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Ensayo sobre la poética y los Pazos de Ulloa y Cantares gallegos
 

por Jimmy Tica Bendezú, desde Bolivia

(primera parte)

Jimmy Tica Bendezú

 

 

 

ENSAYO SOBRE LA POÉTICA EN

LOS PAZOS DE ULLOA Y CANTARES GALLEGOS

 

(Trabajo comparativo)

 

                                                                        [...] podemos afirmar la existencia de una literatura

 femenina que se distingue de la literatura de los

hombres por ciertos temas y modos de escribir.

[Sefchovich, p. 10]

                                               

·        Introducción

En el siguiente trabajo intentaré exponer un acercamiento a las obras Los pazos de Ulloa y Cantares gallegos; para esto, haré, primero, un análisis de las poéticas de ambas obras y, luego, realizaré un trabajo comparativo entre ellas. Por lo tanto, el siguiente trabajo está constituido, sobre todo, por la exposición de una experiencia de lectura; dicha experiencia tendrá, como punto de base y partida , la idea acerca de cómo escribían algunas mujeres.

 

¿Qué dice Sefchovich en su trabajo La literatura de las mujeres?

La literatura realizada por las mujeres, dice Sefchovich, no tiene por qué diferenciarse de la de los hombres, tanto si se toma en cuenta el aspecto biológico como si se toma en cuenta el aspecto cultural; ambos aspectos no debieran intervenir para la separación entre una poética masculina y una femenina; sin embargo, la “realidad” literaria nos dice lo contrario. Veamos.

Sefchovich dice que la literatura se llega a diferenciar por cuestiones de sexo y de cultura, esto es ya una abominación y un prejuicio; entonces ¿cómo es que aparece esta diferenciación, concretamente, de género y de cultura?

 

La biología no es un dato “sólo” biológico, sino de manera mucho más amplia, es una realidad social y psicológica, que será también cultural, porque el distinto lugar en la sociedad ha significado una posición específica y un acceso diferente a un conjunto de bienes reales y simbólicos, entre ellos la educación y la cultura.

[Sefchovich, p. 6]

 

Por lo entendido, diríamos que, para la mujer, lo “biológico” está asociado a lo cultural, y que la influencia del contexto es determinante para cada posicionamiento simbólico.

Ya tomando a la literatura como realización dentro de un entorno social, entendemos que la mujer estaría, diríamos que de manera equitativa respecto de los varones, en  constante relación con el mundo de las letras; de ello se puede afirmar que la literatura no sería sólo un privilegio del hombre, sino un trabajo inherente a la humanidad en general.

Pero, por otro lado, el sentido escritural, como predominante, del hombre puede verse en el resultado de sus grandes libros: ha tenido siempre una proyección universal, un quedecir magno y de repercusión social. Mientras que, por el lado de la mujer escritora, vemos que, en la mayoría de sus libros, su expresión literaria ha tenido que ver, enfáticamente, con sus pasiones íntimas y ‘secretas’: el trabajo de la mujer ha sido una intraproyección. Así, la diferencia básica dice que para la mujer entrar a la literatura ha sido conocer su mundo, no el mundo en general, ni el de los demás.

La literatura no es un lugar para ayudar a la mujer sino para permitirle un paso más hacia sí misma [...] las mujeres cuando escriben se describen cómo quieren ser: ser es su ideal.

[Millet, 1984: 25]

 

Para Sefchovich la escritura de las mujeres es una condición particular así como el producto de una opresión universal; O sea, la escritura de (y en) la mujer se vuelve el modus operandi que la subjetividad femenina utliza para relacionarse, limitadamente, con el mundo; pues ocurre que la mujer ni en la literatura deja de ser, en el plano simbólico que le ha sido asignado, mujer: ella no logra desubjetivarse, lo que significaría salir a un plano mayor de posibilidades. Ya que, justamente y por lo revisado, la mujer no desea “abrirse” a la sociedad. Cabe recordar que la mujer todavía está atravesando un proceso de rebelación hacia todo lo que, antaño, la reprimía o conducía; y es, tal vez, como resultado colateral de este primer estadio de rebelión, que un cierto apartamiento de lo externo se registre. Entendamos, además, que la subjetividad de la mujer literata no tiene como objetivo “transformar” el mundo social circundante, sino tan sólo el de ella; pues la literatura ‘ayuda’ a la mujer a construirse dentro de sí y para sí. Comúnmente, sabemos que el hecho de ser madre o hija es algo que prolonga y justifica a la mujer en la sociedad; sin embargo, la literatura la acerca a sí misma sin que el lazo biológico de filiación sea determinante. En este sentido, obviamente, agregó que la literatura en la mujer es un constructo, un trabajo, mientras que la maternidad, como forma de “realización” por ejemplo, es un hecho natural, más bien de tono pasivo y generalizado.

.

·        En torno a Los pazos de Ulloa

La trama de la novela Los pazos de Ulloa se inicia cuando Julián, joven y delicado sacerdote, llega a Ulloa, un lugar que, a pesar de lo campestre, brinda a este personaje impresiones de un modo hostil de vida,“común” al lugar. Esta relación sujeto-entorno provocará en el primero consecuencias sobre su persona tanto de manera negativa como positiva.

Por otro lado, el Marqués de Ulloa, hombre rudo y de pasiones intensas se casa, obligadamente, con Nucha, señorita de la burguesía citadina, para quien el ambiente de lo cotidiano-rural es una pesadilla. Más allá, otro personaje, Sabel, una criada con un alto grado de maldad que ha tenido un hijo del Marqués, es la figura opuesta a Nucha: ahí veríamos, de principio, un contraste entre lo cotidiano y la “búsqueda” de la novedad, principalmente en la mujer.

En este sentido, hablo de unos personajes que viven en un mundo cotidiano y terrenal, un mundo que acompaña el desenvolvimiento social de todos los personajes presentes en Los pazos de Ulloa. Asimismo, la novela, entrando en ella a través de la autora Emilia Pardo Bazán, nos muestra la búsqueda que una mujer puede sostener hacia un mundo diferente, pero esto a partir de su propio constructo: ella se conecta con otros entornos, pero lo que predomina es esa construcción.

Si la mujer no ama, sobre todo al hombre ideal, no puede mantenerse en la sociedad; pero si a la mujer que ama se la trata mal, ella no podrá librarse de esa otra faceta, como necesaria, del amor: el dolor. Los principios de la mujer se construyen a partir de la inmoralidad de los hombres, del maltrato de éstos, específicamente; así, la mujer es una respuesta pasiva a la conducta varonil; eso nos dice, entre otras, Los pazos de Ulloa. Veamos algunos ejemplos (formas de expresiones) sobre la mujer, así como fragmentos relacionados con los “roles” e inspiraciones que las mujeres provocan en los hombres dentro de la novela mencionada:

La prima se levantaba y echaba a correr con su plato en las manos,

para evitar el hurto de un merengue o de media manzana.

                  [IX, 119]

 

A las mujeres se les da en las ciudades la educación más antihigiénica [...]

             Mil veces mejor preparadas están las aldeanas para el gran combate de la

                                                                verdadera función femenina.

             [XVI, 190]

 

[...] ¿le parece que mi mujer podrá criar?

[XVI, 191]

 

-Señorita –exclamó el capellán con fuego-, quisiera librarla de todos los disgustos

que pueda tener en el mundo, aunque me costase sangre de las venas.

                                 [XXIII, 224]

 

[...] don Pedro seguía continuamente la dirección de sus ojos  y acechaba sus

movimientos. Esto le fatigaba, tanto más cuanto que un irresistible anhelo le

 obligaba a mirar a Nucha a menudo, reparando a hurtadillas si estaba más

delgada, si comía con buen apetito, si notaba algo nuevo en sus muñecas.

                       [XXVI, 280]

 

Reflexionando sobre estos ejemplos, se nota que la mujer no sale efectivamente de sus roles habituales en la novela, es la narradora quien desea sacar a la mujer de dichos roles. Por eso creo que la narradora nos cuenta, hasta la saciedad, las funciones típicas de la mujer decimonónica, ya que narrar (transmitir) para ella sería liberar (se) de ese camino ancestral a la mujer. O sea, hay que anotar que la obra aquí estudiada, y el mundo cotidiano expuesto con tanto detalle, no es fábrica total de la imaginación de la autora; por el contrario, el mundo registrado es producto de la observación, digámoslo así, directa; una observación que, claro, desea actuar sobre el objeto observado. El método de la observación aparece, sin embargo y anotémoslo también, como pasivo.

 

 

·        Tono de una mujer novelista

Su composición, la proporción de sus elementos, incluso el tono, son un desacierto. No tanto por las declaraciones explícitas, cuanto por inducciones y conjeturas, la estética de la Pardo Bazán puede refutarse de historicista y relativista.

[Literatura Española Contemporánea, p. 121]

 

Un ejemplo más de lo aquí hasta ahora expuesto puede verse cuando el jinete se nos presenta llegando al pueblo de Ulloa. El personaje y su lugar de próximo desenvolvimiento son presentados en su forma más “natural”; nos referimos a la descripción externa. Como ya mencionamos, éste es un rasgo de las escritoras: la forma sencilla y directa de las descripciones es un rasgo que deja percibir una posibilidad de acción, pero que, por supuesto, no son acción del todo. Veamos:

El sendero, sepultado en las oscuras profundidades del pinar, era casi impracticable;

pero el jaco, que no desmentía las aptitudes de la raza caballar gallega para andar por mal piso [...]

La vereda, ensanchándose, se internaba  por tierra montañosa, salpicada de manchones de robledal

y algún que otro castaño todavía cargado de fruta; a derecha e izquierda matorrales de brezo

crecían desparramados y oscuros.

                                             [I, 43]

                                   

Aquí puede verse que, con una cuidada arquitectura narrativa y un certero dibujo del paisaje que rodea e influye sobre el personaje, la naturaleza parece ser parte del interior humano; pero este interior se nos presenta inmóvil, como lo fue la mujer de antaño. Es decir, si hablamos de la relación de lo exterior (naturaleza) con lo interior (mujer), notamos que la influencia de aquello sobre lo otro no provoca crisis alguna; por el contrario, notamos la presencia de un confort, como soslayado.

El presupuesto es que la sociedad no entiende a la mujer (y viceversa); sólo la naturaleza puede cobijar a la mujer, puede acompañarla en su llanto: la naturaleza también puede ser, así, literatura.

Por todo esto, cuando una mujer se “expresa” a través de la narrativa le asigna a la literatura un estatuto instrumental para reconocer el interior de ella, mas no, claro, el rasgo cultural del resto de  la sociedad. Veamos:

[...] hay un sustrato de preocupaciones y modos de ver la vida que le dan un sello indiscutible a la literatura de las mujeres.

[Sefchovich, p. 10]

 

Por lo expuesto hasta aquí, pensamos que la literatura podría volverse un instrumento en manos de la mujer para que ésta expanda su sentir femenino al mundo; debido a esto se dice que la mujer siempre ha de componer su interior a través de “la” manifestación externa. En este caso, la literatura es un universo que sirve de terreno para que la mujer evolucione internamente, sólo que, como ya mencionamos, ese interior no es pensado como forma-parte de una relación universal.

Otro de los principales matices notorios en esta obra, desde la perspectiva femenina ya anotada, es la relación hombre–naturaleza. Ese intento de encontrar una respuesta lógica a la relación hombre-naturaleza tiene como inicio y respuesta un impulso pasional y romántico que es notorio, por ejemplo, en la escritura de Emilia Pardo Bazán. Pareciera que  dicha autora estuviera en busca de una respuesta muy particular, ya que conflictúa de una manera ambigua la relación hombre-naturaleza. De esta manera, Pardo parece buscar, sobre todo, una respuesta al por qué de la subordinación de las mujeres en un mundo que no es, precisamente, sólo de hombres. Tomando en cuenta que la mujer no participa de forma activa en la relación hombre-naturaleza, tampoco es parte nucleica del conflicto.

La mujer, para Emilia Pardo Bazán, no encuentra un sentido lógico, a su modo de ver, a las relaciones humanas; por lo tanto, la autora nos plantea una cierta logicidad inherente al modo de vida de las mujeres que se han apartado de las relaciones con el mundo: para la autora, claramente,  lo importante es la relación con uno mismo; de ahí que que la subjetividad en la mujer es importante, pues le ayuda a formarse, fundamentalmente.

La paradoja de la mujer narradora está en que su impulso natural no le ayuda a desencadenarse, a transgredir su propio ser, por el contrario, ella pretende desarrollarse como ser a través de su mismo quehacer literario; o sea, la mujer hasta en el plano simbólico desea cierta continuidad o estabilidad emocional.

[Bataille, 1997: 113]

 

Por ejemplo, cuando en la narración de Pardo Bazán encontramos descripciones, de manera predominante sobre las  acciones, notamos que aquéllas prevalecen en la memoria del lector antes que éstas. Por lo tanto, también notamos que la autora relaciona más el ambiente con el personaje que al personaje con otro personaje: en este último caso, habría “conflicto”.

En este sentido, la descripción narratológica tiene mucho que ver con la esencia individual del personaje, y no así con la esencia social (dialógica a varios niveles) del mencionado. Veamos:

Seria y solícita, la novia atendía y servía a todo el mundo; dos o tres veces

su pulso desasentado le hizo verter el pajarete que escanciaba al buen don Nemesio [...]

El novio, entretanto, conversaba con los hombres, y, al alzarse de la mesa, repartió excelentes

 cigarros. Nadie aludió al trascendental acontecimiento ni se atrevió a decir la menor

 chanza que pudiese poner colorada a la novia.

            [XI, 146]

 

Por ejemplo, aquí notamos el énfasis puesto sobre el sentir de la mujer que, en este caso y de manera significativa, además es novia.  Esa  mujer, enfocada como parte de un culto a la naturaleza, participa del lado bueno de la naturaleza, es parte fundamental del canto de la narración nostálgica, aporta a la completud de la naturaleza; esa mujer no es la parte contraria y conflictiva de una determinada relación dialógica o social. Pardo Bazán nos deja ver a la mujer como un elemento pasivo y establecido de antemano por el mundo; la mujer, para esta autora, no funciona como un activador de puesta en crisis de los sentidos sociales del mundo.

Asimismo, las descripciones, casi obsesivas, del pueblo de Ulloa permiten adentrarnos en el lugar, no tanto en el contorno social; se nos dice que generalmente las personas emigran, desean cambio, y que esta acción por mucho tiempo no le ha sido permitida a la mujer. Quizá por ello, conjeturamos, la mujer ha tenido poca repercusión social.

De tal manera que, además, la forma de intervención de la mujer en la cotidianidad no le ha permitido establecer un verdadero diálogo con el contexto. La cocina, el matrimonio, la costura (como nos lo muestra Pardo Bazán) han evitado, asimismo, que la misma mujer se cuestione. En la novela asistimos al énfasis por mostrar a mujeres en busca del mejor marido:

¡Qué mejor esposo podían desear sus hijas que el primo Ulloa!

                                                    [IX, 118]

 

La autora enfatiza el culto de la mujer por sus quehaceres cotidianos, pero no muestra una propuesta de lo que ésta podría hacer fuera de aquello. En este sentido, la mujer no aparece como concatenada a la sociedad, y así tampoco puede intervenir efectivamente en la sociedad: así se percibe en la obra mencionada.

No se podía sufrir la nivelación social que impone la vida urbana; no se habituaba a

contarse como número para un pueblo habiendo estado siempre de nones en

su residencia feudal. ¿Quién era él en Santiago? Don Pedro Moscoso a secas.

                   [XIII, 160]

 

Como también dijimos, en la narrativa femenina el entorno de la narración no siempre tiene que ver con el personaje; algo así también recalca Sefchovich en cuanto a que en la literatura hecha por mujeres siempre están presentes adornos y complementos que no tienen mucho que ver con el conflicto del yo interno de la mujer. La mujer construye su subjetividad de una manera diferente que la del hombre; el hombre se construye por lo que va conociendo y perdiendo.

los temas de la vida, el hogar y los hijos, la infancia y la vejez, el matrimonio y los amantes, el cuerpo y el erotismo, la religión y la culpa, el miedo y las ganas. Son las emociones privadas, individuales e íntimas, lo subjetivo y lo sentimental. Ahí está la dificultad de la realización personal y del reconocimiento social de la propia mujeridad.

              [Sefchovich, p. 9]

El mundo en el cual la mujer se desenvuelve es, sobre todo, su mundo; por eso la realización de lo cotidiano de la mujer, plasmado en la novela mencionada, da a “entender” que la mujer se escucha y se construye a sí misma en la narración (sabemos que en épocas pasadas no se daba importancia a lo que las mujeres decían); y ahí entra la literatura (que de este modo no llega a ser tan "ficcional" en las mujeres) para acercarla a su mundo, el cual necesita ser expuesto.

La literatura para la mujer es, sobre todo, instrumento; no es una vía hacia el más allá de sí misma. La mujer escribe sobre su intimidad o la de otras; y la intimidad de la mujer, en cuanto exposición poética, no es tan ambigua por excelencia, sólo trasciende dentro de ella.

Escribir desde una perspectiva interior es comunicar un intento de dominio de sí mismo. La escritura puede ser muy ambigua pero también puede estar organizada en modelos ingeniosos y retóricos: no importa la relación con la razón, sino una “identificación”  con lo planteado.

                            [Derrida, 2001: 84]

 

La mujer escribe fundamentalmente sobre su pasión; ello puede parecer un impedimento para ahondar, en su pensamiento, ya que no llegamos a reconocer el pensamiento de la mujer en la literatura de una manera propiamente efectiva, sólo sabemos de sus pasiones, protestas, inquietudes, y demás.

Veamos otros ejemplos:

 

Los muebles no pecaban de suntuosos ni de abundantes, y en todos los rincones

permanecían señales evidentes de los hábitos del último inquilino, hoy abad de Ulloa

 y antes capellán del marqués [...]

                                                                                                  [III, 58]

Más adelante:

Miraba Julián las huellas de la injuria de su antecesor, y, sin querer acusarle ni

tratarle en sus adentros de cochino, el caso es que tanta porquería y rusticidad le infundían

grandes deseos de primor y de limpieza.

         [III, 58]

 

Además, notamos en la novela que esa gran interdependencia sobreentendida, entre los componentes de la naturaleza y el medio social con el hombre, provienen de una perspectiva claramente femenil, dicha perspectiva intenta, por otro lado, trascender el interior de la mujer pero aparecen como límites los componentes y las estructura externas, las de la sociedad. Lastimosamente, así, no asistimos a un logro de esta perspectiva: notamos que  el intento de concebir una mujer no influenciada del todo por la sociedad no es realizado.

 

·        En torno a los Cantares gallegos

En este poemario (1884), que empieza sus cantos con sencillez y brevedad, podemos notar el despliegue del sentimiento posible de una mujer. Inclusive, podemos notar también en este poemario la melancolía con la que un ser humano siempre sensible canta a su entorno natural. Veamos cómo.

La poetisa nos canta algo que es “real” para ella: ello se compone de la manifestación de su entorno, pero esta manifestación responde a la de una lógica interna femenina. En este sentido, es imprescindible saber que la poetisa parece “independizada” de su época o de su entorno; canta porque percibe y siente su entorno natural, pero lo percibe y siente a su manera.

Así, esta obra refleja también lo que la autora, simplemente, quizo dejar de lado. En esta obra vemos que el amor y el deseo funcionan para relacionar a la autora con todo lo alegre y melancólico del entorno (campestre), pero el amor y el deseo no la relacionan con la sociedad total, con el resto de los individuos que la componen. O sea, la obra muestra también en un sentido parcializado, casi sectarista y, por ello mismo, no deja ver una "solución" respecto de una problemática colectiva. La alegría, la melancolía por Galicia son parte de un sentimiento individual; por eso, decimos que el canto de la poetisa en los Cantares gallegos es ante todo manifiesto de un ser y de un sentir, donde, digamos, los demás componentes humanos del lugar no aparecen interpelados ni mencionados.

La mujer no tiene un sentido, culturalmente, social; el sentido de la mujer es hacia el hijo, la familia, el esposo o la casa (status), quizá a través de uno de ellos ella pueda relacionarse con las estructuras sociales, pero sin sacrificio a su estado interno, dicho sea de paso, limitado.

              [Cruz Méndez, 1989: 79]

 

Por eso, cuando hablamos de “realismo” en la poética de las mujeres literatas, también podemos hablar, y sobre todo, de "realismo" en cuanto al interior de las mismas. En este sentido, la mujer poeta o narradora es descriptiva principalmente porque ella misma no se puede concebir  (así como tampoco su obras) como un ente principalmente activo: ésa parece ser una realidad de las escritoras o por lo menos, parece una realidad histórica.

Para la poetisa su intimidad se manifesta como una realidad; así, la realidad poética de la mujer es individual por esencia; el límite parece ser que de esta manera se puede llegar a traslucir sólo quehaceres cotidianos, poco extraordinarios.

El viajero rendido y cansado

Que ve del camino la línea escabrosa

Que aún le resta que andar, anhelara,

Deteniéndose al pie de la loma

De repente quedar convertido

En pájaro o fuente,

En árbol o en roca.

                [VII, 25]

continúa en parte II...

 
 
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