofo y responde con Kant: es el conjunto de nuestros deberes, el conjunto de las obligaciones o de las prohibiciones que nos imponemos a nosotros mismos, no forzosamente a priori - en contra de lo que quería Kant- sino independientemente de cualquier recompensa o castigo esperados, e incluso de cualquier esperanza. Es el conjunto de lo que vale o se impone, para una conciencia dada, incondicionalmente. Ser moral es ocuparse del propio deber, ser moralizador es ocuparse del deber de los demás y esto último resulta mucho más fácil señala el filósofo. Y también el autor señala lo que denomina un fariseo:aquél que respeta la letra de la ley moral pero del que se considera que le falta algo y ese algo es el amor.Y el filósofo se introduce así en el orden ético, el orden del amor.

 

Esta obra de André Comte-Sponville que seguramente provocará polémicas un instrumento para comprender la época actual.

 

(c) Isabel Suárez Valdés

 
 
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