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Estás aquí:  Inicio >>  Lecturas >>  Isabel Perón, La Argentina en los años de María Estela Martínez
 
Isabel Perón, La Argentina en los años de María Estela Martínez
 

Por María Sáenz Quesada
Editorial Planeta
487 páginas

Isabel Perón

La Argentina en los años de María Estela Martínez

 

Por María Sáenz Quesada

Editorial Planeta

487 páginas

 

(Buenos Aires) Isabel Suárez Valdés

 

                              Cuando se quiere conocer o profundizar en la historia argentina del siglo XX a veces se recurre a escritores o historiadores extranjeros, que tal vez, por no estar inmersos en esa historia tienen una visión distinta de las cosas y también, tal vez, acceso a otras fuentes y a otros documentos. Tal parece ser el caso de las biografías de Eva Perón de la escritora española Marysa Navarro y el libro sobre Perón de Joseph Page.

En el caso de Isabel Perón, que fue presidente de la Argentina al morir su marido, el general Perón,  el libro de la historiadora argentina María Sáenz Quesada llena un vacío. En el artículo “Una mirada a la historia de los malditos”, publicado en Clarín el 28 de diciembre de 2003, María Seoane dice: “La locura, el azar y el poder; la furia, el caos y el miedo. Ciertos rasgos de tragedia y también de comedia representados sobre el escenario político de los terribles años de plomo. De eso escribió, hace unos meses, la historiadora María Sáenz Quesada cuando contó la vida de Isabel Perón, una mujer pequeña, patética en su final político pero con un empecinamiento insondable que la impulsó a no renunciar a la Presidencia frente al embate del triunvirato golpista en marzo de 1976. Ese libro continuó la rica tradición biográfica sobre los protagonistas más polémicos y centrales de los violentos años setenta. En las últimas dos décadas de democracia, fue posible asomarse a las vidas de Massera, Santucho, Videla, Cámpora, para citar sólo algunas biografías realizadas por periodistas, hasta llegar a la de Isabel y al vertiginoso relato de la vida de Galimberti, contada por los periodistas Marcelo Larraquy y Roberto Caballero. Fueron libros que nutrieron la ola de no ficción nacional que podría llamarse “la saga de los malditos”. “ Este comentario de Seoane continúa en relación a la biografía de López Rega escrita por Larraquy.

El libro de Sáenz Quesada está estructurado como un relato de la Argentina en los años de María Estela Martínez. Toma como eje la biografía de Isabel Perón y se estructura con una cronología desde la muerte del General Perón hasta que Isabel es derrocada y apresada y puesta a disposición de la junta militar hasta su posterior liberación, aportando testimonios y documentación. Son 487 páginas dedicadas la historia de la Argentina en esos años. Si por ejemplo se quiere conocer algo del mismo tema en el libro “Historia de la Argentina” escrito por John Lynch, Roberto Cortés Conde, Ezequiel Gallo, David Rock, Juan Carlos Torre y Liliana de Riz, de editorial Crítica (Barcelona) se encontrarán pocas páginas. El capítulo escrito por Juan Carlos Torre y Liliana de Riz, “Argentina desde 1946” le dedica al tema unas diez páginas.

Relacionado con el gobierno de Isabel Perón  puede  leerse en ese capítulo lo siguiente: “Más inspirados por el sectarismo al que los habían acostumbrado los dieciocho años de semilegalidad política que por las lecciones sobre el arte de conquistar y conservar el poder que les impartiera Perón, sus sucesores – Isabel Perón y sus colaboradores y los dirigentes sindicales – se dedicaron a demantelar los acuerdos heredados y a proclamar que había llegado la hora de la reparación histórica.

El primer paso en esa dirección apuntó contra Gelbard (1), quien, terminado el breve armisticio que siguió a la muerte de Perón, presentó su dimisión en octubre. Con su alejamiento, se aflojaron los vínculos que unían a la CGE (2)y al gobierno. Una suerte similar corrieron los acuerdos interpartidarios. Después de hacerse cargo de la presidencia, la esposa de Perón reorganizó el gabinete y substituyó a los representantes de los partidos que habían formado el frente electoral por miembros de su círculo íntimo. También puso fin a las relaciones especiales con el Partido Radical, que ya no sería consultado en las decisiones importantes de gobierno. Mientras tenía lugar esta operación de homogeneización política, la violencia entró en una nueva fase. A finales de 1974 los Montoneros anunciaron que pasaban a la clandestinidad para continuar la lucha, ahora con el gobierno de Isabel Perón. Por esa misma fecha, entró en la escena un grupo terrorista de derecha, bajo el nombre de la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista), armado y dirigido por López Rega, el ministro de Bienestar Social y secretario privado de la presidenta”.  En esas páginas el capítulo de Juan Carlos Torre y de Riz hace también una descripción de la situación económica de esos años y de la violencia desatada por la guerrilla y al respecto dice: “El empeoramiento de la situación económica no atenuó el nivel de conflictos laborales, pero en el nuevo escenario éstos fueron más prolongados y de más difícil solución.

En este contexto, aumentó la actividad de la guerrilla, que secuestraba y asesinaba a gerentes de empresas con el fin de obligarlos a aceptar las exigencias de los obreros. Estas acciones desencadenaban represalias igualmente violentas de grupos paramilitares contra activistas sindicales. Las fábricas se convirtieron así en un escenario más de la ola de violencia que servía de trágico telón de fondo a la crítica situación económica. En la segunda mitad de 1975 la guerrilla decidó intensificar sus operaciones: además de secuestros, asesinatos y atentados con bombas, los Montoneros y el ERP llevaron a cabo acciones más ambiciosas contra objetivos militares. La presión de las fuerzas de seguridad, sin embargo, les obligó a volver a un terrorismo más rudimentario que hizo evidente su ya irreversible aislamiento de los movimientos de protesta popular.”

En las últimas páginas de su libro sobre Isabel Perón, María Sáenz Quesada afirma que recurrió al género biográfico para poder guiarse en el laberinto de los hechos contemporáneos y cita a Churchill: “No hay historia sino biografía”. Este género, dice la historiadora, ofrece un hilo conductor para internarse en las diferentes capas de la historia, la visible y la que se oculta en forma deliberada o subconsciente como en el caso de la enigmática Señora Presidente y de su gestión. También alude la historiadora a que los jóvenes que hoy egresan de un colegio secundario y hacen el ingreso a la Universidad tienen una idea bastante aproximada de cómo fue la última dictadura; ignoran, sin embargo, el capítulo anterior de esa asignatura. Y no sólo ellos, dice Sáenz Quesada, sino que el problema es mucho más amplio. También la historiadora  dice: “Cuando en 1973 Perón volvió al país rodeado de un aura que hasta la misma oposición admitía, convirtió a su esposa en la heredera de su legado político. El peso del liderazgo de Perón se inclinó a favor de esta asombrosa solución, plasmada en la fórmula electoral Perón-Perón, apropiada quizá para la coyuntura, pero negativa para fortalecer a las instituciones republicanas y para pacificar a una sociedad dividida y violenta.

Como resultado de esta decisión y de otros muchos factores, y en el marco recesivo de la economía mundial, la crisis se profundizó. Los veintiún meses que transcurrieron desde la muerte de Perón, el 1 de Julio de 1974, hasta el golpe militar del 24 de marzo de 1976 demostraron que contar con el más amplio apoyo electoral no basta para poder gobernar. El peronismo se fracturó entre la izquierda y la derecha del movimiento. Los políticos, los gremialistas, los gobernadores provinciales y las organizaciones armadas o “formaciones especiales”, como las denominó Perón, se enfrentaron unos con otros. Tres años después del amplio triunfó del Frejuli, los militares volvieron al gobierno. La sociedad, ya seriamente sectorizada, se fracturó a su vez, y un charco de sangre separó a los argentinos”.

Según el comentario de Juan Manuel Palacio publicado en el diario La Nación el 11 de enero de 2004, el libro de Sáenz Quesada es más bien un relato en que se recopila la información sobre los años de la vida pública de Isabel Perón, como mujer de Perón primero y como presidenta luego. En ese sentido, es mucho más “La Argentina en los años de María Estela Martínez” – como reza el subtítulo – que una biografía de Isabel Perón, quien en capítulos enteros prácticamente desaparece de la escena. Para Palacio, “si algo queda claro a través de sus detalladas páginas, es que Isabel fue una mujer de poco carácter, dominada primero por Perón, luego por López Rega, y en general superada por el fuego cruzado de la política argentina de los años setenta.”.  Para finalizar, Sáenz Quesada pregunta:” Isabel ¿inocente o culpable?” La biografía que intento en estas páginas, dice, señala en primer lugar que la esposa de Perón no era, como se ha pretendido, una desconocida que apareció de improviso y arrebató el poder de las manos de su marido enfermo. El 62% del electorado la votó. El propio establishment, en un momento brevísimo, contó con ella para llevar a cabo su tarea de “limpieza” de izquierdistas y de ajuste de la economía. La historiadora pregunta nuevamente:”?Por qué se ha consolidado en la memoria colectiva esta negación?” Y responde: “Quizá porque los argentinos de la década de 1970, siempre en busca de liderazgos fuertes, no se resignaban a mirarse en el espejo de esta mujer de gestos espasmódicos y lenguaje político elemental, manipulada por las fuerzas armadas y por los sindicatos y prisionera voluntaria de un círculo mezquino”.  Para Seoane, citada al principio de estas líneas, la aparición del libro sobre López Rega, secretario privado de Perón y de Isabel  tiene la rara virtud de revelar por qué el género de estos libros, que denomina “la saga de los malditos” son una parte de nosotros mismos. Explican, con su trágica excepcionalidad, nuestra compleja relación con el poder, con la ley, con la tolerancia. Son la imagen negada y morbosa de nuestra pasión por la barbarie”. Los años del gobierno de Isabel Perón fueron el preludio al golpe del 24 de marzo de 1976, la fecha más triste y macabra de la historia argentina, definida así por el escritor y filósofo José Pablo Feinnmann quien también indaga sobre este tema en su libro “La sangre derramada – Ensayo sobre la violencia política”.  Tal vez el libro de María Sáenz Quesada, historiadora argentina  pueda iluminar  la historia reciente de una forma mejor en que lo haría un historiador extranjero, que como en el caso de Joseph Page con su libro sobre Perón o el de Marysa Navarro y su trabajo biográfico  sobre Evita, narran la historia argentina desde otro lugar.

 

(1)     José Ber Gelbard, ministro de economía con Cámpora, Lastiri, Perón e Isabel Perón

(2)     CGE, Central empresaria

 

© Isabel Suárez Valdés

 

Bibligrafía:

 

John Lynch, Roberto Cortés Conde, Ezequiel Gallo, David Rock, Juan Carlos Torre y Liliana de Riz, Historia de la Argentina, Editorial Crítica, Barcelona

José Pablo Feinmann, La sangre derramada- Ensayo sobre la violencia política, Compañía Espasa Calpe Editoria S.A./Editorial Ariel

María Seoane, Una mirada a la historia de los malditos, artículo publicado en el diario Clarín, 28 de diciembre de 2003

Juan Manuel Palacio, Un relato ágil y ordenado, artículo publicado en el diario La Nación, 11 de enero de 2004

 
 
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