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Estás aquí:  Inicio >>  Muestras/Arte >>  Muestra de arte prehispánico de Veracruz en la Fundación Proa
 
Muestra de arte prehispánico de Veracruz en la Fundación Proa
 

Una muestra de arte prehispánico de Veracruz, México se inaugura el 17 de abril en la Fundación PROA, en el Barrio de La Boca, en la zona sur de Buenos Aires.


Se incluye el texto del escritor mexicano Octavio Paz "Risa y penitencia"
Ver Galería de imágenes

 

“La magia de la risa y el juego” en Fundación Proa

 

Una muestra de arte prehispánico de Veracruz, México se inaugura el 17 de abril en la Fundación Proa, en el Barrio de La Boca, en la zona sur de Buenos Aires.

 

 

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

 

La Fundación Proa presidida por Adriana Rosenberg presenta por primera vez en Latinoamérica un conjunto de piezas arqueológicas mexicanas pertenecientes al período que abarca desde el 1200 a.C. hasta el 900 d.C.

El panorama de esta muestra arqueológica se puede sintetizar como una rica selección de cerámicas donde el tema de la risa y la muerte unen este largo tiempo histórico.

La pieza más antigua es la Cabeza Colosal de la cultura Omeca Número 9 hecha en piedra, que es la única de las Cabezas Colosales que en su expresión esboza una singular sonrisa.

La presentación de esta Cabeza constituye un hito en la historia de nuestro país ya es la primera vez que esta pieza sale del territorio mexicano.

Esta exhibición se ha organizado conjuntamente con el Museo de Antropología de Xalapa y la curaduría del Director del Museo Dr. Rubén Morante López. El curador invitado por la Argentina es el Dr. José Antonio Pérez Gollán, Director del Museo Etnográfico de Buenos Aires. “La Magia de la Risa y el Juego” es el resultado de un esfuerzo extraordinario, dicen sus organizadores, donde los lazos culturales latinoamericanos se afianzan una vez más y plantean su mirada al futuro. “Todo es lenguaje” dice Octavio Paz, “así la disposición de los edificios y sus proporciones obedecen a una cierta intención. No carecen de sentido – más bien puede decirse lo contrario – el impulso vertical del gótico, el equilibrio tenso del templo griego, la redondez de la etapa budista o la vegetación erótica que cubre los muros de los santuarios de Orissa. Todo es lenguaje” afirma el escritor mexicano. “Por otra parte, la piedra de la estatua, el rojo del cuadro, la palabra del poema, no son pura y simplemente piedra, color, palabra: encarnan algo que los trasciende y traspasa. Sin perder sus valores primarios, su peso original son también como puentes que nos llevan a otra orilla, puertas que se abren a otro mundo de significados indecibles por el mero lenguaje.,.” La poesía convierte la piedra, el color, la palabra y el sonido en imágenes. Y esta segunda nota, el ser imágenes,  y el extraño poder que tienen para suscitar en el oyente o en el espectador constelaciones de imágenes, vuelve poemas todas las obras de arte”. Para el curador invitado de la exhibición “La magia de la risa y el juego” : “lo más transcendente para una muestra que está  encarada desde el punto de vista del arte prehispánico, es la presencia en Buenos Aires de una cabeza colosal de la cultura olmeca y, más allá de ser un objeto arqueológico en sí mismo, tiene un valor estético muy importante. Estas piezas monumentales son únicas; es como encontrarse con La Gioconda” afirma en una entrevista el Dr. José Pérez Gollán. En la misma entrevista  realizada por jóvenes estudiantes  en la Fundación Proa, Gollán dice: “En términos arqueológicos, olmeca es el período Preclásico y en términos cronológicos quiere decir que vamos a ver en esta muestra piezas del 1200 a.C. proveniente de lo que se conoce en arqueología como Mesoamérica: que es la parte central de México, parte del sur, la península de Yucatán y parte de Centroamérica, en donde hubo una serie de interacciones con personalidad propia y que se desarrolló hasta la llegada de los españoles en el siglo XVII. Estas culturas comparten por ejemplo, formas de economía, una escritura, un calendario, un panteón de dioses y comparten, por supuesto, una visión de la vida, con estas diferencias regionales. No es lo mismo la zona del Golfo de Veracruz, de donde vienen estas cabezas colosales y las caritas sonrientes, que la región del centro, que es la más conocida porque su última civilización, fue la zona Azteca. Tampoco es igual Oaxaca que tiene otra historia pero comparte estos rasgos mesoamericanos, o  la zona Maya que también es distinta aunque comparte este tipo de cultura indígena y que se remonta por lo menos al 1500 a.C. como inicio de la civilización. El poblamiento de la Mesoamérica es mucho más antiguo (hay fechas del 20.000 a.C.)...”

 

Además de estar abierta al público en general se desarrollará un intenso programa educativo ligado a las escuelas primarias y secundarias. También se preparó un importante

catálogo con las oportunas presentaciones de los curadores y una gran calidad fotográfica de las piezas exhibidas – se anticipa – para brindar al público la posibilidad de acercarse a uno de los tesoros más importantes de la cultura del continente americano. Nos parece oportuno, dicen los organizadores, citar la frase del Director del Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti” perteneciente a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires,  Dr. José Antonio Pérez Gollán: “Expuesta en la Sala de un edificio construido a fines de siglo XIX, que fue refaccionado para servir como centro de arte, la cabeza olmeca cobra sentido dentro de las categorías del arte moderno”  y se anuncia como un antecedente de otras obras contemporáneas.

La exhibición ha sido declarada de  “Interés Cultural” por la Secretaría de Cultura de la Nación”, cuenta con el auspicio de la Embajada de México, de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y de la Cámara Argentino Mexicana. También cuenta con el apoyo de Tenaris y Organización Techint, Telmex, Techtel y CTI.

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Risa y penitencia (Magia de la risa, Octavio Paz, Alfonso Medellín Zenil, Francisco

Beverido. México, SepSetentas, 1971 (edición original, 1962).

 

Por Octavio Paz (1914-1998)

 

 ¿De qué o por qué se ríe la cabecita (…)? Ríe con el sol. Hay una complicidad, cuya naturaleza no acierto a desentrañar, entre su risa y la luz. Con los ojos entrecerrados y la boca entreabierta, mostrando apenas la lengua, juega con el sol como la bañista con el agua. El calor solar es su elemento. ¿Ríe de los hombres? Ríe para sí y porque sí. Ignora nuestra existencia; está viva y ríe con todo lo que está vivo. Ríe para germinar y para que germine la mañana. Reír es una manera de nacer (la otra, la nuestra, es llorar). Si yo pudiese reír como ella, sin saber por qué… Hoy, un día como los otros, bajo el mismo sol de todos los días, estoy vivo y río. Mi risa resuena en el cuarto con un sonido de guijarros cayendo en un pozo. ¿La risa humana es una caída, tenemos los hombres un agujero en el alma? Me callo, avergonzado. Después me río de mi mismo. Otra vez el sonido grotesco y convulsivo. La risa de la cabecita es distinta. El sol lo sabe y calla. Está en el secreto y no lo dice. O lo dice con palabras que no entiendo. He olvidado, si alguna vez lo supe, el lenguaje del sol. (Pag. 12 y 13).

 

Mientras el escultor olmeca extrae sus obras, por así decirlo, de la piedra (o como escribe Westheim: “no crea cabezas, crea cabezas de piedra”), el totonaca transforma la materia en algo distinto, sensual o fantástico, y siempre sorprendente. Dos familias de artistas: unos se sirven de la materia, otros son sus servidores. Sensualidad y ferocidad, sentido del volumen y de la línea, gravedad y sonrisa, el arte totonaca (…) sabe que la verdadera grandeza es el equilibrio. Pero es un equilibrio en movimiento, una forma recorrida por el soplo vital (…) Esas piedras están vivas y danzan. (Pag. 15).

 

Olmecas, totonacas, (…): nombres. Los nombres van y vienen, aparecen y desaparecen. Quedan las obras. Entre los escombros de los templos demolidos por el chichimeca o por el español, sobre el montón de libros y de hipótesis, la cabecita ríe. Su risa es contagiosa. (Pag. 16).

 

El oficio que desempeña entre nosotros la causalidad lo ejercía entre los mesoamericanos la analogía. La causalidad es abierta, sucesiva y prácticamente infinita: una causa produce un efecto que a su vez engendra otro… La analogía o correspondencia es cerrada y cíclica: los fenómenos giran y se repiten como un juego de espejos. Cada imagen cambia, se funde a su contraria, se desprende, forma otra imagen, se une de nuevo a otra y, al fin, vuelve al punto de partida. El ritmo es el agente del cambio. Las expresiones privilegiadas del cambio son, como en la poesía, la metamorfosis y la máscara. (Pag. 18).

 

En todo rito hay un elemento lúdico. Inclusive podría decirse que el juego es la raíz del rito. La razón está a la vista; la creación es un juego; quiero decir: lo contrario del trabajo. Los dioses son, por esencia, creadores, jugadores. (…) Lo que distingue a los dioses de los hombres es que ellos juegan y nosotros trabajamos. El mundo es el juego cruel de los dioses y nosotros somos sus juguetes. En todas las mitologías, el mundo es una creación: un acto gratuito. Los hombres no son necesarios; no se sostienen por sí mismos sino por una voluntad ajena: son una creación, un juego. El rito, destinado a preservar la continuidad del mundo y de los hombres, es una imitación del juego divino, una representación del acto creador original. (…) En su origen todos los juegos fueron ritos (…). (Pag. 21 y 22).

 

La relación entre la risa y el sacrificio es tan antigua como el rito mismo. La violencia sangrante de bacanales y saturnales se acompañaba casi siempre de gritos y grandes risotadas. La risa sacude al universo, lo pone fuera de sí, revela sus entrañas. La risa terrible es manifestación divina. (…) La risa es una suspensión y, en ocasiones, una pérdida del juicio. (…) La risa devuelve el universo a su indiferencia y extrañeza originales: si alguna significación tiene, es divina y no humana. Por la risa el mundo vuelve a ser un lugar de juego, un recinto sagrado, y no de trabajo. El nihilismo de la risa sirve a los dioses. (Pag. 23).

 

Para reír así, después de mil años, hay que estar absolutamente vivo o totalmente muerto. Sólo las calaveras ríen perpetuamente. No, la cabecita está viva y ríe. Sólo los vivos ríen así. (Pag. 36)

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Para visitar la muestra:

Horario: de martes a domingos de 12 a 19 Hs. Lunes cerrado

Entrada general: $3. Estudiantes $ 2. Jubilados: $ 1.

Fundación Proa: Av. Pedro de Mendoza 1929- Buenos Aires

www.proa.org

Contacto visitas guiadas: mariajose@proa.org

 
 
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