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Estás aquí:  Inicio >>   Entrevistas- noticias culturales-histórico >>  Entrevista a José Jiménez Lozano, Premio Cervantes 2002
 
Entrevista a José Jiménez Lozano, Premio Cervantes 2002
 

Pablo Gámez entrevistó al Premio Cervantes 2002
“Me interesa el juego de las ideas”. Por Pablo Gámez. ©Artgos Int.-Servicio Mundial. El periodista y escritor español José Jiménez Lozano ha sido distinguido con el Premio Cervantes 2002, máximo galardón de las letras hispanas. El jurado del Cervantes ha recalcado que la amplia obra literaria de Jiménez Lozano está impregnada de un profundo humanismo y religiosidad. Jiménez Lozano es especialista en mística española y ha cultivado tanto la poesía como la novela, en las que generalmente denuncia situaciones dolorosas o injustas. Nacido en mayo de 1930 en Langa, pequeño pueblo de la provincia de Avila, Lozano es poco conocido para el gran público, no sólo en España, sino también en Latinoamérica. Es autor de obras como “El grano de maíz rojo”, “El mudejarillo”o “El viaje de Jonás”. En la siguiente entrevista Jiménez Lozano habla sobre su universo literario, los personajes que lo habitan y la importancia de la ironía para el conjunto de su obra. Pregunta: Usted ha dicho que los hombres no pueden vivir en un mundo sin significados. ¿De aquí su observación cuando dice que en estos momentos la literatura es la simbolización de las cosas reales? Respuesta: Considero que la cultura es la simbolización de lo real. El propio lenguaje es ya una simbolización. Cualquier sentimiento nuestro –de odio, amor, alegría, tristeza, venganza-- supone una imagen. Lo mismo sucede con cualquier realidad que transmuta en nosotros en un significado cultural. En pintura o en arte, por ejemplo, un juego geométrico o una mezcla de colores pueden sucitar emociones, y no específicamente un significado. Con las palabras es distinto. Se quiera o no, ellas tienen un significado. P: Un punto interesante a destacar es cuando afirma que no se siente identificado con ninguno de sus libros, pero sí con los personajes de los mismos. ¿Qué tipo de cosas son las que le han permitido vivir estos personajes? R: Al empezar a escribir veo primero unos rostros. Veo la historia de una manera muy oscura. La frecuentación con estos personajes es lo que me los hace muy queridos. No es que a estos personajes les esté dando vueltas voluntariamente. Están, simplemente, ahí: afloran, sin yo quererlo y esperarlo. Me visitan y yo los invito. Son relaciones que se tejen durante mucho tiempo, hasta que el rostro que veo se cristaliza en la cara y figura de un niño, de un anciano, de un hombre o una mujer. Con algunos me encuentro más a gusto que con otros, porque de todas maneras, para ser ellos, tengo que renunciar a mi propio yo. Por eso recuerdo más a mis personajes que a mis libros, en una manera, claro, muy específica. P: ¿Es ésta una constante en su proceso creativo? Me refiero a la proyección de unos rostros antes de la consolidación de la trama del libro que se encuentra por escribir. R: Siempre sucede lo mismo. Lo que tengo es el germen de una historia, y en torno a esa historia han aparecido unos rostros. Después ha resultado que la historia que había oído o me había conmovido no es la que contaban estos personajes. Por eso es que les doy tanta importancia. P: ¿Por qué razón son siempre gente insignificante? R: Quizá son los que más nos conmueven. Pero hay una razón más profunda. La historia normal se hace en torno al poder, en torno a lo que tenga una significación pública, por pequeña que ésta sea. Hay gente que no tienen siquiera historia, porque nunca entraron en ese nivel. Pero sí que tienen cosas que decirnos. No quiero hablar ya de los hombres desgracia, que eran una medida del genio literario. Solamente aquellos escritores que hubieran podido pintar verdaderamente sus desgracias serían los mejores. Pero esto ya es otro asunto. P: ¿Para usted son estos los personajes que se encargan de escribir el día a día de nuestra historia? R: Así es. Fíjese que el relato es un invento bíblico. La biblia es entonces una colección de pequeñas historias. Desde ahí en adelante, el hombre, cuando se ha querido contar algo serio, se ha contado una historia pequeña, no una épica. En este sentido es que lo quiero decir. P: Usted mismo ha reconocido el alto grado de complejidad de su universo literario. ¿Qué es exactamente lo que caracteriza este universo? R: Aquí debo de hablar por boca de ganzo, es decir, lo que me dicen los críticos, porque no puedo meter yo mismo la cuchara. Hay quien me dice que mi imaginario es muy simple: que es solamente el pozo, la noche, las estaciones, estas vivencias profundas del día a día. Hay quien dice que es muy complejo. Que todo anda revuelto con teología y maneras de ver el mundo. La literatura no es ciencia, y cada uno la percibe desde su punto de vista. Es decir, cada uno habla según la va la feria. P: ¿Y personalmente? R: Me alegraría que fuera un universo complejo y no una cosa plana. Pero también me gustaría que fuera simple y profundo. P: En repetidas ocasiones le he escuchado decir que escribe desde la honestidad. ¿Qué entiende por escribir desde ella? R: Se trata de la verdad literaria. Tiene que ver directamente con todos los demonios, internos y externos, que habitan en un escritor: la serie de presiones, de miedos al decir una cosa, de banalidad o de prisa o de no esperar a ver lo que en sí es la verdad literaria, o sea, que la palabra nombre. Esto compone lo que yo quiero llamar honestidad. P: Toca dos conceptos medulares: banalidad y prisa. Usted también es un periodista de muy amplia trayectoria. ¿Van dirigidos estos conceptos también a lo que tenemos actualmente como periodismo ? R: El periodismo se ha visto mutado. Periodismo se confunde con medio de comunicación. Y no es lo mismo. ¿Qué es comunicación? Alguien que tiene una bocina en la mano, aunque sea el pinche de cocina mientras el barco se va a pique, pero como el capitán no tiene bocina no puede decir que se va a pique, y naufraga. Pues bien, los periódicos, quizá presionados por los otros medios de comunicación, han querido tener mucho eco, tratándose de poner delante de los acontecimientos. Tanto en el periodismo escrito como en el radial debe haber un mayor resposo de los eventos, para luego infomar como se debe. La banalidad no es buena para nadie. Incluso puede llegar a ser catastrófica, porque gusta de lo blanco o lo negro o de los razonamientos del chiste del sargento. P: Usted tiene 40 novelas publicadas, relatos, ensayos y poesías. ¿Cómo se define en términos literarios? R: …yo me digo que soy un escribidor, pero uno nunca sabrá lo que realmente ha hecho. Me gusta narrar pero también me interesa el juego de las ideas. De vez en cuando se me cruza un relámpago y me escribo un poema, pero no me considero un poeta. Sencillamente le puedo decirle que experimento un gran placer al contar. P: Algo que sobresale en toda su producción literaria es la ironía. ¿Por qué le es tan importante? R: Desde pequeño fui lector de Cervantes y él es un maestro de la ironía. Mucho antes de que pudiera apreciar cuál era la belleza de las palabras o la sintaxis, una de las cosas que me maravillaban de Cervantes eran esas ironías. Es una manera de entender a los demás y de entendernos a nosotros mismos. No llega a la crueldad del sarcasmo, pero no deja de evidenciar lo que en nosotros es una contradicción. Con la ironía se perdona al prójimo y se avisa a uno mismo. No sería capaz de vivir sin un poco de ironía y sin un poco de sentido del humor. P: La crítica española dice que su obra ha sido marginada, precisamente por la amplia base intelectual que se encuentra en la misma. ¿Se siente usted realmente como un escritor marginado? R: Pues cada uno tiene su camino. Lo que me gusta es escribir. En ese proceso encuentras gente que está en la misma longitud de onda, y esos son los lectores. También hay un poco de automarginación. He vivido en el campo, en las afueras, no soy muy dado a las veladas literarias ni tampoco a las modas. He querido ser libre y por ello hay que pagar algo, pero no me siento ofendido. P: Subraya que no se identifica con las modas, pero el premio Cervantes lo llevará a ese asiento. R: Sí, pero como decía Leopardi: “quien se acuesta con la moda se levanta con un cadáver”. ©Artgos Int.-2002|Todos los derechos reservados. Pablo Gámez es licenciado en periodismo y literatura. Actualmente cursa un postgrado en Historia de la Cultura en la Universidad de Utrecht, Países Bajos. Es Editor General de Radio Nederland Internacional, en Hilversum, Holanda. Desde hace cinco años dirige la agencia cultural ARTGOS, especializada en entrevistas de fondo a escritores, artistas e intelectuales. Es coloborador activo de la revista Newsweek-hispanoamérica, Áncora, de Costa Rica, La Prensa Literaria, de Guatemala, Reforma, México, Cambio16, México, Cambio16, Colombia, Librusa, Miami, Papel Literario, Venezuela, El Universal, Venezuela, Brecha, Uruguay y otras revistas y publicaciones en América Latina. En Holanda es colaborador de las revistas de GroeneAmsterdamer y Vrij Nederland.
 
 
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