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Ciudades
 

Se incorpora en esta tercera edición la nota de Gustavo Risso Patrón "Acerca de Santa Fe"
(Buenos Aires) Araceli Otamendi ¿Qué es una ciudad? pregunta Néstor García Canclini en su libro Imaginarios urbanos e intenta responderla mediante las soluciones más usadas en distintos momentos en la teoría urbana. Una primera aproximación a la pregunta, dice García Canclini, es concebir la ciudad como lo que no es el campo. Pero esta definición no alcanza, según el investigador porque se observan en las ciudades especialmente las latinoamericanas entrelazamientos entre lo urbano y lo rural. Siguen después otras tres definiciones de lo que es una ciudad y tampoco alcanzan: Wirth, dice García Canclini, define a la ciudad como la localización permanente relativamente extensa y densa de individuos socialmente heterogéneos. También está la definición de la ciudad basada en criterios específicamene económicos, que la ven como el resultado del desarrollo industrial y de la concentración capitalista. García Canclini cita otra definición más, de Antonio Mela, quien dice que hay dos características que definirían una ciudad a partir de la experiencia del habitar. Una es la densidad de interacción y la otra la aceleración del intercambio de mensajes. Según Mela, hay aumento de códigos comunicativos que exigen adquirir nuevas competencias. Las ciudades no serían sólo un fenómeno físico sino también lugares donde ocurren fenómenos expresivos que entran en tensión con la racionalización, con las pretensiones de racionalizar la vida social. La suma de todas estas definiciones, dice García Canclini, no se puede articular fácilmente. Tal vez pensar acerca de la ciudad en la que se vive pueda llevar a otra aproximación o a otra definición de ciudad. O si se quiere una definición más literaria, al estilo de Italo Calvino y su libro “Las ciudades invisibles”, a que se hagan visibles las ciudades invisibles, dado que suele haber varias ciudades en una misma ciudad. Para iniciar una aproximación sobre el tema, empezamos con la nota de Gustavo Risso Patrón, sobre la ciudad de Santa Fe. ---------------------------------------- Acerca de Santa Fe (Santa Fe) Gustavo Risso Patron Rodeada de ríos, al sur y al oeste por el Salado – que más adelante se convierte en afluente del Río de la Plata –, y al este por la inmensa laguna Setúbal – afluente del Paraná –, al llegar a Santa Fe uno se encuentra con una verdadera postal que tiene como marco el marrón azulado del agua y el verde tupido de las islas. Habrá que decir también que, como en todas las ciudades argentinas, la imagen se encuentra teñida por el hambre de las villas miserias que aflora y crece día a día y a un ritmo incontrolable. Fundada en 1573 por el mismo "conquistador" español que puso su espada en la piedra fundamental de la ciudad de Buenos Aires, Santa Fe ostenta tristemente altísimos índices de pobreza, marginalidad, desocupación y violencia que la catapultan al podio a nivel nacional. De todos modos, más allá de las preocupantes cifras y de la durísima realidad que uno observa y palpa a diario en las calles de la ciudad – tema que, por lo demás, me despierta gran interés y preocupación – he dedicado estas líneas a intentar realizar una descripción de la idiosincrasia de los santafesinos a partir de algunos íconos característicos de la ciudad. Consciente de haber dejado de lado infinidad de cuestiones, seleccioné solo siete ejes de lectura a partir de los cuales propongo intentar comprender algunas cuestiones básicas sobre los santafesinos. Confieso haber intentado buscar el máximo de "objetividad" posible, evitar el chauvinismo y el localismo, y esquivar permanentemente la posibilidad de editorializar. Por ello, no quise entrometerme en la redacción de una conclusión, tarea que dejo en manos de mis lectores. La Facultad de Derecho y el status social A fines del siglo XIX, infinidad de inmigrantes recientemente radicados en el país tenían serias y viables esperanzas de crecer económica y socialmente en la Argentina. Recibirse de abogado en la Argentina confiere de hecho la autorización a utilizar el título de doctor. El uso lo permite y además la paradigmática obra del dramaturgo Florencio Sánchez "M'hijo el dotor" sigue teniendo vigencia. En la actualidad, en el marco de una crisis que azota brutalmente al país, el anhelo de ascender socialmente y por ende lograr también bienestar económico sigue siendo moneda corriente de muchos sectores sociales que ven cada vez más lejana la posibilidad de acceder a la educación universitaria. Pero además de la estricta formación académica, llegar a ser Doctor, representa la llave de acceso a determinados círculos sociales – o a la mera convicción de cada uno de que se está accediendo – lo que de otra manera, aparentemente, sería imposible. La Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral, una de las primeras facultades de la casa de altos estudios, fue durante años el refugio académico de innumerables intelectuales, juristas, legalistas y políticos de toda Sudamérica. Pero sin duda, también fue el paso necesario que debían atravesar muchos jóvenes para tener el tan codiciado status social. Difícil será dilucidar cuáles o cuántos de ellos lo hacían por vocación y convicción de respeto a la ley y a la justicia, y cuáles o cuántos por status. De todos modos, la marca quedó indeleble en el inconsciente colectivo de los santafesinos y de ahí que también se entienda – junto a otro motivos – por qué infinidad de jóvenes eligen estudiar abogacía, y por qué años tras años se repiten innumerables casos de deserción de la carrera. Ser Abogado en Santa Fe es – a pesar de no haber realizado ningún estudio de postgrado – ser Doctor, hecho y derecho. Capital nacional de la cerveza Estaría mintiendo si no dijera que, más allá de las aguas que bordean la ciudad y que con las crecidas e inundaciones saben poner en jaque a gran parte de la población, al entrar a Santa Fe uno se encuentra con inmensos carteles publicitarios que dan la bienvenida e indican que la ciudad es la "Capital nacional de la cerveza". Pocas empresas como la Cervecería Santa Fe – hoy en manos de un grupo empresario chileno–estadounidense – existen en la ciudad. Hablar de grandes industrias, es algo desconocido en Santa Fe, razón por la cual, entre otras cuestiones, la ciudad de Rosario – casi 4 veces más grande y con un potencial industrial superlativamente mayor – se ha esmerado a lo largo de su historia en intentar adueñarse de la capital de la provincia. El dato no es menor, y ofrece un paralelo muy similar con la tradicional disputa entablada entre madrileños y catalanes. Es que no solamente el fútbol los enfrenta, sino la capacidad productiva e industrial de una y de otra. Pero habíamos quedado en la cerveza. No es extraño que, al compás del viento este, un despistado caminante que decide salir a pasear por la ciudad sienta olor a cebada. Bien temprano en la mañana o al caer el sol, el aroma invade las cercanías de la planta industrial que, por lo demás, está a no más de cinco minutos del centro comercial santafesino. Y es así que la cerveza es tan santafesina como el fútbol. Hablar de miles de litros de la bebida de espuma blanca consumidos durante cualquier fin de semana del año es una costumbre tan santafesina como ir a los estadios de Unión y Colón a ver sus actuaciones deportivas en las liga de fútbol argentina. Excepto a un grupo al que no sé porqué no nos gusta la cerveza, al tomar un liso – lo que en Buenos Aires llaman chopp – o un porrón – la cerveza en botella de litro – los santafesinos reafirman su condición de tales. Ser noticia Un ex senador nacional radical, correligionario de mi padre, solía decir que "Si te morís en Santa Fe, y no aparecés en El Litoral, en realidad, todavía no te moriste". La afirmación, tan verdadera como patética, es sin duda la otra punta del iceberg que nos permite ahondar en la idiosincrasia local. Como sucede en Rosario con La Capital o en Entre Ríos con El Diario de Paraná, quien aparece en El Litoral – sin distinción de edad – es felicitado por sus familiares y amigos: como si uno tuviera que ser saludado por la foto que aparece en primer plano y no por el contenido de la nota. Para comprobarlo, desde hace un tiempo, un colega amigo con el que nos pasamos horas conversando acerca de cómo cambiar el mundo, me viene haciendo una apuesta: está dispuesto a pedir que publiquen su foto en la sección de policiales para demostrarme sociológicamente cómo funciona el tema de las felicitaciones. La Escuela de Cine Si se hace un poco de historia, resulta ser que hace unos 40 años atrás, Santa Fe fue cuna de un grupo de cineastas que desde aquella época vienen siendo premiados y reconocidos a nivel nacional e internacional. Formados también en las estructuras de la Universidad Nacional del Litoral, la ciudad vio crecer los mejores documentalistas argentinos de la década del 60' con Fernando Birri a la cabeza. En la actualidad, contradictoriamente a lo que nuestra historia marca, la ciudad cuenta con solo dos cines: uno de ellos acusa años de uso; el otro, un multicine de una cadena internacional. No hace falta aclarar en cual de los dos se pueden ver los films con calidad de imagen y sonido, como así también los estrenos. De la misma manera, tampoco habrá que decir mucho para explicar en cuál de los dos funciona el Cine Club Santa Fe, espacio que durante los 70' fue lugar de encuentro de jóvenes ideólogos ansiosos de cambiar el país, y hoy ha quedado relegado a ser un círculo destinado a proyectar películas que muestran cómo otros han cambiado sus países. La movida nocturna Lograr descripciones precisas de cuestiones vinculadas con lo social sin caer en generalizaciones homogeneizadoras es, por cierto, una empresa complejamente difícil. Aún más cuando se trata de escribir unas líneas sobre los jóvenes. Pero más allá de los enojos y disidencias que pueda llegar a despertar la afirmación, estoy convencido de que los jóvenes santafesinos son el fiel reflejo de la idiosincrasia de la ciudad. Aunque muchos se esmeran por escapar a los moldes y estructuras establecidas, la mayoría evidencia en sus habitus y prácticas sociales grandes dosis de tradicionalismo y conservadurismo. Y un certero ejemplo que permite verificar esta afirmación son los circuitos nocturnos ya trazados desde hace más de 20 años en la ciudad. Sin temor a equivocarme, debo afirmar que es totalmente cierto que el movimiento nocturno en Santa Fe – por lo menos la movida de los fines de semana – ha de ser una de las más importantes de todo el país. Confiterías bailables abiertas desde la 1 de la madrugada hasta las 10 de la mañana del otro día, predancings repletos de gente hasta cualquier hora, y una movida que va tomando color recién a las 4 de la mañana. Y el tradicionalismo aflora otra vez. Más allá de que los boliches permanezcan abiertos hasta la media mañana del día siguiente, nunca en la ciudad han existido los After Hours, con todo lo que ello implica. "¿Cómo voy a ir a un After Hours?. Todos van a decir que me drogo", diría una de las hermosas rubias que pasea por la puerta de la zona bolichera el sábado a la noche. "Pero si vos te consumís igual. Además, la música del After Hours es mucho mejor", le dice su amiga del alma. "No importa – insiste la rubia, egresada hace dos años de un colegio católico de la ciudad al cual tenía que ir más allá de lo que le enseñaran y de que su familia fuera atea. Si entras al After Hours quedás marcada". Rock Desde hace varios años, en materia rockera, Santa Fe viene dando a luz numerosos músicos de gran calidad que han logrado formar bandas realmente muy buenas: Mo' Blues, Cabezones, La Cruda y Carneviva, entre otros, son cuatro de los ejemplos más destacados. Los primeros lograron lo que muchas bandas argentinas y del mundo sueñan: insertarse y realizar giras por el tradicional circuito blusero estadounidense despertando las mejores críticas de las expertos. Los segundos, con tres discos grabados, un cuarto en camino y un sonido final que cada vez suena mejor, son la primer apuesta comercial y profesional que se jugó el ex Soda Stereo Zeta Bossio en su incursión como productor y representante de la Sony Music en América Latina. La Cruda, por su parte, dicen que fue la musa inspiradora de los actualmente tan afamados Catupecu Machu cuando estos todavía no habían logrado dar el salto a la popularidad (los sucesivos viajes del trío porteño a Santa Fe parecen confirmarlo). Por último, Carneviva, con un excelente disco de rock en sus espaldas – que una vez encontré en las bateas de un shopping centre de Avenida Santa Fe en plena Capital Federal – han quedado en el olvido. Sin duda que, más allá del destino que a cada uno de estos grupos les ha tocado, cualquiera de las cuatro bandas tiene sobradas condiciones para llenar varias veces Cemento y hasta darse el gusto de hacer un Obras. Pero, ¿ por qué no pasó? Porque Santa Fe queda a 456 kilómetros de Capital Federal, y porque – habrá que reconocerlo – los santafesinos nunca entendimos que hacer grande la ciudad no es solamente apoyar a los equipos de fútbol. Hacer grande la ciudad es mucho más que eso. Los jóvenes y la política No descubro nada nuevo diciendo que, por estos días, hablar de política en la Argentina es moneda corriente. Hasta en los lugares más inéditos y menos esperados los argentinos discutimos acerca del FMI, de la deuda externa, de los bonos bancarios, de la reforma política, y hasta de la necesidad de reafirmar nuestra identidad patria y la soberanía. Sin embargo, la ligereza con la que son tomados estos temas por muchos compatriotas, me llevan a afirmar que hoy, en la Argentina, hablar de política está de moda. Y los jóvenes no somos ajenos a esta realidad. A la confirmación de la derrota social de la generación de los 70' en su intento por implementar un modelo de país, se agrega la confirmación de que, como lo indica la cruda realidad, se trató de una generación de argentinos – y tal vez de dos – que no supieron hacer de nuestro país un Gran País. A menor escala, también habrá que decir que los santafesinos no supieron cómo hacer una Gran Ciudad. Precisamente en ese sentido es que estoy convencido que todos los jóvenes argentinos, obviamente incluyendo a los santafesinos, tenemos un gran desafío: no solamente discutir acaloradamente en una reunión de amigos o en una asamblea en la facultad – práctica que muchos deberían retomar – qué hacer con el país, sino también poner inmediatamente manos a la obra. Gustavo N. Risso Patrón Gustavo Nicolás Risso Patrón nació en diciembre de 1978. Es tesista de la Licenciatura en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Entre Ríos y estudiante de Derecho por la Universidad Nacional del Litoral. Trabaja en el Área de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional de la UNL. Dirige y está a cargo actualmente de equipos de campañas de difusión y comunicación masiva y participó como integrante en equipos de campañas comunicacionales. Escribió artículos para diarios de la ciudad (El Litoral) y la región (La Capital, La Opinión, El Cronista Regional, Castellanos) y la revista Cultura Segunda Epoca. Fue productor de programas radiales y actualmente es columnista radial de información universitaria.
 
 
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