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Eugenesia por José Repiso Moyano
 

(Madrid) José Repiso Moyano

EUGENESIA


Eugenio Relgis (Lasi, Rumania, 1895- Montevideo, 1987) fue un anarquista al uso y costumbre de su época y, además, un promulgador del “humanitarismo” –movimiento ideológico de carácter progresista, el cual transfloró en el “eugenismo”: método  “purificador” que profesaba corregir a los seres humanos de su degeneración física e intelectual-.

En Bucarest, 1922, publicó “Principios Humanitaristas” incentivando una “Internacional de los Intelectuales” en donde se concentraban las ideas de acción humanitarista contra el capitalismo y la guerra imperantes.
Así pues, no en vano identificar este movimiento con las intenciones renovadoras de la izquierda en pos de una humanidad más redentora o, ante unas mínimas disposiciones responsables, más libre porque, al respecto, publicó seguidamente “Humanitarismo y Socialismo” (1925) y “El Humanitarismo bíblico” (1926). Con esta misión, sobre todo sirviéndose del pacifismo, Relgis participó activamente en conferencias y también en las revistas “Librepensamiento” (1928-1929) y “Humanitarismo” (1929-1930) hasta que dio a conocer su obra principal, “Individualismo, Estética y Humanitarismo” (1933).

Para él, la base de la intelectualidad y del progreso es la del individualismo –influido por Mihaïlovski-; por ello, cada persona debe prepararse con responsabilidad por crear una conciencia social –que es una suma de las que tiene la mayoría-. De ahí, en efecto, sólo la necesidad prioritaria es “la lucha por la personalidad”, y ésta convergirá en un “individualismo social” que emancipará progresivamente a la sociedad de la esclavitud, de la sumisión, de las “servidumbres”.
No, no lo considera una doctrina social, más bien un “sentimiento pronunciado”, “de unicidad y de la diferenciación de los yo”, alejándose algo de la concepción nietzscheana –que implica “la intolerancia de toda la inferioridad”-. Su propósito, sí, más bien se apoya en Max Stirner, de su obra “El Único y su propiedad” en la cual ya aparece de una forma contundente y poco hipócrita la “rebeldía del yo” contra esos “santos fantasmas”, “contra todas las cadenas sociales”: “El Estado, la Iglesia y la familia impiden la realización del único”. En un resumen aclaratorio, en el fondo admira que “Max Stirner celebra el instinto de combate” puesto que “el único derecho del hombre es el derecho a la concurrencia” y, ante este concurrir o ante este asociarse, “debemos disciplinar las cosas que nos reducen a la esclavitud”. Empero, precisa o especifica que “anarquismo no es siempre individualismo” consternado o desconfiado por el pesimismo que conlleva la elección anárquica si ya es extrema, por lo que prefiere encauzarlo mejor por un “individualismo activo en todos los dominios” (“Si destruye, debe saber reconstruir”) en aras, por supuesto, de que signifique “voluntad de armonía” en una acción asociativa –influido por Follin, teórico de la “Metapolítica”- opuesta a la “voluntad de potencia” de Nietzsche.

Al lado de esto, que no es tan contradictorio, quizás el aspecto moral o ético no haya sido suficientemente aclarado por su teoría -o se ha remitido a no afrontarlo-.
Según Relgis, “sólo son las personalidades superiores las que conducen hacia el progreso a la mayoría pasiva”, luego el arte deberá estar “fuera de todo fin social o de interés de clase”, se “deberá descartar la tiranía de la familia”, la maternidad deberá ser “una cuestión exclusiva de la madre”, “el niño deberá pertenecerse a sí mismo y elegir el medio familiar que le convenga”, “reconociendo que la modificación mental es el punto de partida”. ¡Ah!, pero esto, sin duda, es un facilismo o una ignorancia supina sobre cualquier organización o culturización social; por razón de que la mayoría no, no es plenamente pasiva, el arte ya es y siempre será un instrumento social a la vez que la familia supone un valor intrínseco de la cultura misma y, por último, la maternidad es ni más ni menos una funcionalidad familiar –de protección- sin excluir al hombre como él lo hace.
Sí, Relgis sin darse cuenta mezcla demasiados elementos sociales y, por muy grave o gravísimo error, los une para inventar una sociedad ficticia, pues, al mismo tiempo que se resiste a hablar de familia, de grupo, de corporación o de Estado, propone la asociación individualista; bien, entonces, ¿qué considera que es, en principio, una sociedad?, ¿a cuál sociedad intenta mejorar o descubrir métodos de mejora?
En confusión –de coherencia- afirma: “Entre fenómenos numerosos y corrientes de la vida, existe una manifestación de la cual debemos ocuparnos con simpatía e inteligencia: es la personalidad humana”. Y lo deduce así porque, para él, el biologismo de Nicolai –un sociólogo ruso-  ya le dio las claves para percibir o proyectar tal personalidad: “El progreso del individualismo se halla en estrecha relación con el progreso biológico (cerebral), técnico, económico y cultural de la humanidad”. De ese modo, por lo tanto, le justifica o le "añade" al “humanitarismo” algo más importante: una estética, una estética de perfeccionamiento, lo que es… lo Bello. Ya, ¡claro!, el ser humano ostenta una estética, una referencia con lo inmenso que, por inmenso, es bello o poderoso, sin embargo esto está al margen de que tal hecho se utilice para justificar un error.
No es cierto que “La estética humana tiene evidentemente sus fundamentos en la estética natural”, ni tampoco, no, que “Somos prisioneros de nuestros órganos y, encerrados en nuestro cuerpo, no podemos evadirnos de este imperio terrestre lleno de fatalidades”, sino que el sentir estético directamente se desprende o deriva de un vivir social, añorando -sin remedio- y confrontándose con lo natural (considerando que no se ha creado lo natural para favorecer sólo al ser humano).

En 1949 publica “Las aberraciones sexuales de la Alemania nazi” en donde escribe: “Millones de tales sub-hombres deben ser realmente reeducados como si se tratasen de débiles mentales. Y si son incurables, deben ser esterilizados, pero teniendo en cuenta todas la reglas de una ciencia honrada y prudente”. En 1950, publica “Humanitarismo y eugenismo”, un ensayo madurado que continúa aún con su “manía” o prejuicio de la esterilización: “El argumento económico a favor de la esterilización no es menos decisivo. Es evidente que la manutención, por la colectividad, de una parte de los degenerados se traduce por un aumento en trabajo y en alimentos sobre la población normal”, “Sería preciso también hacer legal el aborto selectivo… al servicio de la purificación y de la curación de la raza humana”.

En fin, por higiene mental, digamos, en Dinamarca  -de 1930 a 1954- se efectuaron 8.627 esterilizaciones; también fueron incontables las que realizaron los nazis en beneficio de la humanidad o de otros "malos rollos".
Relgis tuvo, algo cierto -y en muchos más-, una ingenua idealización de la estética humana que se sirvió como truco o como pretexto para intereses políticos o para salvaguardar privilegios de raza, en su supuesta pureza o en su estética tendenciosamente salvadora del... mundo.


© José Repiso Moyano
 

 
 
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