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El artista y su España ... por Jimmy Tica Bendezú
 

El artista y su España según "Luces de Bohemia"de Ramón del Valle-Inclán o la Generación del 98.

EL ARTISTA Y SU ESPAÑA SEGÚN LUCES DE BOHEMIA DE RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN O LA GENERACIÓN DEL 98

 

Por

Jimmy Tica Bendezú

 

          Hay vidas a las que sólo la muerte, el modo de morir,

  otorga última y verdadera significación.

       [Laín Entralgo, 1945: 40]

            La diégesis, en Luces de bohemia, trata, poéticamente, sobre la relación y el enfrentamiento entre el hombre común y el (su) Estado, conjunto político-social, al que éste pertenece; y, mediante esta relación conflictiva, la obra nos presenta la intervención del artista en su sociedad, aunque dicha intervención no modifica de manera significativa al Estado.

El personaje principal de dicha obra, llamado Max Estrella, es un poeta que intenta mantenerse apartado de los conflictos sociales y aún de los particulares de la sociedad, pero no puede; se debe destacar que el rol que cumple Max en la obra, tanto como en la sociedad española de entonces, es pasivo. En este sentido, la relación que este hombre llegó a sostener con su sociedad sólo coincidía en parte con el sentir de los otros españoles (el proletariado), ya que el poeta estaba, sobre todo, inmerso en su poética, más que en el sentir del conjunto mayoritario sobre la coyuntura social deciochesca.

Por ello, en este trabajo revisaremos algunos rasgos que ilustren comparación y contraste entre las concepciones del artista y las de la masa, según lo leído en Luces de bohemia, y también la influencia de dicha obra en torno a la Generación del 98.

Ahora, en cuanto a la coyuntura temática de la misma obra, podemos mencionar que su autor perteneció a la Generación del 98. Esta generación representó, podemos decir, un movimiento político y artístico en contra las autoridades políticas de una España autoritaria y en decadencia. La declinación del ambiente político-social en España se dejó percibir también en los principales ámbitos de su quehacer intelectual; es por esto  que los intelectuales, entre muchos otros, tuvieron que responder de alguna manera ante dicha coyuntura, la cual agobiaba a su España.

Asimismo, la historia lo dice, el principal motor de acción para esta generación de intelectuales fue la pérdida de la última colonia española: Cuba. Veamos un testimonio:

Al referir aquellos sucesos después de ocurrida la catátrofe colonial, es difícil resistir a la tentación de indagar las causas de tantos reveses y de recordar los grandes desaciertos de nuestra política ultramarina. Nuestros políticos vivieron siempre al día, atentos al conflicto presente, sin preocuparse lo más mínimo del porvenir. [...] pensaban que Cuba –esa Cuba que nos aborrecía y cuya independencia, deseada por América entera, era inevitable- valía la pena de sacrificarle España.

              [Ramón y Cajal, 1944: 224]

En este sentido, el golpe que significó esta pérdida para los españoles de entonces fue violento; por lo tanto, la reacción de ellos cobró fuerza en contra de esos gobernantes que aparecían como autoritarios e inhumanos: estos gobernantes, que insistieron en sacrificar a sus hombres por mantener Cuba bajo su dominio, lograron crear una lucha que demostró ser insulsa.

Hemos dicho que España, a finales del siglo XIX, pasaba por momentos conflictivos que afectaban a sus ámbitos principales; y que los mismos españoles (proletarios e intelectuales) reaccionaron en contra del manejo político que condujo a esos conflictos. Por ejemplo, Cánovas y otros líderes de entonces eran enemigos de artistas como Valle-Inclán y los de su generación. Estos artistas e intelectuales, en su mayoría, eran hombres probos e inquietos por llevar a cabo una lucha por su patria; sin embargo, dicha lucha quedó, generalmente, en mero manifiesto literario, puesto que, como podía esperarse, la mayoría de los representantes de dicha generación no fueron hombres de acción: los máximos representantes de la Generación del 98 no se propusieron ser representantes políticos de lucha activa por su patria. Sin embargo, éstos fueron intelectuales que, sin considerarse académicos­­, defendieron con la pluma y la metáfora muchos rasgos positivos y humanos de su España. Es el caso del autor de Luces de bohemia: Ramón María del Valle-Inclán.

 

Entrada de Luces de bohemia en una España dolida

 

Tenemos que rehacer el concepto religioso, en el arquetipo del Hombre-Dios.

Hacer la Revolución Cristiana, con todas las exageraciones del Evangelio.

[Escena segunda: 21]

 

La palabra “tenemos” nos presenta el sentir de las masas españolas en contra del círculo que los gobierna. Estas masas que representan a la sociedad quieren, simplemente, dejar de estar agobiadas. Y, con el objetivo de quitarse de encima los abusos que les instauran los gobernantes, estas masas quieren llevar a cabo una lucha, digamos, de modo religioso, si vale el fanatismo, en contra del Estado opresor.

En medio de esa lucha de masas, Luces de bohemia nos ilustra sobre el tipo de “participación” que los intelectuales realizaron en la sociedad. El rol que el intelectual desempeña es importante en cuanto que asume la representación del sentir mayoritario del pueblo, pero también representa ese otro lado, digamos parasitario, puesto que no llega a resolver los problemas sociales.

El caso de Máximo Estrella es ejemplar, intelectual vanidoso que puede representar a los intelectuales colectivamante, nos da a entender que España, durante esos tiempos, si acaso careció de hombres de acción, no careció de hombres de intelecto, tanto en el terreno político como en el terreno social.

La mayoría gobernante, y lo vemos también claramente en Luces de bohemia, estuvo regida por improvisados y hombres típicos de la burocracia estatal: estos gobernantes eran intelectuales sin dos pesetas de conciencia social.

El Albañil.- La vida del proletario no representa nada para el Gobierno.

[Escena undécima: 101]

 

Por otra parte, también se ve en dicho libro que había la necesidad de fortalecer la acción política: había que volverla un trabajo de apostolado. Esta acción de fortalecimiento político debía ponerse en práctica en pos del bien de las mayorías. Y Max estaba dispuesto a apoyar esa lucha, ya que es inevitable reparar en el el hecho de que los proletarios y sus huelgas necesitaban de representantes probos ante un Estado opresor: si no había ese cambio, vendría la revolución, quizá con un desenlace como el de Rusia en 1917.

                Max.- La Revolución es aquí tan fatal como en Rusia.

             Don Latino.- ¡Nos moriremos sin verla!

[Escena tercera: 38]

 

Los españoles de entonces (entre proletarios y artistas), en Luces de bohemia, desean una revolución, quieren cambiar el sistema estatal, y quieren ser una parte integral de ese cambio; pero, como vemos en la misma obra, precisamente lo dramático es que no lo logran. Esa lucha queda en deseo, en esperanza: y quizá esta última es un factor determinante, un factor que logra mantener vivos a los hombres dentro de un medio hostil. Y hablamos, en este caso, como decía Vallejo, de la imagen española de la muerte: hablamos de una España que permite el triunfo de todo lo contrario a la esperanza, a la vida: hablamos de la desesperanza misma. Esta manifestación, poética, de la desesperanza es la que hallamos en la obra mencionada:

Otro Sepulturero.- En España el mérito no se apremia.

            Se apremia el robar y al sinvergüenza.

                                                   En España se apremia todo lo malo.

   [Escena décimacuarta: 125]

 

Más aún, vemos que Max mismo se define, en tono de indignación, ante los otros:

Odian mi rebeldía y odian mi talento.

[Escena cuarta: 40]

 

Sin embargo, su rebeldía es sólo verbal, su gesto es poético; y, así, su “lucha” contra el sistema es limitada. Max tiene un talento que se deja sentir dentro de su propio imaginario, no dentro de la realidad española misma. Max es como otros tantos que luchan por reivindicar la sociedad ante los males que la aquejan, pero es la vanidad misma de este personaje la que no le permite ser un hombre de acción.

¡Yo soy el verdadero inmortal, y no

   esos cabrones del cotarro académico!

                 [Escena cuarta: 41]

 

Tanto Max como su deseo de cambio social son infructuosos para España. El proletariado sigue sufriendo y Max muere haciendo arte; es decir, Luces de bohemia nos muestra ya un desenlace, respecto del papel de los intelectuales en la sociedad, que llegará a parecernos “normal” con el transcurrir del tiempo y la historia.

Asimismo, cuando el personaje mencionado dice ser El artista, parece que esta asunción llegaría a ser un “instrumento” para ayudar a la prole; sin embargo, pronto notamos que esta posición sólo logra hacerlo diferente a lo(s) demás.

Max.- Los obreros se reproducen populosamente, de un modo comparable a las moscas. En cambio, los patronos, como los elefantes, como todas las bestias poderosas y prehistóricas, procrean lentamente.

[Escena sexta: 55-6]

 

Max logra ser querido y respetado como artista, pero no logra influenciar a un entorno mayor; Max no es parte del vulgo, del llamado proletariado. Un rasgo importante para notar su hacer sale a relucir cuando lo someten a prisión, no por luchador o agitador de masas, sino por provocar disturbios en estado alcohólico. En este sentido, y recurriendo a giros populares, Max es un pájaro cantor, no un halcón de lucha y ataque. Su lucha poética es eso: un estar en la poesía; y la poesía prefiere la imagen que la realidad.

De otra parte, podemos reconocer que este personaje es solidaridario con los demás, con quienes le resultan cercanos, aunque no llegue a hacer mucho por la masa de explotados. Max representa también, de algún modo, el anarquismo del artista dieciochesco:

-Si ser anarquista consiste en ser partidario del amor universal, me declaro    anarquista. Si ser anarquista es ser contrario a toda forma de poder y opresión sobre los débiles, también me declaro anarquista.

[Prada, 1997: 103]

 

En este sentido, Max tuvo una actitud que repudiaba al establecimiento oficial; Max era un caminante libre que soñaba con ver, también, libres a los demás. Por ello, su actitud, que podemos calificar de anarquista, también llegó a encender a otros en contra del Estado y sus formas de poder; pero igualmente cabe recalcar que ese anarquismo, esa actitud, quedó en el plano de una propuesta poética, sin llegar a ser la base de un movimiento mayor, políticamente hablando.

Por eso, la obra Luces de bohemia de Valle-Inclán muestra la simbología, que se tornaría una constante, del rebelde sin acción, del anarquista de balcón. Pero, asimismo, notamos mediante esta obra que la Generación del ‘98 expresó un manifiesto representativo de la desesperación de las masas españolas en contra de una monarquía y un gobierno despótico.

 

 

 

¿Qué es aquello que se puede redimir de un personaje como Max en relación a la Generación del 98?

De principio, Max Estrella es el poeta mimado de España: no desea cambiar esa condición por nada; Max quiere vivir y morir como poeta, no como revolucionario. Podemos concluir, consecuentemente, que, si bien Max es admirado como poeta, quizá no lo sería tanto como gobernante. Por todo lo expuesto, cabe recordar que la política suele ser un campo que aleja a los artistas del arte, pero también, y significativamente, de la bohemia.

La bohemia ha sido un factor vivencial en los miembros de la Generación de 98; y Max, un personaje representativo de ese tiempo, sintió ello en su vida y arte. Pero notemos que esta bohemia fue justamente la que logró que el artista conociera y compartiera, siquiera momentáneamente, el sentir social de los de abajo. Hablamos, entonces, de una bohemia que no alejó a los miembros de dicha generación; por el contrario esta bohemia fue un medio de anexar el arte con el sentir de las masas.

La Generación del 98 fue un sentimiento social que expresó el reparo de una élite intelectual hacia las masas. Dicha bohemia se caracterizaba por el detestamiento de los hombres de poder, pero también se caracterizaba por mantener una posición de artistas: fueron muy pocos los miembros de esta generación los que pertenecieron e influyeron a la actividad política española de entonces.

Max, en tanto personaje representativo y casi nuevo arquetipo para lo expuesto en nuestro trabajo, se mantiene en su posición de poeta; no quiere, digamos, infectarse socialmente a pesar de que todas las fuerzas vivas del país están muertas [Escena séptima: 67]. Quizá la actitud de Max se deba a que el Estado es ingrato, pero también el pueblo mismo: la historia lo ha dicho muchas veces. Ya que es sabido que muchos hombres, de intelecto y arte comprobados, nunca fueron reconocidos por sus trabajos mientras estuvieron vivos.

Un escritor no empieza a ser “gloria nacional” hasta que no repiten que lo es las gentes incapaces de juzgar y apreciar su obra.

[Ortega y Gasset, 1970: 47]

Por otro lado, Max, lo vemos, no es un hombre que entre en total contradicción internamente; la mayor contradicción en la vida de Max se presenta en lo externo, contradicción respecto de lo que le rodea: con la sociedad. Max trabaja durante su existencia para, a través de ella, brindar arte a otros, a la prole.

Ahora, muchos artistas han sospechado que las sociedades no tienen salvación; muchos hombres de la intelligentzia se atrevieron a ignorar a la sociedad y a su explotación de los débiles: arguyendo que todo es parte del progreso social. O sea que la armonía humana en conjunto, soñada por la mayoría de artistas e intelectuales, es eso: un puro sueño; es un deseo que sólo es real en la poesía, o quizá ni allí. Así, Max, un bohemio, cobró, a la vez, la “cualidad” del escritor allegado a las masas y también la del escritor que trata de no arriesgarse en las luchas sociales de las mismas: ese era el estado, digamos, condicional de Max.

 

Lear.- ¿En qué te ocupas?

Kent.- Me ocupo en no ser menos de lo que parezco.

[Shakespeare, Rey Lear, acto I: escena cuarta]

 

La manera del sentir por los demás es determinante, Max, es cierto, lo veía todo desde un lado indignado, consciente; pero su arte era partícipe del lado inconsciente que, como sabemos por Lacan, predomina hasta en las mentes más reflexivas. De esta manera, nos arriesgamos a decir que, el lado político de Max era consciente, producto de su reflexión; en cambio, el lado poético, su expresión natural, era parte de su inconsciente.

En este sentido, y ya para finalizar, Max, quizá como Valle-Inclán, llegó a desear en su poética un mundo mejor, una sociedad, si bien abigarrada, orientada hacia un desarrollo socialmente positivo; pues la España, como hemos dicho al inicio, que nos dejan percibir el autor y su personaje está dolida; y también hablamos de una España que también está ciega (como Max). Análogamente, se trata de una España que siente dolor pero que no se permite ver un futuro digno para ella. Por eso, decimos, los hombres de ese entonces, como son los de la Generación del 98, se permitieron abrirle los ojos a su amada España a través de sus manifiestos, en este caso, poéticos y simbólicos. Asimismo, agregaríamos, el “manifiesto” generacionista del 98 no sólo “retrató” su contexto sino que, como toda auténtica obra, también soñó con otro contexto, soñó con cambiar la historia española: La poesía viene a ser algo más que filosófico y grave que la historia, porque representa no lo que es, sino lo que debe ser. [Menéndez Pelayo, Estudios VII: 8]

Luces de bohemia nos propone recordar a uno de tantos sentidores (como Valle-Inclán o Max) de su patria, y luchadores por un nuevo modo de vida, tanto en España como en el imaginario del hombre. Un modo creado para ir más allá de los intereses personales o estéticos del hombre, un modo básico para vivir todos en las mismas condiciones, un modo que, al final de cuentas, es sólo un sueño, una lucha que era una propuesta poética.

 

© Jimmy Tica Bendezú

 

Sobre el autor: Jimmy Tica Bendezú nació en Lima - Perú; tiene 26 años. Durante  2004 cursará el 5º año de la Carrera de Literatura en la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz - Bolivia)

Edita una revista de literatura: Matanza, Ideas y Letras.

Y, actualmente, está terminando un libro sobre un aspecto de la narrativa de Mario Vargas Llosa.


 



 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

LAÍN ENTRALGO, Pedro

1945                               Menéndez Pelayo. Historia de sus problemas intelectuales

Editorial Juventud, Buenos Aires.

 

MENÉNDEZ PELAYO, Marcelino

s/a                    Estudios

                        (fotocopia)

 

ORTEGA Y GASSET, José

1970                               El espectador.

Editorial Alianza, Madrid.

 

PRADA, Juan Manuel de

1997                               Las máscaras del héroe

Editorial Valdemar (séptima edición), Madrid.

 

RAMÓN Y CAJAL, Santiago

1944                               Mi infancia y juventud

Edición Espasa-Calpe (tercera edición), Buenos Aires.

 

VALLE-INCLÁN, Ramón del

1978                               Luces de bohemia

Edición Espasa-Calpe (novena edición), Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

 
 
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