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Estás aquí:  Inicio >>  Muestras/Arte >>  Muestra de Alighiero Boetti en Fundación Proa
 
Muestra de Alighiero Boetti en Fundación Proa
 

Está inagurada la muestra Casi todo del artista italiano Alighiero Boetti en la Fundación Proa

Su traer al mundo no solo la subjetividad sino también “las subjetividades” es una anticipación de la condición posmoderna. Un tema que se evidencia no solo en la diferencia formal de las distintas series de obras sino especialmente en los pequeños tapices con las frases, en el principio de “hacer cuadrar las palabras”. Hace algunos días atrás, charlando de la exposición con amigos, empezamos a citar las frases que Boetti había “inventado” y bordado en los pequeños tapices, pero no pudimos recordar cuales eran las suyas y cuales tenían otra proveniencia. Después he verificado y he constatado que muchas de aquella frases non eran de él, pero resonaban en nuestras mentes como si hubieran sido de él y solo de él: este hecho me hizo pensar que las frases de Boetti y la técnica del bordado funcionan de la misma manera, o sea, evidencian las cualidades del anonimato, y esto confiere subjetividad al laboratorio-mundo

(Buenos Aires)

Se puede ver en la Fundación Proa del Barrio de la Boca la muestra "Casi todo" del artista italiano Alighiero Boetti. En galería de imágenes se publican algunas fotografías de sus obras y textos del artista.

A continuación se transcribe un diálogo entre los curadores, que pone de manifiesto a Boetti como un artista pionero para la cultura contemporánea.

Diálogo entre Giacinto Di Pietrantonio y Corrado Levi, Curadores de la exhibición de Alighiero Boetti “Casi Todo”

 

 

Co­rra­do Le­vi: ¿Qué pue­de re­pre­sen­tar hoy una mues­tra de Boet­ti?

 

Gia­cin­to Di Pie­tran­to­nio: Alig­hie­ro Boet­ti pue­de re­pre­sen­tar “Ca­si To­do”, el có­mo y el por qué.

 

C.L.: Lo que vi­ve, lo que es­tá muer­to, co­mo di­ce Cro­ce de He­gel.

 

G.D.P.: Boet­ti ha si­do y es to­da­vía un ar­tis­ta pio­ne­ro pa­ra la cul­tu­ra con­tem­po­rá­nea, tan­to por su tra­ba­jo des­de el pun­to de vis­ta for­mal co­mo es­pe­cial­men­te por el mo­do de con­si­de­rar el ar­te y la vi­da. Bas­ta con pen­sar cuán­to su tra­ba­jo ha in­flui­do en ar­tis­tas mas jó­ve­nes que em­pe­za­ron a tra­ba­jar en­tre el fi­nal de los años ‘80 y el prin­ci­pio de los ‘90, ar­tis­tas co­mo Ste­fa­no Arien­ti en Ita­lia o en el ex­te­rior Fé­lix Gon­za­lez To­rres y Jo­nat­han Monk, que re­to­ma­ron su lec­ción de unir un vo­ca­bu­la­rio con­cep­tual con ele­men­tos mas per­so­na­les, ín­ti­mos, de la exis­ten­cia.Y to­do es­to siem­pre con le­ve­dad. Mon­tar una ex­po­si­ción de Boet­ti sig­ni­fi­ca de­fi­nir no so­lo el ar­tis­ta, si­no tam­bién nues­tra mis­ma con­tem­po­ra­nei­dad, que Boet­ti nos su­gi­rió co­mo an­ti­re­tó­ri­ca y an­ti­con­me­mo­ra­ti­va. Boet­ti in­ven­tó un mo­do de pro­ce­der y de tra­ba­jar al cual mu­chos mi­ra­ron tan­to des­de el ar­te —pen­se­mos, por ejem­plo, en la cul­tu­ra pos­mo­der­na y Fran­ces­co Cle­men­te— co­mo des­de la vi­da en ge­ne­ral, pen­se­mos cuán acer­ta­das son sus in­di­ca­cio­nes acer­ca de orien­te, y en sus via­jes a Af­ga­nis­tán, adon­de iba a en­car­gar sus ta­pi­ces.

 

C.L.: El as­pec­to per­so­nal es una cla­ve muy im­por­tan­te tan­to en su tra­ba­jo co­mo en es­ta ex­po­si­ción. Pa­ra mí Alig­hie­ro ha si­do tan­tas co­sas: un guía, un maes­tro, un ami­go, la pri­me­ra ex­po­si­ción; por lo cual cuan­do me pe­dis­te co­la­bo­rar en es­te pro­yec­to, pa­ra mí ha si­do una emo­ción. Con es­te sen­ti­do del amor, de agra­de­ci­mien­to y de amis­tad, la ex­po­si­ción se trans­for­ma tam­bién en una aven­tu­ra en­tre ami­gos, una pa­la­bra be­lla e im­por­tan­te.

Uno de los as­pec­tos fun­da­men­ta­les de su ac­tua­li­dad es ha­ber re­mi­ti­do su ha­cer a su per­so­na, es de­cir la im­por­tan­cia da­da al cuer­po: en obras co­mo Ge­me­lli (Ge­me­los) de 1968 o Scri­ve­re con la si­nis­tra é di­seg­na­re (Es­cri­bir con la iz­quier­da es di­bu­jar) de 1979 —y otras más— su mis­mo cuer­po en­tra en la obra. Es un he­cho nue­vo e im­por­tan­te, por­que los años ‘70 fue­ron la épo­ca en la cual los pri­me­ros mo­vi­mien­tos de li­be­ra­ción adop­ta­ron la sub­je­ti­vi­dad co­mo uni­dad de me­di­da del mun­do. Par­tir de uno mis­mo sig­ni­fi­ca adop­tar un mo­do de pro­ce­der que no pue­de ser eva­lua­do se­gún los cri­te­rios de las ver­da­des que go­bier­nan el ám­bi­to de las cien­cias, de la his­to­ria o de la po­lí­ti­ca tra­di­cio­nal. Y es­to es un as­pec­to cen­tral de to­do el tra­ba­jo de Alig­hie­ro Boet­ti.

Y ade­más la ex­po­si­ción tie­ne un sig­ni­fi­ca­do hoy muy im­por­tan­te por­que, en un mun­do apro­xi­ma­ti­vo, de gro­se­ra co­mu­ni­ca­ción y arro­gan­cia, pres­tar aten­ción a la teo­ría de Boet­ti y a sus ten­sio­nes es un de­sa­fío, un pen­sa­mien­to al cual afe­rrar­se.

 

G.D.P.: “Sub­je­ti­vi­dad­”pue­de sig­ni­fi­car asu­mir sus res­pon­sa­bi­li­da­des sin de­le­gar a los de­más o me­jor, de­le­gar que­dán­do­se en si mis­mo. Boet­ti pu­so co­mo uno de los cen­tros de su mé­to­do el de­le­gar: el ha­cer de los otros se con­ver­tía en su ha­cer y vi­ce­ver­sa. La re­la­ción en­tre iden­ti­dad y al­te­ri­dad, en­tre sin­gu­la­ri­dad y plu­ra­li­dad de las con­cien­cias es una te­má­ti­ca con que Boet­ti an­ti­ci­pó un de­ba­te que es hoy una mo­da ade­más de una ne­ce­si­dad. Obras co­mo Met­te­re al mon­do il mon­do (Traer al mun­do el mun­do) sig­ni­fi­can pre­ci­sa­men­te ex­ten­der la sub­je­ti­vi­dad en el es­pa­cio en­tre sí y el otro y más allá, com­par­tien­do con el mun­do en­te­ro. Es­te tra­ba­jo lo­gra con­tem­plar, al mis­mo tiem­po y con la mis­ma in­ten­si­dad, el sí mis­mo y el mun­do ex­ter­no, así co­mo en el ca­so de sus ma­pas que son una me­dia­ción en­tre in­di­vi­dua­li­dad y co­lec­ti­vi­dad.

To­da­vía, la idea de sub­je­ti­vi­dad de Boet­ti no era un re­ple­gar­se en sí mis­mo, un ce­rrar­se en pri­va­do, un psi­co­lo­gis­mo, un ais­lar­se del mun­do, si no un asu­mir res­pon­sa­bi­li­da­des ha­cia y en el mun­do. Las for­mas de co­la­bo­rar em­pe­za­das por Boet­ti han de­ve­ni­do hoy una for­ma co­mún pa­ra las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes. El he­cho que es­ta­mos gra­ban­do es­ta con­ver­sa­ción el mis­mo día que Ha­rald Szee­mann dic­ta una con­fe­ren­cia acá en la GA­MeC, me lle­va a una ul­te­rior re­fle­xión que par­te de la ex­po­si­ción When at­ti­tu­des be­co­me form (Cuan­do las ac­ti­tu­des se con­vier­ten en for­ma)— cu­ra­da por Szee­mann en la Kunst­ha­lle de Ber­na (1969), una co­lec­ti­va don­de par­ti­ci­pa­ba tam­bién Boet­ti— pa­ra lle­gar a la ex­po­si­ción iti­ne­ran­te cu­ra­da por Phi­lip­pe Verg­ne— pri­me­ro en el Wal­ker Art Cen­ter de Min­nea­po­lis y des­pués en la Fun­da­ción San­dret­to Re Re­bau­den­go de Tu­rín— la cual, pa­ra­fra­sean­do el tí­tu­lo de la ex­hi­bi­ción de Szee­mann, ha si­do ti­tu­la­da Art in the Glo­bal Era, How La­ti­tu­des Be­co­me Forms (Ar­te en la era glo­bal, cuan­do las la­ti­tu­des se con­vier­ten en for­mas). Las dos ex­po­si­cio­nes son tes­ti­go del tiem­po: en la pri­me­ra las ac­ti­tu­des —o sea el in­di­vi­duo— son pues­tas en el cen­tro co­mo ex­pe­rien­cia del mun­do a par­tir de los años ‘60, y en la se­gun­da, la geo­po­lí­ti­ca de la glo­ba­li­za­ción con las la­ti­tu­des del mul­ti­cul­tu­ra­lis­mo son pues­tas en el cen­tro de la vi­da ac­tual. Lo que lla­ma la aten­ción en es­te re­co­rri­do, es co­mo el tra­ba­jo de Boet­ti tie­ne que ver con las ac­ti­tu­des, en­car­ga­ba la rea­li­za­ción de la ma­yo­ría de sus obras a otros, po­nien­do así a prue­ba sus ac­ti­tu­des pa­ra el di­bu­jo, pa­ra el bor­da­do, etc.—y al mis­mo tiem­po con las la­ti­tu­des— pen­se­mos en el in­te­rés que ya sen­tía por el Orien­te mas de trein­ta años atrás. Alig­hie­ro Boet­ti tra­ba­jó tan­to con las ac­ti­tu­des co­mo con las la­ti­tu­des y es­ta es una ul­te­rior con­fir­ma­ción de cuan­to él mar­có pro­fun­da­men­te la his­to­ria ar­tís­ti­ca de los úl­ti­mos trein­ta años. Al­go que lo vuel­ve fuer­te y ac­tual es la na­tu­ra­li­dad, la le­ve­dad, con que in­da­gó es­tos po­los de la exis­ten­cia hu­ma­na: sin ha­cer ex­plí­ci­tas de­cla­ra­cio­nes ideo­ló­gi­cas o po­lí­ti­cas, dio for­ma de ar­te y de vi­da tan­to a la crea­ti­vi­dad —las ac­ti­tu­des— de dis­tin­tas per­so­nas, ni­ve­les y téc­ni­cas, la crea­ti­vi­dad de to­dos y to­do, o de ca­si to­do, co­mo a las la­ti­tu­des, a la Eu­ra­sia que nun­ca nom­bró di­rec­ta­men­te. “Crea­ti­vi­dad de to­dos” y “Eu­ra­sia” son te­mas que­ri­dos de Jo­seph Beuys un ar­tis­ta muy di­fe­ren­te a Boet­ti y sin em­bar­go de igual lu­ci­dez pa­ra des­cu­brir y prac­ti­car cam­pos pa­re­ci­dos y mos­trar una for­ma di­fe­ren­te de ac­tua­li­dad.

 

C.L.: Qui­sie­ra lle­var al lí­mi­te lo que di­jis­te: Boet­ti pu­so en re­la­ción su sub­je­ti­vi­dad y el mun­do, ope­ró de for­ma tal que el mun­do, co­mo lu­gar de la ex­pre­sión de múl­ti­ples ac­ti­tu­des, de­vi­nie­ra su mis­mo la­bo­ra­to­rio, exal­ta­ción de las di­ver­si­da­des y no for­ma de co­lo­ni­za­ción. Por es­to aún hoy Boet­ti se des­li­za del ar­te a la vi­da y vi­ce­ver­sa.

Cam­bian­do de te­ma, ¿cual es la obra de Alig­hie­ro que más te gus­ta?

 

G.D.P.: es di­fí­cil de­cir­lo, por­que Boet­ti es un ar­tis­ta muy ri­co y sus obras y for­mas no son for­mas afi­nes a si mis­mas si­no ac­ti­tu­des de pen­sa­mien­to y de vi­da. To­do su tra­ba­jo es una ce­le­bra­ción de la di­fe­ren­cia: ca­da se­rie de obras es dis­tin­ta de la otra y, aun­que ha­ya un hi­lo ro­jo que las ata, fren­te a una obra su­ya, si no sa­bés que es de él, pue­de ocu­rrir­te pen­sar que es de otro ar­tis­ta.

Su traer al mun­do no so­lo la sub­je­ti­vi­dad si­no tam­bién “las sub­je­ti­vi­da­des” es una an­ti­ci­pa­ción de la con­di­ción pos­mo­der­na. Un te­ma que se evi­den­cia no so­lo en la di­fe­ren­cia for­mal de las dis­tin­tas se­ries de obras si­no es­pe­cial­men­te en los pe­que­ños ta­pi­ces con las fra­ses, en el prin­ci­pio de “ha­cer cua­drar las pa­la­bras”. Ha­ce al­gu­nos días atrás, char­lan­do de la ex­po­si­ción con ami­gos, em­pe­za­mos a ci­tar las fra­ses que Boet­ti ha­bía “in­ven­ta­do” y bor­da­do en los pe­que­ños ta­pi­ces, pe­ro no pu­di­mos re­cor­dar cua­les eran las su­yas y cua­les te­nían otra pro­ve­nien­cia. Des­pués he ve­ri­fi­ca­do y he cons­ta­ta­do que mu­chas de aque­lla fra­ses non eran de él, pe­ro re­so­na­ban en nues­tras men­tes co­mo si hu­bie­ran si­do de él y so­lo de él: es­te he­cho me hi­zo pen­sar que las fra­ses de Boet­ti y la téc­ni­ca del bor­da­do fun­cio­nan de la mis­ma ma­ne­ra, o sea, evi­den­cian las cua­li­da­des del ano­ni­ma­to, y es­to con­fie­re sub­je­ti­vi­dad al la­bo­ra­to­rio-mun­do.

 

C.L.: ¿Qué es al fi­nal lo que une en­tre ellas to­das las obras? La dis­cre­ción de los sig­nos y la exu­be­ran­cia de la be­lle­za: y es­to, así co­mo el ar­te, es un mis­te­rio.

 

G.D.P.: Po­de­mos de­cir que, si exis­te un es­ti­lo Boet­ti, es un no-es­ti­lo o me­jor di­cho, se pue­de de­fi­nir co­mo un es­ti­lo li­bre: tam­bién por es­to Alig­hie­ro an­ti­ci­pó los tiem­pos. Has­ta los años ‘80, la cul­tu­ra se ba­sa­ba en con­tra­po­si­cio­nes muy rí­gi­das: el Ar­te Con­cep­tual, por ejem­plo, se opo­nía a la pin­tu­ra y la ne­ga­ba. Los ar­tis­tas te­nían que ser re­co­no­ci­dos por su es­ti­lo, con­si­de­ra­do una mar­ca de ga­ran­tía. A par­tir de los años ‘90 —años de la se­gun­da ree­va­lua­ción de Boet­ti, la pri­me­ra ha­bía em­pe­za­do ya en los años ‘80— los ar­tis­tas de­rri­ba­ron to­das las ba­rre­ras en el uso de dis­tin­tos me­dios y es­ti­los. Hoy son ad­mi­ti­das to­das las prác­ti­cas y téc­ni­cas y los ar­tis­tas pa­san de la pin­tu­ra al vi­deo, de la es­cul­tu­ra a la ins­ta­la­ción.

Creo que una de las más pro­fun­das he­ren­cias que es­te ar­tis­ta nos ha de­ja­do es la en­se­ñan­za con es­ti­lo de la li­ber­tad de es­ti­lo.

 

C.L.: Par­tir de sí mis­mo y del mun­do co­mo la­bo­ra­to­rio, y atra­ve­sar to­das la prác­ti­cas que di­ji­mos, en el fon­do ha­ce con­fiar en la in­te­li­gen­cia de los otros. ¿Co­no­cés la his­to­ria de la se­rie To­do?. Pa­re­ce que él di­jo a sus co­la­bo­ra­do­res “va­yan a com­prar re­vis­tas” y uno de sus co­la­bo­ra­do­res le pre­gun­tó “¿cuá­les?” , “to­das” con­tes­tó Alig­hie­ro. Cuan­do vol­vie­ron con las re­vis­tas Boet­ti di­ce “aho­ra cor­ten las fi­gu­ras”, “¿cuá­les?” pre­gun­tó el asis­ten­te. “To­das”.

¿Era él quien con­ta­ba es­ta his­to­ria o es un in­ven­to mío, que yo he ela­bo­ra­do sin dar­me cuen­ta?

 

G.D.P.: Aún si fue­ra tu in­ven­to, de to­das ma­ne­ras es plau­si­ble, por­que es par­te del pro­ce­di­mien­to de Boet­ti  —lo que de­cía­mos an­tes— pro­ce­di­mien­to que le­gi­ti­ma es­tas fra­ses en nues­tra men­te y nos ha­ce creer su­yas fra­ses de los ta­pi­ces que no lo eran. Tam­bién me gus­ta mu­cho re­sal­tar la re­la­ción que él es­ta­ble­cía en­tre sub­je­ti­vi­dad y ob­je­ti­vi­dad, pen­se­mos en obras co­mo Or­di­ne e di­sor­di­ne (Or­den y de­sor­den) o I mi­lle fiu­mi piú lung­hi del mon­do (Los mil ríos más lar­gos del mun­do): en ellas la sub­je­ti­vi­dad po­ne en te­la de jui­cio los pa­rá­me­tros “ob­je­ti­vos” de la cien­cia o de la cla­si­fi­ca­ción geo­grá­fi­ca.

 

C.L.: Un re­cuer­do más, es­ta vez real. Es­tá­ba­mos en Af­ga­nis­tán en los años ‘70 y nos en­con­trá­ba­mos en aquel fa­mo­so pa­so que con­du­ce a la Chi­na en el me­dio de una tor­men­ta de nie­ve, las fur­go­ne­tas pa­ra­das, to­do blo­quea­do, la gen­te en la ca­rre­te­ra; ha­cía tan­to frío que tu­vi­mos que en­vol­ver­nos en los ta­pi­ces que ha­bía­mos com­pra­do. Ha­blá­ba­mos de ar­te y Alig­hie­ro de­cía que que­ría ha­cer un ma­pa­mun­di en re­lie­ve, una fu­sión de bron­ce, y dis­cu­tien­do de cuan­to po­día cos­tar ha­cer un tra­ba­jo así, sa­lie­ron su­mas tan al­tas en com­pa­ra­ción con el cos­to de la vi­da del lu­gar, que él di­jo­:”Pe­ro co­mo to­do es ab­sur­do”. Tam­bién en es­te ca­so con­fron­tó el ar­te con la vi­da, y es­to nos da tam­bién el sen­ti­do de su ri­que­za hu­ma­na.

 

G.D.P.: ¿Cual es la fra­se de Boet­ti que más te gus­ta?

 

C.L.: NON PAR­TO E NON RES­TO (no par­to y no me que­do). Por­que no sé don­de es­toy. ¿Y a vos?

 

G.D.P.: MET­TE­RE AL MON­DO IL MON­DO (traer al mun­do el mun­do)

 

C.L.: ¿Sa­bías que las fe­mi­nis­tas lo adop­ta­ron co­mo su es­lo­gan?

 

G.D.P.: No, no lo sa­bía.

 

C.L.: Cuan­do una vez di­je es­to a un gru­po de fe­mi­nis­tas mecon­tes­ta­ron­: ”No, lo in­ven­ta­mos no­so­tras”. Me que­dé ca­lla­do.

 

G.D.P.: MET­TE­RE AL MON­DO IL MON­DO (traer al mun­do el mun­do) es mi fra­se pre­fe­ri­da, por­que en­tra­ña to­da la ple­ni­tud de su tra­ba­jo y más des­ta­ca el he­cho que el ar­te es crea­ción y no pro­duc­ción.

 

C.L.: Tal vez to­dos los gran­des ar­tis­tas “traen al mun­do el mun­do”. Con res­pec­to a es­to, veo una ana­lo­gía con Paul Klee: él tam­bién pro­pu­so una me­to­do­lo­gía del ha­cer un mé­to­do de ope­ra­ti­vi­dad. Ade­más, en el tra­ba­jo de Boet­ti, las pa­la­bras son in­te­gra­das a la obra, se con­vier­ten en un lu­gar de re­la­ción en­tre es­cri­tu­ra e imá­gen.

 

G.D.P.: Mu­chas de las fra­ses de los ta­pi­ces son tam­bién tí­tu­los de otras obras, co­mo por ejem­plo NIEN­TE DA VE­DE­RE NIEN­TE DA NAS­CON­DE­RE (na­da por ver na­da por ocul­tar), y es­to es­ta­ble­ce una ul­te­rior re­la­ción, nue­va, con el mé­to­do tau­to­ló­gi­co.

 

C.L.: La ex­po­si­ción no es­tá es­truc­tu­ra­da ni se­gún un cri­te­rio es­tric­ta­men­te cro­no­ló­gi­co, ni des­de un pun­to de vis­ta te­má­ti­co, y es­to me pa­re­ce ser su pun­to fuer­te: ca­da obra ad­quie­re la en­ver­ga­du­ra ade­cua­da y es va­lo­ra­da por sí mis­ma, fue­ra del clá­si­co plan­tea­mien­to sis­te­má­ti­co, así que el vi­si­tan­te pue­de atra­ve­sar las sa­las pen­san­do.

Al fi­nal de es­te re­co­rri­do mar­ca­do por la li­ber­tad, se en­cuen­tra la sín­te­sis de la úl­ti­ma sa­la, don­de es­tá una obra com­pues­ta de ochen­ta y dos ho­jas y que re­su­me to­do su tra­ba­jo: Boet­ti re­di­se­ñó gran par­te de su ca­rre­ra has­ta en­ton­ces, mi­nia­tu­ri­zán­do­la y ha­cién­do­la trans­por­ta­ble. De es­ta ma­ne­ra hay ex­hi­bi­das tam­bién obras que no es­tán fí­si­ca­men­te pre­sen­tes!

 

G.D.P.: En la ex­po­si­ción es­tán tam­bién al­gu­nas es­cul­tu­ras de los años ‘70 que re­pro­du­cen en es­ca­la cier­tas obras his­tó­ri­cas de Alig­hie­ro Boet­ti co­mo Zig­zag (1966) o Da­ma (1967).

Otro as­pec­to que in­ten­ta­mos re­sal­tar en el con­cep­to de es­ta ex­po­si­ción, fue lo de la eje­cu­ción por par­te del mis­mo Boet­ti de sus tra­ba­jos, un am­plio com­po­nen­te de su obra y que muy fre­cuen­te­men­te es ol­vi­da­do a fa­vor del te­ma de la eje­cu­ción por par­te de ter­ce­ros. En la ex­po­si­ción hay mu­chas obras rea­li­za­das por él, co­mo la se­rie Tra sé e sé (En­tre sí), los di­bu­jos de 1964, el fri­so de la Bie­nal de Ve­ne­cia del 1990, Don­na oro ros­so (Mu­jer oro ro­jo) de 1989 y mu­chos más.

Yo creo que la obra mis­ma de Boet­ti ne­ce­si­ta ser mos­tra­da fue­ra de mo­de­los cro­no­ló­gi­cos y/o te­má­ti­cos, por­que du­ran­te to­da su ca­rre­ra él vol­vió fre­cuen­te­men­te a los mis­mos mo­ti­vos pro­po­nién­do­los ca­da vez ba­jo una nue­va luz, o re­to­mó co­sas del pa­sa­do in­vir­tien­do el trans­cur­so del tiem­po se­gún una nue­va con­cep­ción de pa­sa­do pre­sen­te y fu­tu­ro. El mis­mo tí­tu­lo de la ex­po­si­ción “Alig­hie­ro Boet­ti-Ca­si To­do” es, al mis­mo tiem­po, tan­to un co­men­ta­rio iró­ni­co de la opor­tu­ni­dad y la po­si­bi­li­dad de rea­li­zar una an­to­lo­gía “com­ple­ta­”del tra­ba­jo de un ar­tis­ta tan com­ple­jo y ar­ti­cu­la­do, co­mo una re­fe­ren­cia a su fan­tás­ti­co de­seo de abar­car el mun­do en su to­ta­li­dad. Si bien tie­ne las ca­rac­te­rís­ti­cas de la se­lec­ción, he­cho ine­vi­ta­ble de cual­quier ex­hi­bi­ción, qui­sie­ra que es­ta man­tu­vie­se y trans­mi­tie­se un po­co del sen­ti­mien­to que Alig­hie­ro Boet­ti sen­tía ha­cia el “to­do”, en­ten­dien­do la he­te­ro­ge­nei­dad de las co­sas no só­lo en el es­pa­cio si­no tam­bién en el tiem­po, su coe­xis­ten­cia ale­gre no só­lo en la rea­li­dad del pre­sen­te si­no tam­bién y es­pe­cial­men­te, de un si­tio pa­ra el otro, en la vi­da de la hu­ma­ni­dad y en la his­to­ria de su crea­ti­vi­dad.

Lle­van­do ade­lan­te al mis­mo tiem­po “vie­jos” y “nue­vos” in­ven­tos, Boet­ti po­ne en te­la de jui­cio el tra­yec­to li­neal del tiem­po ha­cien­do con­vi­vir, a la ma­ne­ra de Bor­ges, dis­tin­tos ni­ve­les tem­po­ra­les y cul­tu­ra­les.

 

C.L.: Es muy in­te­re­san­te por­que me acuer­do que los ar­tis­tas del Ar­te Po­ve­ra so­lían leer El Aleph de Bor­ges y Teo­ría de la for­ma y fi­gu­ra­ción de Paul Klee.

 

G.D.P.: A pro­pó­si­to de Bor­ges y de la Ar­gen­ti­na, país don­de na­ció el es­cri­tor, pue­de no ser una ca­sua­li­dad que la ex­po­si­ción Alig­hie­ro Boet­ti-Ca­si To­do, pro­ve­nien­te de Ita­lia, via­ja ha­cia Bue­nos Ai­res pa­ra ser mon­ta­da en la Fun­da­ción PROA.

Fue Alig­hie­ro mis­mo que usó la me­tá­fo­ra de la bi­blio­te­ca bor­gia­na ha­blan­do de su tra­ba­jo cuan­do di­jo: “Aho­ra me ocu­po de ta­pi­ces af­ga­nos o per­sas o en to­do ca­so muy pa­re­ci­dos a aque­llos que Te­mer­la­no, Ati­la, Gen­gis Khan po­nían ba­jo su mon­tu­ra pa­ra ca­bal­gar sus ca­ba­llos tár­ta­ros. Son ta­pi­ces muy co­lo­ri­dos, con le­tras. Las le­tras, si se quie­re, se pue­den leer; no sig­ni­fi­can mu­cho pe­ro no po­drían sig­ni­fi­car más: en­tre la tie­rra y el cie­lo —ines­pe­ra­do— ha­cer cua­drar to­do —el si­len­cio es oro— tal vez lu­na tal vez sol- las mis­mas co­sas que se en­cuen­tran abrien­do las pá­gi­nas de cual­quier li­bro: la Bi­blia, el Co­rán, el Ca­pi­tal, Pi­no­cho, Ali­cia en el país de las ma­ra­vi­llas, Uli­ses, Moby Dick de una bi­blio­te­ca bor­gia­na”.

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imágenes:

arriba: Sin título, Alighiero Boetti, Bordado s/ tapiz, 101 x 113 cm

Col. privada, Roma

abajo: Gemelos, Alighiero Boetti, postal (frente), 14,15 x 10,5 cm

Col. Privada, París

Fundación Proa: Av. Pedro de Mendoza 1929 y Caminito

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