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Estás aquí:  Inicio >>   Entrevistas- noticias culturales-histórico >>  Los símbolos del poder, por Carolina Hermo
 
Los símbolos del poder, por Carolina Hermo
 

A partir de un recuerdo de Leonardo Da Vinci,de la obra "La casa de Bernarda Alba" de Federico García Lorca y de una fotografía de Nietzche y Lou Andreas Salomé, Carolina Hermo analiza los símbolos del poder
(c)Carolina Hermo "No existen conocimientos más elevados o más bajos, sino un conocimiento único que emana de la experimentación." Leonardo Da Vinci La cola del buitre En 1910, el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, publicó Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci. Leonardo (1452-1519) era hijo ilegítimo y transcurrió los primeros años de su infancia bajo el cuidado de su madre, Catalina. En su exposición, Freud hace alusión a Leonardo como un ser "encantador, elocuente, alegre, afable", cuando se recuerda sus primeras épocas. Refiriéndose a su segunda época, lo evoca como una persona de acentuados rasgos extravagantes y un marcado aislamiento con respecto a sus contemporáneos. Sospechoso de dedicarse a la "magia negra" por abandonar la pintura y dedicarse a la investigación científica. Leonardo Da Vinci, debió refugiarse en Francia, siendo que sus experimentos se consideraban allegados a los despreciados alquimistas. Nos cuenta también el médico vienés, que Leonardo dejó inacabadas muchas de sus obras. "Concebía una perfección que luego no le parecía hallar nunca en sus obras" Tenía una lentitud proverbial; "La cena" le llevó tres años de trabajo, la "Monna Lisa", cuatro años, no la entregó a quien se la había encargado y luego la vendió en Francia. Dotado de una extraordinaria profundidad y gran riqueza de posibilidades. Elevadas aspiraciones apenas realizables e impotencia para conseguir su propósito. Tenía cierto grado de inactividad e indiferencias bondadosa y era afable con todos. Condenaba la guerra. Decía "no ver en el hombre el rey de la Creación, sino la más temible de las fieras" Esto no le impedía acompañar a los condenados al Cadalso para estudiar sus fisonomías contraídas por la angustia y dibujarlas en un álbum. Ni inventar mortíferas armas, ni entrar como ingeniero al servicio militar. Resulta imposible invocar al pintor Leonardo De Vinci sin hacer alusión a la conocida sonrisa "Leonardesca". Singular, fascinadora y enigmática en las figuras femeninas. Al respecto dice Muther: “Demoníaco encanto de la sonrisa”. Varios críticos observaron allí las antítesis que dominan la vida erótica de la mujer: la ternura y la sexualidad, al mismo tiempo de sentir al hombre como presa a la que se devora. Esa particular sonrisa de La Gioconda, aparece en casi todos sus cuadros. En su ensayo, Freud desarrolla una teoría a partir de un recuerdo infantil de Leonardo, que fuera hallado entre sus anotaciones: "Hallándome en la cuna, se me acercó un buitre, me abrió la boca con su cola y me golpeó con ella repetidamente entre los labios" En primera instancia, explica Freud, se podría estar frente a un recuerdo de lactancia. Pero por sus características no constituiría un recuerdo, sino una fantasía ulterior transferida por él a la niñez. Estos recuerdos suelen aparecer en la adultez deformados, falseados, convertidos en fantasías. Sería como crear una historia del pasado pre-histórico influida por circunstancias actuales y tendenciosamente rectificada. Pero - agrega -, a pesar de sus deformaciones entraña la realidad del pasado y detrás de ella, se encuentra la verdad histórica. En el análisis que el fundador del psicoanálisis realiza sobre esta fantasía, encuentra en ella una orientación erótica representada por la "cola" del buitre que simbolizaría el miembro viril. En esta fantasía, para Freud, la figura de la madre es sustituida por un buitre. En los antiguos pueblos egipcios, explica, la imagen de la madre está representada por la figura del buitre. La Divinidad materna, simbolizada en la cabeza del buitre. El buitre es símbolo de maternidad por considerarse que sólo hay buitres hembras las cuales son fecundadas por el viento, según la tradición egipcia. Esta leyenda, de acuerdo a los datos históricos obtenidos sobre los conocimientos de Leonardo Da Vinci, considera Freud, debió ser conocida por Leonardo, ya que se trataba de un hombre de vastos conocimientos. Se puede pensar que él mismo se identifica con este ser producto de una madre "fecundada por el viento", ya que, al ser hijo ilegítimo, pasó los primeros años de su infancia sólo con su madre. La sustitución de su madre por el buitre, explica para el autor, estaría dada por el hecho de haber echado de menos al padre, sintiéndose solitario al lado de su madre abandonada. Para Freud, los primeros años de la vida de Leonardo, sólo con su madre, constituyeron una influencia decisiva en su vida ulterior. Si volvemos a la tradición egipcia, en casi todas las imágenes del Mut - símbolo del buitre como madre- éste aparece provisto de un falo. Contiene senos y genital masculino en erección. Se hallan entonces en Mut, los mismos caracteres maternales y masculinos que en la fantasía de Leonardo. Los mitólogos alegan que estas formas representan la fuerza creadora original de la naturaleza. Freud interpreta la fantasía de la siguiente manera: "En aquella época infantil en la que mi tierna curiosidad se dirigía hacia mi madre y le atribuía órganos genitales iguales a los míos." Vale decir entonces que, la cola del buitre, para Leonardo, simboliza el miembro viril investido en la figura de su madre. Es, en su fantasía un objeto representativo de poder. El bastón de Bernarda Entre las obras del escritor español, Federico García Lorca (1898-1936), se destaca "La casa de Bernarda Alba" , obra de teatro basada en la figura real de Doña Francisquita Alba y sus hijas, quienes vivían clausuradas en una casa colindante de un pueblo en Granada. La obra se sitúa en una pequeña aldea al sur de España durante esa época. Tras la muerte del segundo esposo de Doña Bernarda Alba, ésta obliga a sus cinco hijas a vivir clausuradas por 8 años velando el luto del difunto. Durante esta época, las hijas no podrán hacer otra cosa más que coser. Según Bernarda, a quién sólo le importa el honor y abolengo de su familia, esto es lo más apropiado para las mujeres de su clase. Así anuncia Bernarda su decisión: "En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordar el ajuar. En el arca tengo veinte piezas de hilo con el que podréis cortar sábanas y embozos. Magdalena puede bordarlas". El bastón de Bernarda es quizás el símbolo que mejor proyecta la autoridad y dureza con la que gobierna su casa. Todo el drama comienza cuando el público sabe que todas las hijas de Bernarda están locamente enamoradas de Pepe el Romano, un joven hermoso del pueblo. Angustias, la hija mayor y la más fea de todas, está comprometida con Pepe el Romano, todo gracias a la herencia de dinero y tierras que ésta ha recibido de su padre (primer marido de Bernarda).Adela, la más joven de la hermanas es quien comienza a verse con Pepe el Romano, rompiendo así con la autoridad de su madre. Los celos y los deseos suprimidos de todas las hermanas tendrán terribles consecuencias, ya que Adela se queda embarazada de Pepe el Romano y pretende fugarse de la casa. En un momento de la exposición teatral, Bernarda (Golpeando con el bastón en el suelo.), dice: ¡No os hagáis ilusiones de que vais a poder conmigo! ¡Hasta que salga de esta casa con los pies adelante mandaré en lo mío y en lo vuestro! Aquí se hace lo que yo mando, asegura Bernarda a sus hijas, Ya no puedes ir con el cuento a tu padre. Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles. El bastón de Bernarda, está permanentemente presente en la obra, como símbolo de poder, como representativo de aquella virilidad que subyace detrás de su figura de mujer. Lo golpea contra el suelo al tiempo que imparte órdenes a sus hijas, las insulta, las amenaza, y aún más, las apalea. Paradójicamente, Adela, la única de las cinco hijas que logra en un momento oponerse a la autoridad materna, le arrebata el bastón a su madre y lo parte en dos al tiempo que le dice a gritos: "¡Esto hago yo con la vara de la dominadora. No dé usted un paso más. ¡En mí no manda nadie más que Pepe!" Pero aquél bastón ha podido más que el deseo de liberación, puesto que el trágico final es quizás, la única solución a la represión de la madre: Adela se suicida. La fusta Si nos remontamos a la Europa de los finales del 1800, época en la que transcurrió la vida del filósofo Friedrich Nietzsche (1844-1900), quien dejara invalorables legados tales como "Humano, demasiado humano", "Más allá del bien y del Mal", "Así habló Zaratustra" y otros escritos de no menor trascendencia, podemos recordar aquél episodio triangular suscitado en la relación del filósofo junto con su amigo Paul Rée y Lou Andreas Salomé, relación que habían dado en llamar una ménage a trois. Los tres amigos, acordaron en vivir juntos en una especie de comunidad de librepensadores, sin embargo, el amor se introduce entre ellos y acaba enseguida con la comunidad de espíritus libres. Los dos hombres se enamoraron de Lou Andrea Salomé, quien según sus propias palabras "No podía ser de otra manera, que el modo de ser de Nietzsche y en lo que decía me fascinara, justo aquello que entre él y Paul Rée menos ocasión tenía de acceder a la palabra." Durante esta relación de Menaje a trois, a pedido, según Salomé, del propio Nietzsche, los tres amigos se fotografiaron sobre un carro. Los dos hombres aparentaban tirar del carro, mientras que la joven Salomé, arrodillada en la caja del mismo, empuñaba una fusta. En "Mirada retrospectiva", dice Lou-Andreas Salomé: "Nietzsche en plena euforia, no sólo insistió en hacerla, sino que se ocupó, personalmente y con celo, de la preparación de los detalles". Es dable destacar que Friedrich Nietzsche fue criado en una casa llena de "santas mujeres". Su madre, su hermana menor, Elizabeth, quien jugara un papel determinante en la vida del filósofo, su abuela materna y dos tías ligeramente trastornadas. * Este episodio, no sólo está documentado en diversas estudios biográficos, sino que se encuentra plasmado asimismo en la novela de Irvin D. Yalom, "El día en que Nietzsche lloró". Más que representativa resulta la fotografía en la que la mujer, disputada por los dos hombres de la triangular relación, apareciera ubicada detrás de ellos, con una fusta en la mano, mientras que los otros simulaban hacer las veces de los animales que debían empujar el carro. No resulta casual que en los tres ejemplos presentados, tanto desde la perspectiva del estudio analítico que Freud realiza sobre Leonardo Da Vinci, como también en la obra literaria de García Lorca; y asimismo, en el episodio biográfico del filósofo Nietzsche, se trate de tres vidas en las que se denota una ausencia paterna o de modelo de identificación masculina y se destaque una primacía de la figura de la mujer en el desarrollo de la infancia. Cabría preguntarse entonces: ¿nos encontramos aquí en presencia de mujeres/madres "fálicas"? Frente a la ausencia del varón, ¿afloran en éstas aquellos atributos de un poder viril latente dentro de sí mismas y que la cultura le ha asignado a lo masculino? Sería quizás entonces, el bastón de Bernarda Alba y la fusta de Lou Andreas Salomé, acaso, la cola del buitre de la fantasía de Leonardo. Pareciera que nos halláramos encerrados dentro de una cultura falocéntrica, dentro de la cual, ante la ausencia del símbolo masculino del poder, resultara necesario reconstruirlo a través de objetos representativos para luego investirlos en la figura de la mujer. La autoridad, la opresión, el sometimiento, la crianza y aún el amor que devora; todos atributos de la condición humana que subyacen debajo de aquél que persigue el hombre desde los comienzos de su existencia: el poder; y que se encuentran plasmados tanto en la vida real, como en la fantasía, el arte y la literatura, pueden manifestarse no sólo en actos, sino a través de diferentes objetos a los que el mismo hombre le otorga sus propias fuerzas femeninas y masculinas, debajo de las cuales, él mismo queda aprisionado. "Se ha observado mal la vida, cuando no se observa la mano que, con todos los respetos, mata." Freidrich Nietzsche BIBLIOGRAFÍA - Freud, S. Obras completas, Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci - García Lorca, F. La casa de Bernarda Alba - Izquierdo, A. Friedrich Nietzsche - Strathern, P. Nietzsche - Yalom, I. El día en que Nietzsche lloró - Nietzsche, F. Más allá del bien y del mal
 
 
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