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El sueño europeo por Jeremy Rifkin
 

Rifkin no anda con vueltas cuando se ocupa de los pensadores llamados posmodernos.
En opinión de los posmodernos, dice, los poderosos sean capitalistas o socialistas, conservadores o liberales, continúan usando los metarrelatos para mantener a la gente controlada. El pensamiento moderno, según sus críticos, ha servido para justificar las aventuras coloniales en todo el mundo y para mantener a la gente dividida y en condiciones de sumisión a los poderes fácticos.

El sueño europeo

Jeremy Rifkin

Editorial Paidós

523 páginas

 

(Buenos Aires)

Jeremy Rifkin, autor de “El fin del trabajo”, “La era del acceso” , “El siglo de la biotecnología” y “La economía del hidrógeno” vuelve con su nuevo libro “El sueño europeo” . Si la ética del trabajo y los dictados de la eficiencia fueron los que llevaron a Estados Unidos a un crecimiento económico y a un poderío militar sin precedentes, los ideales europeos centrados en el desarrollo sostenible, la calidad de vida y el cultivo de los lazos comunitarios son los que diferencian a Europa de Estados Unidos.  La Unión Europea, dice Rifkin es actualmente  la más potente economía de Europa, el principal exportador y el mayor mercado comerical interno.

Analizando el “sueño americano” Rifkin dice: “Somos un pueblo que se quitó el yugo de la tiranía y juró que nunca volvería a ser gobernado por la arbitrariedad de ninguna élite. Rechazamos los privilegios heredados y las diferencias de clases, nos identificamos con el espíritu democrático, y creemos que todo el mundo debería ser juzgado únicamente por sus méritos personales.

Los estadounidenses hemos sido siempre conscientes de nuestra especial situación. Pensamos en Estados Unidos como un refugio para todos los seres humanos que han soñado alguna vez con una vida mejor y han estado dispuestos a arriesgar su propia vida para venir aquí y comenzar de nuevo. El cinismo, el escepticismo y el pesimismo son completamente ajenos al espíritu americano, y encuentran escasa simpatía entre los estadounidenses. ¿Puede decirse lo mismo de Europa?”.

El autor intenta responder esta pregunta a lo largo del libro.

En cierto sentido, dice Rifkin, es el propio sueño americano en sí mismo, el que nos ha llevado a nuestro malestar presente. Sus principios básicos resultan cada vez menos aplicables en un mundo globalmente conectado.

“Solo se puede perseguir el sueño americano en suelo estadounidense” asegura el autor y afirma: “Su exclusividad es lo que lo hace ahora cada vez más sospechoso para un mundo en el que comienza a forjarse una conciencia global.

 

Extrañeza de los europeos frente al sueño americano

 

“Muchos estadounidenses siguen viéndose a sí mismos como un pueblo escogido y a Estados Unidos como la tierra prometida. Creen que Estados Unidos está destinado a la grandeza, y que los designios de Estados Unidos son los designios de Dios. Nuestro éxito mismo parece ser una prueba positiva de que fuimos realmente escogidos. Dios nos ha recompensado sin duda por nuestra fe y nuestro servicio convirtiéndonos en la nación más próspera y poderosa de la Tierra. La mayoría de los europeos ven con extrañeza e incluso con cierta prevención este aspecto del sueño americano. La noción misma de que Dios nos haya escogido a nosotros y a nuestra nación como la tierra prometida provoca a menudo risas nerviosas de perplejidad, sobre todo entre la más secularizada población europea, que dejó atrás hace tiempo la idea de un Dios personal”, afirma Rifkin.

 

Sueño europeo y sueño americano

 

Según el autor, el sueño americano rinde homenaje a la ética del trabajo y el sueño europeo es más afín al ocio y al juego. El sueño americano es inseparable de la herencia religiosa del país y de una profunda fe espiritual. El sueño europeo es secular hasta su fondo más íntimo. El sueño americano es asimilacionista, “asociamos el éxito  con el abandono de nuestros vínculos culturales anteriores y con nuestra conversión  en agentes libres en el gran crisol de los pueblos americanos”, sostiene Rikfin.

El sueño europeo, en cambio, se basa en la preservación de la propia identidad  cultural para vivir en un mundo multicultural.

 

La creación del individuo

 

Por más que el individuo sea más venerado en la sociedad estadounidense que en ninguna otra parte del mundo, no fue en ella donde echó sus primeras raíces. El individuo moderno es un transplante europeo cuyos orígenes se remontan a los últimos años de la Edad Media. Los cambios espaciales y temporales del momento tuvieron como resultado profundos cambios en el comportamiento cotidiano de los europeos.

En Europa estaba naciendo un nuevo tipo de hombre y de mujer, de talante menos religioso y más científico. A comienzos del siglo XIX, la clase burguesa se había desembarazado casi por completo de la mentalidad medieval, y pensaba y actuaba de un modo enteramente moderno.

En un revelador estudio sobre la iniciativa empresarial realizado en 2003, la Comisión Europea comprobó que dos de cada tres estadounidenses preferían trabajar por cuenta propia, mientras que la mitad de los ciudadanos de la Unión Europea preferían trabajar por cuenta ajena.

Volviendo a lo anterior, la creación de un individuo autónomo y autoconsciente se reveló como una ardua tarea. Dentro del esquema ilustrado, la naturaleza era salvaje y peligrosa, una fuerza primitiva y a menudo maligna que debía ser aplacada, domesticada, convertida en productiva y puesta al servicio del hombre. En muchos sentidos, el control de la naturaleza comenzó con el control sobre el propio “hombre´”.

 

Libertad y seguridad en el sueño americano y en el sueño europeo

 

Rifkin sostiene que los sueños europeo y americano consisten esencialmente en dos ideas diametralmente opuestas sobre la libertad y la seguridad. Los estadounidenses defienden una definición negativa de la libertad, y por lo tanto, de las seguridad. Para nosotros, dice, la libertad ha ido asociada desde siempre con la autonomía. Si uno es autónomo, no depende de los demás ni es vulnerable a circunstancias ajenas a su control. Para ser autónomo es preciso ser propietario. Cuanta más riqueza amasa uno, más independiente es respecto al mundo. Uno es libre si se convierte en una isla autónoma y autosuficiente. La riqueza trae consigo la exclusividad y la exclusividad trae consigo la seguridad.

El nuevo sueño europeo, en cambio, se basa en un conjunto distinto de premisas sobre aquello en que consisten la libertad y la seguridad. Para los europeos, no hay que buscar la libertad en la autonomía, sino en la integración. Ser libre significa tener acceso a una miríada de relaciones de interdependencia con otras personas. Cuanto más acceso tiene uno a comunidades distintas, tantas más opciones y posibilidades tiene de vivir una vida plena y con sentido. Las relaciones traen consigo la inclusividad, y la inclusividad trae consigo la seguridad.

 

Los posmodernos

 

Rifkin no anda con vueltas cuando se ocupa de los pensadores llamados posmodernos.

En opinión de los posmodernos, dice, los poderosos sean capitalistas o socialistas, conservadores o liberales, continúan usando los metarrelatos para mantener a la gente controlada. El pensamiento moderno, según sus críticos, ha servido para justificar las aventuras coloniales en todo el mundo y para mantener a la gente dividida y en condiciones de sumisión a los poderes fácticos.

Fue precisamente, dice el autor, la naturaleza encorsetadora de todas estas grandes visiones integradoras e ideales utópicos unidimensionales sobre cómo se esperaba que debían comportarse y actuar las personas en el mundo la que provocó la rebelión de la generación de la década de 1960. Los posmodernos fueron los encargados de racionalizar la revuelta, apartir de la idea de que no había una perspectiva única del mundo, sino más bien tantas pespectivas como relatos individuales que contar.

Rifkin no escatima críticas hacia estos pensadores: “Al final del proceso deconstructivo posmoderno, lo que nos queda es una modernidad reducida a escombros intelectuales y un mundo anárquico donde todos los relatos son igualmente convincentes, válidos y dignos de reconocimiento”.

Aunque por un lado, los posmodernos echaron abajo las barreras ideológicas de la modernidad y liberaron a sus prisioneros, también es cierto que los dejaron sin ningún lugar adonde ir. Nos convertimos en nómadas existenciales en un mundo sin fronteras, plagado de aspiraciones difusas, en busca de algo en lo que creer y comprometernos.

 

Jeremy Rifkin intenta lo largo del libro encontrar algún tipo de sinergia entre la visión americana  y la visión europea, con la esperanza, dice, de encontrar una síntesis que combine lo mejor de cada sueño.

 

 

 

 

 

 
 
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