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Situación de las mujeres en el mundo actual
 

Gilles Lipovestky y Victoria Camps intentan redefinir la situación de las mujeres

(Buenos Aires) Araceli Otamendi

En 1999 publiqué en una revista cultural de Argentina el artículo que desarrolla la tensión filosófica entre Gilles Lipovetsky y Victoria Camps acerca de la situación de las mujeres y que se incluye más abajo. Con posterioridad a los atentados del 11 de Septiembre de 2001 a las Torres Gemelas, en New York, la prensa mundial enfocó el tema de la situación de las mujeres en Afganistán, a raíz de la guerra entre Estados Unidos y ese país.

El tema de la desigualdad y opresión de las mujeres no ha sido resuelto. Hace falta una mayor difusión y debate de ideas. Por eso motivo lo incluyo en el primer número de la revista.

 

Situación de las mujeres en el mundo actual

 

Mientras la publicación del ensayo La tercera mujer, de Gilles Lipovetsky, genera polémicas, la filósofa española Victoria Camps propone, en su libro El siglo de las mujeres feminizar a los varones y hacer del problema de las mujeres un problema de toda la sociedad. A meses de entrar en el siglo XXI, los movimientos feministas parecen haber fracasado, y las desigualdades entre hombres y mujeres siguen existiendo: en algunos países las condiciones de desigualdad, inferiorización y sometimiento de las mujeres son aberrantes. También en este fin de siglo los hombres se han vuelto más femeninos y las mujeres más masculinas. Los roles de hombres y mujeres han cambiado y nadie parece saber cuáles son. Pensar que las relaciones entre los sexos son de naturaleza política, como lo hace Sylviane Agacinski en su libro Política de Sexos, de editorial Taurus, es admitir que los dos sexos han escrito la historia de sus relaciones cada uno con los medios de que disponía y cada uno esforzándose en atender a sus fines e intereses. Habría que considerar también algunas ideas correspondientes a la construcción culturalista acerca de la construcción de los géneros. Una de ellas es que los géneros están totalmente construidos y considera a la feminidad como la pertenencia a una clase; la otra es que los géneros pueden desaparecer totalmente. Son muchos los pensadores que se ocupan de la temática de las mujeres y de los géneros. Tanto es así que, desde los años sesenta, varios nombres se han disputado el campo que reconstruye el conocimiento sobre las mujeres y su enseñanza. Ellos son: “estudios de mujeres”, “estudios feministas” y “los nuevos conocimientos sobre mujeres”, tal como señala la escritora Marysa Navarro en ¿Qué son los estudios de mujeres? , del cual es compiladora junto con Catharine R. Stimpson. A partir de estos estudios resulta difícil, para interiorizarse sobre el tema de las mujeres, leer a cualquier pensador sin tenerlos en cuenta. Para la construcción de este nuevo campo de estudio, según señala Navarro, se han aceptado dos premisas. Una es la crítica del pensamiento convencional y de sus instituciones, y la negación de su autoridad, porque tanto aquél como éstas han ignorado o distorsionado la vida de las mujeres y sus contribuciones al pensamiento. En segundo lugar, señala Navarro, después de la crítica, los estudios de mujeres deben pasar a la reconstrucción del conocimiento y a la toma del poder de las mujeres como constructoras del mismo. Los estudiosos de este nuevo campo, afirma Navarro, prefieren llamarlas “estudios de mujeres” antes que “estudios de la mujer”, porque ese nombre tiene un sentido más amplio y general. El aspecto negativo del nombre “estudios de la mujer”-sostiene la escritora española- es que implica erróneamente que el estudio de las mujeres puede hacerse sin tomar en cuenta a los hombres. A partir de estas premisas se desarrollan los siguientes comentarios sobre el ensayo de Gilles Lipovetsky "La tercera mujer", y el de Victoria Camps "El siglo de las mujeres". El pensamiento del filósofo francés Gilles Lipovetsky, autor de "La era del vacío" y "El imperio de lo efímero", entre otros libros, figura central de la corriente posmodernista y uno de sus principales impulsores junto con Lyotard, Derrida, y Vattimo, es definido por Patricio Lóizaga, en su Diccionario de pensadores, como un pensamiento que gira alrededor de la sociedad y el individuo posmodernos, su rutilante, contradictoria y fragmentaria identidad , su filiación histórica y su ambigua proyección futura. Lipovetsky analiza, en "La tercera mujer", la situación de las mujeres en la actualidad y da la definición de “tercera mujer” al nuevo modelo de mujer cuya autonomía se adquiere sin modelo social rector, característica –según el filósofo- actual y común a los dos géneros. Para llegar a este modelo de tercera mujer, o posmujer de su casa, Lipovetsky hace una recorrida por la Historia. La primera mujer es definida por el filósofo como aquella que ostentaba poderes mágicos, maléficos, misteriosos; poderes que luego, cuando se ocupa de la tercera mujer, se han transformado, según Lipovetsky, en una potencia de autodeterminación para el gobierno de sí. Lipovetsky destaca que la única función que escapa a esta desvalorización de la mujer es la maternidad, aunque no profundiza en el tema de la sociedad patriarcal. En la Baja Edad Media, dice el filósofo francés, aparece la “segunda mujer”, un nuevo modelo donde se exaltan las virtudes de la mujer . Y a partir del siglo XII se produce una nueva poética de la conducta, la Dama en el código cortés, en que la mujer hace su entrada en la historia como poetisa, abadesa, dueña de feudos y símbolo, y debe su prestigio a su padre y a su marido. Esta figura es sacralizada como madre-esposa-educadora. Por último, Lipovetsky llega a la tercera mujer o mujer indeterminada o posmujer de su casa. Desde su título, el libro del filósofo francés abre ya una polémica. ¿Por qué se refiere a la mujer en singular y no en plural? A lo largo del libro se refiere a las mujeres de las democracias occidentales sin hacer la distinción; por ejemplo, entre democracias de países europeos y de América Latina, donde las condiciones de vida son muy distintas. También en el capítulo que dedica a las mujeres y el trabajo, Lipovetsky se ocupa en mayor medida de las empresarias y profesionales que de las trabajadoras en general. La sub-representación de las mujeres en la cúspide profesional –señala Lipovetsky- resulta de la voluntad misma de las mujeres para encontrar el equilibrio entre vida familiar y vida profesional, temas que están presentes también en el libro de Victoria Camps. Este nuevo libro de Lipovetsky es coherente con el pensamiento del filósofo, quien, según Patricio Lóizaga en el diccionario precitado, aboga por una ética menos preocupada por “intenciones puras” que por resultados concretos para el hombre; menos “idealista que reformadora”. Una ética minimalista y pragmática que no se desdice de los intereses personales “pero tiende a su moderación”; que no busca el “heroísmo del desinterés” sino el compromiso razonable. Privado de una visión más amplia y sin proyección de futuro para un cambio sustancial en las condiciones de desigualdad que actualmente existen entre hombres y mujeres, haciendo surf en las olas de la posmodernidad, el filósofo francés no llega a tierra firme a fin de vislumbrar cuál podría ser el destino de la sociedad en general si la desigualdad entre hombres y mujeres continúa en las mismas condiciones de la actualidad. Tampoco se pregunta el filósofo sobre qué ocurrirá con la sociedad en su conjunto si las mujeres adoptan los roles masculinos aún más de lo que lo han hecho hasta ahora, y nadie, ni mujeres ni hombres, se ocupa de lo que las mujeres han venido haciendo desde hace siglos; por ejemplo, el cuidado de los niños, enfermos, ancianos. Temas que son abordados por Victoria Camps en "El siglo de las mujeres". Por otra parte, en su nota publicada en el suplemento Cultura y Nación de Clarín sobre La tercera mujer, Néstor Kohan señala que Gilles Lipovetsky pretende describir en su libro algo así como el “posfeminismo”. Todo su análisis –dice Kohan- apunta a examinar qué quedó de la mujer “después” de las revoluciones del feminismo. Kohan resalta el gran poder de descripción que tiene el filósofo francés para registrar las nuevas formas de sensibilidad, aun cuando no siempre, señala, estén acompañadas de idéntica capacidad de comprensión y explicación. No es casual el término “posmujer de su casa”, usado por el filósofo francés para definir este nuevo modelo de mujer, ya que en los textos posmodernos –como afirma Kohan- podemos reconocer, como una de sus notas distintivas, la emergencia a cada momento de alusiones a la sociedad posindustrial, a la crítica literaria posestructuralista, a la economía política poskeynesiana, a la filosofía posmarxista y posmetafísica, a las experiencias estéticas posvanguardistas, a la antropología poscolonial. El filósofo francés reconoce que, a pesar de la ruptura en la historia de las mujeres que significa el nuevo modelo de mujer, o “tercera mujer”, ésta no coincide en modo alguno con la desaparición de las desigualdades entre los sexos, sobre todo en materia de orientación escolar, de relación con la vida familiar, de empleo, de remuneración. Más que definir este nuevo modelo de mujer a la que él llama tercera mujer, posmujer de su casa o mujer indeterminada, el filósofo podría haberse explayado sobre la situación actual de los dos géneros, ya que, como él mismo reconoce, tienen actualmente la posibilidad de autodeterminarse sin modelos sociales rectores, y donde los roles diferenciados todavía existen y nada indica que estén impelidos a una futura desaparición. Lipovetsky reconoce al respecto que la novedad no consiste en el advenimiento de un universo unisex sino en una sociedad abierta en que las normas, al ser plurales y selectivas, se acompañen de estrategias heterogéneas, de márgenes de latitud y de indeterminación. A lo largo del libro, Lipovetsky se introduce en la temática de las mujeres desde la inmediatez de la vida cotidiana, ahondando en temas como el amor, la pornografía, el acoso sexual, el culto de la belleza femenina, la mística del ama de casa, el trabajo femenino, la pareja, los roles familiares, las mujeres y la representación política. Aparecen ahí lugares comunes, como al tratar el tema del amor, cuando dice: “Los hombres siguen definiéndose pricipalmente por la orientación instrumental; las mujeres por la función expresiva”. Según la nota de Néstor Kohan, la conclusión general a la que invita Lipovetsky es que “la mujer sigue orientada hacia lo íntimo, lo psicológico, lo afectivo, lo doméstico y lo estético, mientras que los hombres lo hacen hacia la instrumentalidad, lo técnico-científico, la política y el poder”. Esta opinión choca con la experiencia Argentina –dice Kohan-, donde la principal resistencia política a la última dictadura militar estuvo precisamente en manos de mujeres, las Madres de la Plaza de Mayo. Cuando Lipovetsky trata el tema de “la tercera mujer” y la construcción de la identidad femenina, enumera una cantidad de alternativas que se presentan y entre las cuales las mujeres pueden elegir sin vía social preestablecida, en las democracias occidentales. Algunas de estas alternativas son: ¿qué estudios realizar?, ¿con vistas a qué profesión?, ¿qué trayectoria profesional seguir?, ¿casarse o vivir en concubinato?, ¿divorciarse o no?, ¿qué numero de hijos y en qué momento?, ¿en el marco de la institución matrimonial o fuera del matrimonio?, ¿trabajar a tiempo parcial o a tiempo completo?, ¿cómo conciliar vida profesional y vida familiar? Lipovetsky se olvida de citar a qué grupo social pertenecen las mujeres que pueden elegir entre tantas posibilidades. Por último, es notable que en el capítulo de "La tercera mujer" que lleva el título “¿Hacia una feminización del poder?”, el filósofo francés dictamine: “La crisis de la virilidad no es tanto un fenómeno social de fondo como una imagen literaria; el hombre es el futuro del hombre, y el poder masculino, el horizonte insistente de los tiempos democráticos”. Esta afirmación lleva necesariamente a preguntarse por qué Lipovetsky escribió un libro donde define un nuevo modelo de mujer y no definió un nuevo modelo de hombre. ¿Por qué no pudo ocuparse de los hombres en el mismo libro, de la misma manera que lo hizo con las mujeres? Resulta necesario destacar que en un proceso paralelo al de los estudios de mujeres, un grupo de estudiosos ha establecido un nuevo campo, los estudios de hombres, cuya temática es la construcción de la masculinidad y las vidas de los hombres. Por otra parte, el libro "El siglo de las mujeres", de la filósofa y catedrática española Victoria Camps, lejos de la trampa del comunitarismo y adhiriendo a la ética del cuidado de Carol Guilligan, se ocupa de dilucidar la situación actual de las mujeres y elaborar además las propuestas para el siglo XXI. Una de ellas es feminizar a los hombres y, en consecuencia, a toda la sociedad; la otra es hacer del problema de las mujeres un problema de interés común. En el Diccionario de pensadores de Patricio Lóizaga, la filósofa e investigadora Marta López Gil afirma que un compromiso con un inesperado optimismo recorre la obra de Victoria Camps. Se mencionan, entre otros libros, Los teólogos de la muerte de Dios, Pragmática del lenguaje y filosofía analítica, La imaginación ética, Paradojas del individualismo y Virtudes públicas. Como en otras de las obras de Victoria Camps, la filósofa construye "El siglo de las mujeres" a partir de la ética y la política. Tal como indica desde su título, la autora se ocupa en este libro del tema de las mujeres, teniendo en cuenta a los hombres, como se ha señalado antes refiriéndonos a los estudios de mujeres. La vía rápida para terminar con la desigualdad entre hombres y mujeres sería la masculinización de las mujeres, pero esto no sería bueno, según Camps, ni para las mujeres ni para la sociedad. Dos preguntas y una idea rectora estructuran el libro: ¿Qué es lo que está impidiendo que el camino hacia el fin buscado –la igualdad de oportunidades- sea fácil?, y ¿qué personalidad moral, qué clase de sujeto queremos construir? El precio de la igualdad no debe ser la renuncia a la identidad femenina, dice la filósofa. Para responder a la primera pregunta Victoria Camps aborda temas como la escasez de puestos de trabajo, la violencia sexual –violaciones, acoso sexual, malos tratos-, la resistencia por todos los medios de los hombres ante el avance de las mujeres. En cuanto a la segunda pregunta Camps se interna en la cuestión de la identidad moral cuando trata el tema de la construcción del yo. Lo que importa es lo que nos hace personas, dice Camps, citando al filósofo Dereck Parfit, ya que, pese a la autonomía, no se puede ser persona haciendo lo que a uno le viene en gana en cualquier momento. La filósofa señala que, para cumplir con el mandato pindárico –llegar a ser lo que se es-, la construcción del yo, una identidad moral o una identidad humana, no es tan sencillo. Las alternativas entre las que se puede optar para la construcción de la identidad existen, pero a algunos humanos no les es dado elegir nada –señala Camps-. Para poder elegir bien hacen falta unos mínimos posibles. Asimismo, la filósofa española afirma que el autogobierno de sí no puede estar desprovisto de modelos ni de ideales. Señala, además, la insatisfacción por el modelo de ser humano autónomo y responsable de la modernidad, que aún es nuestro referente moral. También, agrega Camps, a pesar de tomar distancia de los comunitaristas, esta corriente dentro de la ética actual denuncia la poca realidad o la poca sustancia del sujeto moral creado y propuesto por los liberales modernos, un yo sin atributos, un yo que no pertenece a ninguna parte, carece de pasiones y sentimientos, no es ni hombre ni mujer, ni joven ni viejo. Destaca además que la ética no puede consistir sólo en unos principios abstractos supuestamente suscritos por todos los humanos, sino que debe nutrirse de las aspiraciones y necesidades de una comunidad concreta. Victoria Camps se ocupa después de dilucidar acerca de quiénes pueden acceder a una identidad moral o humana. Compara a las mujeres, que durante siglos han tenido únicamente la identidad femenina, con los esclavos griegos, que no podían adquirir las virtudes del hombre libre porque sólo podían ser esclavos. Se hace necesario citar aquí a Sylviane Agacinski en el capítulo “Políticas” del libro "Políticas de sexos". Si las mujeres han conquistado ciertas libertades y no han reivindicado ciertos derechos hasta hace poco tiempo, no es por cobardía sino porque les faltaban los medios, y porque la libertad en el sentido moderno, no existía para nadie. Los intereses de las mujeres en el pasado dependían íntimamente de su pertenencia a un determinado orden y clase social, dice Agacinski. Como tampoco existe nunca libertad absoluta e intemporal para cualquier categoría, no importa cuál sea. También es importante, al hablar del tema de la construcción del yo, citar a Michel Foucault, quien opinaba que para llegar al gobierno de sí, es importante no ser esclavo de nadie, ni de uno mismo, ni de las propias pasiones. Los seres que no participan en el diálogo social no existen –dice Victoria Camps-, carecen de realidad significativa, lo que les ocurre a todos los colectivos de marginados: obreros, mujeres, negros, pobres. De este tema, pero en relación con la maternidad, se ocupa Victoria Sau en el libro "El vacío de la maternidad", donde desarrolla la problemática de la falta de reconocimiento social de las madres. Victoria Camps señala que, para desarrollarse lo suficiente y para darse las normas que quiere seguir, y responder a ellas, el ser necesita de una identidad y reconocimiento social. Al referirse a la identidad hace distinción entre identidad encontrada –aquello que viene dado: ser hombre o mujer, ser catalán o asturiano, cincuentón...- e identidad elegida -ser médico, tener tres hijos, ser de derecha, ser católico-. Lograr una identidad elegida sería tener autonomía, orientarse más por el propio querer que por las inercias y obligaciones externas a la voluntad; llegar a ser lo que se es o llegar a ser uno mismo. De la autonomía se sigue a la responsabilidad –dice Camps-. La responsabilidad nace de un compromiso no sólo con la propia vida sino con la de los otros; puesto que el ser humano vive en sociedad, no puede decidir ser al margen de los demás. Cuando Lipovetsky habla de las identidades elegidas –alternativas- para la construcción del yo entre las que pueden optar las mujeres, omite consignar el tema de los mínimos posibles de los que habla Victoria Camps, quien además afirma que las identidades deparan al individuo reconocimiento social. Estos mínimos posibles –tener un nombre propio, unos padres, una patria o un territorio al que se pertenece, los cuales deparan reconocimiento social- son dados por sentados en "La tercera mujer". A diferencia de Lipovetsky, quien señala que la construcción de la identidad de los dos géneros se realiza actualmente sin modelo social rector, sin agregar ninguna propuesta, Victoria Camps señala que el gobierno de sí no puede estar desprovisto de modelos, de ideales, ni de referentes. Cuando la filósofa española habla de las obligaciones familiares que tuvieron siempre las mujeres y a las que no han querido renunciar a pesar de trabajar, reconoce dos motivos: si las mujeres no lo hacen, no lo hace nadie; el otro es que estas obligaciones, dentro de las cuales se encuentran el cuidado de los hijos y el sustento de la empresa familiar, son tareas valiosas. Se introduce también en el tema de la educación, porque las mujeres han sido educadas para cuidar a los demás, algo que seria bueno tener en cuenta como principio de la educación en varones y mujeres. La filósofa se pregunta qué tipo de sociedad tendríamos si todos, hombres y mujeres, abandonáramos estas obligaciones, y pronostica un modo de vivir menos humano, con la posibilidad de la desaparición de la familia nuclear, la disminución de la natalidad y la marginación y muerte de tristeza de los ancianos, ya que nadie tendría tiempo para ellos. Victoria Camps se alarma cuando dice: es improbable pero no imposible llegar a la conclusión de que el movimiento feminista ha fracasado y que podría haber retrocesos tal vez disfrazados de formas nostálgicas de vida. Un peligro que hay que evitar a toda costa, tomando conciencia de las causas que hacen que la desigualdad entre hombres y mujeres se perpetúe a pesar de los progresos jurídicos y formales. La filósofa española reconoce que la compatibilidad entre vida privada y vida pública sería la vía de acceso a que las mujeres tengan más poder. Para ello pide en su libro más políticas destinadas a hacer compatibles tareas como la maternidad y el cuidado de los niños, con la inserción en el mundo laboral, y políticas que faciliten a las parejas jóvenes la decisión de tener hijos. También el no abandono del compromiso de cada uno con sus obligaciones privadas por el hecho de entrar en el mercado laboral. Al final del libro, Victoria Camps reconoce que no debe haber una sola forma de emancipación femenina, y que no debe ser obligatorio emanciparse si una no lo desea y prefiere vivir sujeta a las servidumbres familiares de toda la vida que a otras servidumbres teóricamente más dignas. Lo único que hay que exigir, dice Camps, es que la opción entre distintas sujeciones le sea dada a cualquier mujer del mismo modo que le es dada a un varón. Después de la lectura de los libros de Gilles Lipovetsky y Victoria Camps, resulta necesario reflexionar acerca del tema de la libertad en términos de invento, tal como lo hace Sylvane Agacinski en "Políticas de sexos", refiriéndose a Sartre. Hablar de libertad es hablar de la situación a partir de la cual se inventa la libertad, situación que comprende un gran número de determinaciones de las que forman parte las realidades naturales e históricas. También, como señala Agacinski, la originalidad de las relaciones entre los sexos es que no son a priori enemigos, y que la guerra es imposible entre ellos. Conviene hablar entonces de relaciones políticas entre los sexos, relaciones que están abiertas, sujetas a perpetuas transformaciones, objetivos de estrategias que se conjugan. Cada uno, con su estrategia, dice Agacinski, está situado dentro del juego, y nadie puede salirse para develar, completamente desnuda, la verdad de la relación entre los hombres y las mujeres. Bibliografía: Gilles Lipovestsky, La tercera mujer, editorial Anagrama, colección Argumentos Victoria Camps, El siglo de las mujeres, ediciones Cátedra S.A. Universitat de Valencia, Instituto de la mujer Silviane Agacinski, Política de sexos, editorial Taurus, Grupo Santillana de Ediciones S.A. Michel Foucault "El yo minimalista, Conversaciones con Michel Foucault, Selección Gregorio Kaminsky, editorial La Marca Jean-Paul Sartre, Verdad y existencia, editorial Paidós I.C.E. de la Universidad Autónoma de Barcelona Sexualidad, género y roles sexuales, Marysa Navarro-Catharine R. Stimpson (compiladoras), Fondo de Cultura Económica de Argentina S.A.

 

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