Usuario :
Clave : 
 
 administrador
Manual del administrador


 Secciones
Ediciones anteriores
Premios- Distinciones
Muestras/Arte
Entrevistas- noticias culturales-histórico
Lecturas
Ensayos - Crónicas
Educación/Universidad
Sociedad
Diseño/Moda/Tendencias
Fotografía
La editora
Medios
Sitios y publicaciones web
Narrativa policial: cuentos, ensayos, reseñas
Sumario
Música
Teatro/Danza
cartas
Cine/Video/Televisión
Entrevistas- Diálogos
Servicios
Noticias culturales- archivo
Espacio de autor
Prensa
Artista invitado
Entrevistas
Fichas
Algo de Historia
Blogs de la Revista Archivos del Sur
Cuentos, poemas, relatos

ARCHIVOS DEL SUR

 Inicio | Foros | Participa
Buscar :
Estás aquí:  Inicio >>  Ensayos - Crónicas >>  La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser
 
La vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser
 

Un ensayo breve del escritor Humberto Dib
(Buenos Aires) Humberto Dib Hay una especie de estructura de la cual -aún como estructuralista- escapo, porque en realidad es una estructura en el peor sentido de la palabra, una estructura entendida como molde, armazón, límite, matriz inalterable, esto es, algo rígido que funciona como modelo por el cual pasa todo el mundo que nos circunda. Es imposible escapar de los modelos para ver el mundo, pero se detecta un cierto grado de sapiencia, de lucidez, en aquellas personas que pueden elastizar este modelo para armar, al decir de Cortázar, este modelo para armar el mundo. Porque de esto nadie puede escapar, todos tenemos el propio. ¿Por qué hablar de esto? Pues bien, porque me toca de cerca. Es muy común que personas que concurren a mis cursos o charlas me encuentren “demasiado joven” para mi actividad. Lo voy a decir al revés, que esperan encontrar allá adelante, atrás del púlpito, a un señor muy anciano, de traje gris oscuro y cabello blanco, que con movimientos pausados y algo temblorosos se sube al estrado y se saca los anteojos para mirar al público mientras le cae una lágrima de un ojo, producto más de la edad que de la emoción... sentimiento que a sus años no sólo no es recomendable sino -sobre todo- algo ya olvidado. Y no solamente me ha sucedido al entrar a dar una conferencia, sino en otros ámbitos: personas cercanas a mi espacio académico, teórico, institucional, que al conocerme por primera vez deja escapar el para mí ya famoso: “¡Pero, vos sos muy joven, no te imaginaba así!”. Podría dar una gran cantidad de ejemplos en los que sólo varían las imaginerías específicas: “¡Uy, Humberto, te imaginaba como un señor mayor, bajito y algo gordito!”, dijo una de mis actuales adjuntas cuando me conoció personalmente. “¿Vos sos Humberto?, no te imaginaba así... tan... tan joven, me imaginaba una persona mayor, de anteojos y calvo”, me dijo la jefa de informes de una de las sedes de la Institución a la que pertenezco. “Mi mamá fue a escuchar tu charla y se encontró con una persona totalmente diferente a lo que esperaba ver, es decir, un señor entrado en años”, dijo la hija de una participante de una conferencia. Y me detengo acá porque los ejemplos serían muchos... ejemplos que no me afectan por verme joven –esto sería una virtud, en todo caso-, sino, porque detrás de los mismos se esconde esa relación horriblemente preconceptuosa y peligrosa Edad-Saber. Sé que no soy el que más sufre por ello, pues tengo colegas psicólogos que, apenas recibidos, son rechazados de plano por clínicas u obras sociales por ser demasiado jóvenes, o que son abandonados por sus pacientes en el primer encuentro porque consideran que una persona joven NO puede entenderlos... ¡como si en psicología todo se resumiese a una cuestión de entendimiento! Pero esto no es tan simple... También se es demasiado viejo. Aquí sí tenemos un tópico más conocido, pues en este país son muchos los que han sufrido portazos en la cara por tener más de 40 años. Ejemplo conocido es el de la mayoría de las empresas que buscan gente con más fuerza, con más espíritu... y menos años, como si los dioses redujesen el tamaño de los espíritus de las personas que superan la barrera de los 40. Y bueno, es lógico que hablemos de dioses ya que éstas son Mitologías populares. Pero el tema de ser “demasiado viejo” ya fue “demasiado tratado”, creo yo... Sin embargo, que haya sido tratado no significa que haya sido solucionado o que exista un cambio, muy por el contrario, este tópico ha reforzado esa estructura de la que hablé al principio. Inocente es aquél que crea que esto sólo le sucede a las personas de mediana edad. No. Nos sucede a todos, porque en algún momento seremos reducidos a esta concepción semántica, tendremos que sufrir la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser... Tiempo intermedio por el que nos desvanecemos como sujetos, tiempo mítico, tiempo lógico más que cronológico... un tiempo por fuera del tiempo, que nos puede alcanzar tanto a los 18 como a los 25, tanto a los 45 como a los 65. Podría comentar otros inconvenientes en los que me veo envuelto en este Imposible que se llama Educar. Podría hablarles de las personas que nos encuentran demasiado pedantes o demasiado sumisos, demasiado autoritarios o demasiado anárquicos, demasiado flacos o demasiado gordos, demasiado lindos o demasiado feos... demasiado demasiados. Pero este sería un tema demasiado extenso. Sobre el autor: Humberto Dib nació en Angra Dos Reis, estado de Río de Janeiro, Brasil. Desde hace varios años vive en la Argentina. Es escritor, psicólogo psicoanalista de formación lacaniana, traductor técnico literario de portugués-español, mitólogo estructuralista, profesor titular y Jefe del Departamento de portugués de la Universidad Abierta Interamericana
 
 
Diseño y desarrollo por: SPL Sistemas de Información
  Copyright 2003 Quaderns Digitals Todos los derechos reservados ISSN 1575-9393
  INHASOFT Sistemas Informáticos S.L. Joaquin Rodrigo 3 FAURA VALENCIA tel 962601337