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Estás aquí:  Inicio >>   Entrevistas- noticias culturales-histórico >>  "Situaciones postales" de Tomás Abraham
 
"Situaciones postales" de Tomás Abraham
 

El libro del filósofo argentino Tomás Abraham resultó finalista del XXX Premio Anagrama de Ensayo
(Buenos Aires) Araceli Otamendi Dice George Steiner en su libro "Presencias reales" que “aunque existen contornos espaciales y antenas que un individuo comparte con los demás seres humanos, que comparte más directamente con miembros de su situación histórica, sociedad y trasfondo educativo, otras celdillas de su psique son, como dirían los lingüistas, “idiolécticas”. Están pantadas de modo singular con su propia internalidad receptiva y comunicativa. La química de semejante formación se nos escapa. Pero la consecuencia en relación con la respuesta estética, con la obsesión, con la afinidad electiva es clara.” Tomás Abraham, filósofo y sociólogo argentino, graduado en Francia, profesor de filosofía de la Universidad de Buenos Aires y autor de numerosos libros, entre ellos “Los senderos de Foucault”, “El último oficio de Nietzche”, “Historias de la Argentina deseada”, “Pensadores bajos”, ha investigado en “Situaciones postales” las relaciones entre Vladimir Nabokov y Edmund Wilson por un lado y entre la filósofa Hannah Arendt y la escritora Mary McCarthy por el otro. La primera parte del ensayo está dedicado a Nabokov y Wilson. En realidad se trata de una investigación exhaustiva de las relaciones entre el creador de “Lolita” y el crítico Edmund Wilson, muchas veces a través del estudio de su correspondencia. El lector puede tomar partido a veces por Nabokov y otras por Wilson. Al principio del libro, Tomás Abraham justifica la elección de Nabokov para el ensayo: “Hubo una razón para que me ocupara de Nabokov y sería bueno que lo reconociera, en beneficio de mi propia claridad: la venganza. Quiero vengar el buen nombre y honor de Witoldo Gombrowicz porque no pudo defenderse al desconocer más que desagradable afrenta”. La afrenta había sido durante la visita del crítico francés Dominique de Roux a Vladimir Nabokov en su residencia de Suiza. Nabokov, hombre de inmensa presución, habría confundido a Gombrowicz con Jerzy Kosinsky. Habría que recordar la historia de Gombrowicz, autor de las novelas “Ferdydurke”, “La seducción”, “Cosmos”, “Transatlántico”, quien durante 23 años vivió en la Argentina. El escritor polaco viajó a Buenos Aires en 1939 para pasar un período breve pero estalló entonces la Segunda Guerra Mundial y Gombrowicz pasó más de veinte años casi al margen de la vida literaria argentina. Sobrevivió en condiciones muy difíciles hasta que entró a trabajar en el Banco Polaco, y ahí se dedicó a escribir. Las discusiones y anécdotas abundan en la relación Nabokov-Wilson. Habría que tener en cuenta que un escritor puede ser genial construyendo personajes, ¿quién no conoce al personaje de “Lolita”? pero su prosa puede sonar como una lija en los oidos de un lector sensible, tal vez no debido a la prosa misma sino a una mala traducción, tema del que también se ocupa esta parte del libro. Otras veces el autor de un libro puede crear climas excepcionales y sin embargo la obra puede fallar en la construcción de la trama. Son muchas las combinaciones posibles. Las discusiones entre Nabokov y Wilson ocupan buena parte de sus vidas, tal vez cada uno, como los personajes de una novela pueda encarnar conceptos. Contar sus vidas, incursionar en los detalles de sus personalidades, casi es más ameno y efectivo que incursionar sólo en ideas. Pensar sólo en términos de ideas puede, en mi opinión, destruir la capacidad de pensar en términos de emociones y sensaciones y esto puede ser sólo una hipótesis. De esto último también se ocupa el libro, donde no se deja escapar casi nada de lo que concierna a teorías literarias. En esta primera parte del libro Abraham derriba algunos prejuicios tanto sobre Nabokov como sobre Gombrowicz, como cuando cita, por ejemplo a Félix de Azúa: “No hay libro menos excitante, menos erótico que Lolita en toda la literatura occidental”. Aquello que sí reconoce Azúa, dice Abraham, es el talento de Nabokov para llevar a cabo una precisa vivisección de la adolescente moderna. Mucha gente no sabe quién es Nabokov pero sí sabe quién es “Lolita”. Menos son todavía los que conocen a Edmund Wilson. En cuanto a la segunda parte del libro dedicada a la investigación de las relaciones entre la filósofa alemana Hannah Arendt y la escritora norteamericana Mary McCarthy, la elección de Abraham parece estar más claramente de acuerdo con la teoría de Steiner citada al principio, quien también dice en su libro “Presencias reales”: “Ningún hombre o mujer necesita justificar su antología personal, sus bienvenidas canónicas. El amor no discute sus necesidades”. Hannah Arendt fue discípula de Heidegger, Husserl y Jaspers, abandonó Alemania en 1933 y tras la ocupación alemana de Francia se estableció en Nueva York. Es autora entre muchos libros de “La condición humana”, “De la historia a la acción”, “Qué es la política”, “Orígenes del totalitarismo”. De este último libro de Arendt se ocupa Abraham en algunas páginas. La escritora norteamericana Mary McCarthy, es autora entre otras obras de las novelas “El grupo”, “Una vida encantada”, un libro de relatos, ensayos críticos y un libro de memorias “Memorias de una joven católica”. Tomás Abraham une a Arendt y a McCarthy como practicantes de la parrhesía frente a autoridades literarias, religiosas y políticas. La parrhesía, aclara Abraham remitiéndose a Foucault a quien lo considera su maestro, es el modelo que tiene para hablar el filósofo que dice su verdad y habla directo. El hablar directo o crudo va en contra de la adulación, contra todos los discursos adulatorios. Hannah Arendt y Mary McCarthy se conocieron en una reunión en Nueva York. Hubo una larga amistad intelectual entre las dos mujeres, pero Abraham no se detiene en investigar solamente esta relación sino también en las relaciones que cada una de ellas tuvo con intelectuales de la época. Así, por ejemplo, la autora de “El grupo”, su novela quizás más famosa, se relacionó con Nicholas Chiaramonte, un anarquista que había luchado en la Guerra de España, quien había deslumbrado a Mary McCarthy por su simple modo de vivir y de pensar. Chiaramonte, dice Abraham, “despreciaba las teorías y las infatuaciones abstractas. Pero no era un empirista, meditaba los hechos. Chiaramonte había llegado a la conclusión después de la Segunda Guerra de que era necesario pensar todo otra vez, que las vías de la violencia ya sea en la guerra o en las revoluciones no servían para construir un mundo mejor. Nazismo y estalinismo lo habían demostrado. Que había una tarea más importante para hacer que la de crear partidos o estructuras políticas con ambición de conquistar el poder. Lo que veía relevante era crear asociaciones civiles que reflexionaran sobre procesos de transformación hacia nuevas formas de vida en común. Sociedades múltiples de amigos en Europa y EE.UU”. De su fascinación por Mary McCarthy, Abraham incursiona en las novelas “El grupo” y “Una vida encantada”. Esta última novela, tiene componentes autobiográficos donde una mujer divorciada y casada por segunda vez, no resuelve todavía el vínculo con su primer marido, los dos pertenecientes a un círculo de intelectuales snobs para quienes el arte se ha convertido en una religión. También rescata Abraham las críticas de Mary McCarthy a la altanería europea frente a la vulgaridad norteamericana, donde muchos prejuicios son derribados. En cuanto a Hannh Arendt, son varios los temas de su obra, donde Abraham profundiza. Uno es la toma de posición de la filósofa en cuanto a la doctrina de los derechos humanos. “La privación fundamental de los derechos humanos se manifiesta primero y sobre todo en la privación de un lugar en el mundo que haga significativas las opiniones y efectivas las acciones” dice Abraham. “La pérdida de la comunidad arroja al hombre fuera de la humanidad. Esta pérdida nunca fue considerada por la doctrina de los derechos humanos”, dice el filósofo. También Abraham afirma; “Hannah dice que los derechos humanos fueron pensados sobre la base del derecho natural que afirma que todos los hombres nacen iguales. Es una igualdad basada en la razón que distingue al hombre como un ser diferenciado en el universo de las especies. Y su libertad de esta cualidad universal que es la razón. La razón y la libertad son las dos fuentes de la idea reguladora tal como la pensó Kant. Reguladora, es decir horizonte deseable, fin a tener siempre en cuenta más allá de las posibilidades efectivas de su realización.” Otro de los temas investigados en Arendt es a su vez la investigación histórica y política que la filósofa hizo sobre el totalitarismo. Despertó polémicas, pero considero, dice Abraham, “que el verdadero calibre de su pensamiento, su fuerza intelectual, reside en su posición de judía y su relación con los miembros de su comunidad. Allí mostró su temple, su error, su verdad. Fue su mayor riesgo. Su herencia está en el malestar que provoca en la intelectualidad judía de hoy, en las autoridades confesionales del rabinato mundial, en corrientes políticas dentro del judaísmo y en Israel. Es en estos círculos en donde se la condena, con suerte es discutida, a veces silenciada, y otras censurada. Su nombre despierta polémicas”. Hay varias páginas del libro dedicadas a este tema, sin duda controvertido y digno de análisis. Y también Abraham se dedica a analizar otro libro de la filósofa: “Eichmann en Jerusalén”, el libro más polémico de Arendt, recopilación de sus artículos para el periódico New Yorker, cuando asistió al juicio de Eichmann en esa ciudad. Este último libro recibió la condena general y muy pocas veces de apoyo, pero entre estas últimas estuvo la de Mary McCarthy. Hannah Arend era independiente, no pertenecía a organización alguna y hablaba sólo en su propio nombre. Otro de los rescates de Abraham es recordar la opinión de Arendt respecto al mal. “Opina que el mal tal como ella lo piensa en los tiempos actuales jamás es radical, que sí puede ser extremo, que no posee profundidad ni dimensión demoníaca alguna. Puede proliferar y arrastrar al mundo entero precisamente porque se extiende como un hongo en la superficie. Desafía el pensamiento porque el pensamiento intenta alcanzar alguna profundidad, el pensar quiere ir a la raíz de las cosas, y en lo que concierne al mal se ha visto frustrado porque allí no hay nada. Tal es su “banalidad”. Sólo el Bien tiene profundidad y puede ser radical”. Además de la profundidad con que el autor encara el tema de Arendt y su investigación sobre el totalitarismo, tampoco se olvida de Mary McCarthy y su denuncia de la “caza de brujas” – comunistas -encabezada por el senador McCarthy, a la que dedicó artículos como “The Contagion of Ideas”, “ No News or Watt killed the Dog”. De Mary McCarthy, se ocupa además de sus opiniones respecto a la novela, los escritores, el teatro, el cine, el realismo. Hannah Arendt y Mary McCarthy mantuvieron una amistad intelectual, mantenían una distancia vital, persistía entre ellas cierta reserva. Había una cortesía entre dos libertades. La libertad, tal vez sea ése uno de los temas fundamentales de este libro, el encuentro con la libertad de la presencia en otro ser humano, nuestros intentos para comunicarnos con esa libertad, implicarán siempre una aproximación, tal vez sea éste uno de los temas fundamentales de este ensayo de Tomás Abraham. © Araceli Otamendi – 2002 Bibliografía: Testamento, Witold Gombrowicz, Conversaciones con Dominique de Roux, Editorial Anagrama Presencias reales, George Steiner, Editorial Destino Confesiones de Escritores, Los reportajes de the Paris Review, Editorial El Ateneo Pensamientos desordenados, Simone Weil, Editorial Trotta La vida del espíritu, Hannah Arendt, Editorial Paidós Lolita, Vladimir Nabokov, Editorial Anagrama
 
 
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